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Víctimas del franquismo declaran en estos momentos por primera vez ante un juez español en la Audiencia Nacional

A las 10:00 hs., víctimas del franquismo declaran en la Audiencia Nacional en el marco de la Causa 4591/10 del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 1 de Buenos Aires. Víctimas del franquismo cantan: "Tenemos memoria, queremos justicia". Siguen frente a la Audiencia Nacional.
La jueza Servini, que instruye la causa, ha recorrido, desde el 18 de mayo, el País Vasco, Andalucia, y ahora Madrid, recogiendo testimonios de víctimas que por su avanzada edad no pueden desplazarse a Argentina para declarar. En esta tarea ha contado, en general, con la absoluta colaboración de los jueces de los lugares que ha visitado, que han habilitado sus juzgados para que se presten los testimonios. Así mismo, desde el pasado 21 de mayo también se encuentra en nuestro territorio el fiscal Ramiro González que se ha incorporado hace poco menos de un mes al caso. Tanto ellos como el juez Andreu tomarán declaración en el Juzgado Central de Instrucción nº 4 de la Audiencia Nacional a dos víctimas del franquismo:
  • TERESA ALVAREZ ALONSO, de 93 años: represaliados su abuelo paterno, su padre y sus dos hermanos.
  • FAUSTINA ROMERAL CERVANTES de 90 años: represaliados su padre, su madre y ella misma, que es detenida junto con sus padres cuando tenía 15 años. Matan a su padre y su madre permanece en prisión. Faustina es liberada pero queda sola y despojada de su casa. Luego sufre prisión entre 1947 y 1953.
Así, el jueves tendrá lugar un hecho histórico: las víctimas del franquismo no sólo declararán para la justicia, sino que también lo harán ante un juez español, y en la Audiencia Nacional.
Posteriormente, la Jueza Servini y el Fiscal junto con los abogados de la Querella y una técnico especialista en Archivos de Memoria se desplazarán al Archivo Histórico Nacional (Calle Serrano 115), donde serán recibidos por la Directora, Carmen Sierra. Se estima que el encuentro sea a las 13:30hs.
Fuente: Kaosenlared.net

Hasta siempre Joan!

 Este mes de enero nuestro compañero Joan se ha ido de forma clandestina hacia ese destino del que solo vuelven en forma de memoria quienes han sembrado sentimientos, aunque sean encontrados. No sabemos que día se fue, ni como fue su viaje, se fue silenciosamente sin causar más molestia que la preocupación de sus amigas y amigos por saber de él. Ahora ya sabemos que está donde los que no ganaron más que alguna batalla y perdieron casi todas esperan que nosotros ganemos la guerra.

Él nunca renunció a sus principios aunque estos le costaron sacrificar muchas cosas, marcado profundamente por su militancia. Recordó y reivindicó a sus camaradas del FRAP caídos en la lucha, a algunos que llevaba muy adentro como a Cipriano Martos.

Fue rígido, cariñoso, irascible, categórico pero también conciliador sin que se notase que daba su brazo a torcer, sensible, obstinado, exaltado y generoso, siempre tenaz a pesar de su mala salud. No dejó de esperar el momento, la ocasión, la coyuntura en que se iniciara por fin la lucha final y ver la victoria antes de tener que marcharse. Le vimos muchas veces intentar cambiar el mundo a su manera, estrellarse y levantarse para intentarlo de nuevo, enfadarse y desesperarse, pero también le vimos sonreír cuando satisfecho conseguía materializar algún pequeño logro.

Le recordaremos esperanzado y contento con el camino emprendido en los tribunales argentinos contra los crímenes fascistas de la dictadura, con La Comuna y la Xarxa de Suport a la Querella Argentina contra el Franquisme. Le veremos siempre con su bandera republicana al hombro, con su corazón rojo de proletario orgulloso, su irrenunciable admiración al padre, la defensa de la dignidad de los últimos fusilados del franquismo y sosteniendo durante cinco años la pancarta de la Mesa de Catalunya pidiendo verdad, justicia y reparación en representación del Ateneu Republicà de Gràcia.

Le imaginaremos en el alto de Igal con los esclavos del franquismo, en Collserola homenajeando a Txiki, en las organizaciones del 14 de abril en Sant Jaume, en las calles de Madrid contra la constitución monárquica, en el Infoespai rodeado del olor del café zapatista, bajo la placa de Lina Ódena, en las playas de Argelès, en infinitas manifestaciones, en los actos contra los crímenes de estado en Colombia, en México, en Israel, con su pañuelo palestino al cuello. Un hombre culto entre cientos de libros, muchos que los cuales regalaba a sus compañeras y compañeros.

Se fue como acostumbraba a ser, discreto y celoso de su intimidad como si los tiempos de clandestinidad no hubieran acabado. Sin pedir nada y ligero de equipaje. A cada uno de nosotros nos dejó ver solo una parte de él, nos hizo enfadar, nos hizo reír y nos entregó su ternura. A nadie dejó indiferente. Joan sembró en nosotros, no dejó se soñar, y por eso tendrá un lugar en nuestra memoria, en la Memoria.

Hasta siempre compañero.

“Hay que alejarse de planteamientos etnicistas y volver a la lucha de clases”

ENTREVISTA AL ANTROPÓLOGO AFRICANISTA MARXISTA JEAN-LOUP AMSELLE A PROPÓSITO DE LA IZQUIERDA “MULTICULTURALISTA, POSTCOLONIAL Y ETNO-ECO-BOBARRONA”

Asistimos a un fenómeno de reivindicación identitaria y crecimiento de las reivindicaciones minoritarias por parte de los grupos que se sienten discriminados, oprimidos, marginados: los “negros”, los “mestizos”, toda la movida LGBT, e incluso los disminuidos con necesidades especiales. Esto va ligado al continuo declive de lo social desde 1968, que procede también de la descalificación del prisma analítico del marxismo, explica Jean-Loup Amselle, detractor del relativismo posmoderno.


El antropólogo marxista Jean-Loup Amselle es un destacado defensor de la ciencia social y la historiografía clásica frente al asalto relativista posmoderno, poscolonial y subalternista. Su libro El Occidente descolgado (París, Ed. Stock, 2008, 320 págs) es un formidable alegato científico y metodológico contra esas corrientes académicas de moda.
Jean-Loup Amselle no se ha dejado llevar por entusiasmo del multiculturalismo en boga tanto entre personas de la extrema izquierda como entre antropólogos y otros especialistas de regiones culturales, valora el reconocido intelectual francés y director del Centro de Estudios Francés sobre la China contemporánea en Hong Konk entre 1993 y 1997 Jean-Philippe Béja en su reseña del libro L’Occident décroché. Enquête sur les postcolonialismes, publicada por la revista Etudes Africaines. (1)

Amselle lo tenía todo para convertirse en el abanderado ideal del poscolonialismo y del subalternismo. Pero no ha sido en absoluto el caso, afirma Béja: “Todo su libro es una denuncia apasionada, sostenida en un imponente abanico de lecturas, de esas teorías. Las desmonta partiendo de su genealogía, haciéndolas remontar hasta la French Theory de los Foucault y los Derrida releídos por académicos norteamericanos”.





Según Béja, Amselle le da la vuelta al análisis del colonialismo de Hannah Arendt, y afirma que “las políticas de exclusión étnica y religiosa de los Estados español y francés […] tienen por consecuencia la ‘subalternización’ –señaladamente bajo el marbete de ‘marranos’— de segmentos enteros de sus poblaciones y que esa tecnología social ha sido luego exportada a las colonias”, y no al revés”.

Jean-Loup Amselle describe minuciosamente cómo esas teorías se han desarrollado concretamente en la historia. No se contenta con presentar una genealogía de esas ideas, sino que nos ofrece un análisis en profundidad de los lugares en donde se produjeron las teorías Generosamente influido por el marxismo, Amselle está, en efecto, convencido de que las ideas son inseparables de las instituciones que las producen. (2)

Edward Said, como es notorio, se sirvió de las teorías de Foucault sobre la relación entre saber y poder para denunciar el “orientalismo” y mostrar que existe un estrecho vínculo entre ciencia social e imperialismo y colonialismo. Dice Béja que no se priva Amselle de apuntar a la paradoja de que Foucault estuviera viviendo en Túnez cuando redactaba su tesis, sin manifestar jamás el menor interés por la cultura árabe que le rodeaba. Pero Amselle reprocha sobre todo a Said –lo que va a constituir el núcleo de su argumentación— el haber construido un Oriente inmutable y “fetichizar, por simetría invertida, a Occidente” (p. 16).

Béja resalta que el libro de Amselle es un alegato apasionado y apasionante contra la construcción de categorías inmutables: África, la India, la China, que se construyen entonces en contraposición con un Occidente asimismo inmóvil y caracterizado por su voluntad de dominación colonial (intelectual y práctico-políticamente). A esos conceptos rígidamente fijados opone Amselle la importancia de los intercambios que siempre han existido entre las civilizaciones, y reintroduce la historia, lo cual, todo contado, no es banal para un antropólogo. “La cultura hindú es la resultante de múltiples intercambios que se produjeron entre ella y las culturas vecinas y menos vecinas en el curso de la historia” (p. 162).

Amselle demuestra que, en su entusiasmo por denunciar al Occidente colonialista, los abanderados de las teorías subalternistas terminan defendiendo un esencialismo de las culturas africanas, indias y amerindias. Al negar el carácter híbrido que caracterizaba a esas culturas mucho antes del capitalismo, confluyen con los abanderados más tradicionales de la etnología colonial. Por ejemplo, poner la astrología como estandarte de la hinduidad es erigirla en esencia oponible a la ciencia occidental.

En su apasionado alegato contra la creación de categorías inmutables, Amselle la emprende contra la negativa de los subalternistas a tomar en cuenta la historia. “Al desconectar la historia de lo escrito –Mahmadou Diouf quiere recuperar una historia anterior al Estado y la escritura—, lo que hacen [los subalternistas africanos e indios] es negar la historia, no sólo la historia occidental”. Y eso, no sin recordar a la etnología colonialista más rancia de las sociedades del rechazo de la escritura, del rechazo de la historia, y por consiguiente, del rechazo del Estado” (p.164).

En suma, resalta Béja, la obra de Amselle es extremadamente rica y muestra excelentemente las derivas de los movimientos postcolonialistas, subalternistas y postmodernistas que, so pretexto de oponerse a la categorización occidental de las culturas de los pueblos colonizados, terminan a menudo creando categorías rígidas que recuerdan a la más reaccionaria de las etnologías coloniales.

Un lúcido ensayo sobre las consecuencias ideológico - políticas de la “Etnización de Francia”

L’Arene Nue entrevistó al antropólogo Jean-Loup Amselle a propósito de su último libro Ethnicisation de la France (La etnización de Francia). (3)
P. ¿Cree usted que asistimos en Francia a un aumento de las reivindicaciones identitarias?

R. Yo creo que asistimos a un doble fenómeno de reivindicación identitaria. Como muestro en mi libro, vemos reivindicaciones simétricas. Por una parte, crecen las reivindicaciones minoritarias por parte de los grupos que se sienten discriminados, oprimidos, marginados: los “negros”, los “mestizos”, pero igualmente toda la movida LGBT, e incluso, ahora, los disminuidos con necesidades especiales. En conjunto, asistimos a un fenómeno de captación de esas reivindicaciones por los que yo llamo “empresarios de etnicidad y de memoria”. Hablan en nombre de esos grupos, constituidos por ellos mismos y de los que se proclaman portavoces, a fin de monopolizar en beneficio propio unas reivindicaciones inicialmente poco articuladas y muy dispersas.

En efecto, ya se trate de categorías étnicas o de fenómenos de “género”, los “miembros” de esos supuestos grupos no se proclaman permanentemente como parte de ellos. Un “negro” o un “mestizo” no se definen constantemente como tal. La identidad es múltiple, está en función del contexto de interlocución, de tal o cual persona con la que dialogas. A la inversa, las reivindicaciones monopolizadas por esos empresarios de etnicidad y de memoria encierran a los actores sociales en mono-identidades.

En el otro lado del espectro, existe la reivindicación de los que se llaman “francesas de cepa”, reivindicación formateada por el Frente Nacional y/o la Derecha Popular, es decir, el conjunto de la UMP (el viejo gran partido del centroderecha francés), dado el actual fenómeno de radicalización de la derecha política. También aquí tratan de encerrar a los individuos en una mono-identidad “de cepa”, pero que se reproduce simétricamente por parte de la izquierda multicultural y poscolonial. No hay más que ver el ejemplo paradigmático de los Indígenas de la República, que utilizan de manera agresiva y estupefaciente el término “cepero”, que se corresponde exactamente a los “franceses de cepa”.
Finalmente, entre las dos tendencias se da una especie de backlash, de efecto de retroalimentación: a medida que esas identidades minoritarias se endurecen, se da del otro lado también un endurecimiento de la identidad blanca y católica.

P. ¿Un poco como si las crispaciones identitarias de la derecha se alimentaran de una especie de “racismo de izquierda”?

R. No, en absoluto; no. Yo no llamaría a eso racismo. Se trata más bien de un diferencialismo, un de singularismo, de un antiuniversalismo. En lo que a mí hace, yo no creo en la existencia del “racismo antiblancos” que algunos denuncian. En cambio, el discurso público está literalmente infestado por el culturalismo, con una tendencia a la distribución identitaria que me parece muy dañina.

P. ¿Por qué se han multiplicado estas reivindicaciones minoritarias en estos últimos tiempos?

R. Esto va ligado al declive de lo social. Ese declive –junto con el del universalismo— es continuo desde 1968. Es un fenómeno lento, que procede también de la descalificación del prisma analítico del marxismo, habida cuenta de la difamación sufrida por el marxismo como intrínsecamente vinculado al totalitarismo. Esa difamación del marxismo ha facilitado, en la coyuntura postsesantaiochesca, postmoderna, postcolonial, la substitución de un análisis en términos horizontales y de clases por una manera de cortar la sociedad en capas y rebanadas fragmentarias, lo que yo llamo las “entalladuras verticales”. Esta temática de los “fragmentos”, de la multitud, ha sido notoriamente formalizada por Toni Negri, pero también por toda la corriente conocida internacionalmente como French Theory.

Esas identidades verticales (negro, mestizo, LGTB) se ven como más “glamorosas” que las identidades horizontales de clase. Basta leer un diario como Libération, que es de todo punto emblemático. Este periódico ha desertado completamente de los social, para consagrarse a lo “societal”. No hay día que no promueva a una u otra “minoría”. En el plano político, esas temáticas son en lo substancial retomadas por Terra Nova, que aboga por el abandono de la lucha de las clases obreras, las cuales o habrían desaparecido o se habrían pasado definitivamente al Frente Nacional. Esa izquierda gafa-pasta, “etno-eco-bobarrona” preferirá, pues, las capas urbanas, los jóvenes, las minorías, etc.

P. A pesar de todo, esos “empresarios de etnicidad y de memoria” a que usted se refiere, ¿no tienen su utilidad? Las discriminaciones existen, y de qué manera...

R. Desde luego. A menudo se me contesta con este argumento. Pero yo no niego eso, en absoluto. ¡Claro que existen las discriminaciones! ¿Pero qué hay que poner en el primer plano? ¿Esas discriminaciones o la cuestión social? En lo que a mí hace, creo que la “discriminación positiva” –esa incierta traducción de la affirmative action norteamericana— es una badalucada. Lo fundamental, a escala mundial, y particularmente en los países desarrollados, es el crecimiento de las desigualdades. Los ricos son cada vez más ricos; los pobres, cada vez más pobres; y la “clase media” se contrae como una piel de zapa. Es lo que Alain Lipietz llamaba en otro tiempo la “sociedad del reloj de arena”, con un fenómeno de desclasamiento de la clase media baja, señaladamente en la Francia periurbana.

Las discriminaciones distan por mucho de ser un fenómeno irrelevante, pero yo las veo como un fenómeno en segundo plano, al que se pone en primer plano para enmascarar las crecientes desigualdades de ingresos en los países desarrollados. La discriminación positiva, que buscar mitigar esas discriminaciones, resulta, por lo demás, perfectamente compatible con la economía liberal.

Por otra parte, todo eso va de la mano del auge de fenómenos de marketing étnico. Ya se sabe, el mercado no se dirige a individuos atomizados, sino a categorías de clientelas. Las empresas saben muy bien que hay que segmentar el mercado. Así han logrado crear un mercado de cosméticos para negros, un mercado hallal para los musulmanes, un mercado dirigido a los gays, etc.

P. ¿De verdad cree usted que eliminando las desigualdades económicas desaparecerían las discriminaciones?

R. No. Yo no he dicho tal cosa. Lo repito: el racismo y las discriminaciones existen. Los negros y los mestizos tienen prohibida la entrada en ciertas salas de fiestas, nadie lo niega... Simplemente, lo que hay que hacer es luchar contra el racismo, contra quienes discriminan. Y eso no se hace buscando promover la supuesta “identidad” de los “grupos” constituidos.

P. ¿Esa izquierda que usted llama “multiculturalista y postcolonial” no está empezando a desdecirse, poco a poco, de sus errores “societalistas”?

R. ¡A la fuerza ahorcan! Se verán obligados a hacerlo. El Frente Nacional, aun cuando sólo ha conseguido dos diputados, ha conseguido resultados significativos en las pasadas elecciones legislativas en los sitios en los que ha habido un enfrentamiento directo entre un candidato del Partido Socialista y un candidato del FN. Si quiere cambiar eso, la izquierda deberá volver a ocuparse de los “blanquitos”, como se dice.

P. ¿El auge del FN expresa, según usted, un auge del racismo, o puede tener otras causas?

R. Yo creo que hay que reflexionar a escala europea. Hay un auge generalizado del populismo. Ese fenómeno nace del hecho de que Europa se cierra, señaladamente frente a las migraciones. Se convierte en una fortaleza, y se dota de una identidad que yo llamaría “civilizacional”: la identidad blanca y cristiana. El miedo ante la mundialización hace que se bascule hacia esas supuestas raíces. Y esta Europa secreta un rechazo de todo lo que no sea ella, en particular del Islam. La identidad de la Europa actual es casi una identidad negativa, de rechazo del mundo musulmán. Se ha criticado mucho a Huntington, pero lo cierto es que anticipó el “choque de civilizaciones” que se produce realmente.

P. ¿Qué replica usted a quienes consideran que el racismo vendría de arriba, que sería insuflado en el pueblo por las elites?

R. No estoy en absoluto de acuerdo con eso. ¿De qué elites estamos hablando? Si se habla de la elite política, se puede, en efecto, constatar la radicalización de la derecha, notoriamente con Nicolas Sarkozy. Pero esa derechización ha sido posible por varios factores. Por lo pronto, por el alejamiento del recuerdo de la II Guerra Mundial y el hecho de que el gaullismo haya dejado de existir. Luego, porque el descrédito lanzado sobre el comunismo y el marxismo ha privado a la izquierda de su papel de verdadero contramodelo. En lo que hace a la izquierda multicultural y postcolonial, hay que decir que alimenta el fenómeno.

P. ¿Existe en Francia un verdadero riesgo comunitarista? ¿Es transplantable aquí el modelo norteamericano?

R. No lo creo. Hay una gran diferencia entre Francia y los EEUU. Se da en Francia un dominio de la religión católica, al contrario que en los EEUU, en donde predomina la fragmentación, también entre los protestantes. La sociedad norteamericana, compuesta de capas migratorias sucesivas, es por esencia comunitarista. Pero sobre todo: en los EE.UU. lo social fue eliminado a partir de los 50, es decir, mucho antes que en Francia. Lo que una vez más demuestra la urgencia de alejarse de los planteamientos “societales” y regresar a lo social. Es preciso adaptarlo, pero hay que rehabilitar el marxismo. Eso, por una parte. Por otra, hay que recuperar el hilo republicano universalista.

Notas:
1. Fuente: http://etudesafricaines.revues.org/13262#sthash.2rtnIvIV.dpuf Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6077
2. Dice Béja que Amselle nos lleva, para empezar, a Dakar en el apogeo del CODESRIA, dirigido desde su fundación en 1973 por Samir Amin, uno de los primeros en alzarse contra el eurocentrismo; nos hace seguir el itinerario de algunos de sus investigadores, como Paulin Hountondji, quien ha llevado tan lejos su crítica de las ciencias sociales impregnadas de colonialismo, que ha llegado a defender la idea de una “ciencia africana” (p. 79), avatar de la ciencia proletaria de Lysenko. Nos muestra también la deriva de determinados investigadores indios, los fundadores del subalternismo, que han terminado por confluir con el fundamentalismo hindú. También se interesa por los trabajos de ciertos etnólogos de los países andinos, afanosos de reconstituir las “culturas indias”.

3. Fuente: L’Arene Nue, a propósito del libro La etnización de Francia. Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro.

Homenaje a Andreu Nin en el Parlamento de Catalunya: Anticomunismo de izquierdas disfrazado de memoria histórica y revolución

José Guillén

En un acto institucional celebrado en el Parlamento de Cataluña y moderado por su Presidenta, la dirigente de CiU Núria de Gispert, han rendido homenaje al dirigente del POUM Andreu NIn, en el 76 aniversario de su misteriosa desaparición cuando estaba siendo trasladado, para ser juzgado por los sucesos de Mayo del 37.

A dicho acto han asistido los máximos dirigentes de EUiA, PCC y PSUC-viu junto con ICV, PSC, ERC, CC.OO., UGT, CGT y una variada representación de pequeños grupos de la izquierda trotskista y anticomunista. En el homenaje han resonado los ecos del anticomunismo de la guerra fría cuando ya se utilizó exhaustivamente la figura de Andreu Nin y a su partido, el POUM, para desacreditar al PCE, al PSUC y a la Unión Soviética.

Curiosamente, a pesar de que el POUM y Andreu Nin han pasado a la historia como los “verdaderos revolucionarios”, puros e intransigentes, que luchaban contra todas las tendencias y expresiones políticas de la burguesía –entre las que ellos incluían al PCE y el PSUC– el homenaje ha contado con la plena participación de la burguesía nacionalista catalana (CiU, PSC y otros) patrocinadora de graves recortes sociales y políticas salvajes neoliberales, y con el apoyo de las instituciones y la prensa del sistema.

La burguesía catalana reivindica a Nin para defender el capitalismo

En el acto, la reaccionaria convergente Núria de Gispert se deshacía en halagos hacia la figura de Andreu Nin: “un político notorio, un líder revolucionario y un ciudadano comprometido”. La pregunta se nos viene a la cabeza ¿Es que se ha vuelto la burguesía catalana “revolucionaria” o discípula del camino “marxista” de Nin? Cómo, ¿Recortando los derechos sociales y laborales a los trabajadores? ¿Extendiendo la corrupción y la privatización por las tierras catalanas?

La alta burguesía catalana mira hacia el pasado para mantener su sistema de explotación en el futuro. Necesita ocultar su historia para eludir su responsabilidad histórica en el genocidio franquista mezclando a las víctimas con los verdugos y, con este homenaje anticomunista, volver a la eterna cantinela que ambos bandos cometieron crímenes (igualando al fascismo con la defensa de la democracia). El homenaje “revolucionario” magnifica la muerte de Nin y oculta los crímenes cometidos por su facción (POUM y sectores extremistas del anarquismo) para, en realidad, denigrar y criminalizar la memoria de los antifascistas consecuentes, especialmente de los comunistas, que lucharon por la democracia popular y la república, intentando alejar, el actual descontento popular contra la crisis y el capitalismo, del marxismo y el socialismo.

Para desviar a la clase obrera y al pueblo quieren restablecer el discurso de la “reconciliación” de clases, como en la transición, regenerando su “consenso” burgués desprestigiado por la crisis, sus corrupciones y recortes salvajes, marchando todos juntos hacia una “segunda transición”, e incluso, formar un frente común con sectores de la izquierda anticomunista para iniciar el camino hacia una supuesta soberanía catalana, dictaminada desde Berlín y la Troika. Nuria de Gispert lo expresaba con sus palabras: "Una mirada responsable y serena a la tragedia de la Guerra Civil, de las víctimas y verdugos, nos ha de llevar a constatar la necesidad de reconciliarnos con la historia, viviendo un presente que hemos de mejorar con la aportación de todos en paz, para vislumbrar horizontes de libertad y de justicia". Y ya sabemos lo que significa paz, libertad y justicia para la burguesía convergente.

¿Los “herederos” del PSUC atacan su historia?

Merece destacarse en este “revival” de la guerra fría la presencia de dos organizaciones vinculadas con el PCE y herederas del PSUC histórico, el PCC y el PSUC-viu, representados por sus dos secretarios generales, Joan Josep Nuet y Alfred Clemente. Su presencia y su apoyo al homenaje comportan la ruptura del hilo conductor que unía al PCE, al PSUC y al PCC con su historia más gloriosa: la “República de Nuevo Tipo”, la alianza con la URSS, el Frente Popular, la unidad antifascista y el Ejército Popular, justo las políticas que Andreu Nin y el POUM atacaron agresivamente.

Superpuestas a las causas reales de la desaparición y muerte de Andreu Nin, ya sea en respuesta a órdenes directas de Stalin –a pesar de que los anticomunistas le atribuyen su autoría todavía no se han hallado pruebas concluyentes en ningún lugar– o de agentes dobles del NKVD soviético dirigido por Alexander Orlov –curiosamente “exiliado” a los Estados Unidos tras el suceso– que pretendía dañar la imagen de la República, de la URSS y de los comunistas españoles, o si la desaparición de Nin obedece a cualquier otra motivación diferente, encontramos un hecho fundamental: de haber triunfado el alzamiento del POUM y sectores anarquistas en mayo de 1937 en Barcelona, indiscutiblemente la suerte que habrían corrido los dirigentes del PSUC no habría sido muy diferente de la de Nin. Joan Comorera, secretario general del PSUC y Rodríguez Salas, ex dirigente del Bloc Obrer i Camperol que ingresó en el PSUC sufrieron sendos atentados antes de mayo de 1937, y otros dirigentes sindicales y políticos de este partido como Desideri Trillas, Roldán Cortada y Sesé fueron asesinados por rivales políticos situados en el anticomunismo de izquierdas.

La Izquierda dogmática reivindica a Nin

De haber ido las cosas de forma diferente, quizás hoy estaríamos preguntándonos por la desaparición del secretario general del PSUC, y Nuet y Clemente, se verían obligados a rendir homenaje a Joan Comorera en lugar de Andreu Nin. Pero el diputado de la Izquierda Plural y líder del PCC, Joan Josep Nuet, así como Alfred Clemente, han preferido eludir las circunstancias históricas de este suceso, rompiendo de esta manera con los restos de la línea histórica del PCC y del PSUC-viu. Nuet, por ejemplo, en una ardiente reivindicación de Nin afirma que su legado «ha de ser recuperado» y hay que combatir «por una parte el olvido del franquismo y la transición monárquica, y por otra de una parte de la izquierda dogmática, en la cual el partido del que soy secretario general se ha colocado en excesivas situaciones» (1). ¿Son conscientes los secretarios generales del PCC y del PSUCviu que al asumir y reivindicar las posiciones representadas por Andreu Nin y el POUM participan en la defenestración y revisión histórica burguesa de los militantes, del PSUC-PCE, que defendieron la República? ¿Cómo pueden llevar a sus organizaciones políticas hacia el lobby del anticomunismo de izquierdas? Cuando asumen las posiciones representadas por Andreu Nin y el POUM se enfrentan al todo lo que significó el PSUC: la unidad de los comunistas, la comprensión de la cuestión nacional, el Frente Popular, la defensa de la República y la política antifascista e internacionalista practicada por la Unión Soviética y la Internacional Comunista.

¿Sectarismo del PSUC?

Para conocer las circunstancias de los conflictos en la retaguardia republicana es preciso no olvidar el contexto histórico: se considera correcto culpabilizar al PSUC por ser sectario y crear un clima de confrontación agresiva contra el POUM, cuando las desavenencias políticas eran mutuas y venían de muy atrás –antes de formarse ambos partidos- y éstas se vieron agudizadas por la guerra y por la postura sectaria y maximalista que adoptó el POUM, frente a la política de unidad antifascista amplia del PSUC en su estrategia de Revolución popular, además de que el partido de Nin y sus milicias acogieron en su seno a numerosos grupos de trotskistas e izquierdistas europeos que atacaban a la República y a la URSS. Una lectura histórica mayoritaria y en algunos momentos de pensamiento único –tal y como sucedió en los mejores años de la guerra fría anticomunista-, utiliza el victimismo del POUM para silenciar el momento en el que las víctimas políticas tenían el carnet del PSUC-UGT y ni siquiera se menciona el tratamiento que el POUM daba al PSUC.

Nin contra el PCE, el PSUC, el Frente Popular, la Generalitat y la República

No se puede olvidar que Andreu Nin fue muy sincero y muy explícito, por ejemplo, cuando en diciembre de 1936 calificaba al PCE y al PSUC como «traidores y renegados del marxismo» y, en tono belicoso, calificaba a sus dirigentes como «los falsos caudillos y los burócratas del movimiento obrero [que] estarán al otro lado de la barricada» (2), se supone que no para jugar al fútbol precisamente. En marzo de 1937 Nin se preguntaba irónicamente qué diferencia había entre el PSUC y los políticos de la burguesía (3), mientras que, tras los sucesos de mayo afirmaba desafiante que «la conducta del Partido Comunista de España, y de su filial el PSUC, en Cataluña, durante las jornadas de mayo, ha venido a demostrar que dichos partidos no representan una simple tendencia reformista del movimiento obrero, sino que constituyen la vanguardia y el instrumento de la contrarrevolución burguesa (…). Los representantes del proletariado revolucionario y de los verdugos no pueden sentarse a una misma mesa» (4).

¿Es este el «legado» que Nuet y Clemente quieren recuperar de Andreu Nin?

Nuet y Clemente seguramente también pensarán que Nin tenía razón cuando el dirigente del POUM afirmaba en plena guerra civil y en un tono golpista: «exigimos y propugnamos la disolución inmediata del Parlamento de la República y del Parlamento catalán porque son formas de organización política completamente superadas, que pertenecen al pasado» (5). No se puede olvidar tampoco que durante las jornadas de mayo Julián Gorkín, número 2 del POUM, se reunió con dirigentes de la CNT –que afortunadamente le negaron su apoyo– para ir a por todas y acabar con el PSUC y el resto de fuerzas políticas y sindicales que apoyaban a la Generalitat republicana. También Franco, la Falange, Hitler y Mussolini pensaban que el parlamento de la República y el de Cataluña eran instituciones superadas que debían desaparecer, y pusieron todo su empeño en lograrlo, enviando sus hordas asesinas a arrasar las ciudades republicanas y exterminar a los defensores del régimen popular, legítimo y democrático.

Asimismo, Nuet y Clemente coincidirán con Nin que llamar a los obreros a combatir al lado de la República es un crimen contrarrevolucionario puesto que «cuando se os dice que lucháis por una república democrática, lo que se os dice es que os preparéis para participar en la futura guerra imperialista (…). Hoy se han formado ya dos grupos imperialistas. Inglaterra y Francia junto con la URSS staliniana, contra el bloque de Alemania, Italia y el Japón» (6), y además «la burocracia contrarrevolucionaria de Moscú ­–la URSS- quiere tener la seguridad absoluta de controlar la política interna de nuestro país y los derroteros de nuestra revolución» (7). Ya lo había dicho Franco: el glorioso alzamiento nacional fue necesario para salvar a España de convertirse en una dictadura comunista controlada por Moscú.

Quizás también incluyen Nuet y Clemente incluyen en el legado a recuperar de Nin sus análisis que destacan que «el Partido Comunista y el PSUC desempeñan el papel de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, más peligrosos para la revolución que la propia burguesía, por cuanto la etiqueta marxista con que se adornan facilita su penetración en las filas proletarias» (7). Por lo tanto, la consigna del momento queda clara para cualquier revolucionario consecuente: combatir a muerte al PCE, al PSUC (¿y al PCC?) tal y como muestran las enseñanzas de Nin e incluso con mucha más energía en la actualidad, dado que hoy son organizaciones mucho más reformistas que en 1936-1937.

¿Donde está hoy Nin, en Washington o en Berlín?

Finalmente, como aplicación actual del legado sectario y dogmático de Nin, es de suponer también que Nuet y Clemente serán consecuentes con las enseñanzas del líder del POUM, que muestran que hay que combatir con igual energía a las Repúblicas populares, al fascismo y al imperialismo.¿Harán suyas la ideas de los grupos trotskistas y anticomunistas de América Latina que consideran que Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa representan a una burguesía contrarrevolucionaria e incluso a un instrumento del imperialismo chino, burguesías –y sus aliados entre los partidos comunistas y de izquierdas- a las que se debe combatir con tanta energía como a las oligarquías dependientes del imperialismo yanqui?;y con la misma lógica de Nin, ¿Se alinearán contra el socialismo cubano afirmando que está dirigido por «la dictadura de los hermanos Castro» y que también debe ser combatido puesto que representaría a la burocracia contrarrevolucionaria de La Habana que está preparando la restauración capitalista? Seguramente los militantes, del PCC y del PSUC viu, estarán ansiosos por conocer cómo sus organizaciones deben aplicar a partir de ahora en política internacional el legado de Andreu Nin.

¿Y Trillas, Cortada, Sesé o Comorera?

Es curioso contemplar a estos dirigentes, deslumbrados al descubrir a Andreu Nin, cuando critican gratuitamente a esa «izquierda dogmática» que defiende el legado de la República, del Frente Popular, del PCE y del PSUC históricos, antifascistas y revolucionarios, es decir, la política de unidad amplia para vencer al fascismo y transformar la sociedad. Jamás han participado en homenajes a militantes del PSUC como Desideri Trillas, Roldán Cortada y Sesé. Al mismo tiempo, siguen manteniendo en el olvido y el silencio –e incluso a veces aceptan la montaña de calumnias inventadas por Carrillo­- a Joan Comorera, fundador del PSUC y secretario general de un partido que consiguió unir a todas las fuerzas patrióticas, republicanas y de izquierdas para prolongar la resistencia antifascista: un dirigente que a riesgo de su vida se enfrentó valientemente a la dictadura anarquista, y fue el que con más energía trabajó para que la retaguardia catalana se recuperara y se uniera al esfuerzo común en la defensa de la República. 
Es lamentable que la memoria histórica de los comunistas y otros antifascistas se haya sacrificado en el altar de lo políticamente correcto, buscando una imagen mediática que facilite la recaudación de votos entre sectores izquierdistas tradicionalmente hostiles a las organizaciones dominantes en EUiA, sin perder el equilibrio con el perfil institucional, reformista y nacionalista de esta organización.

Recuperar la historia para construir el presente y conquistar el futuro

¿Cómo es posible que los máximos dirigentes de EUiA, del PCC y el PSUC-viu no se den cuenta de que la burguesía catalana, representada por CiU, PSC y otros, los están utilizando para destruir el patrimonio revolucionario y la memoria histórica de los comunistas y antifascistas que lucharon en defensa de la republica al homenajear al anticomunista Andreu Nin? ¿Es esta es la “unidad” que algunos preconizan? ¿La unidad con las fuerzas que representan a la burguesía depredadora, corrupta, sionista y atlantista, esta vez, con el argumento del anticomunismo de izquierdas? Triste panorama para una mayoría de los militantes de estas organizaciones que cotidianamente se esfuerzan y se sacrifican con la esperanza de conseguir una sociedad mejor. La memoria histórica de comunistas, socialistas, republicanos y otros antifascistas se merecen algo mejor. Recuperar el pasado, la heroica historia de lucha, para construir el presente y conquistar un futuro de democracia popular, republica y socialismo.

Notas:

(2) Andreu Nin: La revolución española. Editorial Fontamara. Barcelona, 1978, p. 250.
(3) Nin, p. 265.
(4) Nin, p. 289.
(5) Nin, p. 251.
(6) Nin, p. 255.
(7) Nin, p. 246.

(8) Nin, p. 298.

Brigadas Internacionales: «lost in traslatión», o de como la visión de la Guerra Fría altera su memoria / Helen Graham

LA LÓGICA DE LA GUERRA FRÍA EMPAÑA EL ENTENDIMIENTO DE LOS BRIGADISTAS INTERNACIONALES
Hoy en día, al echar la vista atrás a las Brigadas Internacionales, tendemos a simplificar a una mera etiqueta las razones que les llevaron a defender la República Española durante la Guerra Civil: “eran militantes, sindicalistas y comunistas”. Las etiquetas, sin embargo, y especialmente las de carácter político, tienden a sellar historias al no ser capaces de dar una explicación, mucho menos explicaciones históricas. Para entender las razones de los brigadistas internacionales debemos ir más allá de las etiquetas, tener en cuenta el orden social en el que vivieron y poner de relieve los cambios sociales a los que respondían.
El lector del siglo XXI, en su intento por acercarse a la Europa de los años veinte y treinta, se encuentra a menudo con el problema de que ésta queda mucho más lejos de lo que la distancia temporal sugiere, haciendo que los significados y el contexto de aquella Europa sea a menudo lost in translation, perdidos en la traducción. En concreto, términos como “activista” y “comunista” son fácilmente malentendidos desde la óptica de la supuesta “Posguerra Fría” en que vivimos. Para entender lo que realmente significaban en los años veinte y treinta del siglo pasado es a otra guerra a la que debemos referirnos.
La Gran Guerra de 1914-18 supuso un movimiento sísmico para el continente europeo que se sumó al vertiginoso proceso de urbanización e industrialización, dando lugar a un nuevo panorama social. Estos cambios habían movilizado ya a millones de hombres y mujeres, transformando su vida cotidiana, su lugar y medios de trabajo, e incluso sus formas de vida, mucho antes de que el conflicto armado los movilizase en el frente y la fábrica. Sin embargo, fue tan sólo cuando la gente de a pie tomó conciencia de la magnitud de la oleada de muerte y sacrificio que se les venía encima, que las ideas que pedían voz política y voto auténtico para todos los miembros de la sociedad se vieron reforzadas.
Si bien la Gran Guerra dio fin a los grandes imperios europeos, no destronó ni el viejo orden continental ni las rígidas jerarquías sociales. Aunque la guerra se disipara en su sentido convencional tras 1918, provocó intensos conflictos fratricidas a escala nacional, como es el caso de Italia o Hungría, y de los países recientemente emergidos de entre los imperios, como Polonia, Yugoslavia y Finlandia. En todos ellos se luchó por ver quiénes tendrían voz política, y quiénes estarían o no autorizados a pertenecer a estas nuevas ‘naciones’ que emergieron de la Guerra. En España también surgieron conflictos de esta naturaleza, puesto que si bien no había participado militarmente gran parte de su población había sido económica y políticamente movilizada por la guerra, siendo la dictadura de Primo de Rivera una respuesta a la movilización, o más bien un intento de mitigar los efectos que de ésta se derivaron.
En Europa central también hubo intentos parecidos para frenar la reforma política mediante el despliegue del nacionalismo étnico, así como de su acompañante habitual, el antisemitismo, con la intención de reconstruir los anteriores sistemas antidemocráticos como base para estas nuevas naciones. La etnicidad, sin embargo, no fue el único argumento para la exclusión. Hubo muchos, sobre todo hombres jóvenes provenientes de zonas en proceso de urbanización, que no estuvieron dispuestos a agachar la cabeza tras la experiencia de la Guerra Mundial y que, a pesar de sus esperanzas de cambio, se sintieron defraudados por las autoridades. Como resultado, una oleada de migraciones llevó a decenas de miles de europeos a reubicarse.
Así, Mario, un obrero e historiador antifascista italiano de apenas treinta años, y Yankel, un chico judío de diecinueve años que había viajado desde Cracovia a través de siete países, migraron a Francia en busca de trabajo. Allí, ambos trabarían amistad con el periodista Arthur Koestler durante su internamiento en un campo de concentración de la República francesa en octubre de 1939, aunque a diferencia de Koestler, los dos primeros no sobrevivirían a su ulterior deportación a los campos nazis. Manès Sperber, escritor y psicólogo nacido en 1905 en el seno de una familia jasídica de Zablotów (entonces parte de la Galicia austríaca, hoy Ucrania), huyó con su familia a Viena en 1916 debido al avance de la guerra. El exilio en la capital austríaca influiría decisivamente en el ideario secular y político del joven Sperber, y en su posterior afiliación al partido comunista en el Berlín de 1927. Encarcelado por los nazis, fue puesto en libertad gracias a su pasaporte polaco, mudándose a Yugoslavia y a París, antes de aterrizar en la España de la guerra. Otro caso similar es el del rebelde adolescente de Budapest que, hecho a los calabozos de la Hungría que Horthy gobernaba con mano de hierro, no vio otra opción que buscar una mejor vida en París, para convertirse ya en España en el renombrado fotógrafo Robert Capa. Producida por un mundo en constante cambio, la marea migratoria contribuyó a acelerar aún más si cabe el proceso por el que se estaban cuestionando las normas sociales establecidas.
En la Gran Bretaña de posguerra, incluso cuando el voto había sido extendido a todos los varones en 1918 y a las mujeres en 1928, la política y la vida pública seguían siendo privilegio de una élite social muy restringida. No obstante, hubo muchos que empezaron a hacer frente a este sistema, como la joven Patience Darton, que ejercía de matrona en los suburbios de Londres y emprendía disputas diarias para proteger a los más pobres contra las intransigentes autoridades de su hospital. Esta experiencia, sumada a sus creencias religiosas, le hizo tomar consciencia de la necesidad de cambio para reducir las agudas desigualdades sociales, lo que la llevaría a ayudar como enfermera en el frente republicano. Patience, a quien la experiencia de la Guerra Civil “[me ayudó a] convertirme en una persona por mis medios … con una vida y un trabajo propios”, pertenecía a la misma clase media urbana que durante los años veinte empezaría a reclamar voz política en España oponiéndose al excluyente sistema de la Restauración, entonces presidido por Primo de Rivera.
Esta lucha por el cambio social se extendió también más allá de Europa, siendo los inmigrantes de primera y segunda generación quienes tomaron el relevo en Norteamérica. Instintivamente, sabían que la defensa de la República Española era una lucha por una mayor igualdad social, pues si bien no conocían los pormenores del caciquismo, muchos encontraron su equivalente americano en los poormasters, funcionarios municipales con la capacidad de otorgar fondos de ayuda a los más pobres y con los que a menudo protagonizaban escenas traumáticas y desesperadas. Algunos habían tenido experiencia directa en España, como la abogada Channa Tanz de Hoboken, Nueva Jersey, que fue enviada a la España republicana por el Comité para la protección de los nacidos en el extranjero para investigar la reforma penitenciaria y los últimos avances en política social; o Sam Levinger, el hijo de un rabino de Ohio que, en un intento por poner fin a las barbaridades e injusticias que venían ocurriendo en Europa, fue a luchar y morir por la República con apenas veinte años. Y qué hay del centenar de afroamericanos que se alistaron al batallón Abraham Lincoln, la primera unidad militar estadounidense no segregada pese a que el ejército americano continuaría practicando la segregación racial durante la Segunda Guerra Mundial; o de Evelyn Hutchins, una experimentada conductora que no fue autorizada a conducir una ambulancia durante la guerra de España por ser una mujer.
Todos ellos eran, “exiliados de un tiempo futuro”, tal y como escribiría el empobrecido poeta Sol Funaroff. Nacido en Beirut en 1911 de una familia humilde de exiliados judíos rusos cuya propia odisea europea terminaría en Nueva York, Funaroff también se lanzó a las acciones de solidaridad con la República Española a pesar de estar muy enfermo desde su infancia y de ganarse siempre su sustento por los pelos, brillando sin embargo tanto su vida como en su trabajo pese a morir en 1942 con apenas 31 años de una enfermedad reumática del corazón conocida como “corazón de la pobreza”. Cada uno de estos individuos vio la batalla por la igualdad social de la República Española como la suya propia, pero de manera mucho más compleja y variada de lo que las etiquetas políticas podrían sugerir. Fueron militantes porque vivieron una época en que el activismo político ofrecía la posibilidad de actuar a los menos poderosos, otorgándoles además una coraza para hacer frente al clima hostil de vertiginoso cambio social.
Todas estas guerras sociales europeas continuarían librándose durante la la guerra total de 1939-45, desencadenada por el imperialismo nazi y sus planes de segregación étnica. Los ejércitos aliados y los movimientos de resistencia que se les opusieron eran, en gran parte, entidades multiculturales y multinacionales como lo fueron las Brigadas Internacionales en la guerra de España. Estos hechos, sin embargo, fueron ensombrecidos tras 1945 por la lógica de la Guerra Fría, lo que suponía restablecer tanto al oeste como al este naciones homogéneas étnica, cultural y políticamente.
De esta manera, la compleja historia social de las Brigadas Internacionales como parte integral de la lucha por la reforma social en Europa, ha sido lost in translation. Su memoria, por tanto, ha sido tergiversada acorde al mito del antagonismo totalitarista heredada de la Guerra Fría que, paradójicamente, lejos de estar perdiendo terreno a medida que el conflicto bipolar se aleja en el pasado está ganando popularidad. Así, la realidad del siglo XX europeo como estando forjado por la migración interna y externa, parece curiosamente ocultarse tras el velo de una “memoria” más comprometida con el presente y con el futuro que con el pasado. De esta manera, deberíamos preguntarnos qué consecuencias puede traer para el porvenir nuestra incapacidad para visualizar aquella Europa en flujo continuo en todo su detalle y complejidad.
*Helen Graham es historiadora y autora del libro La guerra y su sombra. Una visión de la tragedia española en el largo siglo XX europeo (Crítica). Este artículo ha sido traducido por Pedro Correa Martín-Arroyo.
POR LA UNIDAD SINDICAL, DE LA IZQUIERDA Y LA CLASE OBRERA FRENTE A LA CRISIS
POR LA UNIDAD SINDICAL, DE LA IZQUIERDA Y LA CLASE OBRERA FRENTE A LA CRISIS
¿ESTAMOS LOS COMUNISTAS DONDE DEBEMOS DE ESTAR?
Miguel A. Montes
24 Mayo 2013
ÍNDICE:
1 LA CRISIS DEL CAPITALISMO.
1.1. No es una crisis financiera.
1.2. La salida capitalista a la crisis.
1.3. La salida no capitalista a la crisis.
2 ACERCA DE LA UNIDAD SINDICAL Y EL TRABAJO DE LOS COMUNISTAS EN EL SINDICATO. 3 EL PCE Y EL VIIº CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA SOBRE LA UNIDAD SINDICAL.
4 LAS CC.OO. Y LA DIVISIÓN SINDICAL EN ESPAÑA.
5. LENIN Y EL DEBATE EN LA INTERNACIONAL COMUNISTA SOBRE EL TRABAJO EN LOS SINDICATOS DE MASAS.
6. EL PSUC Y EL PCC EN DEFENSA DE CC.OO. Y LA UNIDAD SINDICAL EN CATALUNYA
7. CC.OO. ES NUESTRO SINDICATO.
8 ¿DÓNDE ESTÁ EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO DE LOS COMUNISTAS?.
8.1 Contra la unidad sindical y la mayoría confederal de CC.OO.: ¡creemos más sindicatos!.
8.2 La extraña alianza con el fidalguismo en Seat y el Metal.
8.3 ¿Qué es el centralismo democrático y quienes lo rompen?.

  1. LA CRISIS DEL CAPITALISMO
Estamos ante la crisis más dura del capitalismo desde 1929. Esta es una crisis estructural, de sobreproducción de mercancías y sobreacumulación de capital: lo que hace bajar tendencialmente la tasa de ganancia es la tasa de acumulación de activos fijos que aumenta enormemente respecto al capital variable, el exceso relativo de capital fijo sobre el capital variable. Se trata de una crisis de la economía real, de un exceso de la capacidad de producción respecto a la capacidad adquisitiva de la gente. Hay demasiadas viviendas, demasiadas mercancías en circulación, sin embargo cada vez hay más trabajadores sin vivienda, y los trabajadores cada vez tenemos menos medios para atender nuestras necesidades, reflejo de la contradicción fundamental del capitalismo entre la socialización de la fuerzas productivas y la apropiación capitalista. La propia sobrecapacidad productiva pone al descubierto la sobreproducción. Marx que ya se encargó de ajustar las cuentas teóricas sobre el funcionamiento de este sistema, dejó bien claro que no hay “otro capitalismo posible”, regulado, capaz de salirse de la dinámica anárquica de la producción capitalista.
Y es también una crisis general que afecta a todos los valores políticos, ideológicos y culturales del liberalismo como ideología dominante y hegemónica de las sociedades capitalistas de nuestro entorno. Lo privado empieza a ser superado por lo público, lo individual por lo colectivo, la socialización de las fuerzas productivas y las socialización de las necesidades materiales de la sociedad, amenazadas por la crisis, comienzan a sembrar la necesidad del socialismo y la superación de lo caduco y dañino para el desarrollo de la economía, el ser humano y pone encima de la historia la necesidad de una sociedad libre de guerras, crisis, hambre, paro masivo y…de los deshaucios.
1.1.       No es una crisis financiera
El origen de la crisis no se encuentra en las finanzas sino en la lógica de acumulación de capital. Fue Marx el primero en hablar del capital ficticio, capital que existe pero que no tiene correspondencia con la economía real. No es una novedad que el capital para ampliar el mercado promueva el endeudamiento, creando demanda por medio del capital ficticio, el crédito, impulsando la sobreproducción y competitividad de las empresas. La novedad es que desde la década de los 80 de S.XX ese capital ficticio ha ido de la mano de la contención de los salarios. Es un endeudamiento que crece indefinidamente, parecido a la deuda externa.
Un ejemplo concreto lo tenemos en España con el boom inmobiliario. Entre 2001 y 2008 en España la deuda de los hogares se dobló del 43% al 84%. Y no es que se haya vivido por encima de nuestras posibilidades, menos los multimillonarios claro, la realidad es que los salarios han retrocedido en el PIB respecto a los beneficios dando pie al endeudamiento potenciado por los bancos a la caza de activos e intereses. Por ej. en Alemania (país donde teóricamente el movimiento obrero debiera de gozar de una mayor capacidad de resistencia) en 1992 los salarios representaban el 55,4% del PIB, en el 2007 ya bajaron al 47,6%. Entre el 2000 y el 2010 Alemania, gracias a las “reformas” de Peter Hartz, es el país de la UE donde menos crecen los salarios, todo en aras de potenciar la industria exportadora competitiva, que está hundiendo la economía europea, sobre la base de un largo periodo de moderación salarial (flexibilidad le llaman) (1). Ese es el modelo que el imperialismo alemán quiere trasladar a los países de la periferia europea más débiles y endeudados: disminución de los costes laborales y de las prestaciones sociales, para que las transnacionales principalmente alemanas, pero también francesas, yanquis, japonesas, etc., aumenten sus beneficios, y sus directivos se suban sus “sueldos” y saquen su tajada de plusvalía. Riqueza en un polo, pobreza en el otro.
Por tanto, la estructura financiera con los créditos a medio y largo plazo han permitido, con vistas a sacar mayor tajada, que los salarios financien esta crisis de sobreproducción, endeudando a las familias obreras dopando la demanda, saturando los mercados, reduciendo la capacidad adquisitiva, manteniendo las tasas de ganancia, etc. Cuando el crédito no ha sido suficiente para dopar la capacidad adquisitiva de la población, las tasas de ganancia cayeron, se destapó el exceso de producción sobre la demanda real, y la sobreproducción latente quedó desnuda.
Es decir, que en la crisis actual la subida de los tipos de interés del crédito ha saltado de la economía especulativa a la real de producción de bienes y servicios, disminuyendo la capacidad adquisitiva que dependía del crédito, afectando a las empresas productoras más débiles y los hogares obreros. El crédito, capital ficticio, la palanca artificial más importante de reproducción del sistema capitalista, el atesoramiento de la plusvalía a costa de erosionar la capacidad de la demanda solvente mediante el endeudamiento, condiciona que sólo inyectando dinero a la circulación monetaria sea posible mantener un equilibrio precario entre la oferta y la demanda, sin asegurar que no estalle una violenta crisis de sobreproducción. Que es precisamente lo que ha sucedido.
1.2.       La salida capitalista a la crisis
Si la crisis bajo el capitalismo es un fenómeno de sobreproducción de mercancías y de sobreacumulación de capital, la solución, la salida capitalista a la crisis, pasa por el reajuste a la demanda y la recuperación de las ganancias. En esta salida a la crisis (depresión, reanimación y auge… y crisis otra vez) nos encontraremos siempre con la destrucción masiva de unas fuerzas productivas que podrían dedicarse a la mejora del bienestar general, pero que bajo el capitalismo es imposible de realizar. Por el contrario las relaciones de producción capitalistas sacan la artillería de sus ya tradicionales métodos: la reducción del salario directo, el cierre empresas con la consiguiente destrucción de medios de trabajo y empleo, la reducción del salario indirecto (sanidad, enseñanza, pensiones, dependencia, prestación por desempleo…) y las guerras de saqueo y control de los recursos energéticos, el comercio exterior y el intercambio desigual con los países de la periferia.
Sin embargo, las medidas “anti-crisis” que se han aplicado en los últimos 5 años, no han impulsado el crecimiento de la economía, la han hundido aún más. Todavía se está en fase depresiva. Para lo único que han servido de momento estas medidas es para recuperar la tasa de ganancias, para hacer que los ricos descansen tranquilos, que el sistema no se hunde y pueden seguir acumulando riquezas y capital.
Porque es de esta manera, a través de la depresión, el hundimiento de la economía, de los rivales más débiles, el aumento de la explotación y el paro, el cómo las grandes transnacionales productivas y financieras recuperan su tasa de ganancias y cómo el capital se concentra y centraliza en cada vez menos manos. Concretamente el año pasado las empresas del IBEX en España consiguieron 317.000 mill.€ de beneficios, de los cuales sólo una tercera parte se acumula y reinvierte, el resto se distribuyen entre accionistas. Estas entidades financieras y empresas sólo tributan el 11,9% de sus beneficios mientras que los trabajadores pagamos el 28,5%% de media de nuestros salarios. Dinero público de impuestos que luego se redistribuye, nuevamente a favor del capital, para aumentar los gastos militares y socializar las deudas privadas del capital industrial y financiero, todo un ejemplo del cómo funciona la crisis bajo la dictadura de clase de la oligarquía financiera, los Botín y cía. En definitiva, la clase obrera y el pueblo pagamos la factura de la crisis de otros. El resultado es que en estos 4 años de crisis las rentas del capital en España han pasado del 46,3% de la renta nacional (PIB) al 49,6%, mientras los salarios han perdido 3,2 puntos de peso. El peso de los ricos es cada vez más fuerte en la economía. Desde que en mayo del 2010 se iniciaron los recortes en España el país ha “ganado” 2 millones de parados más y 300.000 millones de € de deuda pública más.
En el “paraíso” capitalista, los EE.UU., las ganancias de sus transnacionales son ya las más altas en relación al PIB desde 1950, una gran parte de estas ganancias son resultado de la reducción patronal al fondo de pensiones y la mayor productividad de una fuerza laboral reducida, es decir, el aumento de la explotación de la clase obrera. En el 2011 mientras la economía crece en EE.UU. un 1,7% el salario medio cae el -2,7% (2), y el paro, la pobreza y los desahucios no paran en el “paraíso” capitalista.
En la UE con la crisis nos encontramos ante un claro sistema de deuda externa que mantiene un neocolonialismo que obliga a todos los países capitalistas a seguir la política económica dictada por la TROIKA –FMI, BCE y Comisión Europea-, instituciones enteramente antidemocráticas en la que la mayoría de sus miembros son nombrados por los estados imperialistas (Alemania, EE.UU., Japón, etc.). El “rescate” es la forma europea de deuda externa de los países latinoamericanos del siglo pasado. La oligarquía financiera, responsable de la crisis, dispone de libertad absoluta para seguir especulando y acumulando ganancias. En España el capital financiero puede seguir pidiendo dinero al Banco Central Europeo a un 1% para luego especular con la deuda pública española exigiendo un 7% de interés. Esta lógica hace más insostenible que nunca las conquistas sociales contenidas en el estado de bienestar bajo el capitalismo, las cuales no olvidemos que fueron aceptadas tras la derrota del nazismo por el ejército rojo, para contener el avance del comunismo y por las luchas que el movimiento obrero impulsó en Occidente, y el movimiento de liberación nacional en la periferia fuera de nuestro continente.

1.3.       La salida no capitalista a la crisis
El capitalismo es incompatible con el progreso social, sólo acepta regulaciones, políticas keynesianas de bienestar social, si éstas le son impuestas desde la lucha de clases por miedo a perecer. Pero no nos engañemos, el capitalismo en su lógica autodestructiva ya no es capaz de proporcionar el crecimiento económico y social, el progreso tecnológico sin trabas, la mejora de las condiciones de vida, el desarrollo de la cultura y la salud. Un claro ejemplo de ello es que desde 1973 la producción cae. En 1982 se llega al nivel más bajo desde 1960 con sólo una subida del 0,4% mundial, nueva recaída en 1993, “crisis asiática” 1997, etc., pero ninguna de las dimensiones del 2009 con una caída negativa del -1,9% del PIB mundial. Si miramos la tendencia en retrospectiva veremos que el crecimiento del PIB en los últimos 40 años se acerca varias veces al crecimiento nulo, y desde los años 60 se produce un crecimiento decreciente, se pasa de media anual del 5,4% entre 1960-1973 al 2,9% entre 1973-2009, una caída en el crecimiento a casi la mitad en medio de varias recesiones (3). En consecuencia, sólo el socialismo, la planificación socialista de la economía que garantice la plena ocupación y el control de los recursos económicos y la desposesión del capital, es la salida real, la única alternativa posible a la crisis del capitalismo, donde el Estado no está al servicio de la oligarquía financiera sino de la clase obrera. La lucha política por la reforma social, el estado de bienestar, deben ligarse hacia ese objetivo, de lo contrario el ciclo de la crisis volverá a repetirse con mayor brutalidad.
Pero a pesar de esta tendencia del capitalismo hacia la catástrofe, es en el terreno de la lucha de clases donde se decide la historia, donde se decide la salida a la crisis, si esta se hace favorable a las fuerzas sociales de progreso con la clase obrera a la cabeza, o si se da un nuevo retroceso, una involución donde las fuerzas imperialistas vuelven a ganarnos la partida. La historia de la lucha de clases si algo nos ha enseñado ha sido que el capitalismo tiene una capacidad de recomposición inaudita, aún a base de una brutal destrucción económica y cultural, y que no existe el derrumbe automático del sistema y que este no cae sino se le hace caer. Ante el dilema “socialismo o barbarie”, nos hace falta en la lucha de clases la alternativa política, ideológica y social.
Hace 77 años los comunistas fuimos capaces de adoptar una táctica adecuada para responder y derrotar a la dictadura más terrorista que el imperialismo y la oligarquía financiera nos ha impuesto en toda su historia, el fascismo. En el VIIº Congreso de la Internacional Comunista se aprobaba la táctica del Frente Popular, la alianza social entre la clase obrera, la pequeña burguesía y los campesinos, la unidad sindical de todos los sindicatos a nivel nacional e internacional, la alianza política de la izquierda, comunistas, socialistas y anarquistas, y la unidad antiimperialista con los pueblos colonizados para cerrar el paso al fascismo.
Hace 21 años, desde la caída del campo socialista, el neoliberalismo como modelo de “crecimiento” capitalista patrocinado por los Chicago Boys de Friedman en Chile bajo Pinochet, y los gobiernos de Tatcher y Reagan se han impuesto de forma definitiva en los países capitalistas. Consenso de Washington en Latinoamérica (1989), Maastrich en la UE (1993). Modelo que hoy también se debe caracterizar como la dictadura de clase terrorista de los elementos más reaccionarios e imperialistas del capital financiero.
Pero hoy todavía no disponemos de un fuerte contrapeso como el bloque socialista constituido tras la IIª Guerra Mundial. A pesar de los esfuerzos de los países del bloque del ALBA y China, la correlación de fuerzas a favor del imperialismo es innegable, la amenaza continua hacia Corea del Norte para frenar a China y las recientes guerras de Irak y Libia donde EE.UU., realiza su industria militar destruyendo pueblos e infraestructuras económicas de países, saquea los recursos, noquea a sus rivales, y financia el terrorismo islámico (Afganistán, Bosnia, Libia, Siria…), nos sacan de dudas.
Estamos ante un punto de inflexión histórico, toda forma de democracia y bienestar y toda soberanía popular han sido abolidos de forma definitiva bajo el capitalismo en su fase imperialista, el capitalismo no aguanta más democracia. La lógica de la acumulación de capital y de freno a la caída de la tasa de ganancia operan sin apenas contrapeso social, político e ideológico en el capitalismo desarrollado.
  1. ACERCA DE LA UNIDAD SINDICAL Y EL TRABAJO DE LOS COMUNISTAS EN EL SINDICATO
No hemos pretendido hacer un análisis exhaustivo de la situación, pero si que es importante señalar las causas y síntomas de la crisis del capitalismo, para colocar la necesidad que los comunistas tenemos de elaborar una táctica concreta en cada país y a nivel internacional que nos lleve hacia la triple UNIDADla unidad de los comunistas, la vanguardia política de la clase obrera superando la división de los comunistas allí donde exista; la unidad de la izquierda, con contenido anti-neoliberal, internacionalista y anti-imperialista (nada de terceras vías social-liberales) confluyendo en un frente de izquierdas unitario y amplio que convine la lucha de masas, la movilización y el ámbito político-institucional al servicio de la ruptura democrática con el actual régimen postfranquista neoliberal, puesto cada vez más en cuestión, que supere el carácter dependiente e intervenido de nuestro país, por la soberanía nacional que rompa con el imperialismo y la OTAN, hacia la IIIª república democrática y federalpor una política económica anti-neoliberal contra la crisis y por el socialismo; y la unidad sindical de toda la clase obrera sin distinción de procedencia, ramo, país, religión o ideología, tomando como base el carácter de clase, unitario y sociopolítico del sindicalismo a construir. Esa triple unidad es necesaria para avanzar con solidez hacia la alternativa política, ideológica y social a la crisis y al capitalismo.
¿Qué exigían los comunistas como base para conformar la unidad de los frentes populares hace 77 años?, la unidad con la única condición de lucha contra el fascismo, en defensa de la democracia y las conquistas sociales del movimiento obrero. ¿Qué exigían los comunistas como base para trabajar en los sindicatos y por la unidad sindical?. La unidad sindical sobre la base de la lucha de clases. Es decir, no se exigían los principios del marxismo leninismo, la dictadura del proletariado, etc., ni como comunistas se renunciaba, sino que se adoptaba una política de alianzas, fruto de cómo decía Lenin, del análisis concreto de la realidad concreta. Eso es lo que nos falta ahora.
Y es en este último punto, el sindical sobre el cual me voy a centrar, porque el sindicalismo de clase debe de formar parte de esa alternativa política, ideológica y social que los comunistas estamos obligados a construir, ya que en este último proceso congresual de CC.OO. han salido propuestas desde nuestras filas que no corresponden ni con el análisis concreto de la situación concreta, ni responde a las necesidades de la clase obrera, ni de la izquierda política y social, ni de los comunistas. Propuestas como la de cuestionar la unidad dentro del sindicato, la unidad sindical y la apuesta por la creación de nuevos sindicatos minoritarios, que evidentemente obedecen más a posiciones corporativistas e infantiles, que a una política de clase correcta y revolucionaria.
Por eso, dado que las voces que se alzan no son de cualesquiera, nos vemos obligados a poner en funcionamiento nuestra memoria colectiva, para recordar lo que los comunistas desde Lenin, el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, el PCE en la IIª República, la lucha antifranquista, y los congresos del PSUC y PCC desde 1977 hasta ahora, hemos resuelto, aprobado u acordado, en respeto del centralismo democrático que todo partido comunista debe mantener, y que ningún cuadro, dirigente, organización de base u organismo dirigente debe escamotear.
¿Estamos los comunistas donde debemos estar? ¿Estamos a la cabeza de las luchas, movilizaciones y cambios necesarios a favor de los trabajadores/as?

  1. EL PCE Y EL VIIº CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA SOBRE LA UNIDAD SINDICAL
Los comunistas en España a lo largo de nuestra historia hemos destacado por la defensa de la unidad de la clase obrera en lo político y en lo sindical como un frente de lucha. El VIIº Congreso de la Internacional Comunista se decantó por la unidad sindical orgánica frente al fascismo:
“Nosotros abogamos decididamente por el restablecimiento de la unidad sindical dentro de cada país y en el plano internacional…Abogamos por sindicatos de clase únicos como uno de los baluartes más importantes de la clase obrera contra la ofensiva del capital y del fascismo. Al hacerlo así, ponemos como única condición para la unificación de los sindicatos luchar contra el capital, luchar contra el fascismo y por la democracia sindical interna” (4).
José Díaz, secretario general del PCE, cuando planteaba la necesidad de crear un amplio Frente Popular Antifascista sobre la base del Frente Único de la clase obrera, siguiendo las orientaciones del VIIº Congreso de la Internacional Comunista decía entre diciembre de 1935, febrero, abril, y junio de 1936:
Tenemos que ir rápidamente a la realización de la Unidad Sindical, a la creación de una sola central sindical en España… ¿Qué representa la unidad sindical?. Representa y significa que nosotros trabajaremos en una misma dirección bajo una sola central sindical de lucha de clases en toda España. Ahora, se ha producido la fusión de la CGTU con la UGT. La CGTU es una organización pequeña con lo que representa en nuestro país la UGT…

Pero, además de los sindicato autónomos, todos los cuales deben venir a engrosar las filas de la UGT, hay en España centenares de miles de obreros industriales y agrícolas que no están en los sindicatos, cuando todos los proletarios, socialistas, comunistas, sindicalistas, todos, debemos de trabajar en la misma dirección…

¡Camaradas no organizados, venid a nuestro sindicato, venid a la UGT, para que ésta sea una organización potente… ¿Es que la CNT tiene aún la pretensión de poder luchar sola, con probabilidades de éxito?. ¡Camaradas! Hoy está planteada la lucha de tal forma, que no hay organización o partido que, por sí y ante sí, pueda vencer al enemigo. ¿Por qué no planteáis en vuestras conferencias y congresos el problema de la fusión de la UGT y la CNT? ¡Pongámonos de acuerdo para la unidad de acción…

Necesitamos un único movimiento sindical, y hay que reforzar los esfuerzos que se realizan para llegar rápidamente a un acuerdo con la CNT sobre puntos claros y concretos, creando así las condiciones para la gran Central sindical, que yo me atrevo a decir que será la única Central sindical en España… unidad sindical completa del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases y dentro de la más amplia democracia sindical”.(5).

Teniendo en cuenta las necesidades de la clase obrera y la lucha antifascista, y de las nuevas condiciones unitarias creadas en UGT tras la revolución asturiana de 1934, el PCE con Jose Díaz al frente de la secretaría general, impulsa a que el sindicato CGTU minoritario en comparación con CNT y UGT, integrado mayormente por cuadros sindicales comunistas, ingrese en la UGT en 1935, dando un paso importante hacia la unidad sindical. Faltaba la unidad sindical con la otra central mayoritaria del movimiento obrero español, la CNT anarquista. Ya en plena guerra nacional-revolucionaria en marzo de 1937 José Díaz diría:
“Los comunistas deben ser los mejores defensores de la organización sindical; los que recluten continuamente nuevos afiliados para fortalecerla;…los que luchen por establecer una verdadera democracia sindical, que permita a los mejores elementos de la clase obrera ocupara puestos de dirección; los que, a base de unidad de acción entre los sindicatos de la CNT y la UGT, contribuyan a crear las condiciones necesarias para la fusión de las dos centrales y la formación de una sola central sindical obrera en España.” (6).

Concluyendo. El PCE desde 1935, siguiendo las orientaciones de la Internacional Comunista, defendió la unidad sindical de la clase obrera sobre la base de la lucha de clases, no la división en diferentes organizaciones sindicales.

  1. LAS COMISIONES OBRERAS Y LA DIVISIÓN SINDICAL EN ESPAÑA
Bajo la dictadura franquista la táctica del PCE a partir de finales de la década de los 50 del siglo XX de introducirse en el sindicato vertical (posibilidad legal) para organizar al movimiento obrero desde la ilegalidad (comisiones obreras) con el objetivo de combatir al franquismo, fué una forma concreta de llevar .....

Para seguir Fuente:http://www.larepublica.es/2013/06/estamos-los-comunistas-donde-debemos-de-estar/