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“Hay que alejarse de planteamientos etnicistas y volver a la lucha de clases”

ENTREVISTA AL ANTROPÓLOGO AFRICANISTA MARXISTA JEAN-LOUP AMSELLE A PROPÓSITO DE LA IZQUIERDA “MULTICULTURALISTA, POSTCOLONIAL Y ETNO-ECO-BOBARRONA”

Asistimos a un fenómeno de reivindicación identitaria y crecimiento de las reivindicaciones minoritarias por parte de los grupos que se sienten discriminados, oprimidos, marginados: los “negros”, los “mestizos”, toda la movida LGBT, e incluso los disminuidos con necesidades especiales. Esto va ligado al continuo declive de lo social desde 1968, que procede también de la descalificación del prisma analítico del marxismo, explica Jean-Loup Amselle, detractor del relativismo posmoderno.


El antropólogo marxista Jean-Loup Amselle es un destacado defensor de la ciencia social y la historiografía clásica frente al asalto relativista posmoderno, poscolonial y subalternista. Su libro El Occidente descolgado (París, Ed. Stock, 2008, 320 págs) es un formidable alegato científico y metodológico contra esas corrientes académicas de moda.
Jean-Loup Amselle no se ha dejado llevar por entusiasmo del multiculturalismo en boga tanto entre personas de la extrema izquierda como entre antropólogos y otros especialistas de regiones culturales, valora el reconocido intelectual francés y director del Centro de Estudios Francés sobre la China contemporánea en Hong Konk entre 1993 y 1997 Jean-Philippe Béja en su reseña del libro L’Occident décroché. Enquête sur les postcolonialismes, publicada por la revista Etudes Africaines. (1)

Amselle lo tenía todo para convertirse en el abanderado ideal del poscolonialismo y del subalternismo. Pero no ha sido en absoluto el caso, afirma Béja: “Todo su libro es una denuncia apasionada, sostenida en un imponente abanico de lecturas, de esas teorías. Las desmonta partiendo de su genealogía, haciéndolas remontar hasta la French Theory de los Foucault y los Derrida releídos por académicos norteamericanos”.





Según Béja, Amselle le da la vuelta al análisis del colonialismo de Hannah Arendt, y afirma que “las políticas de exclusión étnica y religiosa de los Estados español y francés […] tienen por consecuencia la ‘subalternización’ –señaladamente bajo el marbete de ‘marranos’— de segmentos enteros de sus poblaciones y que esa tecnología social ha sido luego exportada a las colonias”, y no al revés”.

Jean-Loup Amselle describe minuciosamente cómo esas teorías se han desarrollado concretamente en la historia. No se contenta con presentar una genealogía de esas ideas, sino que nos ofrece un análisis en profundidad de los lugares en donde se produjeron las teorías Generosamente influido por el marxismo, Amselle está, en efecto, convencido de que las ideas son inseparables de las instituciones que las producen. (2)

Edward Said, como es notorio, se sirvió de las teorías de Foucault sobre la relación entre saber y poder para denunciar el “orientalismo” y mostrar que existe un estrecho vínculo entre ciencia social e imperialismo y colonialismo. Dice Béja que no se priva Amselle de apuntar a la paradoja de que Foucault estuviera viviendo en Túnez cuando redactaba su tesis, sin manifestar jamás el menor interés por la cultura árabe que le rodeaba. Pero Amselle reprocha sobre todo a Said –lo que va a constituir el núcleo de su argumentación— el haber construido un Oriente inmutable y “fetichizar, por simetría invertida, a Occidente” (p. 16).

Béja resalta que el libro de Amselle es un alegato apasionado y apasionante contra la construcción de categorías inmutables: África, la India, la China, que se construyen entonces en contraposición con un Occidente asimismo inmóvil y caracterizado por su voluntad de dominación colonial (intelectual y práctico-políticamente). A esos conceptos rígidamente fijados opone Amselle la importancia de los intercambios que siempre han existido entre las civilizaciones, y reintroduce la historia, lo cual, todo contado, no es banal para un antropólogo. “La cultura hindú es la resultante de múltiples intercambios que se produjeron entre ella y las culturas vecinas y menos vecinas en el curso de la historia” (p. 162).

Amselle demuestra que, en su entusiasmo por denunciar al Occidente colonialista, los abanderados de las teorías subalternistas terminan defendiendo un esencialismo de las culturas africanas, indias y amerindias. Al negar el carácter híbrido que caracterizaba a esas culturas mucho antes del capitalismo, confluyen con los abanderados más tradicionales de la etnología colonial. Por ejemplo, poner la astrología como estandarte de la hinduidad es erigirla en esencia oponible a la ciencia occidental.

En su apasionado alegato contra la creación de categorías inmutables, Amselle la emprende contra la negativa de los subalternistas a tomar en cuenta la historia. “Al desconectar la historia de lo escrito –Mahmadou Diouf quiere recuperar una historia anterior al Estado y la escritura—, lo que hacen [los subalternistas africanos e indios] es negar la historia, no sólo la historia occidental”. Y eso, no sin recordar a la etnología colonialista más rancia de las sociedades del rechazo de la escritura, del rechazo de la historia, y por consiguiente, del rechazo del Estado” (p.164).

En suma, resalta Béja, la obra de Amselle es extremadamente rica y muestra excelentemente las derivas de los movimientos postcolonialistas, subalternistas y postmodernistas que, so pretexto de oponerse a la categorización occidental de las culturas de los pueblos colonizados, terminan a menudo creando categorías rígidas que recuerdan a la más reaccionaria de las etnologías coloniales.

Un lúcido ensayo sobre las consecuencias ideológico - políticas de la “Etnización de Francia”

L’Arene Nue entrevistó al antropólogo Jean-Loup Amselle a propósito de su último libro Ethnicisation de la France (La etnización de Francia). (3)
P. ¿Cree usted que asistimos en Francia a un aumento de las reivindicaciones identitarias?

R. Yo creo que asistimos a un doble fenómeno de reivindicación identitaria. Como muestro en mi libro, vemos reivindicaciones simétricas. Por una parte, crecen las reivindicaciones minoritarias por parte de los grupos que se sienten discriminados, oprimidos, marginados: los “negros”, los “mestizos”, pero igualmente toda la movida LGBT, e incluso, ahora, los disminuidos con necesidades especiales. En conjunto, asistimos a un fenómeno de captación de esas reivindicaciones por los que yo llamo “empresarios de etnicidad y de memoria”. Hablan en nombre de esos grupos, constituidos por ellos mismos y de los que se proclaman portavoces, a fin de monopolizar en beneficio propio unas reivindicaciones inicialmente poco articuladas y muy dispersas.

En efecto, ya se trate de categorías étnicas o de fenómenos de “género”, los “miembros” de esos supuestos grupos no se proclaman permanentemente como parte de ellos. Un “negro” o un “mestizo” no se definen constantemente como tal. La identidad es múltiple, está en función del contexto de interlocución, de tal o cual persona con la que dialogas. A la inversa, las reivindicaciones monopolizadas por esos empresarios de etnicidad y de memoria encierran a los actores sociales en mono-identidades.

En el otro lado del espectro, existe la reivindicación de los que se llaman “francesas de cepa”, reivindicación formateada por el Frente Nacional y/o la Derecha Popular, es decir, el conjunto de la UMP (el viejo gran partido del centroderecha francés), dado el actual fenómeno de radicalización de la derecha política. También aquí tratan de encerrar a los individuos en una mono-identidad “de cepa”, pero que se reproduce simétricamente por parte de la izquierda multicultural y poscolonial. No hay más que ver el ejemplo paradigmático de los Indígenas de la República, que utilizan de manera agresiva y estupefaciente el término “cepero”, que se corresponde exactamente a los “franceses de cepa”.
Finalmente, entre las dos tendencias se da una especie de backlash, de efecto de retroalimentación: a medida que esas identidades minoritarias se endurecen, se da del otro lado también un endurecimiento de la identidad blanca y católica.

P. ¿Un poco como si las crispaciones identitarias de la derecha se alimentaran de una especie de “racismo de izquierda”?

R. No, en absoluto; no. Yo no llamaría a eso racismo. Se trata más bien de un diferencialismo, un de singularismo, de un antiuniversalismo. En lo que a mí hace, yo no creo en la existencia del “racismo antiblancos” que algunos denuncian. En cambio, el discurso público está literalmente infestado por el culturalismo, con una tendencia a la distribución identitaria que me parece muy dañina.

P. ¿Por qué se han multiplicado estas reivindicaciones minoritarias en estos últimos tiempos?

R. Esto va ligado al declive de lo social. Ese declive –junto con el del universalismo— es continuo desde 1968. Es un fenómeno lento, que procede también de la descalificación del prisma analítico del marxismo, habida cuenta de la difamación sufrida por el marxismo como intrínsecamente vinculado al totalitarismo. Esa difamación del marxismo ha facilitado, en la coyuntura postsesantaiochesca, postmoderna, postcolonial, la substitución de un análisis en términos horizontales y de clases por una manera de cortar la sociedad en capas y rebanadas fragmentarias, lo que yo llamo las “entalladuras verticales”. Esta temática de los “fragmentos”, de la multitud, ha sido notoriamente formalizada por Toni Negri, pero también por toda la corriente conocida internacionalmente como French Theory.

Esas identidades verticales (negro, mestizo, LGTB) se ven como más “glamorosas” que las identidades horizontales de clase. Basta leer un diario como Libération, que es de todo punto emblemático. Este periódico ha desertado completamente de los social, para consagrarse a lo “societal”. No hay día que no promueva a una u otra “minoría”. En el plano político, esas temáticas son en lo substancial retomadas por Terra Nova, que aboga por el abandono de la lucha de las clases obreras, las cuales o habrían desaparecido o se habrían pasado definitivamente al Frente Nacional. Esa izquierda gafa-pasta, “etno-eco-bobarrona” preferirá, pues, las capas urbanas, los jóvenes, las minorías, etc.

P. A pesar de todo, esos “empresarios de etnicidad y de memoria” a que usted se refiere, ¿no tienen su utilidad? Las discriminaciones existen, y de qué manera...

R. Desde luego. A menudo se me contesta con este argumento. Pero yo no niego eso, en absoluto. ¡Claro que existen las discriminaciones! ¿Pero qué hay que poner en el primer plano? ¿Esas discriminaciones o la cuestión social? En lo que a mí hace, creo que la “discriminación positiva” –esa incierta traducción de la affirmative action norteamericana— es una badalucada. Lo fundamental, a escala mundial, y particularmente en los países desarrollados, es el crecimiento de las desigualdades. Los ricos son cada vez más ricos; los pobres, cada vez más pobres; y la “clase media” se contrae como una piel de zapa. Es lo que Alain Lipietz llamaba en otro tiempo la “sociedad del reloj de arena”, con un fenómeno de desclasamiento de la clase media baja, señaladamente en la Francia periurbana.

Las discriminaciones distan por mucho de ser un fenómeno irrelevante, pero yo las veo como un fenómeno en segundo plano, al que se pone en primer plano para enmascarar las crecientes desigualdades de ingresos en los países desarrollados. La discriminación positiva, que buscar mitigar esas discriminaciones, resulta, por lo demás, perfectamente compatible con la economía liberal.

Por otra parte, todo eso va de la mano del auge de fenómenos de marketing étnico. Ya se sabe, el mercado no se dirige a individuos atomizados, sino a categorías de clientelas. Las empresas saben muy bien que hay que segmentar el mercado. Así han logrado crear un mercado de cosméticos para negros, un mercado hallal para los musulmanes, un mercado dirigido a los gays, etc.

P. ¿De verdad cree usted que eliminando las desigualdades económicas desaparecerían las discriminaciones?

R. No. Yo no he dicho tal cosa. Lo repito: el racismo y las discriminaciones existen. Los negros y los mestizos tienen prohibida la entrada en ciertas salas de fiestas, nadie lo niega... Simplemente, lo que hay que hacer es luchar contra el racismo, contra quienes discriminan. Y eso no se hace buscando promover la supuesta “identidad” de los “grupos” constituidos.

P. ¿Esa izquierda que usted llama “multiculturalista y postcolonial” no está empezando a desdecirse, poco a poco, de sus errores “societalistas”?

R. ¡A la fuerza ahorcan! Se verán obligados a hacerlo. El Frente Nacional, aun cuando sólo ha conseguido dos diputados, ha conseguido resultados significativos en las pasadas elecciones legislativas en los sitios en los que ha habido un enfrentamiento directo entre un candidato del Partido Socialista y un candidato del FN. Si quiere cambiar eso, la izquierda deberá volver a ocuparse de los “blanquitos”, como se dice.

P. ¿El auge del FN expresa, según usted, un auge del racismo, o puede tener otras causas?

R. Yo creo que hay que reflexionar a escala europea. Hay un auge generalizado del populismo. Ese fenómeno nace del hecho de que Europa se cierra, señaladamente frente a las migraciones. Se convierte en una fortaleza, y se dota de una identidad que yo llamaría “civilizacional”: la identidad blanca y cristiana. El miedo ante la mundialización hace que se bascule hacia esas supuestas raíces. Y esta Europa secreta un rechazo de todo lo que no sea ella, en particular del Islam. La identidad de la Europa actual es casi una identidad negativa, de rechazo del mundo musulmán. Se ha criticado mucho a Huntington, pero lo cierto es que anticipó el “choque de civilizaciones” que se produce realmente.

P. ¿Qué replica usted a quienes consideran que el racismo vendría de arriba, que sería insuflado en el pueblo por las elites?

R. No estoy en absoluto de acuerdo con eso. ¿De qué elites estamos hablando? Si se habla de la elite política, se puede, en efecto, constatar la radicalización de la derecha, notoriamente con Nicolas Sarkozy. Pero esa derechización ha sido posible por varios factores. Por lo pronto, por el alejamiento del recuerdo de la II Guerra Mundial y el hecho de que el gaullismo haya dejado de existir. Luego, porque el descrédito lanzado sobre el comunismo y el marxismo ha privado a la izquierda de su papel de verdadero contramodelo. En lo que hace a la izquierda multicultural y postcolonial, hay que decir que alimenta el fenómeno.

P. ¿Existe en Francia un verdadero riesgo comunitarista? ¿Es transplantable aquí el modelo norteamericano?

R. No lo creo. Hay una gran diferencia entre Francia y los EEUU. Se da en Francia un dominio de la religión católica, al contrario que en los EEUU, en donde predomina la fragmentación, también entre los protestantes. La sociedad norteamericana, compuesta de capas migratorias sucesivas, es por esencia comunitarista. Pero sobre todo: en los EE.UU. lo social fue eliminado a partir de los 50, es decir, mucho antes que en Francia. Lo que una vez más demuestra la urgencia de alejarse de los planteamientos “societales” y regresar a lo social. Es preciso adaptarlo, pero hay que rehabilitar el marxismo. Eso, por una parte. Por otra, hay que recuperar el hilo republicano universalista.

Notas:
1. Fuente: http://etudesafricaines.revues.org/13262#sthash.2rtnIvIV.dpuf Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6077
2. Dice Béja que Amselle nos lleva, para empezar, a Dakar en el apogeo del CODESRIA, dirigido desde su fundación en 1973 por Samir Amin, uno de los primeros en alzarse contra el eurocentrismo; nos hace seguir el itinerario de algunos de sus investigadores, como Paulin Hountondji, quien ha llevado tan lejos su crítica de las ciencias sociales impregnadas de colonialismo, que ha llegado a defender la idea de una “ciencia africana” (p. 79), avatar de la ciencia proletaria de Lysenko. Nos muestra también la deriva de determinados investigadores indios, los fundadores del subalternismo, que han terminado por confluir con el fundamentalismo hindú. También se interesa por los trabajos de ciertos etnólogos de los países andinos, afanosos de reconstituir las “culturas indias”.

3. Fuente: L’Arene Nue, a propósito del libro La etnización de Francia. Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro.

Corea del Norte y el cuento mediático de la guerra mundial


Columna semanal por Vicky Peláez
La mejor táctica durante un conflicto es dejar que la fuerza pase como el viento o como el agua siguiendo su corriente   (Jin Kwon, Maestro de TaeKwon Do)
Periódicamente los medios de comunicación unidos, implícitamente en el Partido Mediático Globalizado, eligen a un líder que se atreve a oponerse a los  halcones neoliberales que planean subyugar a su país, para tildarlo de “loco”, “diabólico”, “brutal”, “irracional”, “paranoico”, “dictador”, “narcisista” etc...
Cuando escuchábamos estos epítetos relacionados con América Latina, ya se sabía que se trataba de Fidel Castro o Hugo Chávez, aunque últimamente Evo Morales también ha sido incorporado en este grupo de “políticos peligrosos al sistema”. Pero  ahora por voluntad de los globalizadores esta lista se expandió a Asia envolviendo al presidente de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Jong-un, acusándolo de ser promotor de una guerra en la península coreana.
Tan poderoso ha sido el despliegue de la nueva guerra mediática que prácticamente todos los 195 países miembros de las Naciones Unidas, a excepción de Cuba y Bielorrusia, se han adherido a Washington en su condena a la RPDC. A la vez el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas  aprobó por unanimidad en enero último la resolución 2087 destinada a recrudecer el bloqueo económico y financiero impuesto por los Estados Unidos y sus aliados incondicionales de la OTAN, desde hace ya 60 años y que ha sido mucho más severo y duradero que el acoso contra Cuba.

La situación se agravó drásticamente después de que la Unión Soviética abandonó en 1989 a su aliado incondicional y su vecino coreano. China siguió ayudándole a la RPDC, tratando al mismo tiempo de no disgustar a su mayor socio comercial de Washington.

Para entender el acoso primero, del Japón contra Corea y después, del occidente contra la RPDC,  se debe revisar la historia moderna de la península coreana. Desde 1910 hasta el final de la segunda Guerra Mundial en 1945 la península había permanecido ocupada por el Japón que la convirtió en su colonia. Los frecuentes intentos de la rebelión fueron cruelmente reprimidos. En 1930 los japoneses crearon varios escuadrones especiales para experimentar armas biológicas con coreanos. Uno de ellos, el Escuadrón 731 superó inclusive por su crueldad los experimentos del  doctor alemán Josef  Mengele. Cerca de 200.000 mujeres coreanas fueron obligadas a convertirse en las “mujeres de placer sexual” para el ejército imperial japonés.

En 1945 la parte del norte de Corea fue liberada por la URSS y la del sur por los EE.UU. Los norteamericanos para prevenir  los intentos del líder revolucionario del norte Kim Il-sung de reunificar el país en 1948, cuando él se proyectó como un posible ganador de las elecciones presidenciales en la península,   canceló las elecciones, haciendo permanente la división del país en dos partes.

Posteriormente la misma maniobra hizo en Vietnam. En 1950 bajo el pretexto de unas maniobras militares  conjuntas norteamericanas-surcoreanas se desató una guerra en la Península que duró tres años.
De acuerdo al general norteamericano Curtis Lemay, que participó en la invasión,  cerca de un 20 por ciento de la población de Corea fue aniquilado, cinco millones se quedaron sin hogar y dos millones se convirtieron en refugiados. Los historiadores frecuentemente se acuerdan cómo el general MacArthur ordenaba a los pilotos  no regresar nunca de sus misiones de bombardeo con las bombas a bordo. Todas las construcciones más de un piso en Corea del Norte fueron convertidas en ruinas. Se calcula que los estadounidenses lanzaron más bombas sobre la RPDC que sobre Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Recién en 1953, al sentirse el ejército norteamericano impotente, frente a la resistencia de los coreanos del norte, se decidió firmar un  armisticio entre ambas Coreas que coincidió también con el inicio de la Guerra Fría. Al disolverse el campo socialista, Norteamérica y la Unión Europea decidieron encrudecer el bloqueo tanto contra Cuba como la RPDC. Al inicio del segundo gobierno de Barack Obama fue creado por el Pentágono el plan “Eje Asiático” que significó el inicio de la política de contención militar contra China y el traslado de las prioridades geoestratégicas occidentales del Medio Oriente al Pacífico asiático.
La elevación de la Corea del Norte por los estrategas del Departamento de Defensa y los del Departamento de Estado al nivel de un “latente peligro” para la seguridad nacional norteamericana y del mundo, ha sido un pretexto para endurecer todo tipo de ya  existentes sanciones contra la RPDC con el aval prácticamente incondicional de casi 195 países del planeta. Parece que ninguno de estos países se percató que la RPDC es el único país del mundo que no tiene derecho de lanzar un satélite de observación para evaluar la extensión de sus bosques y pronosticar la cosecha agrícola nacional.
Inmediatamente después de poner su satélite en órbita, el mundo entero apoyó sin reflexionar la iniciativa de EE.UU. de condenar este lanzamiento como una prueba de un misil balístico a pesar de que los especialistas más destacados en la materia, como el científico aeroespacial alemán Marcus Schiller y el analista de seguridad espacial Michael Elleman del International Institute for Strategic Studies, entre muchos otros, declararon que no se puede comparar el lanzamiento de un satélite con él de un misil balístico. Ha sido un invento de los medios de comunicación globalizados. Sin embargo, en este período de tiempo cuando la “ignorancia y la desinformación controlada” reemplazan al conocimiento libre. Todo indica  que a casi nadie le interesa la verdad sino su propio acomodo individual con el poder reinante para sobrevivir cómodamente.
Lo curioso fue que el mismo día, la India hizo la prueba de un misil balístico y posteriormente Corea del Sur lanzó un misil de esta categoría sin avisar a nadie y ningún país del mundo lo objetó, ni nadie hizo el ruido mediático que se levantó por el caso norcoreano. El representante de la RPDC ante las Naciones Unidas (NU), So SE Pyong declaró que “desde la fundación de las NU se realizaron en el mundo 2.000 pruebas nucleares de las cuales sólo tres eran norcoreanas y fueron lanzados 2.000 misiles balísticos de los cuales  cuatro eran de su país.
Sin embargo, las únicas pruebas y lanzamientos condenados por las Naciones Unidas eran de la RPDC, negando este organismo el derecho de usar el espacio con los fines pacíficos a su país”. Tampoco le permiten el desarrollo de su energía nuclear a pesar de ser desde 1984  miembro de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear. 
La situación en la Península Coreana se agravó en marzo pasado cuando Estados Unidos y Corea del Sur iniciaron las maniobras militares conjuntas “Key Resolve”, mostrando un despliegue inusitado del poderío militar para este tipo de ejercicios anuales y  una agresividad excesiva. En la percepción de los dirigentes norcoreanos esta actitud tenía cierto parecido con las maniobras de 1950 que dieron inicio a  la guerra en la península coreana. En seguida dieron  orden de alerta a sus fuerzas armadas y llamaron a los reservistas que  superarían unos cuatro millones. 

También el gobierno norcoreano canceló el armisticio de 1953 viendo cómo los aviones B-52 estaban sobrevolando la península a baja altitud y a  plena luz del día, entonces anunció un “estado de guerra” con Corea del Sur.

La prensa globalizada usó esta declaración y lanzó la campaña de histeria acusando a la RPDC de propiciar una Nueva Guerra Mundial y ser un potencial provocador y agresor. Están usando su premisa de que en el mundo globalizado la mentira y la desinformación son  aceptadas fácilmente por la mayoría de la población. Recién el 3 de abril los periodistas de “The Wall Street Journal”, Adam Entous y Julian E. Barnes revelaron en el artículo  “Estados Unidos reduce su demostración de fuerza en Corea”, que hace varios meses el gobierno de Barack Obama aprobó el plan “The Playbook” para aumentar la tensión en la península y hacer chillar la economía de Corea del Norte debido a la movilización declarada en todo el país. 

A la vez es un pretexto para mostrar al pueblo norteamericano la necesidad de mayor presencia de sus fuerzas armadas en la zona de Asia Oriental y en general en el Pacífico.

No es de extrañar que en el tiempo cuando el ministro de relaciones exteriores de Rusia, Sergey Lavrov declara que “Moscú y Washington no discrepan sobre la tensión en Corea”, la prensa rusa ha tomado en serio la premisa norteamericana en su análisis, diciendo que Corea del Norte está dando pretexto a los Estados Unidos para un incremento legítimo de su poderío en la región. La tergiversación de la verdad más simple ya no puede ser. El aumento de la presencia estadounidense en el Pacífico comenzó agresivamente en el segundo período presidencial de Barack Obama con la puesta en marcha del plan “Eje Asiático” orientado a contener a China, así se lograría hacerla entrar en una nueva variante de la” Guerra de Galaxias” que daño en su tiempo la economía de la URSS debido al sobregasto militar.
Los pensadores “iluminados” norteamericanos consideran que a partir de 2015 China Y Rusia llegarán a un potencial difícil de confrontar y actualmente debido a su cierta inseguridad geoestratégica es un período de “oportunidad estratégica” para contenerlos y en especial, a China. Para eso Estados Unidos debe aumentar su presencia militar y económica en la región del Pacífico Asiático. Las 17 maniobras militares que Norteamérica realizó en la región en el año pasado persiguen precisamente este fin, igual como la formación del Tratado Económico del Pacífico. 

La existencia de Corea del Norte es un simple pretexto más para ampliar esta agenda. En realidad ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia quieren unificación de las Coreas. Para los Estados Unidos con unificación terminaría la razón para mantener 35.000 soldados en Corea del Sur. China y Rusia podrían  perder un país de contención para los planes de expansión norteamericanos, porque la RPDC tiene una amplia franja de frontera con China y también de menor dimensión una línea fronteriza con Rusia. Y esto lo haría pensar dos veces tanto a China como Rusia en su alianza con Norteamérica y en las futuras votaciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Corea del Norte. También debería meditar bien la Argentina porque siendo miembro del Consejo de Seguridad, ha apoyado todas las condenas contra la RPDC sabiendo que son injustas, mientras a la vez está pidiendo justicia respecto las Malvinas.

Es hora de saber que estamos presenciando un juego sucio de la comunidad internacional contra Corea del Norte. De un lado Estados Unidos se encuentra clandestinamente con los representantes de la RPSC, como lo hizo dos veces en marzo pasado, y del otro lado organiza provocaciones para justificar su expansión. La prensa globalizada tampoco publica el mensaje que el presidente de la RPDC, Kim John- un mandó en marzo pasado al presidente Barack Obama: “No queremos guerra. Queremos conversar”. Todo el mundo ignoró este mensaje igual como la reciente orden del gobierno norcoreano  anunciando el retorno de reservistas a la labor habitual. Es decir el peligro de la guerra está disminuyendo, pero a quién le gusta ver e interpretar las señales en esta época globalizada.
Uno de los filósofos más relevantes de China, Lao Tse que vivió en el Siglo VI a.C. escribió un haiku que decía: “Está lloviendo/ No hay quien lea la señal del camino”. Igual estamos nosotros a pesar de los miles de años de experiencia que hemos tenido.

El deber de evitar una guerra en Corea

 

Hace unos días me referí a los grandes desafíos que hoy enfrenta la humanidad. La vida inteligente surgió en nuestro planeta hace alrededor de 200 mil años, salvo nuevos hallazgos que demuestren otra cosa.
 
No confundir la existencia de la vida inteligente con la existencia de la vida que, desde sus formas elementales en nuestro sistema solar, surgió hace millones de años.
 
Existe un número prácticamente infinito de formas de vida. En el trabajo sofisticado de los más eminentes científicos del mundo se concibió ya la idea de reproducir los sonidos que siguieron al Big Bang, la gran explosión que tuvo lugar hace más de 13.700 millones de años.
 
Sería esta introducción demasiado extensa si no fuese para explicar la gravedad de un hecho tan increíble y absurdo como es la situación creada en la península de Corea, en un área geográfica donde se agrupan casi 5 mil de los 7 mil millones de personas que en este momento habitan el planeta.
 
Se trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años.
 
En el año 1950 se desató allí una guerra que costó millones de vidas. Hacía apenas 5 años que dos bombas atómicas habían estallado sobre las ciudades indefensas de Hiroshima y Nagasaki, las que en cuestión de minutos mataron e irradiaron a cientos de miles de personas.
En la península coreana el General Douglas MacArthur quiso emplear las armas atómicas contra la República Popular Democrática de Corea. Ni siquiera Harry Truman se lo permitió.
 
Según se afirma, la República Popular China perdió un millón de valientes soldados para impedir que un ejército enemigo se instalara en la frontera de ese país con su Patria. La URSS, por su parte, suministró armas, apoyo aéreo, ayuda tecnológica y económica.
Tuve el honor de conocer a Kim Il Sung, una figura histórica, notablemente valiente y revolucionaria.
 
Si allí estalla una guerra, los pueblos de ambas partes de la Península serán terriblemente sacrificados, sin beneficio para ninguno de ellos. La República Popular Democrática de Corea siempre fue amistosa con Cuba, como Cuba lo ha sido siempre y lo seguirá siendo con ella.
 
Ahora que ha demostrado sus avances técnicos y científicos, le recordamos sus deberes con los países que han sido sus grandes amigos, y no sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta.
 
Si allí estallara un conflicto de esa índole, el Gobierno de Barack Obama en su segundo mandato quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos. El deber de evitarlo es también suyo y del pueblo de Estados Unidos.
 

“¿Patriotas ellos? ¡No! ¡Patriotas vosotros!”

Javier Parra
Uno de los mayores errores de la izquierda a lo largo del último medio siglo, y especialmente a partir de la instauración de la Monarquía post-franquista ha sido renunciar a la Patria. A Patria como concepto de espacio de convivencia en paz entre iguales y libre de explotación del hombre por el hombre, como aspiración de Patria Internacionalista basada en la desaparición del antagonismo de las clases en el interior de las naciones, de la desaparición de la explotación de un individuo por otro, para la abolición definitiva de la explotación de una nación por otra.
 
En su momento (1978), la renuncia por parte de la Izquierda a la Patria del pueblo y su rendición ante la Nación de reyes, fascistas y curas traería estos lodos. En su momento, la traición de quienes sometieron nuestro ejército al de EEUU, de quienes supeditaron nuestra economía a la de Alemania, de quienes saquearon la riqueza del pueblo y la pusieron en manos de oligarcas de todo el mundo y de quienes desarticularon la fuerza social, sindical y politica acumulada durante la dictadura nos conduciría a esta situación.
 
El español es ya un pueblo sin soberanía politica ni económica, un pueblo sometido a poderes antidemocráticos, que solo se han conformado como tal a través de la imposición y la violencia.
 
Mientras tanto, la gran burguesía, con sus medios de comunicación y los partidos políticos de los que dispone, continúa el saqueo a través de las privatizaciones y el recorte de derechos fundamentales hasta limites desconocidos desde la epoca fascista. Todo ello desde una supuesta defensa de España y desde un patrioterismo casposo y cañi, además de falso.
 
España no es una bandera, ni un himno, ni una cruz, y ni siquiera una frontera. España es su pueblo. España son sus trabajadores, sus parados, sus estudiantes, sus hombres y mujeres, nacidos aqui o en cualquier otro lugar del mundo pero que defienden con su trabajo o con sus luchas el patrimonio de este pais: la sanidad, la educación, la cultura, la vivienda, la justicia… el futuro.
 
Patriotas no son quienes atacan o dejan sin derechos a un ciudadano que lucha por este pueblo sea cual sera el color de su piel. Patriotas no son quienes cedan la soberanía popular a los mercados, ni quienes más mencionen la palabra Patria o España por muchas desteñidas banderitas rojigualdas que lleven en el pecho. Patriotas no son los que imponen las cosas “por cojones”, con los tanques o con las porras. Esos no son patriotas, a lo sumo Nacionalistas de la peor especie, vendepatrias y enemigos del pueblo. Los obreros pueden ser patriotas e internacionalistas, los burgueses nunca pueden pasar de Nacionalistas.
 
Por eso, si aún queda algún complejo con esta cuestión más vale que vayamos deshaciéndonos de él si no queremos que los fascistas confundan a los obreros y traten de ofrecerles una Patria que no existe. Más vale que no olvidemos nunca que tampoco ha habido a lo largo de la historia ninguna Revolución sin Patria, ni en Cuba, ni en Venezuela, ni en Rusia, ni en China, ni en Francia…
 
Los grandes dirigentes políticos e intelectuales que supieron comprender a España mejor que nadie no dudaron en defender una España sin complejos, una Patria solidaria, culta y luminosa. La historia nos exige esa altura de miras, la misma altura de miras y ambición que tuvieron grandes hombres y mujeres hace 80 años.
 
Quizá más pronto que tarde los grandes líderes de la izquierda, y así me gustaría que lo hicieran los de mi Partido, el Partido Comunista de España, pudieran lanzar sin complejos proclamas como las de Pepe Diaz, “¿Patriotas ellos? ¡No! ¡Patriotas vosotros!”, como las de Dolores, “¡Pueblo de España en pie!”, y por qué no, como las de Hugo Chávez: “¡El que quiera Patria, que venga conmigo!”

http://www.larepublica.es/2013/03/patriotas-ellos-no-patriotas-vosotros/

Julio Anguita: “Estamos en condiciones perfectas para el fascismo


España, monarquía y gobierno: corrupción, engaño y derroche


Caracas, 28 Feb. AVN.- A través de la historia, España ha sido un país que no se puede vanagloriar de una clase política que haya estado a la altura de las necesidades de su desarrollo y crecimiento como nación autónoma. Su presencia en el escenario global siempre ha ido de la mano de su subordinación y dependencia  de otros actores internacionales.
Desde hace varias centurias, puntualmente a partir de 1700 la familia Borbón (proveniente de Francia) ha “conducido” los destinos del Estado español con sólo dos breves interrupciones en 1808 y 1868 y un interregno mayor en el siglo XX período en el cual desde 1936 hasta 1975 estuvo en el poder Francisco Franco quien instauró una dictadura fascista, caracterizada por la represión contra el movimiento popular y su apoyo a la Alemania nazi. Al finalizar la segunda guerra mundial con la derrota de Alemania y sus aliados, España estuvo sometida al aislamiento internacional sin que su economía pudiera despegar durante décadas. Su condición anti democrática significó que se mantuviera al margen de las primeras iniciativas de integración europeas.
Un alto dirigente franquista, Manuel Fraga quien fue titular de información y turismo, de gobernación y vicepresidente durante la dictadura  creó en 1976  la Alianza Popular uniendo diversas fuerzas de la ultra derecha conservadora y fascista. En 1989, Fraga y otros líderes franquistas la transforman en el actual  Partido Popular de España.
De esta manera, dictadura franquista, monarquía y Partido Popular configuran diferentes expresiones del mismo poder político que se estableció a partir de un origen común y un desarrollo paralelo. La novedad de los últimos años ha sido que a esa tenebrosa trilogía se le ha venido a adicionar un nuevo actor que surgió y se mantuvo al margen durante décadas hasta que ya en democracia y bajo el liderazgo de Felipe González, inició su travestismo político: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
González lideró al PSOE durante 22 años y fue presidente del Estado español durante 14, desde 1982 hasta 1996. En ese período, aparentemente logró sacar a España del marasmo económico al que estuvo sometida por siglos, a cambio de una nueva subordinación dependiente de la Unión Europea (UE). Para ello, incurrió en una gigantesca deuda pública,  en la solicitud de concesión a España de la mitad  de los recursos financieros de la UE  disponibles en los Fondos de Desarrollo, así como de importantes recursos provenientes de los Fondos de Cohesión y  de la Política Agrícola Común de la UE. Eso hizo que se creara en el país ibérico una falsa sensación de prosperidad y la suposición de que concurrían al siglo XXI con una fortaleza económica que le permitiría actuar en el escenario internacional en igualdad de condiciones que las grandes potencias.  En realidad, habían comenzado a flotar en una burbuja que los condujo a un nuevo sometimiento a la UE y en particular a Alemania. Los acontecimientos recientes reflejan que no han podido salir de la inercia ahora sostenida por esta nueva tríada perversa: monarquía, PSOE y PP.
Hoy, la monarquía ha sido ampliamente cuestionada por sus actuaciones públicas y por el involucramiento de varios de sus representantes en hechos de corrupción o cuando menos de dudoso comportamiento moral para quien ejerce funciones en la cúpula del Estado. Aunque desde hace un tiempo las acciones poco éticas de la monarquía son de común dominio de la opinión pública española, es desde el año pasado cuando han adquirido notoriedad a nivel global.
En abril de 2012 se reportó que mientras la tasa de desempleo se encontraba cercana al 25% y aproximada al 50% para los jóvenes en edad laboral, el Rey se encontraba en un safari para cazar elefantes en Botswana. El costo de dicha  diversión monárquica es superior al salario que percibe durante todo un año la mayoría de los españoles y el doble del salario promedio anual.
En su momento, esta situación llevó a Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM) a decir que "Ha llegado el momento de que la Casa Real se plantee, en este caso el jefe del Estado, que tiene que elegir entre las obligaciones y las servidumbres de las responsabilidades públicas o una abdicación que le permita disfrutar de una vida diferente". Tal opinión ha sido refrendada por el primer secretario del Partido Socialista de Cataluña Pere Navarro, quien  el pasado miércoles 20 pidió que el Rey Juan Carlos abdique y que su hijo, el príncipe Felipe encabece una “segunda transición” política en España.
En el trasfondo, se respira el ambiente maligno creado por el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, duque de Palma, quien utilizando su condición de miembro de la monarquía,  se aprovechó para desviar millones de euros de fondos públicos al Instituto Nóos que presidía. Por esta causa, la Fiscalía está indagando su involucramiento en delitos de falsedad documental, prevaricación, fraude y malversación de caudales públicos.
El manejo mediático de la investigación ha puesto el énfasis en tratar de descubrir si hubo conocimiento o vínculo de la monarquía con tales delitos. A pesar que el propio Urdangarin ha negado tal relación, la prensa española ha divulgado  correos electrónicos en los que se liga al esposo de la hija del Rey en negocios con Corinna Sayn-Wittgenstein, quien según la misma prensa es la amante de Juan Carlos y lo acompañaba en su tour de cacería en Botswana. Como señala el periódico El Mundo de Madrid de 18 de febrero pasado “En la mayoría de estos correos, tanto Urdangarin, como Corinna hacen referencia a que Juan Carlos estaba al corriente de estas ´operaciones` como, las califica el duque”. Incluso, en otros correos aportados por el ex socio de Urdangarin a la justicia –refiriéndose a los negocios de éste–, se indica la mediación directa del Rey en el mismo. En uno de esos correos, el yerno real cuenta que su suegro prometió “toda su ayuda para encontrar ayuda financiera” (SIC).
En otro ámbito, no es mejor la situación de los otros dos eslabones de la tríada que se hunden y, hunden en la putrefacción a la política española. Mientras una marea ciudadana protestaba en varias ciudades contra la corrupción y las medidas restrictivas en materia social –en un país minado por la recesión y por un desempleo que alcanza los 6 millones de parados–, el PP y el PSOE se trenzaron en  un absurdo debate para tratar de demostrar cuál de los dos es más culpable de la crisis.
En su comparecencia ante el Congreso de los Diputados con motivo de su informe anual sobre el estado de la nación el presidente Mariano Rajoy señaló que “ya pasó lo peor” y vaticinó una inminente salida de la crisis. Con total hipocresía dijo que a pesar de todo “el barco no se ha hundido”. Ante el estupor de los españoles obvió decir que en su año de gobierno la paupérrima  situación económica heredada de los socialistas ha empeorado. La tasa de desempleo ha alcanzado el 25,4%, en los últimos 14 meses se han eliminado 900 mil empleos  a razón de 8 mil 500 por día, debido en gran medida a una reforma laboral que favoreció  a los empresarios. En ese mismo período más de 400 mil familias españolas han perdido sus viviendas y 12 personas se han suicidado por tal motivo.
En su defensa el gobernante de derecha informó que a pesar de la pérdida de empleo y la magnitud de la crisis, el déficit público cerró  por debajo del 7%, inferior al 9% del año anterior. Evitó decir que no alcanzó la meta propuesta de 6,3% con la que se comprometió con la Unión Europea. También soslayó referirse a los escándalos de corrupción que afectan a su partido. Por el contrario refutó  a la principal agrupación opositora afirmando que el PP no ha sido sometido a juicio, a diferencia del PSOE.
Las tibias intervenciones del líder del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba -quien acusó a Rajoy de demagogo y de no tener credibilidad-,  se encaminaron a poner el acento en el tema de la corrupción. A partir de ello ambos políticos evidenciaron el hedor nauseabundo que despide la clase política española al involucrarse en una tan estéril como absurda discusión, no exenta de recriminaciones personales que pusieron en el tapete la certeza de que ninguno de los dos es garantía cierta para salir de la crisis, por lo menos en condiciones de que la mayoría de los españoles puedan retomar estándares aceptables de vida. Vale decir que ambos partidos en conjunto tienen menos del 50% de aprobación de la ciudadanía.
Algo pasa en España, ante la crisis y la charlatanería de la clase política el movimiento popular se moviliza de manera creciente. Sería deseable que tal espíritu de lucha se manifieste en acciones concretas que conduzcan a la derrota de esta nueva tríada de poder que en base a la corrupción, el engaño y el derroche ha sumido a España en la peor crisis de su historia. 
Sergio Rodríguez Gelfenstein AVN 28/02/2013 10:42

TITO (DE NUEVO) EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


Aleksandar Vuksanović
01/10/2012
Aunque han pasado más de cinco años desde la publicación de un artículo que intentaba añadir un poco de luz a la supuesta participación de Josip Broz Tito en la Guerra Civil Española todavía de vez en cuando recibo algún correo donde sus remitentes buscan respuestas sobre el mismo asunto.
Igual que entonces, la única cosa que uno puede afirmar con certeza es que todo es incierto y con clara tendencia de volverse aun más incierto con el paso del tiempo.
 
Las voces sobre Tito que podrían llegar de la antigua Yugoslavia no suelen ser más que elogios sin mucho criterio, pronunciados por los ciudadanos desilusionados con los logros de la “liberación del terror unipartidista”, pero, en su mayoría, carentes del valor histórico. Los historiadores se pronuncian muy poco y entre ellos sólo uno aporta algún dato útil para el tema que a nosotros nos ocupa. Se trata de Pero Simic, periodista con una dilatada trayectoria y en la época de Tito destacado miembro de las juventudes comunistas.
 
Simic es el autor de numerosos artículos de prensa, una quincena de libros entre las que destaca la que es, según el autor, “la primera completa biografía política de Tito”.
 
Reconozco que leyendo el libro “Tito-el fenómeno del siglo XX”, encontré datos interesantes de la vida del mariscal, muchos de ellos no muy conocidos anteriormente. Primera conclusión que se impone es que a Tito le viene muy bien el adjetivo que en una ocasión formuló profesor Emilio de Diego hablando de Slobodan Milosevic, “ni comunista ni nacionalista, era un poderista”.
 
Sin intentar de encasillar a un personaje de biografía tan compleja y de peso histórico tan grande, me centraré en el episodio español de Josip Broz Tito.
Simic no tiene ninguna duda, afirma y cita varias fuentes para apoyar su tesis sobre que Tito sí estuvo en España.

Existe, según el autor, un hueco en la biografía de Tito cuando se pudo producir esta estancia. Al terminar su trabajo Moscú el 15 de mayo de 1936, Tito se dirigió a Yugoslavia, pero allí apareció más de medio año más tarde, en diciembre del mismo año. Tito posteriormente dijo que al terminar su misión en Komintern “iba a ir a España porque tenía el talento militar aunque no había cursado ningunos estudios específicos pero al final me encomendaron la misión de volver a Yugoslavia”.
 
Recopilando documentos que afirman la presencia de Tito en España, Simic, siempre citando fuentes, dice que uno de los más próximos colaboradores de Tito, el comunista esloveno Edvard Kardelj, en agosto de 1943, respondiendo a la pregunta de sus camaradas de cómo era posible que en el frente de su organización regional se encuentre el entonces poco conocido Franc Rozman, dijo que éste era la “apuesta personal de Tito ya que se conocían de España”.
 
Prácticamente de la misma época (19/12/1943) data un artículo de “Observer” londinense que decía que “la guerra civil española fue una gran experiencia para Tito”.
 
El que durante décadas fue posiblemente el mejor amigo de Tito, el escritor croata Miroslav Krleza, describiendo la visita de Tito a su pueblo natal en 1937, escribió que “a través de España, con este regreso se cierra un gran círculo de luchas y combates – desde Madrid hasta Kumrovec”.
 
Muchos años más tarde, a finales de agosto de 1976, Dolores Ibarruri, durante una de sus visitas a Yugoslavia dijo ante un grupo de periodistas que “conoce a camarada Tito de España”.
 
El autor cita también algunos documentos del Archivo presidencial de Moscú, (antiguo Archivo de Stalin) que fueron descalificados a finales de la primera década de este siglo donde se encuentra, según él, una biografía de Tito y unos documentos personales donde en uno aparece la dirección barcelonesa Avenida Diagonal 428 y en el otro la de la Plaza del Altozano 10E, Albacete. Ambos documentos estaban a nombre de un tal August Becker. Valorando varias hipótesis, el autor concluye que muy posiblemente pertenecían a Tito durante su estancia en España.
 
Los servicios secretos alemanes también tenían conocimiento de la estancia de Tito en España y en primavera de 1943, cuando pusieron el precio a su cabeza dijeron que “para la realización de sus propósitos se entrenó en la Guerra civil española y en la Unión Soviética donde conoció todos los métodos terroristas”.
 
L´Aurore parisino en julio de 1966 escribió que “Tito evita hablar de este periodo de su vida porque su estancia en Albacete y Barcelona en los finales de 1936 coincide con los asesinatos de los más destacados comunistas yugoslavos, lo que le permitió convertirse en el nuevo jefe del Partido Comunista Yugoslavo”.
 
Durante toda su vida numerosas personas insistían en que coincidieron con Tito en España pero él siempre negaba tal posibilidad. No obstante, el autor de este libro cita la revista “Life” de 5 de mayo de 1952 donde Tito en un artículo dice “Nunca luché en España, una sola vez visité España y pasé un solo día en Madrid”.
 
Sin embargo, el año siguiente prohibió a su biógrafo oficial Vladimir Dedijer a introducir esta frase a la nueva, ampliada edición de su biografía.
 
Sin embargo, en un libro publicado en el año de la muerte de Tito y titulado “Querido presidente Tito”, que recoge cartas de diferentes personas enviadas a Tito, entre otras, aparece la carta de María, esposa del Nobel francés Romain Rolland, que, enviándole el poema de un escritor francés dice: “Seguramente sabe que Romain Rolland tuvo muchas simpatías para la lucha de la España republicana y sobre todo para los combatientes de las Brigadas Internacionales entre los cuales se encontraba usted también….” Cuando en su gabinete leyó la carta y el poema recibido, Tito ha ordenado por escrito a sus empleados “Guardar en el archivo personal”.
 
Así, parece que la historia sobre la presencia de Tito en la Guerra civil española está condenada a quedarse encerrada en algún archivo para la eternidad. La semana pasada, a los 97 años de edad, ha muerto el antiguo líder de los comunistas españoles Santiago Carrillo. Su muerte me hizo volver a acordarme de este episodio, en el texto anterior le mencioné como posible fuente de alguna información útil para esclarecer el tema. Pero el nunca pronunció esta información. Será que él tampoco la tenía. Que en paz descansen.
 

Fascismo de Sitcom

Muchos análisis caracterizan esta crisis no sólo como una crisis económica, sino también de régimen. Una crisis que debido al impacto que está teniendo en la vida cotidiana de muchas personas hace que estas se empiecen a plantear todos los ámbitos que conforman este modelo social: la organización económica, la estructura política, el carácter de la democracia, e incluso todo el andamiaje cultural o de valores. Esto es cierto, pero sólo a medias.
 
Es cierto en cuanto a que esta crisis revela la verdadera naturaleza del capitalismo decadente y ruinoso de principios de Siglo XXI, un sistema incapaz de desarrollar ninguno de sus factores productivos, abandonado a la ruleta especulativa que enriquece enormemente a unos pocos y condena a la miseria al resto.
 
Pero este análisis de crisis como fin de régimen no es cierto en cuanto a que aún la mayoría de la población no lo percibe como tal. Han hecho falta cinco años para que el descontento empiece a aflorar, un descontento con una naturaleza parcial y estanca. Un día abren el telediario unos señores estafados por las preferentes; otro día unas señoras enfadadas porque les cierran el ambulatorio de su pueblo; unos obreros despedidos por esa estafa llamada ERE para al minuto siguiente ver como cubren sus puestos con trabajadores precarios. Los ejemplos son cientos y reflejan el ambiente de enfado y descontento, pero sobre todo de desorientación, algo así como una pesadilla que, aunque cerremos los ojos muy fuerte, no desaparece al abrirlos. El descrédito de la izquierda reformista (la que acepta el capitalismo como sistema menos malo); la incapacidad de la izquierda transformadora para adaptar su análisis y acción a la fragmentación de la clase obrera; y sobre todo, un tenaz y refinado sistema de control ideológico que hizo olvidar a los trabajadores quién son ellos y quién su enemigo; explican esta situación por la que el enfado no se transforma en ideología liberadora, por la que no se establecen relaciones entre las causas y los efectos y todos los problemas permanecen fraccionados sin encontrar complicidades.
 
Sin embargo hay una idea que sí ha tenido un éxito completo en este entorno (se ha asumido como propia y se replica constantemente a sí misma). La idea de la clase/casta política. Esta idea básicamente opone esa abstracción llamada ciudadanía frente a los políticos. Viene a decir que los políticos son los culpables máximos de la situación, que sus intereses propios son los que nos han llevado a donde estamos.
 
Que esta idea haya tenido tanto éxito tiene diversas explicaciones. La primera de ellas es el bajo nivel político general de este país y la cobardía inmensa -arrastrada como una rémora desde el franquismo- de hablar de política en público. Es una idea de fácil aceptación en la barra del bar; bravata que no nos compromete con nadie y nos hace parecer gente preocupada por la situación que nos rodea. No hace tanto, quien se atrevía a hablar en público de política desde unas posiciones de izquierda que no tragaba con aquella gran estafa del milagro económico español (ese ladrillazo en el que usted, querido lector, fue víctima propiciatoria) era tratado como poco con extrañeza, cuando no con hostilidad.
 
La segunda causa del éxito de esta idea es que ha sido replicada desde la ultraderecha populista (donde nace, busquen el libro que acaudilla el término) hasta por sectores del 15M, sobre todo en aquel primer momento -el más masivo- donde lo que parecía importar, más que la pedagogía política de explicar por qué estamos en este desatre, era crear una catarsis que diera salida al descontento para que no fuera una amenza real para el sistema. Es decir, el constructo casta política se ve apadrinado por campos aparentemente antagónicos, lo que le da una imagen de globalidad para la sociedad que lo adopta.
 
El tercer elemento que explica el éxito de esta falacia es en apariencia el más obvio: el carácter profundamente inútil, corrupto y procaz de la mayoría de políticos nacionales, autonómicos y municipales. La crisis ha servido como desmaquillador para esos cargos públicos electos que decían preocuparse por los “currantes”, esos hombres llanos que un día ponían los pies encima de la mesa de la Casa Blanca y al siguiente echaban una partidita de dominó con cualquier paisano.
Los que nos oponemos frontalmente al término de casta política, no lo hacemos porque defendamos a Bárcenas o a Rato, sino porque sabemos que esta idea es inútil, en cuanto a lo que pretende criticar, e interesada, ya que oculta a los verdaderos responsables de la crisis.
 
El concepto de clase política es una de esas ideas impuestas que, sin tener base real, han tomado la realidad misma. Una clase es un grupo social que tiene unos intereses propios en base a su relación con el sistema económico. Esa clase puede mutar, tener subdivisiones, adoptar otras formas, pero siempre que mantenga los intereses y la relación, seguirá existiendo. Y los políticos no son todos iguales, ni tienen intereses propios, ni tienen una relación directa con el sistema productivo. La primera idea nos va quedando clara, ¿verdad? Los políticos no son una clase social en sí misma.
 
“Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” decian Marx y Engels en el Manifiesto Comunista escrito en 1848. Como ven lo que ocurre no es nuevo. Esta es la idea principal. No existe clase política, lo que existe es una mayoría de políticos y una mayoría de partidos que pretenden legitimar un sistema económico injusto y voraz con algún tipo de sistema electoral y parlamentario. Que legislan no de acuerdo a sus intereses (y por supuesto no de acuerdo a los intereses que dicen defender) sino a los intereses de sus jefes: los grandes empresarios y los banqueros, fundamentalmente.
 
De aquí podemos extraer decenas de análisis concretos. Por ejemplo, en la tan de moda corrupción. Si se fijan, desde los grandes medios se insiste en el carácter individual del asunto, en la manzana podrida, en el malvado metido a político. Nada más lejos de la realidad. La corrupción bajo el capitalismo es sistémica, es decir, es el capitalismo quien necesita a la corrupción para funcionar. ¿O para qué creen que sirve el dinero de los sobres? Para obtener jugosos contratos públicos, leyes favorables, tratos de favor. Bien es cierto que existen paises donde la corrupción es más sibilina, donde el poder sabe lo importante que es mantener su apariencia de legalidad para conservar la legitimidad a ojos de la gente. O paises donde directamente la corrupción se ejerce de forma legal mediante la forma de lobbys de presión o financiación de candidatos presidenciales.
 
De ahí la inutilidad del movimiento ciudadanista o de profundización democrática cuando sólo se queda en aspectos técnicos (sistema electoral, democracia directa, asamblearismo, sin duda importantes) y rehuye la crítica global del sistema económico-político. Las desigualdades no surgen de las decisiones políticas, sino que determinados políticos son los ejecutores de las necesidades del poder económico. Así, por ejemplo, la privatización de la sanidad no es un capricho de Güemes, sino que este ejerce de mamporrero -de pelo absurdamente frondoso y brillante- para los inversores que posiblemente apostaron por él. Esto tiene su efecto en las protestas: si nos fijamos se rodea el congreso pero no la sede de la CEOE o de Goldman Sachs. ¿Ignorancia o desvío de la atención?. Algunas veces parece que seguimos teniendo ese carácter infantil que nos hacía gritar al lobo del guiñol, cuando la verdad es que detrás del lobo había una mano que lo manejaba.
 
Por otro lado, esto de la casta política, en un momento de crisis, sirve para que opciones políticas con tradición de combatividad y postulados actuales anticapitalistas no crezcan, o al menos no lo hagan lo suficiente. Porque sí, porque todos los políticos no son iguales. Porque decir que Montoro y Alberto Garzón son lo mismo es una canallada política; porque decir que las CUP y CIU son lo mismo es grotesco; porque meter en el mismo saco a Tania Sánchez Melero y Ana Botella es terrorismo intelectual. Y la cuestión, no es siquiera las personas individuales -aquí es como en la corrupción pero justo a la inversa- es entender que hay organizaciones políticas que responden a unos intereses diferentes de los del poder económico. Es comprobar cómo la dialectica entre los trabajadores y sus organizaciones se demuestra cierta, y cuanto más avanza el combate, la protesta y la manifestación social, más espacio hay para alternativas políticas que respondan a ese movimiento. Podríamos decir que mientras que las organizaciones de izquierda son máquinas (mejor o peor engrasadas, ese es otro tema) para la lucha política de los que menos tienen, de los de abajo, de los trabajadores, los partidos de derecha son cáscaras huecas sustituibles según sea oportuno (Francia es un buen ejemplo de esto).
 
Lo fundamental es entender, por nuestros intereses, que no se trata de clase política y ciudadanos, se trata de diferentes clases de políticos y diferentes clases de ciudadanos; ciudadanos con intereses contrapuestos: unos tienen el poder económico y otros la fuerza de trabajo; unos la necesidad de explotar a los otros para mantener sus niveles de vida escandalosos y otros de librarse de esa explotación para tomar las riendas de sus vidas.
 
Llegados a este punto deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿lo de la casta política es producto de la confusa situación de indignación o hay algo más detrás?
Partiendo de la base de, como he dicho antes, que el nacimiento del término tiene lugar en esas sacristías de la reacción que son los medios ultraderechistas, y que sus voceros no tienen reparo en hacer uso del término una y otra vez, deberíamos empezar a sospechar lo peor. Y no sólo en el sentido del interés de alimentar la confusión que evite que la izquierda transformadora crezca.
 
¿Qué es el PP? A mí me recuerda a aquella película llamada La invasión de los Ultra Cuerpos. Un envoltorio en el que caben diferentes intereses, todos relacionados con la posesión de los medios de producción: desde los pequeños caciques regionalistas, hasta la gran burguesía centralista; desde las sectas ultracatólicas, hasta los creyentes en ese dios llamado especulación; desde el gran financiero, hasta el negrero de polígono industrial; pasando por elementos declaradamente franquistas o émulos del tea-party norteamericano. El único pegamento que mantiene unido al Partido Popular no es una ideología concreta, sino el amor al dinero y el odio hacia todo lo que huela a pérdida de sus privilegios. ¿Soy el único que se acuerda de cómo en el 2004 hubo hostias -literales- en Valencia entre zaplanistas y campsistas?¿Respondía esto a algún tipo de escaramuza ideológica o más bien a qué familia controlaba el dinero público?. El Partido Popular es el partido de la burguesía española, responde sobre todo a los intereses de los grandes bancos y las multinacionales (empresas públicas privatizadas) que son quienes dominan este país. Pero su base de afiliados se fundamenta en el clientelismo, en esa corrupción institucionalizada y socializada, tan zafia y casposa, retratada por Berlanga en La Escopeta Nacional o en los palmeros de chándal de táctel aplaudiendo a Camps a la salida del juicio.
 
El poder no juega nunca con una sola mano de cartas. Mientras que las cosas iban medio bien para el PP no importaba atizar desde el tdt-party con lo de la casta política: los votantes de derechas suelen ser profundamente acríticos con sus partidos. El mensaje iba dirigido, sobre todo, a esa masa de personas desinformadas, adictas al lenguaje grosero y populista de los medios ultras, pero que por su posición social (la mayoría de ellos trabajadores con problemas económicos) podían girar en tiempos de crisis a opciones de izquierdas.
 
Cuando las cosas empiezan a ir mal para el cascarón vacío que utiliza el poder para llevar a cabo sus propósitos, ya tenemos el caldo de cultivo para que nos impongan una tecnocracia desde la Troika; o remozar al PP al modo (aún más) ultra (o en serio piensan que Pedro J., uno de los personajes más oscuros y dañinos de este país, ha destapado lo de Bárcenas por su espíritu democrático…); o bien apostar por una tercera opción comodín como puede ser UPyD.
 
¿Qué es UPyD sino un cascarón vació donde cabe todo? UPyD puede ser el recambio del PSOE si este se acaba de desplomar definitivamente, UPyD puede ser el recambio del Partido Popular si es imposible mantenerlo por el desgaste de la crisis o la escandalosa financiación ilegal. O incluso UPyD puede ser ese fascismo de rostro amable con actor cabeza-hueca pero atractivo para el público, que diga esa frase de: “En este país lo que hace falta es mano dura y orden” aprovechando las contradicciones con la burguesía de derechas nacionalista del PNV o CIU. Nunca se fíen del “no somos de derechas ni de izquierdas”, los fascismos empezaron igual.
El fascismo no es otra cosa que la respuesta desesperada de la burguesía ante la posible revolución. Esto es, antes de perder sus privilegios prefieren otorgar el poder a esa alternativa populista que les despega de la culpa y que instaura el sistema de la dialéctica de las pistolas. O dicho de otra forma, la democracia que vivimos, esa que otorga el voto al vagabundo que se muere de hambre, les vale mientras que salgan los partidos que defienden sus intereses; cuando ven peligrar su modo de vida, no tienen ningún pudor en financiar otra opción que les permita seguir conservando su riqueza aunque sea en base a cargarse su legitimidad -y la libertad y la vida de muchos-.
 
¿Exageración? Miren a Grecia y su Amanecer Dorado y la connivencia con el PP griego, la policía y el ejército. Ya buscaremos luego la cabeza de turco para justificar las medidas “excepcionales”: los inmigrantes, el paro, algún “estado terrorista” de la orilla sur del Mediterráneo… Lo que sea. Que nadie se espere un general de bigote afilado y mirada torva: el fascismo del siglo XXI será un fascismo con rostro de sitcom.
 
A mí me parece estupendo dar caña al bipartidismo, principal mediador político de la situación de herrumbre de este país; o al sistema institucional, un mero aparato para salvaguardar los intereses de clase de la burguesía. Me parece genial destapar de una vez por todas esa mentira llamada “ejemplar” Transición, donde unos lo cedieron todo y otros casi nada. Pero me parece estupendo siempre que esta crítica -despiadada si es necesario- vaya unida indefectiblemente al sistema económico del que surge toda la desigualdad criminal: el capitalismo.
 
Lo otro, lo de la casta política, al final vale para leer aberraciones tan grandes como proponer como salida a esta situación “Una Constitución cuya redacción sea tutelada, si es necesario, por juristas constitucionalistas de los EE. UU. y la Unión Europea. Si no sabemos hacerlo mejor, pidamos ayuda a aquellos que sí saben” (Cristian Campos, El Virus se extiende, Jot Down) y que decenas de miles de lectores lo aplaudan enfervorecidos, sin darse cuenta de que precisamente esa es ya la situación actual: nuestra soberanía económica es dictada a manu militari por la mafia financiera internacional, y su representación institucional, llamada Troika.
Nunca me he fiado de los advenedizos, ni de la gente que se da golpes en el pecho con el palillo en la boca, ni de los que dicen “verdades como puños”. Y lo de la casta política es eso, alimento putrefacto envenenado por el apoliticismo.
 
Lo único que nos queda, en un momento tan jodido como este, es el análisis, la ideología, la organización. El espíritu sumamente crítico incluso con lo que parezca indignación, porque quizá, precisamente por ahí, es por donde intentarán colarnos a los nuevos camisas pardas.