Andrei Micu es el último combatiente de las Brigadas internacionales rumano que sigue vivo (hoy tiene 99 años).
La
siguiente entrevista fue realizada al héroe socialista, que como
podréis leer permanece fiel a sus ideales comunistas de siempre, lejos
del revisionismo que cunde tanto entre los izquierdistas de hoy y
convencido de que el espíritu de la lucha antifascista que le llevó a
luchar a España contra Hitler, Mussolini y Franco, y el que dio lugar a
la construcción de la Republica Popular Rumana, es el camino correcto
que hay que recuperar para que la clase obrera pase de nuevo a la
ofensiva despues de años de retirada y perdida de derechos.
La
entrevista fue realizada por Gheorghita Zbaganu en noviembre de 1999 y,
dada su extensión, publicamos aquí la primera parte y, próximamente, se
hará lo propio con la segunda. En esta primera parte, Micu nos habla de
sus primeros contactos con los movimientos obreros en su juventud (en
el periodo de entreguerras), y de su viaje hasta España para luchar como
voluntario contra el fascismo y defende al gobierno democrático
republicano. También nos cuenta algunos episodios de la Guerra Civil en
los que participó, el encierro en campos de trabajo inhumanos por el
gobierno francés tras cruzar la frontera, y sus peripecias durante la
Segunda Guerra Mundial como prisionero en diferentes lugares, hasta su
regreso a su pais despues de ser encargado de propaganda en un campo de
prisioneros sovietico autogestionado.
En
la segunda parte Micu nos contará como fue la creación de la Republica
Popular Rumana y como, tras el proceso de desestalinización, el
socialismo empezó a deteriorarse de la mano del revisionismo y el
surgimiento de un espiritu pequeño burgues que acabaría desenbocando en
el golpe de estado de 1989.
UN LUCHADOR: Entrevista con Andrei Micu (por Gheorghita Zbaganu)
Primera Parte
Andrei Micu es un libro viviente. Nacido el 24 de julio de 1912, educado en una familia comunista, participó en la Guerra Civil Española como miembro de las Brigadas Internacionales. Cerca ya de cumplir los 90 años nosotros le deseamos „feliz cumpleaños”.
¿Quién es el camarada Andrei Micu? ¿Donde nació?
Nací en Rapoltul Mare, en la provincia de Hunedoara. Mi madre fue Magdalena Isac y mi padre Avram Ludovic. Mi padre nació en 1887 en el pueblo de Lonea (!dónde la famosa mina Lonea!) y mi madre en 1882 en el mismo pueblo minero, Rapoltul Mare.
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| Munumento a los brigadistas internacionales húngaros |
Mi padre conoció las ideas marxistas en tiempos de la
guerra. En 1919, durante la Revolución Húngara, él estaba en Budapest,
donde luchó por la Comuna. En aquellos tiempos conoció a Eva, una
marxista que por entonces era estudiante del cuarto año de la facultad
de matemáticas de Budapest, y activista del Partido Comunista Húngaro.
Tras la derrota de la Revolución, para escapar del terror de Horthy, mi
padre y Eva se refugiaron en Cluj.
Mis padres se divorciaron en 1920, cuando yo tenia 8 años, y mi padre se
caso inmediatamente con Eva. Yo me quede a vivir con ellos en Cluj (la
consideraba mi segunda madre). Mi madre lo aceptó con la condición de
que yo pasara las vacaciones con ella, en Rapolt.
Eva era una mujer de excepcional bondad y cultura. A ella me unen los mas bonitos recuerdos de mi infancia. Era una mujer muy hermosa, muy culta, de naturaleza alegre y entusiasta. Hablaba alemán, francés y húngaro. Conociendo el francés no le fue difícil aprender rumano. Hablaba rumano sin acento, mejor que yo. !Estoy orgulloso de que yo fuera una gran ayuda para que aprendiera rumano!
Eva era una mujer de excepcional bondad y cultura. A ella me unen los mas bonitos recuerdos de mi infancia. Era una mujer muy hermosa, muy culta, de naturaleza alegre y entusiasta. Hablaba alemán, francés y húngaro. Conociendo el francés no le fue difícil aprender rumano. Hablaba rumano sin acento, mejor que yo. !Estoy orgulloso de que yo fuera una gran ayuda para que aprendiera rumano!
Me cuidó y me educó como no se puede mejor. Yo era un niño alegre y
entusiasta. El entusiasmo no me ha abandonado hasta ahora, en la vejez; a
lo mejor se ha moderado. Mi madre Eva me amó y yo a ella también. Me
enseńo cánticos revolucionarios conocidos por ella: la Internacional, la
Marsellesa, etc... Tenia oído musical, y una cultura y voz muy
agradables, de mezzosoprano. Me hablaba apasionadamente sobre las
revoluciones proletarias, en especial sobre la Comuna de París, sobre la
Revolución de Octubre y sobre nuestra propia Revolución húngara. Me
hablaba sobre la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado,
sobre los explotadores y los explotados. A medida que fuí creciendo y
madurando me hablaba también sobre el materialismo dialéctico. Así que
puedo decir que aprendí la concepción del materialismo dialéctico sobre
el mundo dentro de mi familia, en la época en la que estaba en el
instituto, en Cluj. Tenía plena confianza en lo que me decía. Mi madre
frecuentaba desde los 14 años los círculos progresistas de Budapest.
Estudió allí seriamente las obras de Marx y Engels. Tenía la virtud de
saber explicárselo a todos. Por lo tanto, crecí en una atmósfera
empapada de marxismo, teniendo por mentor a mi madre, Eva. Lo que me
enseńó ella se me quedó para siempre en la mente, no lo he olvidado.
Pero yo me considero un autodidacta. No dejo de estudiar, de cultivarme,
de intentar estar al corriente de todas las novedades científicas y
técnicas. Intento abordarlo todo a través del materialismo dialéctico e
histórico.
¿Cómo entró en contacto con el movimiento obrero?
En 1925 mi padre y Eva se divorciaron. Yo cursaba el tercer año de
instituto. No tenia quien me siguiera pagando el Liceo, así que me
ofrecieron un puesto de aprendiz en el taller de muebles de lujo de
Sînnicolaul Mare, a 60 km. de Timisoara. El patrón del taller era
Francisc Hirsch. La mayoría de los trabajadores de allí (eran unos diez)
eran comunistas húngaros refugiados en Rumanía. Por lo tanto, eran
también miembros del Partido Comunista de Rumanía. Un comunista sigue
siendo comunista independientemente del país en el cual viva. Al lado de
los 10 trabajadores había también 10 aprendices.
La vida como aprendiz era muy dura. No me pagaban mas que habitación y comida. Nos explotaban sin escrúpulos. El patrón intentaba obtener el máximo beneficio a nuestra costa. Imaginad que con trece años dormía sobre las mesas del taller, me despertaba a las 5 de la mañana, y nos acostábamos a las 12 de la noche. Cinco horas de sueño es muy poco para un niño. La comida era poca y mala. Siempre teníamos hambre.
La vida como aprendiz era muy dura. No me pagaban mas que habitación y comida. Nos explotaban sin escrúpulos. El patrón intentaba obtener el máximo beneficio a nuestra costa. Imaginad que con trece años dormía sobre las mesas del taller, me despertaba a las 5 de la mañana, y nos acostábamos a las 12 de la noche. Cinco horas de sueño es muy poco para un niño. La comida era poca y mala. Siempre teníamos hambre.
Seguro que este estado de cosas ha contribuyó a formar mi conciencia de
clase. Lo que me contaba mi madre Eva se confirmó en la práctica. En la
primavera de 1926 me peleé con el patrón que, según la costumbre de
entonces, nos aplicaba „castigos corporales”. Tras uno de estos
correctivos comencé a cantar la Internacional en lengua húngara. Los
trabajadores se quedaron sorprendidos y me preguntaron después dónde
había aprendido aquel canto. Les conté de mi madre y de la atmosfera que
viví en mi casa.
Entonces comenzaron a ocuparse de mi. Analizaron en detalle mi preparación ideológica y les sorprendió. Así que fui recibido en la Unión de los Jóvenes Comunistas (UTC) y empecé a militar en cuerpo y alma con las filas de los obreros.
Mi relación con el patrón fue cada vez peor. Me echaron después de cumplir los 14 años. Pero no me quedé sin nada, pues los obreros comunistas del taller me buscaron un lugar en una fábrica de muebles de Timisoara, donde el patrón era un tal Ungur Karoly. Yo era aprendiz en una carpintería de lujo, contratado por comida y alojamiento. Aquí había más aprendices, por encima de 30. Por supuesto que continué la militancia en las filas de UTC, e incluso fui elegido secretario en la fábrica. El 1 de mayo de 1927 participé en la manifestación y distribuí folletos de la organización. La policía me arrestó junto con otros manifestantes. Me dieron algunos palos a los que ya estaba acostumbrado. Pero, siendo menor (no tenía aun 15 años) me dejaron libre tras dos semanas de detención preventiva. No me hicieron ningún tipo de proceso judicial.
Permanecí en la fábrica de Ungur Karoly hasta el otoño de 1927. Entonces fui admitido en las filas del Partido Comunista Rumano, con plenos derechos. Era ya un veterano del trabajo clandestino. Los camaradas me llamaron la atención de que era seguido de cerca por la „Siguranta” (policía política) y, para que perdieran mi rastro, me encontraron otro puesto de trabajo en la fábrica de muebles Paliczka, de la misma ciudad. Alli habia más apredices todavia, por encima de 50. Hacía propaganda entre los obreros. Trabajé allí hasta 1928. Tras cumplir 16 años los camaradas decidieron que regresara al pueblo de mi madre biológica, Magdalena, para que la policía perdiera mis huellas. La „Siguranta” me vigilaba también en Paliczka. Tampoco era demasiado difícil encontrarme en una ciudad con un máximo de 100.000 habitantes – puede que menos – como era Timisoara entonces.
Mi madre se había mudado mientras tanto a Uroi, cerca de Simeria. Tenía 45 años.
Entonces comenzaron a ocuparse de mi. Analizaron en detalle mi preparación ideológica y les sorprendió. Así que fui recibido en la Unión de los Jóvenes Comunistas (UTC) y empecé a militar en cuerpo y alma con las filas de los obreros.
Mi relación con el patrón fue cada vez peor. Me echaron después de cumplir los 14 años. Pero no me quedé sin nada, pues los obreros comunistas del taller me buscaron un lugar en una fábrica de muebles de Timisoara, donde el patrón era un tal Ungur Karoly. Yo era aprendiz en una carpintería de lujo, contratado por comida y alojamiento. Aquí había más aprendices, por encima de 30. Por supuesto que continué la militancia en las filas de UTC, e incluso fui elegido secretario en la fábrica. El 1 de mayo de 1927 participé en la manifestación y distribuí folletos de la organización. La policía me arrestó junto con otros manifestantes. Me dieron algunos palos a los que ya estaba acostumbrado. Pero, siendo menor (no tenía aun 15 años) me dejaron libre tras dos semanas de detención preventiva. No me hicieron ningún tipo de proceso judicial.
Permanecí en la fábrica de Ungur Karoly hasta el otoño de 1927. Entonces fui admitido en las filas del Partido Comunista Rumano, con plenos derechos. Era ya un veterano del trabajo clandestino. Los camaradas me llamaron la atención de que era seguido de cerca por la „Siguranta” (policía política) y, para que perdieran mi rastro, me encontraron otro puesto de trabajo en la fábrica de muebles Paliczka, de la misma ciudad. Alli habia más apredices todavia, por encima de 50. Hacía propaganda entre los obreros. Trabajé allí hasta 1928. Tras cumplir 16 años los camaradas decidieron que regresara al pueblo de mi madre biológica, Magdalena, para que la policía perdiera mis huellas. La „Siguranta” me vigilaba también en Paliczka. Tampoco era demasiado difícil encontrarme en una ciudad con un máximo de 100.000 habitantes – puede que menos – como era Timisoara entonces.
Mi madre se había mudado mientras tanto a Uroi, cerca de Simeria. Tenía 45 años.
¿En qué consistía su actividad en UTC?
Estudiábamos literatura marxista en grupo, en especial "El Manifiesto
comunista", que llegamos a conocer casi de memoria. Después estudiamos
„El Capital”, un libro muy difícil. Difundíamos manifiestos. No sé quién
los redactaba. Cantábamos en nuestra sede clandestina la Internacional,
la Marsellesa, la joven guardia roja, etc... Era bonito. Militábamos
para la educación de los aprendices. Luchábamos en contra del consumo de
alcohol, del tabaco, de la violencia, del uso de palabrotas y de los
comportamientos indecentes. Queríamos ayudar a desarrollar la conciencia
de clase en las filas de los aprendices, y no solo entre ellos.
Queríamos que pasaran su tiempo libre educandose, formándose como
hombres, y que no degeneraran consumiendo alcohol y mas tarde pegaran a
sus mujeres. Luchabamos en la clandestinidad. Cada uno tenía un nombre
clave. Yo, por ejemplo, era „Fosi”.
¿Qué pasó después? ¿Qué hizo en Uroi?
En Uroi no había trabajo, pero en Simeria existía un taller de muebles,
donde me contrataron como aprendiz. Tenía 16 años, y ya me pagaban algo
de dinero. En paralelo, seguía estudiando en el instituto por las
noches. Terminé el Instituto por mi cuenta, en 1929. Tenía 17 años.
Siendo ya obrero, podía abrir mi propio taller de muebles. Me gustaba el
trabajo y lo hacía con pasión. Pero no tenía dinero suficiente para
ello. Además me gustaba estar entre el resto de trabajadores. Por otra
parte, en otoño de 1929 empezó la crisis económica. Se encontraba
trabajo muy difícilmente, el desempleo subió enormemente, y empezó a ser
dificil ganar el pan de cada día.
En Simeria había una célula del partido que integraba a muchos trabajadores ferroviarios. Practicaba allí mi actividad clandestina.
En Simeria había una célula del partido que integraba a muchos trabajadores ferroviarios. Practicaba allí mi actividad clandestina.
¿Qué sabe de la huelga de Lupeni de 1929?
Sé bastante. La huelga empezó en agosto. El PCR organizó un comité de
ayuda a los huelguistas. Por parte del Comité Central era conducido por
Vasile Luca. Él estuvo también en Simeria, donde le conocí. Me
impresionó su fuerza y espíritu de lucha. Nuestra célula fue designada
para actividades de ayuda. Simeria no está lejos de Lupeni. Recorríamos
la zona y recogíamos ayudas para los mineros: alimentos, ropa, dinero.
¿Cómo se apañó en tiempos de crisis?
Mal. En ocasiones estuve parado. Pero siempre los camaradas me
encontraban trabajo; en Arad, Timisoara, Oradea, Cluj. No estaba
demasiado tiempo en un lugar porque estaba ocupado con los encargos del
partido. Así pasaron cuatro años.
En 1933, en otoño, llegué, por intermedio del partido, a trabajar a Bucarest, en el taller de muebles de Pantazescu, en Soseaua Kiseleff. Despues trabajé en la fábrica Drexler, del rico y famoso industrial Malaxa, y en otros talleres de carpintería. Entre el 1 de noviembre de 1933 y mayo de 1934 realicé el servicio militar, con periódo reducido, en el regimiento 33 de Oradea, durante un año. A mi me pasaron a la reserva a los seis meses porque no era de confianza. Tenía el grado de soldado primero. Después regresé a Bucarest. Desde julio de 1934 hasta julio de 1937 fue secretario de célula del partido. Mi instructor del PCR (y profesor de Socialismo Cientifico) fue justamente Lucretiu Patrascanu ¿Ha oido de él? ... Un hombre de gran calidad moral e intelectual.
Nuestra célula de partido se ocupaba de la carcel de Targu Ocna, donde estaban encerrados muchos camaradas. Nosotros organizábamos reuniones con el objetivo de recoger fondos destinados a estos camaradas. Les hacíamos visitas y le dábamos dinero. Otras actividades que tuve: siendo hablante de hungaro, era el hombre de enlace con el MADOSZ, un partido legal controlado por el PCR con cierta audiencia entre la población magiar. También tenía relación con los sindicatos y otras organizaciones legales, donde llevaba la linea del partido.
En tiempos de la gran huelga ferroviaria de 1933 estaba en Cluj, donde se desarrollaron manifestaciones de solidaridad con los huelguistas de los talleres Grivita. Me ocupé allí de la recogida de ayuda para la familia de los arrestados.
En 1933, en otoño, llegué, por intermedio del partido, a trabajar a Bucarest, en el taller de muebles de Pantazescu, en Soseaua Kiseleff. Despues trabajé en la fábrica Drexler, del rico y famoso industrial Malaxa, y en otros talleres de carpintería. Entre el 1 de noviembre de 1933 y mayo de 1934 realicé el servicio militar, con periódo reducido, en el regimiento 33 de Oradea, durante un año. A mi me pasaron a la reserva a los seis meses porque no era de confianza. Tenía el grado de soldado primero. Después regresé a Bucarest. Desde julio de 1934 hasta julio de 1937 fue secretario de célula del partido. Mi instructor del PCR (y profesor de Socialismo Cientifico) fue justamente Lucretiu Patrascanu ¿Ha oido de él? ... Un hombre de gran calidad moral e intelectual.
Nuestra célula de partido se ocupaba de la carcel de Targu Ocna, donde estaban encerrados muchos camaradas. Nosotros organizábamos reuniones con el objetivo de recoger fondos destinados a estos camaradas. Les hacíamos visitas y le dábamos dinero. Otras actividades que tuve: siendo hablante de hungaro, era el hombre de enlace con el MADOSZ, un partido legal controlado por el PCR con cierta audiencia entre la población magiar. También tenía relación con los sindicatos y otras organizaciones legales, donde llevaba la linea del partido.
En tiempos de la gran huelga ferroviaria de 1933 estaba en Cluj, donde se desarrollaron manifestaciones de solidaridad con los huelguistas de los talleres Grivita. Me ocupé allí de la recogida de ayuda para la familia de los arrestados.
¿Cómo llegó a España?
Es toda una historia. En julio de 1936 tuvo lugar la rebelión fascista
de Franco contra el gobierno legitimo de España. En Rumanía se creó
inmediatamente un comité de ayuda para los españoles, dirigido por
Lucretiu Patrascanu. Toda nuestra célula del partido era entrenada para
ayudar a los republicanos. Yo estaba muy indignado por las noticias que
llegaban de allí y deseaba de todo corazón viajar a España, a luchar
contra el fascismo. Me ayudó Patrascanu a que se hicieran realidad mis
deseos. Conseguimos un pasaporte – yo y un amigo, Stefan Mera. Yo era,
supuestamente, un estudiante que deseaba visitar la Exposicion Universal
de París en julio de 1937. Tenía dinero en el bolsillo, del fondo para
la ayuda a España. Teniíamos también la dirección de camaradas en
Francia. En el momento de partir me emocioné. Nos despedimos del
camarada Lucretiu Patrascanu abrazándonos. Sería la última vez que lo
veía. Entre otras cosas nos dijo: „Os envidio. Siento no poder ir con
vosotros. Vuestra acción es el mejor ejemplo de entrega a la causa de la
clase obrera”.
Desde la perspectiva de 60 años después puedo precisar ahora que los voluntarios de la libertad, que formaron las Brigadas Internacionales, y que lucharon en España, representaron la prueba de que el internacionalismo proletario puede funcionar. Los voluntarios de la libertad representaron la capa mas consciente, mas avanzada del proletariado y de la intelectualidad progresista. Es una mentira que fueramos marionetas de Stalin; mentira que dura ya 60 años. Fue nuestra respuesta concreta a la llamada de Marx: „Proletarios del mundo, unios”.
Aquella llamada es, sin embargo, mas actual hoy que nunca. El grado de desarrollo actual de las fuerzas de producción y de la ciencia, sin precedentes, lo que se llama „globalización”, hace necesaria la unión de los proletarios a escala mundial en perspectiva de las grandes confrontaciones sociales que vendrán. Vendrán en modo seguro, porque el capitalismo actual, llegado al punto mas álgido de su fase imperialista, está sacudido por contradicciones, esta pasado de moda, anacrónico, no tiene ninguna solución para los problemas del nuevo milenio. El nuevo socialismo va a triunfar. La alternativa está clara: socialismo o barbarie. Yo creo que la humanidad no se va a hundir en la barbarie. Soy optimista. El hecho de que países como China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba continúen la edificación del socialismo me hace optimista. El futuro es nuestro, de los marxistas. Sólo el socialismo puede abrir los caminos hacia la prosperidad de la sociedad humana, hacia el bienestar global.
Desde la perspectiva de 60 años después puedo precisar ahora que los voluntarios de la libertad, que formaron las Brigadas Internacionales, y que lucharon en España, representaron la prueba de que el internacionalismo proletario puede funcionar. Los voluntarios de la libertad representaron la capa mas consciente, mas avanzada del proletariado y de la intelectualidad progresista. Es una mentira que fueramos marionetas de Stalin; mentira que dura ya 60 años. Fue nuestra respuesta concreta a la llamada de Marx: „Proletarios del mundo, unios”.
Aquella llamada es, sin embargo, mas actual hoy que nunca. El grado de desarrollo actual de las fuerzas de producción y de la ciencia, sin precedentes, lo que se llama „globalización”, hace necesaria la unión de los proletarios a escala mundial en perspectiva de las grandes confrontaciones sociales que vendrán. Vendrán en modo seguro, porque el capitalismo actual, llegado al punto mas álgido de su fase imperialista, está sacudido por contradicciones, esta pasado de moda, anacrónico, no tiene ninguna solución para los problemas del nuevo milenio. El nuevo socialismo va a triunfar. La alternativa está clara: socialismo o barbarie. Yo creo que la humanidad no se va a hundir en la barbarie. Soy optimista. El hecho de que países como China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba continúen la edificación del socialismo me hace optimista. El futuro es nuestro, de los marxistas. Sólo el socialismo puede abrir los caminos hacia la prosperidad de la sociedad humana, hacia el bienestar global.
¿Cómo pudo Lucretiu Patrascanu procurarle el pasaporte?
Él era abogado y tenía relaciones con notarios. También el mismo partido
tenía talleres clandestinos, intuyo, donde se falsificaban este tipo de
documentos. Pero en nuestro caso los pasaportes no eran del todo
falsos; solo en el sentido de que no éramos estudiantes.
¿Entonces llegó a París como estudiante? ¿Fue aceptado? ¿Cómo se desenvolvió en la gran ciudad?
Nuestro enlace en París era Eugenia Lucaci (Rosa) que nos espero en la
estación. Ella hacia parte del comité de los primeros voluntarios.
Estuve en París dos semanas hasta que nos reunimos un grupo de 10
rumanos. Mientras tanto visite los monumentos de París. Pasamos la
frontera clandestinamente, junto con otros 60 voluntarios de Europa del
Este, cerca de Beziers. Hasta Beziers fuimos en tren, después nos llevo
un camión hasta los pies de los Pirineos. Pasamos la frontera con ayuda
de una red organizada por el Partido Comunista Francés. Los aduaneros
franceses nos hubieran detenido, pero en cambio en el lado español ya
eran de los nuestros, comunistas, que nos recibieron con entusiasmo. El
entusiasmo era contagioso, algo indescriptible. Estuvimos en Figueras
una semana, hasta que nos reunimos algunos cientos de personas de toda
Europa, incluso de América. Recuerdo con nostalgia la atmosfera de
enaltecimiento de la solidaridad internacional de aquella semana. Todos
los habitantes de la ciudad nos daban su cariño, igual que nosotros a
ellos. Después marchamos a Albacete, al cuartel de las Brigadas
Internacionales. Algunas horas de viaje en tren. En las estaciones, los
españoles nos mostraban su agradecimiento con manifestaciones y su
simpatía. Similar entusiasmo revolucionario no se había visto antes.
Fueron momentos únicos, inolvidables. ¿Seria posible ahora algo así?
Hicimos tres semanas de instrucción en Casas Ibañez, Albacete. Desde allí marchamos un grupo de 15 rumanos hacia el frente.
Hicimos tres semanas de instrucción en Casas Ibañez, Albacete. Desde allí marchamos un grupo de 15 rumanos hacia el frente.
¿Hacia que frente?
Hacia el Frente de Aragón. Llegamos a Samper de Calanda, donde el
batallón „Balcanes - Diacovici" estaba rehaciéndose, tras las perdidas
sufridas un mes antes. Allí nos encontramos con Mihai Burca. El había
llegado siete meses antes, junto a su hermano Constantin Burca. Eran los
dos ferroviarios en la ciudad de Pascani. Desgraciadamente, su hermano,
Constantin, había muerto antes de llegar nosotros, asesinado por una
bala en las orillas del Guadalquivir, cerca de Córdoba. Entre los
lideres de los voluntarios rumanos recuerdo a Petre Borila, con quien
tengo una fotografia (no solo con el, tengo una fotografia con los 15
rumanos de la Compańía de metralletas rumana ( „Compania de mitraliere
româneasca") . Era su nombre, aunque el resto de los 80 miembros eran
españoles. Por supuesto que pasamos a militar directamente en el Partido
Comunista de España.
¿Que nombre de camaradas recuerda?
Stefan Mera, con quien marche desde Rumanía. Después Mihai Dobreanu y el
comandante de la compańía, Mihai Burca. También Stefan Meghei, Horia
Moldovan, Serghei Sevcenco, Grigore Sevcenco, Edmund Hirsch, Anghel
Haralambie, Spelivoi, Nicolae Moraru, Francisc Wolf (Boczkor). El último
seria después un héroe de la resistencia francesa.
¿Vive algún otro miembro de aquella compańía?
No, solo yo.
¿Cuando tuvo el bautismo de fuego?
En septiembre de 1937 en el Frente de Aragón, en Fuentes de Ebro. El 11
de octubre de 1937 dio comienzo la segunda fase de la batalla por
Zaragoza, en torno a Jaca, en el Aragón del norte, y nosotros
concretamente estábamos en Fuentes del Ebro. No conseguimos vencer,
desgraciadamente, aunque se registraron algunos éxitos locales. Sin
embargo, la falta de reservas impidió que lleváramos adelante los
triunfos. Después, nuestro batallón „Diakovici" se transformo en
batallón de choque. Participe en luchas difíciles en diferentes lugares.
En noviembre luchamos en Teruel, donde rechazamos la contraofensiva
fascista. En diciembre de 1937 fui transferido al frente del sudoeste,
en Extremadura. Allí luché en Almadén, donde teníamos que defender las
minas de mercurio de los fascistas. En marzo de 1938 fuimos enviados con
urgencia de nuevo al frente de Aragón, donde los fascistas habían
lanzado la ofensiva de primavera. Murieron entonces muchos de los
nuestros. En las duras luchas del la zona Monroyo-Morella-Pobleta
cayeron Stefan Megheri y Mihai Dorneanu, y el camarada con el que marche
a España, Stefan Mera, fue herido y hecho prisionero. En abril de 1938
tuvimos que retirarnos. Un oficial español organizo puntos de
resistencia por la carretera que serpenteaba por los montes. Por aquella
carretera avanzaban los fascistas. Nosotros abríamos fuego desde las
fortificaciones naturales para detener el avance. Nos retirábamos
luchando.
Yo, junto a otros tres rumanos (Moraru Nicolae, Sas Dragos y Demeter Juliu) llegamos después a Castellón, a la orilla del mar. Los fascistas llegaron también al mar en la zona de Vinaroz y habían cortado en dos la España Republicana: el centro y el este. Nosotros no pudimos unirnos a nuestro batallón, que estaba en el otro lado, en el centro. Nosotros estábamos en el este. Nos dirigimos hacia Barcelona, por la orilla del mar, donde encontramos acuartelado al regimiento de artillería „Rosa Luxemburgo". Era un regimiento de artillería, pero no tenia cañones. Los cañones tenían que llegar desde la otra zona. No llegaron mas, porque los que venían de fuera los pararon los franceses en la frontera. Era septiembre de 1938. Así creían los franceses que calmaban a Hitler. Por entonces oí hablar también sobre la traición de occidente hacia Checoslovaquia, en Munich.
A esto lo llamaban política de no intervención en occidente. Mientras tanto, Hitler y Mussolini hicieron caso omiso y continuaron armando a los fascistas.
Yo, junto a otros tres rumanos (Moraru Nicolae, Sas Dragos y Demeter Juliu) llegamos después a Castellón, a la orilla del mar. Los fascistas llegaron también al mar en la zona de Vinaroz y habían cortado en dos la España Republicana: el centro y el este. Nosotros no pudimos unirnos a nuestro batallón, que estaba en el otro lado, en el centro. Nosotros estábamos en el este. Nos dirigimos hacia Barcelona, por la orilla del mar, donde encontramos acuartelado al regimiento de artillería „Rosa Luxemburgo". Era un regimiento de artillería, pero no tenia cañones. Los cañones tenían que llegar desde la otra zona. No llegaron mas, porque los que venían de fuera los pararon los franceses en la frontera. Era septiembre de 1938. Así creían los franceses que calmaban a Hitler. Por entonces oí hablar también sobre la traición de occidente hacia Checoslovaquia, en Munich.
A esto lo llamaban política de no intervención en occidente. Mientras tanto, Hitler y Mussolini hicieron caso omiso y continuaron armando a los fascistas.
Parece que por allí estaba Luigi Longo, secretario del Partido Comunista Italiano ¿Lo conoció?
Sí. El era uno de los organizadores de las Brigadas Internacionales.
También lo era Andre Marty, de Francia. Este nos pedía siempre
paciencia, diciéndonos que los cañones llegarían pronto...
¿Que hicieron viendo que no llegaban los cañones?
En julio de 1938 empezó la ofensiva del Ebro de las tropas republicanas.
Nos habíamos reunido 6 rumanos que cruzamos el Ebro en agosto de 1938
bajo el fuego de los fascistas, y pedimos ser integrados en el grupo de
artillería „Ana Pauker”, pues todos nos habíamos instruido como
artilleros. Fuimos aceptados y repartidos en la batería „Tudor
Vlademirescu”. Allí conocí a Vida Geza, puede que haya oído de el, un
escultor conocido. Luchamos en aquella batería en la zona de Sierra
Cabals, hasta el 23 de septiembre, cuando fuimos desmovilizados. Se
disolvieron las Brigadas Internacionales según los acuerdos con, si no
me equivoco, la Sociedad de Naciones. Así querían „las democracias”
occidentales hacer la paz en España. Esta fue la suerte de Franco.
El gobierno español decidió retirarnos de la lucha.
¿Cuando se marcho de España?
En el último momento. Estuve en Cataluña alojado en Campdevanol. En
noviembre de 1938 el gobierno español organizó un festival de despedida a
los voluntarios internacionales que lucharon por la libertad. Fue
emocionante. El pueblo español nos amaba. Yo no quería marcharme. Luche
hasta el ultimo momento contra los fascistas. A través de mis contactos
conseguí quedarme en el ejercito regular español (!que se encontraba en
una grave crisis de reclutas!) y no cruce la frontera francesa hasta el 9
de febrero de 1939 , tras unas graves y desmoralizadoras luchas de
retirada. Protegí a muchos civiles españoles que se refugiaron en
Francia. Ya habían llegado allí mas de medio millón de republicanos. Los
franceses les recibieron de forma inhumana, de triste recuerdo. La
República Española capitulo el 15 de marzo de 1939. En aquella fecha
Hitler recibió otro regalo: Chequia se convertía en provincia alemana y
Eslovaquia en un estado fascista.
De nuevo en Francia ¿Allí pudo ir donde quiso?
Ni hablar. Los combatientes de las Brigadas, igual que los republicanos
españoles, fueron encerrados en campos de concentración. Y no solo:
también los refugiados civiles fueron internados en campos. Recordad:
tras la destrucción de Checoslovaquia, ¿que habría en la cabeza de los
ingleses y franceses para portarse así de vergonzosamente?
En
lo que a mi respecta, fui internado en los campos de Saint Ciprien,
Gours, Argelet sur Mers y Vernet. Estuve en los campos desde febrero de
1939 a marzo de 1941, !dos años!. El comienzo de la Segunda Guerra
Mundial me encontró en Argelet sur Mere. Después llegué detenido a
Alemania.
¿Como? ¿Los campos estaban en zona ocupada?
No, estaban en la zona libre. En la Francia libre, administrada de Petin, con capital en Vichy.
Las cosas sucedieron así: en enero de 1941 los franceses decidieron que nos mudáramos desde Argelet al campo de Vernet. Entonces el partido decidió que destruyéramos todas los documentos y nos evadiéramos. Yo, junto con otros dos camaradas salte del tren poco antes de llegar a Toulouse, con intención de llegar a París, donde teníamos direcciones y contactos.
Las cosas sucedieron así: en enero de 1941 los franceses decidieron que nos mudáramos desde Argelet al campo de Vernet. Entonces el partido decidió que destruyéramos todas los documentos y nos evadiéramos. Yo, junto con otros dos camaradas salte del tren poco antes de llegar a Toulouse, con intención de llegar a París, donde teníamos direcciones y contactos.
!Interesante! !Desde la Francia libre queríais huir a la zona ocupada por los alemanes!
Francia era libre solo en apariencia. Era la misma cosa.
Destruimos nuestros documentos y pasamos la línea de demarcación cerca de Moulaine. Conmigo estaba un camarada de Timisoara, Mauriciu Spitz. Íbamos a pie y nos escondíamos, pero al final nos detuvieron policías alemanes que creyeron que éramos inmigrantes ilegales que querían trabajar en el mercado negro en París. Para esto no había quien conociera la pena. Tuvimos suerte, con seis semanas de arresto en la cárcel de Moulaine por „paso ilegal de frontera ". En la celda éramos 35 detenidos, arrestados todos por el mismo delito. No era algo fuera de lo común: en la zona ocupada se vivía mejor que en la zona libre.
Uno de los detenidos, francés, nos reconoció como combatientes en España, pero no nos traiciono. Al revés, esto nos atrajo las simpatías del resto de los detenidos, que no morían de amor por los fascistas. Se creo un movimiento espontáneo, emotivo, de simpatía hacia nosotros. Esto nos ayudo mucho. La comida era poca y pobre, pero los franceses recibían paquetes de sus familias y los repartían con nosotros, con mirada cómplice.
Salimos de la cárcel en febrero. Las autoridades alemanas nos pusieron en la frontera y nos dejaron en la Francia libre, para que hiciéramos lo que pudiéramos, pues ni siquiera se molestaron en entregarnos a las autoridades francesas.
Trazamos un nuevo plan: intentar huir a Suiza. Después de tres días, nos volvieron a detener los gendarmes franceses y nos mandaron al campo de concentración de Vernet, exactamente de donde queríamos escapar en un principio, el que era nuestro destino dos meses atrás. Es la ironía del destino....
No estuvimos mucho tiempo en Vernet. En julio, las autoridades francesas seleccionaron a alguno de nosotros, a los que teníamos oficio. Nos enviaron a París, con escolta. Yo había sido trabajador de carpintería, y a eso fue destinado. En París las autoridades alemanas nos enviaron a trabajar a diferentes sitios. Yo, junto a un yugoslavo, un polaco, dos húngaros y dos búlgaros, fui enviado a Chemnitz (que después pasaría a llamarse en la República Democrática Alemana, Karl-Marx-Stadt) en una fabrica llamada Haubold. No éramos libres, pero tampoco exactamente detenidos. Éramos algo intermediario.
Yo trabajaba en la fundición, en la sección de grandes frigoríficos. En aquella fabrica trabajaban 3000 obreros. Nosotros teníamos un régimen especial. Estábamos alojados en la misma fabrica, en una especie de edificio rodeado de alambre de espino, y vigilados por policías. Es curioso, pero !los sábados y domingos podíamos ir a la ciudad para pasear!
Junto a mi había otros nueve voluntarios de España.
Destruimos nuestros documentos y pasamos la línea de demarcación cerca de Moulaine. Conmigo estaba un camarada de Timisoara, Mauriciu Spitz. Íbamos a pie y nos escondíamos, pero al final nos detuvieron policías alemanes que creyeron que éramos inmigrantes ilegales que querían trabajar en el mercado negro en París. Para esto no había quien conociera la pena. Tuvimos suerte, con seis semanas de arresto en la cárcel de Moulaine por „paso ilegal de frontera ". En la celda éramos 35 detenidos, arrestados todos por el mismo delito. No era algo fuera de lo común: en la zona ocupada se vivía mejor que en la zona libre.
Uno de los detenidos, francés, nos reconoció como combatientes en España, pero no nos traiciono. Al revés, esto nos atrajo las simpatías del resto de los detenidos, que no morían de amor por los fascistas. Se creo un movimiento espontáneo, emotivo, de simpatía hacia nosotros. Esto nos ayudo mucho. La comida era poca y pobre, pero los franceses recibían paquetes de sus familias y los repartían con nosotros, con mirada cómplice.
Salimos de la cárcel en febrero. Las autoridades alemanas nos pusieron en la frontera y nos dejaron en la Francia libre, para que hiciéramos lo que pudiéramos, pues ni siquiera se molestaron en entregarnos a las autoridades francesas.
Trazamos un nuevo plan: intentar huir a Suiza. Después de tres días, nos volvieron a detener los gendarmes franceses y nos mandaron al campo de concentración de Vernet, exactamente de donde queríamos escapar en un principio, el que era nuestro destino dos meses atrás. Es la ironía del destino....
No estuvimos mucho tiempo en Vernet. En julio, las autoridades francesas seleccionaron a alguno de nosotros, a los que teníamos oficio. Nos enviaron a París, con escolta. Yo había sido trabajador de carpintería, y a eso fue destinado. En París las autoridades alemanas nos enviaron a trabajar a diferentes sitios. Yo, junto a un yugoslavo, un polaco, dos húngaros y dos búlgaros, fui enviado a Chemnitz (que después pasaría a llamarse en la República Democrática Alemana, Karl-Marx-Stadt) en una fabrica llamada Haubold. No éramos libres, pero tampoco exactamente detenidos. Éramos algo intermediario.
Yo trabajaba en la fundición, en la sección de grandes frigoríficos. En aquella fabrica trabajaban 3000 obreros. Nosotros teníamos un régimen especial. Estábamos alojados en la misma fabrica, en una especie de edificio rodeado de alambre de espino, y vigilados por policías. Es curioso, pero !los sábados y domingos podíamos ir a la ciudad para pasear!
Junto a mi había otros nueve voluntarios de España.
!Extraño! ¿Por qué os daban libre sábado y domingo?
Yo creo que querían saber con quien nos veíamos. Estoy seguro que la
Gestapo andaba detrás de nosotros. Puede que quisieran detener a otros
antifascistas alemanes. Pero nosotros éramos muy prudentes.
Comíamos en un comedor muy grande, con miles de sillas. Nosotros, los 9 „españoles”, teníamos nuestra mesa separada, para aislarnos de los demás. Pero no fue así. En poco tiempo todo el mundo sabia que habíamos luchado en España. Sentí en Alemania la solidaridad cálida de la clase trabajadora. Concretamente, a mi me pagaban 60 marcos al mes y una cartilla de alimentos por trabajo duro. Para nosotros era suficiente dinero. La comida costaba algunos pfennig, pero el problema es que no se podían conseguir sin la cartilla. Sin embargo, nosotros éramos tan celebres que los carniceros nos vendían carne sin cartilla !No estoy seguro que pueda explicarle bien como era esto! ¿Quizás los carniceros hacían lo mismo con todos los de Haubold? No, los carniceros nos preguntaban si nosotros éramos „aquellos” de Haubold, nos tomaban la cartilla, hacían como si cortaran un trozo de ella, y nos daban la carne sin pedir nada a cambio. Ahora, 60 años después, me emociono cuando lo recuerdo. Hay hombres buenos en todos lados, no cuenta la nacionalidad...
Comíamos en un comedor muy grande, con miles de sillas. Nosotros, los 9 „españoles”, teníamos nuestra mesa separada, para aislarnos de los demás. Pero no fue así. En poco tiempo todo el mundo sabia que habíamos luchado en España. Sentí en Alemania la solidaridad cálida de la clase trabajadora. Concretamente, a mi me pagaban 60 marcos al mes y una cartilla de alimentos por trabajo duro. Para nosotros era suficiente dinero. La comida costaba algunos pfennig, pero el problema es que no se podían conseguir sin la cartilla. Sin embargo, nosotros éramos tan celebres que los carniceros nos vendían carne sin cartilla !No estoy seguro que pueda explicarle bien como era esto! ¿Quizás los carniceros hacían lo mismo con todos los de Haubold? No, los carniceros nos preguntaban si nosotros éramos „aquellos” de Haubold, nos tomaban la cartilla, hacían como si cortaran un trozo de ella, y nos daban la carne sin pedir nada a cambio. Ahora, 60 años después, me emociono cuando lo recuerdo. Hay hombres buenos en todos lados, no cuenta la nacionalidad...
¿Cuanto tiempo estuvo en Haubold?
Hasta diciembre de 1941. Entonces nos escapamos. Habíamos planeado hacerlo desde el principio, pero no teníamos dinero.
Nos enteramos que a unos 70 kilómetros de Chemnitz había otro campo de trabajo donde estaban internados muchos brigadistas internacionales. Entre ellos se encontraban Laszlo Rajk y Ion Mutulescu. Alrededor de junio de 1941 (!no había empezado todavía la guerra antisoviética!) el voluntario húngaro Hoch Joszef burló a los vigilantes y me compro un billete hasta donde estaba aquel campo, cuyo nombre se me escapa. Era domingo. Entre sin problemas en el campo y me encontré con los dos. Les hable de mi intención de huir. Ellos tuvieron confianza en mi y me contaron experiencias de otros que se habían escapado. La huida era factible. Me dieron sus enlaces y los memorice seriamente.
Quería huir junto a dos camaradas húngaros, Hoch Joszef y Kerekes Ferenc. Aparte de estos dos, nadie conocía el plan, ni siquiera el resto de „españoles”.
Consideramos cual era el periodo mas favorable para la evasión y elegimos las fiestas de navidad. La gente tenia días libres y se movía de un sitio a otro en los medios de transporte. Teníamos a nuestro favor la legitimidad de que trabajábamos en la fabrica Haubold. El ejercito de Hitler estaba en plena ofensiva, estaban seguros de la victoria, así que su vigilancia no era muy estricta. Millones de hombres trabajaban en Alemania, y viajaban para ver a sus familias, por lo que era mas difícil arrestar a un huido en esa época. El domingo por la mañana compramos tres billetes de tren hacia Dresde. Allí fuimos a la casa de un camarada recomendado por Rajk Laszlo, que nos ayudó a seguir mas adelante. Era feliz al ayudarnos. Nos compro tres billetes de tren hasta Budapest, y nos dirigimos hacia la frontera con Hungría, bajándonos del tren antes de llegar para cruzarla clandestinamente, guiados por una persona de confianza, a pie. Así lo hicimos. En el paso fronterizo de Hegyeshalom abandonamos el tren y cruzamos la frontera por la noche, con ayuda del camarada señalado. Fuimos a pie casi una noche entera, caminando casi totalmente a ciegas. Así llegamos a la primera estación y esperamos el primer tren hacia Budapest.
!Mala suerte! Tras una hora de espera apareció la policía de frontera húngara que sospecho de nosotros enseguida. Le mostramos los justificantes de que trabajábamos en Haubold. El hecho de que no teníamos pasaporte era suficiente para arrestarnos. Nuestra suerte fue que no entendían alemán. Les dijimos que íbamos a casa por Navidad, y que el consulado húngaro tenia demasiado trabajo para ponernos la visa en el pasaporte, que se quedo allí, en el consulado, y que ellos tenían que entenderlo porque también eran húngaros. No habíamos podido esperar mas, habríamos tardado semanas enteras, dejando escapar la Navidad sin poder ver a la familia. Así que les embaucamos. Miles de húngaros estaban en la misma situación que nosotros. Les dimos 50 marcos y nos dejaron en paz. Además nos dieron una información preciosa: en cuanto llegáramos a Budapest debíamos ir a la policía a poner en orden los documentos, de lo contrario seriamos arrestados en cualquiera de las muchas redadas que se realizaban.
Resoplamos relajados apenas llego el tren. En la estación nos esperaron las mujeres de Hoch y Kerekes. Ellas fueron avisadas por los contactos de Rajk de nuestra llegada. Estuvieron las pobres mujeres tres días en la estación, con el corazón en la boca, comprobando todos los trenes de Viena por si en alguno llegaban sus maridos.
Los dos se fueron a su casa con sus mujeres, y yo me aloje en el barrio Csepel, antiguo bastión comunista en casa de un camarada de confianza. Me afilie automáticamente en el Partido Comunista Húngaro.
Nos enteramos que a unos 70 kilómetros de Chemnitz había otro campo de trabajo donde estaban internados muchos brigadistas internacionales. Entre ellos se encontraban Laszlo Rajk y Ion Mutulescu. Alrededor de junio de 1941 (!no había empezado todavía la guerra antisoviética!) el voluntario húngaro Hoch Joszef burló a los vigilantes y me compro un billete hasta donde estaba aquel campo, cuyo nombre se me escapa. Era domingo. Entre sin problemas en el campo y me encontré con los dos. Les hable de mi intención de huir. Ellos tuvieron confianza en mi y me contaron experiencias de otros que se habían escapado. La huida era factible. Me dieron sus enlaces y los memorice seriamente.
Quería huir junto a dos camaradas húngaros, Hoch Joszef y Kerekes Ferenc. Aparte de estos dos, nadie conocía el plan, ni siquiera el resto de „españoles”.
Consideramos cual era el periodo mas favorable para la evasión y elegimos las fiestas de navidad. La gente tenia días libres y se movía de un sitio a otro en los medios de transporte. Teníamos a nuestro favor la legitimidad de que trabajábamos en la fabrica Haubold. El ejercito de Hitler estaba en plena ofensiva, estaban seguros de la victoria, así que su vigilancia no era muy estricta. Millones de hombres trabajaban en Alemania, y viajaban para ver a sus familias, por lo que era mas difícil arrestar a un huido en esa época. El domingo por la mañana compramos tres billetes de tren hacia Dresde. Allí fuimos a la casa de un camarada recomendado por Rajk Laszlo, que nos ayudó a seguir mas adelante. Era feliz al ayudarnos. Nos compro tres billetes de tren hasta Budapest, y nos dirigimos hacia la frontera con Hungría, bajándonos del tren antes de llegar para cruzarla clandestinamente, guiados por una persona de confianza, a pie. Así lo hicimos. En el paso fronterizo de Hegyeshalom abandonamos el tren y cruzamos la frontera por la noche, con ayuda del camarada señalado. Fuimos a pie casi una noche entera, caminando casi totalmente a ciegas. Así llegamos a la primera estación y esperamos el primer tren hacia Budapest.
!Mala suerte! Tras una hora de espera apareció la policía de frontera húngara que sospecho de nosotros enseguida. Le mostramos los justificantes de que trabajábamos en Haubold. El hecho de que no teníamos pasaporte era suficiente para arrestarnos. Nuestra suerte fue que no entendían alemán. Les dijimos que íbamos a casa por Navidad, y que el consulado húngaro tenia demasiado trabajo para ponernos la visa en el pasaporte, que se quedo allí, en el consulado, y que ellos tenían que entenderlo porque también eran húngaros. No habíamos podido esperar mas, habríamos tardado semanas enteras, dejando escapar la Navidad sin poder ver a la familia. Así que les embaucamos. Miles de húngaros estaban en la misma situación que nosotros. Les dimos 50 marcos y nos dejaron en paz. Además nos dieron una información preciosa: en cuanto llegáramos a Budapest debíamos ir a la policía a poner en orden los documentos, de lo contrario seriamos arrestados en cualquiera de las muchas redadas que se realizaban.
Resoplamos relajados apenas llego el tren. En la estación nos esperaron las mujeres de Hoch y Kerekes. Ellas fueron avisadas por los contactos de Rajk de nuestra llegada. Estuvieron las pobres mujeres tres días en la estación, con el corazón en la boca, comprobando todos los trenes de Viena por si en alguno llegaban sus maridos.
Los dos se fueron a su casa con sus mujeres, y yo me aloje en el barrio Csepel, antiguo bastión comunista en casa de un camarada de confianza. Me afilie automáticamente en el Partido Comunista Húngaro.
¿Laszlo Rajk no es aquel que fue ejecutado en 1950 acusado de agente „titoista”?
Él era, pero en ningún caso fue titoista. Era un camarada
extraordinario, un hombre de inmensa cultura, antiguo activista
marxista, con gran experiencia revolucionaria, devoto hasta el
sacrificio por la causa. Era un hombre modesto, amado por todos, al
contrario que Matyas Rakosi, antipático y oportunista.
Yo todavía no entiendo que clase de campo de concentración era aquel en el que podía citarse con Rajk en cualquier momento...
Rajk no estaba encerrado. Su régimen era igual al nuestro. Estaba detenido en un campo de trabajo. Por aquel entonces los nazis estaban en plena ofensiva. Subestimaban a los comunistas, no tenían miedo de ellos. Los verdaderos campos de concentración, los mas crueles, estaban por venir.
Los domingos Rajk tenia cierta libertad. El se ocupaba con trabajos agrícolas. Col, patatas, etc...
Yo todavía no entiendo que clase de campo de concentración era aquel en el que podía citarse con Rajk en cualquier momento...
Rajk no estaba encerrado. Su régimen era igual al nuestro. Estaba detenido en un campo de trabajo. Por aquel entonces los nazis estaban en plena ofensiva. Subestimaban a los comunistas, no tenían miedo de ellos. Los verdaderos campos de concentración, los mas crueles, estaban por venir.
Los domingos Rajk tenia cierta libertad. El se ocupaba con trabajos agrícolas. Col, patatas, etc...
¿Pero por qué busco a Rajk? ¿No podía huir sin él?
Sí podía, pero no tenia su red. El compartió su red de contactos conmigo. Nombres, direcciones...
Raro parece que tuviera confianza en usted. Podía ser un agente de la Gestapo.
Nos conocíamos de España y del campo. Yo hablaba húngaro fluidamente y
hacia de contacto entre los comunistas rumanos y los húngaros. Además,
tenia mucha confianza en Mutulescu, que a su vez tenia fe en mi. Se creo
un espíritu de grupo.
¿De donde consiguió dinero húngaro?
Tenían los dos húngaros con quienes huí. Los dos camaradas me
encontraron alojamiento en el barrio obrero de Csepel. A través de la
red del Partido Comunista Húngaro (en el cual me afilie) me consiguieron
los documentos necesarios. En el Comité Central del PCH había muchos
militantes que habían luchado en España, entre los cuales estaban los
hermanos Tompa. Budapest estaba llena de obreros sin documentación en
regla, así que tenia miedo de ser arrestado. Tome un tren hacia Cluj,
por aquel entonces parte de Hungría. Era enero de 1942. Cuando me
vieron, mi padre y mi madre Eva estallaron en lágrimas. Mi padre se
había casado por tercera vez, esta vez con una rumana, y mi madre Eva se
caso también de nuevo con un comunista. No nos habíamos visto desde
hacia 8 años. Mama Eva estaba muy orgullosa de mi. La educación que me
dio tuvo resultados. Aprendí muchos cánticos revolucionarios en España.
Cuando la visitaba cantábamos juntos aquellas bellas canciones. Y hoy
todavía los canto: „No pasaran”, „El paso del Ebro”, „Bandera roja”....
¿Y su madre verdadera, Magdalena?
Con ella no tenia como encontrarme. Se había mudado a Deva, en Rumanía.
Era difícil pasar de Hungría a Rumanía. Para mi era casi imposible, pues
en 1941 me quitaron la ciudadanía rumana. Se conocía que era comunista.
Eva y mi padre actuaban en la resistencia antifascista. También yo
trabaje para el partido en Cluj, y me uní al movimiento de resistencia
local.
¿En que trabajo en Cluj?
Trabajé en diferentes talleres de carpintería. Pero después de un año me
arrestaron, en enero de 1943. Mis documentos no estaban en regla. Me
mandaron a Baia Mare y me asignaron a un batallón disciplinario. Mi
compańía disciplinaria fue enviada a Tasnad. En esta compańía la mayoría
eran de la resistencia antifascista. Fuimos alojados en un establo en
construcción, vigilados por cientos de policías. Su jefe era un coronel.
Vivíamos en una continuo horror de tortura. Era muy crudo, pues se
puede decir que eran muy refinados en sus métodos de tortura. Tenían
toda clase de medios de represión. Hacíamos nuestras necesidades en una
zanja, en aquel establo, con los animales. La miseria se deslizaba hacia
una agujero con cal. Dormíamos sobre la tierra directamente y nos
calentábamos unos a otros. No teníamos acceso a ninguna higiene. La
comida era poca y mala. En cinco meses que estuve allí murieron tres de
los nuestros. No teníamos ningún contacto con el mundo exterior.
Sin
embargo, la moral era elevada. Vivíamos una vida cultural, política e
ideológica intensa. La mayoría éramos marxistas, miembros de partidos
que nos habían preparado ideológicamente para algo así. Analizábamos
todos los fenómenos sociales a través del prisma del materialismo
dialéctico e histórico. En junio de 1943 fuimos llevados bajo severa
vigilancia a Szentkiraly Szabadsag, junto al lago Balaton, donde se
construya un aeródromo. Allí estuvimos mejor. Dormíamos en barracas
rodeadas con alambre de espino, con la consigna de ser aislados del
resto de los trabajadores. Además era verano.Su padre y Eva, ¿Fueron también arrestados?
No entonces, sino en marzo de 1944, después del golpe de estado fascista
de Szalassy. Entonces empezó el verdadero terror fascista en Hungría.
Por aquel entonces nosotros nos encontrábamos ya en el frente
¿En el frente? ¿Tenían confianza en vosotros?
Si, en el frente. Todo el batallón disciplinario, con los mismos
gendarmes y el mismo coronel, fue enviado en septiembre de 1943 al
frente ucraniano, como batallón de trabajos forzados. Soportamos el
rigor del terrible invierno de 1943-44 en Ucrania. Éramos usados para
los trabajos mas duros y peligrosos. Entre ellos, cargábamos y
descargábamos la munición en primera y segunda línea de fuego
Pero, ¿no eran una compańía disciplinaria?
Sí. A nosotros no nos entregaban armas !Normal! Nuestra misión era
llevar las municiones a primera línea. Llegamos cerca de Harkov, donde
luchaban algunas divisiones húngaras. Fuimos testigos de como las SS
alemanes y los gendarmes húngaros destruyan las ciudades y los pueblos,
maltratando salvajemente a su población
A propósito de las municiones. Que sepa que las saboteábamos cuando podíamos.
A propósito de las municiones. Que sepa que las saboteábamos cuando podíamos.
¿Cómo?
Cuándo no nos veía nadie, aflojábamos los detonadores, arriesgando
nuestras vidas. De cualquier modo, yo ya no creía que fuéramos a
escapar. Ninguno de nosotros lo creía. Intentamos entrar en contacto con
los partisanos. Pero por allí había mas vlasovistas, ¿sabes quién?
Aliados de los alemanes, el ejército de Vlasov. Estos eran todavía mas
salvajes y fascistas que los húngaros.
¿Que localidades recordáis?
Kiev, Harkov. En Kiev fuimos encerrados en el gueto judío, que estaba
rodeado también con alambre de espino. Vi allí escenas horribles. Fosas
comunes con hombres todavía en vida. Nosotros éramos una compańía
disciplinaria: 100 hombres desarmados escoltados por 100 policías.
Cargábamos y descargábamos municiones. Esto es lo que hice durante el
periodo que va desde septiembre de 1943 a julio 1944.
Entonces, en julio, nuestra retirada. Yo fue tomado como prisionero por los rusos en Nadvorna , el 24 de julio, exactamente cuando cumplía 32 años. Y ahora yo no digo que fui tomado prisionero, sino que „fui liberado”. !Era libre! Quiero decir que yo y otros camaradas nos escapamos un día antes, el 23 de julio. Se había producido la ofensiva soviética de Colomeea. Cosas como estas no se olvidan.
La ofensiva empezó a 30 kms de Nadvorna, en la Ucrania subcarpatica. El 23 de julio los gendarmes nos reunieron en los márgenes del pueblo para que en columna comenzáramos la retirada, escoltados. Al frente iba un coronel. En un momento dado, por el camino se oyeron disparos. Los gendarmes de la retaguardia entraron en pánico y huyeron. Quedo la compańía sin vigilancia. Algunos de nosotros nos aprovechamos de la ocasión y nos escondimos en los campos de trigo de las cercanías. Era un trigo precioso, alto, que parecía centeno, de lo alto y verde que era. Avanzábamos arrastrándonos por el suelo, y llegamos a la casa de un campesino que nos cobijo en el sótano. Al segundo día por la mañana, en mi día de cumpleaños, el campesino vino a decirnos que en la puerta había un tanque soviético con soldados. Corrimos a la calle, locos de felicidad !Habíamos escapado! Les abrazamos... Se me pone un nudo en la garganta cuando lo recuerdo.
Mientras tanto, llego un joven, un teniente del centro de mando. Nos llevo a la base de control, donde había un mayor que sabia francés. Le dijimos quienes éramos, comunistas, amigos. Este mayor le propuso al coronel, que era el comandante de la unidad, que nos enviara a Cernauti, donde acababa de formarse el regimiento de comunistas rumanos „Tudor Vladimirescu". El comandante no estuvo de acuerdo, argumentando que era peligroso (eran como 150 kms, pero no se podía llegar en línea recta, porque era una zona montañosa), y podíamos ser disparados por el camino. Pero nos propuso otra cosa. Ellos acababan de capturar a 3000 prisioneros alemanes y húngaros y no tenían a disposición para escoltarlos mas de 3 soldados. Nos propuso a nosotros, los evadidos, que le ayudáramos con este encargo. Como ves, llegamos de prisioneros a vigilantes, por decirlo así. Por supuesto que no nos dieron armas. Nosotros ayudábamos a los tres soldados armados de la escolta. Hasta el tren eran como 40 kms, que hicimos a pie. Pasando junto a unos pantanos, descubrimos que tres soldados alemanes se habían escapado. Inmediatamente anunciamos el hecho y los tres soldados soviéticos fueron en su búsqueda. Los trajeron de nuevo tras media hora. Los pobres, !en qué estado estaban! No tenían a donde huir, y podían ahogarse en aquellos pantanos. Mira que los tres rusos fueron hombres buenos. Podían haberles disparado y librarse de ellos pero no lo hicieron. Ni siquiera les maltrataron. Pero les tradujimos la advertencia: la próxima vez, disparamos. No existió una próxima vez.
Continuamos el camino sin acontecimiento especial y llegamos a la guarnición del tren que nos llevo a Zaporojie, donde había un campo de prisioneros. Tenia una capacidad de 10 000 detenidos.
Entonces, en julio, nuestra retirada. Yo fue tomado como prisionero por los rusos en Nadvorna , el 24 de julio, exactamente cuando cumplía 32 años. Y ahora yo no digo que fui tomado prisionero, sino que „fui liberado”. !Era libre! Quiero decir que yo y otros camaradas nos escapamos un día antes, el 23 de julio. Se había producido la ofensiva soviética de Colomeea. Cosas como estas no se olvidan.
La ofensiva empezó a 30 kms de Nadvorna, en la Ucrania subcarpatica. El 23 de julio los gendarmes nos reunieron en los márgenes del pueblo para que en columna comenzáramos la retirada, escoltados. Al frente iba un coronel. En un momento dado, por el camino se oyeron disparos. Los gendarmes de la retaguardia entraron en pánico y huyeron. Quedo la compańía sin vigilancia. Algunos de nosotros nos aprovechamos de la ocasión y nos escondimos en los campos de trigo de las cercanías. Era un trigo precioso, alto, que parecía centeno, de lo alto y verde que era. Avanzábamos arrastrándonos por el suelo, y llegamos a la casa de un campesino que nos cobijo en el sótano. Al segundo día por la mañana, en mi día de cumpleaños, el campesino vino a decirnos que en la puerta había un tanque soviético con soldados. Corrimos a la calle, locos de felicidad !Habíamos escapado! Les abrazamos... Se me pone un nudo en la garganta cuando lo recuerdo.
Mientras tanto, llego un joven, un teniente del centro de mando. Nos llevo a la base de control, donde había un mayor que sabia francés. Le dijimos quienes éramos, comunistas, amigos. Este mayor le propuso al coronel, que era el comandante de la unidad, que nos enviara a Cernauti, donde acababa de formarse el regimiento de comunistas rumanos „Tudor Vladimirescu". El comandante no estuvo de acuerdo, argumentando que era peligroso (eran como 150 kms, pero no se podía llegar en línea recta, porque era una zona montañosa), y podíamos ser disparados por el camino. Pero nos propuso otra cosa. Ellos acababan de capturar a 3000 prisioneros alemanes y húngaros y no tenían a disposición para escoltarlos mas de 3 soldados. Nos propuso a nosotros, los evadidos, que le ayudáramos con este encargo. Como ves, llegamos de prisioneros a vigilantes, por decirlo así. Por supuesto que no nos dieron armas. Nosotros ayudábamos a los tres soldados armados de la escolta. Hasta el tren eran como 40 kms, que hicimos a pie. Pasando junto a unos pantanos, descubrimos que tres soldados alemanes se habían escapado. Inmediatamente anunciamos el hecho y los tres soldados soviéticos fueron en su búsqueda. Los trajeron de nuevo tras media hora. Los pobres, !en qué estado estaban! No tenían a donde huir, y podían ahogarse en aquellos pantanos. Mira que los tres rusos fueron hombres buenos. Podían haberles disparado y librarse de ellos pero no lo hicieron. Ni siquiera les maltrataron. Pero les tradujimos la advertencia: la próxima vez, disparamos. No existió una próxima vez.
Continuamos el camino sin acontecimiento especial y llegamos a la guarnición del tren que nos llevo a Zaporojie, donde había un campo de prisioneros. Tenia una capacidad de 10 000 detenidos.
Me entendí bien con los prisioneros. Éramos modestos, no nos creíamos
los jefes, ni buscamos la venganza. Allí había policías que nos
vigilaban también a nosotros. Nos portamos con humanidad con ellos.
Habían llegado muchos al campo. Un mayor me interrogo y me dijo lo
siguiente: si quieres, puedes considerarte libre y marchar a Cernauti,
donde se forma la división de rumanos „Tudor Vladimirescu”. Sin embargo,
el creía que era mas útil en el campo, siendo un comunista consciente.
Así que los responsables del campo me pidieron que les ayudara en la
formación antifascista de los prisioneros. Por supuesto que acepte.
El campo estaba autogestionado. Yo, conociendo muchas lenguas extranjeras, me convertí en jefe de propaganda. El campo tenia una biblioteca con literatura y libros de ideología marxista en 6 lenguas: ruso, húngaro, rumano, alemán, francés y español. Aparte de ruso (que aprendí allí) conocía todas estas lenguas.
El campo estaba autogestionado. Yo, conociendo muchas lenguas extranjeras, me convertí en jefe de propaganda. El campo tenia una biblioteca con literatura y libros de ideología marxista en 6 lenguas: ruso, húngaro, rumano, alemán, francés y español. Aparte de ruso (que aprendí allí) conocía todas estas lenguas.
¿Como funcionaba la autogestión? El campo tenia cantina, terrenos
deportivos, sala de cultura... Los prisioneros elegían un comité de
gestión, organización en la que entraron especialistas: cocineros,
gestores, mecánicos de mantenimiento, todos eran de entre los
prisioneros.
Junto a la función de Jefe de Propaganda tuve otras funciones. Trabaje
en ellas desde agosto de 1944 hasta noviembre de 1948, cuando el campo
se cerro.
Me gustaba lo que hacia. Realice mis encargos con dedicación, como un
marxista consciente. Lleve a cabo una actividad consecuente,
revolucionaria, comunista. A través de mi cercanía y modestia, me gane
la simpatía de los prisioneros. La vida de estos se desarrollaba en
condiciones normales. Los que salían a trabajar recibían raciones extra
de comida ¿Que quieres? Ni siquiera fuera del campo la población vivía
bien. Nosotros, los prisioneros, vivíamos mejor que los soviéticos. Eran
tiempos de posguerra, y había mucha penuria. El director del campo no
se mezclaba con los prisioneros. No digo que del campo salieran 10.000
comunistas convencidos, pero algunos miles si que salieron. Era un campo
modelo.
El comandante se reunía siempre conmigo para hablar de como hacer que
las cosas vayan bien. Había allí alemanes, húngaros, y algunos rumanos
de la Transilvania ocupada que habían luchado con el ejercito de Horthy.
No era su culpa.
Volví a mi país el 23 de noviembre de 1948 junto con otros 500 propagandistas; algunos de ellos de mi mismo campo.
Volví a mi país el 23 de noviembre de 1948 junto con otros 500 propagandistas; algunos de ellos de mi mismo campo.
Font: http://imbratisare.blogspot.com/2011/09/entrevista-andrei-micu-el-ultimo.html


