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Homenaje a las 13 Rosas


CONVOCATÒRIA PER LA CONDEMNA DEL COP D'ESTAT DEL 18 DE JULIOL DE 1936

María de los Llanos de Luna dimissió!

En les últimes dates hem assistit a diversos actes institucionals on s'ha posat de manifest la involució política de la Constitució de 1978 i la recuperació i el manteniment de valors i símbols històrics que ens retrotrauen de manera directa a la dictadura franquista.

D'una banda, el sòrdid homenatge als feixistes de la División Azul a Sant Andreu de la Barca, amb la presència activa de Llanos de Luna, delegada del Govern a Barcelona i de clares tendències d'extrema dreta, és un acte totalment reprovable i impensable a la resta de països europeus, on es va viure la barbàrie de l'horror nazi.

D'altra, el rebuig al Congrés, amb els vots del PP i d'UPyD, de la proposta de condemna del cop d'estat del 18 de Juliol de 1936, és una prova evident de la descomposició del règim de 1978 que està posant de manifest les bases ideològiques de l'actual majoria parlamentària, així com les contradiccions i renúncies que es van produir durant el procés de la mal anomenada transició, que va deixar intacta tota l'estructura sociopolítica de la dictadura. 

En aquesta situació de crisi total, que afecta de manera directa al model d'estat, a la pròpia Prefectura del mateix i als diferents òrgans institucionals, onstitucional, basat en la voluntat democràtica de la ciutadania i la ruptura de l'herència anterior. 

Això suposa la recuperació de la Memòria Històrica, la condemna sense pal·liatius de la dictadura i dels seus responsables, vius o morts, i per això ens sembla molt important el procés iniciat per la jutge argentina amb les víctimes del franquisme i les responsabilitats dels seus botxins.

A la Coordinadora 14 d'Abril de Barcelona apostem per iniciar un ampli procés constituent des de baix i on s'incorporin organitzacions polítiques, col·lectius i moviments socials i sindicals, referents de la memòria històrica, al costat de ciutadans/es independents, amb l'objectiu de sumar milers i milers de voluntats plurals cap a un nou model d'estat federal i republicà, construït des de baix, capaç d'anar teixint un ampli projecte de la majoria, en base a una democràcia radical i una constitució socialment avançada, al servei i defensa dels drets de els ciutadans.
Això és la III República.

  
Per tot això, reclamem la dimissió de la delegada del Govern, María de los Llanos de Luna, i convoquem a manifestar-nos el 18 de juliol de 2013 a les 19:30 a la seu de la Delegació de Govern a Catalunya (Mallorca amb Roger de Lluria), convidant a tots els ciutadans i ciutadanes a acudir amb la seva bandera tricolor.

Homenaje a Andreu Nin en el Parlamento de Catalunya: Anticomunismo de izquierdas disfrazado de memoria histórica y revolución

José Guillén

En un acto institucional celebrado en el Parlamento de Cataluña y moderado por su Presidenta, la dirigente de CiU Núria de Gispert, han rendido homenaje al dirigente del POUM Andreu NIn, en el 76 aniversario de su misteriosa desaparición cuando estaba siendo trasladado, para ser juzgado por los sucesos de Mayo del 37.

A dicho acto han asistido los máximos dirigentes de EUiA, PCC y PSUC-viu junto con ICV, PSC, ERC, CC.OO., UGT, CGT y una variada representación de pequeños grupos de la izquierda trotskista y anticomunista. En el homenaje han resonado los ecos del anticomunismo de la guerra fría cuando ya se utilizó exhaustivamente la figura de Andreu Nin y a su partido, el POUM, para desacreditar al PCE, al PSUC y a la Unión Soviética.

Curiosamente, a pesar de que el POUM y Andreu Nin han pasado a la historia como los “verdaderos revolucionarios”, puros e intransigentes, que luchaban contra todas las tendencias y expresiones políticas de la burguesía –entre las que ellos incluían al PCE y el PSUC– el homenaje ha contado con la plena participación de la burguesía nacionalista catalana (CiU, PSC y otros) patrocinadora de graves recortes sociales y políticas salvajes neoliberales, y con el apoyo de las instituciones y la prensa del sistema.

La burguesía catalana reivindica a Nin para defender el capitalismo

En el acto, la reaccionaria convergente Núria de Gispert se deshacía en halagos hacia la figura de Andreu Nin: “un político notorio, un líder revolucionario y un ciudadano comprometido”. La pregunta se nos viene a la cabeza ¿Es que se ha vuelto la burguesía catalana “revolucionaria” o discípula del camino “marxista” de Nin? Cómo, ¿Recortando los derechos sociales y laborales a los trabajadores? ¿Extendiendo la corrupción y la privatización por las tierras catalanas?

La alta burguesía catalana mira hacia el pasado para mantener su sistema de explotación en el futuro. Necesita ocultar su historia para eludir su responsabilidad histórica en el genocidio franquista mezclando a las víctimas con los verdugos y, con este homenaje anticomunista, volver a la eterna cantinela que ambos bandos cometieron crímenes (igualando al fascismo con la defensa de la democracia). El homenaje “revolucionario” magnifica la muerte de Nin y oculta los crímenes cometidos por su facción (POUM y sectores extremistas del anarquismo) para, en realidad, denigrar y criminalizar la memoria de los antifascistas consecuentes, especialmente de los comunistas, que lucharon por la democracia popular y la república, intentando alejar, el actual descontento popular contra la crisis y el capitalismo, del marxismo y el socialismo.

Para desviar a la clase obrera y al pueblo quieren restablecer el discurso de la “reconciliación” de clases, como en la transición, regenerando su “consenso” burgués desprestigiado por la crisis, sus corrupciones y recortes salvajes, marchando todos juntos hacia una “segunda transición”, e incluso, formar un frente común con sectores de la izquierda anticomunista para iniciar el camino hacia una supuesta soberanía catalana, dictaminada desde Berlín y la Troika. Nuria de Gispert lo expresaba con sus palabras: "Una mirada responsable y serena a la tragedia de la Guerra Civil, de las víctimas y verdugos, nos ha de llevar a constatar la necesidad de reconciliarnos con la historia, viviendo un presente que hemos de mejorar con la aportación de todos en paz, para vislumbrar horizontes de libertad y de justicia". Y ya sabemos lo que significa paz, libertad y justicia para la burguesía convergente.

¿Los “herederos” del PSUC atacan su historia?

Merece destacarse en este “revival” de la guerra fría la presencia de dos organizaciones vinculadas con el PCE y herederas del PSUC histórico, el PCC y el PSUC-viu, representados por sus dos secretarios generales, Joan Josep Nuet y Alfred Clemente. Su presencia y su apoyo al homenaje comportan la ruptura del hilo conductor que unía al PCE, al PSUC y al PCC con su historia más gloriosa: la “República de Nuevo Tipo”, la alianza con la URSS, el Frente Popular, la unidad antifascista y el Ejército Popular, justo las políticas que Andreu Nin y el POUM atacaron agresivamente.

Superpuestas a las causas reales de la desaparición y muerte de Andreu Nin, ya sea en respuesta a órdenes directas de Stalin –a pesar de que los anticomunistas le atribuyen su autoría todavía no se han hallado pruebas concluyentes en ningún lugar– o de agentes dobles del NKVD soviético dirigido por Alexander Orlov –curiosamente “exiliado” a los Estados Unidos tras el suceso– que pretendía dañar la imagen de la República, de la URSS y de los comunistas españoles, o si la desaparición de Nin obedece a cualquier otra motivación diferente, encontramos un hecho fundamental: de haber triunfado el alzamiento del POUM y sectores anarquistas en mayo de 1937 en Barcelona, indiscutiblemente la suerte que habrían corrido los dirigentes del PSUC no habría sido muy diferente de la de Nin. Joan Comorera, secretario general del PSUC y Rodríguez Salas, ex dirigente del Bloc Obrer i Camperol que ingresó en el PSUC sufrieron sendos atentados antes de mayo de 1937, y otros dirigentes sindicales y políticos de este partido como Desideri Trillas, Roldán Cortada y Sesé fueron asesinados por rivales políticos situados en el anticomunismo de izquierdas.

La Izquierda dogmática reivindica a Nin

De haber ido las cosas de forma diferente, quizás hoy estaríamos preguntándonos por la desaparición del secretario general del PSUC, y Nuet y Clemente, se verían obligados a rendir homenaje a Joan Comorera en lugar de Andreu Nin. Pero el diputado de la Izquierda Plural y líder del PCC, Joan Josep Nuet, así como Alfred Clemente, han preferido eludir las circunstancias históricas de este suceso, rompiendo de esta manera con los restos de la línea histórica del PCC y del PSUC-viu. Nuet, por ejemplo, en una ardiente reivindicación de Nin afirma que su legado «ha de ser recuperado» y hay que combatir «por una parte el olvido del franquismo y la transición monárquica, y por otra de una parte de la izquierda dogmática, en la cual el partido del que soy secretario general se ha colocado en excesivas situaciones» (1). ¿Son conscientes los secretarios generales del PCC y del PSUCviu que al asumir y reivindicar las posiciones representadas por Andreu Nin y el POUM participan en la defenestración y revisión histórica burguesa de los militantes, del PSUC-PCE, que defendieron la República? ¿Cómo pueden llevar a sus organizaciones políticas hacia el lobby del anticomunismo de izquierdas? Cuando asumen las posiciones representadas por Andreu Nin y el POUM se enfrentan al todo lo que significó el PSUC: la unidad de los comunistas, la comprensión de la cuestión nacional, el Frente Popular, la defensa de la República y la política antifascista e internacionalista practicada por la Unión Soviética y la Internacional Comunista.

¿Sectarismo del PSUC?

Para conocer las circunstancias de los conflictos en la retaguardia republicana es preciso no olvidar el contexto histórico: se considera correcto culpabilizar al PSUC por ser sectario y crear un clima de confrontación agresiva contra el POUM, cuando las desavenencias políticas eran mutuas y venían de muy atrás –antes de formarse ambos partidos- y éstas se vieron agudizadas por la guerra y por la postura sectaria y maximalista que adoptó el POUM, frente a la política de unidad antifascista amplia del PSUC en su estrategia de Revolución popular, además de que el partido de Nin y sus milicias acogieron en su seno a numerosos grupos de trotskistas e izquierdistas europeos que atacaban a la República y a la URSS. Una lectura histórica mayoritaria y en algunos momentos de pensamiento único –tal y como sucedió en los mejores años de la guerra fría anticomunista-, utiliza el victimismo del POUM para silenciar el momento en el que las víctimas políticas tenían el carnet del PSUC-UGT y ni siquiera se menciona el tratamiento que el POUM daba al PSUC.

Nin contra el PCE, el PSUC, el Frente Popular, la Generalitat y la República

No se puede olvidar que Andreu Nin fue muy sincero y muy explícito, por ejemplo, cuando en diciembre de 1936 calificaba al PCE y al PSUC como «traidores y renegados del marxismo» y, en tono belicoso, calificaba a sus dirigentes como «los falsos caudillos y los burócratas del movimiento obrero [que] estarán al otro lado de la barricada» (2), se supone que no para jugar al fútbol precisamente. En marzo de 1937 Nin se preguntaba irónicamente qué diferencia había entre el PSUC y los políticos de la burguesía (3), mientras que, tras los sucesos de mayo afirmaba desafiante que «la conducta del Partido Comunista de España, y de su filial el PSUC, en Cataluña, durante las jornadas de mayo, ha venido a demostrar que dichos partidos no representan una simple tendencia reformista del movimiento obrero, sino que constituyen la vanguardia y el instrumento de la contrarrevolución burguesa (…). Los representantes del proletariado revolucionario y de los verdugos no pueden sentarse a una misma mesa» (4).

¿Es este el «legado» que Nuet y Clemente quieren recuperar de Andreu Nin?

Nuet y Clemente seguramente también pensarán que Nin tenía razón cuando el dirigente del POUM afirmaba en plena guerra civil y en un tono golpista: «exigimos y propugnamos la disolución inmediata del Parlamento de la República y del Parlamento catalán porque son formas de organización política completamente superadas, que pertenecen al pasado» (5). No se puede olvidar tampoco que durante las jornadas de mayo Julián Gorkín, número 2 del POUM, se reunió con dirigentes de la CNT –que afortunadamente le negaron su apoyo– para ir a por todas y acabar con el PSUC y el resto de fuerzas políticas y sindicales que apoyaban a la Generalitat republicana. También Franco, la Falange, Hitler y Mussolini pensaban que el parlamento de la República y el de Cataluña eran instituciones superadas que debían desaparecer, y pusieron todo su empeño en lograrlo, enviando sus hordas asesinas a arrasar las ciudades republicanas y exterminar a los defensores del régimen popular, legítimo y democrático.

Asimismo, Nuet y Clemente coincidirán con Nin que llamar a los obreros a combatir al lado de la República es un crimen contrarrevolucionario puesto que «cuando se os dice que lucháis por una república democrática, lo que se os dice es que os preparéis para participar en la futura guerra imperialista (…). Hoy se han formado ya dos grupos imperialistas. Inglaterra y Francia junto con la URSS staliniana, contra el bloque de Alemania, Italia y el Japón» (6), y además «la burocracia contrarrevolucionaria de Moscú ­–la URSS- quiere tener la seguridad absoluta de controlar la política interna de nuestro país y los derroteros de nuestra revolución» (7). Ya lo había dicho Franco: el glorioso alzamiento nacional fue necesario para salvar a España de convertirse en una dictadura comunista controlada por Moscú.

Quizás también incluyen Nuet y Clemente incluyen en el legado a recuperar de Nin sus análisis que destacan que «el Partido Comunista y el PSUC desempeñan el papel de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, más peligrosos para la revolución que la propia burguesía, por cuanto la etiqueta marxista con que se adornan facilita su penetración en las filas proletarias» (7). Por lo tanto, la consigna del momento queda clara para cualquier revolucionario consecuente: combatir a muerte al PCE, al PSUC (¿y al PCC?) tal y como muestran las enseñanzas de Nin e incluso con mucha más energía en la actualidad, dado que hoy son organizaciones mucho más reformistas que en 1936-1937.

¿Donde está hoy Nin, en Washington o en Berlín?

Finalmente, como aplicación actual del legado sectario y dogmático de Nin, es de suponer también que Nuet y Clemente serán consecuentes con las enseñanzas del líder del POUM, que muestran que hay que combatir con igual energía a las Repúblicas populares, al fascismo y al imperialismo.¿Harán suyas la ideas de los grupos trotskistas y anticomunistas de América Latina que consideran que Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa representan a una burguesía contrarrevolucionaria e incluso a un instrumento del imperialismo chino, burguesías –y sus aliados entre los partidos comunistas y de izquierdas- a las que se debe combatir con tanta energía como a las oligarquías dependientes del imperialismo yanqui?;y con la misma lógica de Nin, ¿Se alinearán contra el socialismo cubano afirmando que está dirigido por «la dictadura de los hermanos Castro» y que también debe ser combatido puesto que representaría a la burocracia contrarrevolucionaria de La Habana que está preparando la restauración capitalista? Seguramente los militantes, del PCC y del PSUC viu, estarán ansiosos por conocer cómo sus organizaciones deben aplicar a partir de ahora en política internacional el legado de Andreu Nin.

¿Y Trillas, Cortada, Sesé o Comorera?

Es curioso contemplar a estos dirigentes, deslumbrados al descubrir a Andreu Nin, cuando critican gratuitamente a esa «izquierda dogmática» que defiende el legado de la República, del Frente Popular, del PCE y del PSUC históricos, antifascistas y revolucionarios, es decir, la política de unidad amplia para vencer al fascismo y transformar la sociedad. Jamás han participado en homenajes a militantes del PSUC como Desideri Trillas, Roldán Cortada y Sesé. Al mismo tiempo, siguen manteniendo en el olvido y el silencio –e incluso a veces aceptan la montaña de calumnias inventadas por Carrillo­- a Joan Comorera, fundador del PSUC y secretario general de un partido que consiguió unir a todas las fuerzas patrióticas, republicanas y de izquierdas para prolongar la resistencia antifascista: un dirigente que a riesgo de su vida se enfrentó valientemente a la dictadura anarquista, y fue el que con más energía trabajó para que la retaguardia catalana se recuperara y se uniera al esfuerzo común en la defensa de la República. 
Es lamentable que la memoria histórica de los comunistas y otros antifascistas se haya sacrificado en el altar de lo políticamente correcto, buscando una imagen mediática que facilite la recaudación de votos entre sectores izquierdistas tradicionalmente hostiles a las organizaciones dominantes en EUiA, sin perder el equilibrio con el perfil institucional, reformista y nacionalista de esta organización.

Recuperar la historia para construir el presente y conquistar el futuro

¿Cómo es posible que los máximos dirigentes de EUiA, del PCC y el PSUC-viu no se den cuenta de que la burguesía catalana, representada por CiU, PSC y otros, los están utilizando para destruir el patrimonio revolucionario y la memoria histórica de los comunistas y antifascistas que lucharon en defensa de la republica al homenajear al anticomunista Andreu Nin? ¿Es esta es la “unidad” que algunos preconizan? ¿La unidad con las fuerzas que representan a la burguesía depredadora, corrupta, sionista y atlantista, esta vez, con el argumento del anticomunismo de izquierdas? Triste panorama para una mayoría de los militantes de estas organizaciones que cotidianamente se esfuerzan y se sacrifican con la esperanza de conseguir una sociedad mejor. La memoria histórica de comunistas, socialistas, republicanos y otros antifascistas se merecen algo mejor. Recuperar el pasado, la heroica historia de lucha, para construir el presente y conquistar un futuro de democracia popular, republica y socialismo.

Notas:

(2) Andreu Nin: La revolución española. Editorial Fontamara. Barcelona, 1978, p. 250.
(3) Nin, p. 265.
(4) Nin, p. 289.
(5) Nin, p. 251.
(6) Nin, p. 255.
(7) Nin, p. 246.

(8) Nin, p. 298.

El Gobierno considera que la bandera republicana en un estadio “es una provocación”

El Gobierno ha justificado la multa propuesta para un ciudadano que portaba una bandera republicana en un partido de la selección de balonmano alegando que su actitud podía interpretarse como una “provocación” a los aficionados españoles. Sin embargo, nada dice de las cientos de banderas ultras, nazis y franquistas que cada semana se ven en los campos de futbol.
El suceso tuvo lugar el pasado mes de abril en un partido de las selecciones de balonmano de España y Argelia celebrado en Alicante, donde la Policía expulsó al portador de una bandera de la República, al que se acabó abriendo expediente de sanción en virtud de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
El diputado de IU Ricardo Sixto preguntó a Interior en el Congreso por este episodio denunciando que, en otro partido posterior, al mismo portador de la bandera republicana se le vetó la entrada, se le trasladó a un espacio vacío del Polideportivo y se le conminó a identificarse de forma intimidatoria.
El Gobierno explica que el portador de la tricolor estaba en la primera fila de la grada preferente, de forma aislada, ante cientos de seguidores de la selección española que enarbolaban banderas nacionalistas y animaban al equipo.
Aunque en un primer momento replegó la bandera tricolor, al rato el ciudadano volvió a ondear la enseña republicana “con gran vehemencia”, lo que según el Gobierno “provocó malestar entre el resto de espectadores que animaban a la selección española”. En ese contexto, se procedió a expulsarle, se le identificó y se le abrió expediente de sanción.

Joventuts Socialistes de Valladolid se suma a la querella interposada per la Justícia Argentina contra els crims del franquisme

 
Tot i que hagi de ser un tribunal estranger qui impartisca justícia sobre els assassinats de la dictadura franquista, els joves socialistes es declaren "satisfets i esperançats" amb que per fi els botxins se les vegin amb els tribunals per crims de lesa humanitat.

En els últims anys, l'aplicació del principi de Justícia Universal al nostre país ha donat lloc a processos judicials per crims de genocidi, terrorisme i tortures comesos a Argentina, Xile, Guatemala i El Salvador. Per Elena Pastor, secretària general del Joventuts Socialistes de Valladolid (JSE-Valladolid) "el processament de Pinochet per part del jutge Baltasar Garzón i el precedent creat sobre això, sobre la possibilitat que una persona acusada de crims contra la humanitat pugui ser jutjada en un altre Estat tot i haver ocupat un alt càrrec polític, fan que ens sentim orgullosos en defensar la Justícia com a garantia d'igualtat i memòria."

No obstant això, la gran assignatura pendent en aquest camp la teníem dins la nostra pròpia casa, ja que mai en aquest país es van investigar els crims comesos pel règim franquista a Espanya, i tots hem estat testimonis de les pressions i injúries a què s'han vist sotmesos els magistrats que fins ara han intentat aclarir aquesta etapa fosca del nostre passat recent.

Ara, la Justícia Argentina ha decidit que farà pels espanyols el que la nostra pròpia justícia no ha pogut: querellar-se contra els crims del franquisme, acabar amb la impunitat dels assassinats i les execucions sumaríssimes, i posar els botxins en el lloc que els correspon "a Joventuts Socialistes de Valladolid hem d'estar a l'altura del que la nostra història ens exigeix​​. Hem d'aprofitar aquesta oportunitat única de tornar la dignitat, d'una vegada per totes, a tants companys i familiars que van donar la vida per les que avui són les nostres idees ".
Traduït per Ciutadans per la República
 

Els feixistes moldaus prohibeixen la falç i el martell, símbol del partit majoritari

El parlament de Moldàvia ha aprovat la prohibició del símbol comunista del martell i la falç. Amb el vot a favor dels partits de l'Aliança Europea, la prohibició s'ha el 12 de juliol amb 53 vots a favor, malgrat els comunistes són la primera força del país, els vots dels quals són gairebé els dels altres tres partits.

El Partit de l'Esquerra Europea ha condemnat els atacs a la democràcia a Moldàvia, contra la força majoritària d'aquest país, el Partit Comunista, els símbols identitaris del qual, la falç i el martell, són proscrits i penats per la llei juntament amb tota la simbologia comunista i d'esquerres.

Quan la Llei entri en vigor, el Partit Comunista no podrà fer propaganda amb el seu propi símbol. També es prohibeixen les banderes soviètiques en la celebració del 9 de maig (dia de la victòria de l'Exèrcit Soviètic contra els nazis). Els premis soviètics (descomptes en transport per a veterans de guerra etc) deixaran de tenir validesa.

El secretari general del Partit Comunista moldau, Vladimir Voronin, ha afirmat que la intenció de la Llei és l'eliminació electoral del seu partit i ha avançat que denunciaran la Llei davant el Tribunal Constitucional.

Cal afegir que dels 4 partits amb representació parlamentària, el Partit Comunista és el més votat, arribant la seva representació a ser gairebé com la de la suma dels altres 3 partits. Amb la caiguda de l'URSS el Partit Comunista va ser il·legalitzat, sent refundat el 1994. Aquell mateix any la dreta va intentar integrar a Romania però el poble en referèndum no ho autoritzà.

El 1998 el Partit Comunista fou el Partit més votat, però no aconsegí la majoria reforçada que necessita per governar. La resta de partits formaren un bloc anticomunista que trià govern. El 2001, el Partit Comunista guanyà àmpliament les eleccions, i fou elegit President Vladimir Voronin. El 2005 tornà a ser reelegit i continuà amb les reformes econòmiques. El 2009, els comunistes tornaren a guanyar les eleccions, però l'oposició surtí al carrer al més pur estil de la "revolució taronja". Part del parlament va ser pres i cremat, va ser un intent de cop d'Estat. Després d'aquests successos es repetiren les eleccions, però Voronin no aconseguí formar govern malgrat guanyar-les.

Des de novembre de 2010 fins finals de 2011, Moldàvia va estar sense govern, en no posar-se d'acord l'aliança anticomunista per triar-ne un. A finals de 2011, aconseguiren consensuar un candidat (totalment fora del termini constitucional) i triaren Timofti. Aquest és el govern que prohibeix la falç i el martell.

No és la primera vegada que posen importants traves i criminalitzen al comunisme moldau. En els últims 20 anys ha superat tota mena de persecucions i tot i així segueixen sent el partit més votat. L'actual govern no és legal, en tant que ha estat elegit sense complir escrupolosament la Llei. Els i les comunistes sortiran reforçats d'aquesta persecució, com ja van fer després de la seva prohibició el 1992.


Font:http://noticies.sirius.cat/2012/07/moldavia-prohibeix-la-falc-i-el-martell.html

Torturador y asesino. Condecorado por Aznar con la colavoración del PSOE

“Amenazaban con llevarte a manos de Melitón Manzanas”

 
DIEGO BARCALA

Tan sólo dos años después de la caída del muro de Berlín, el escritor alemán Georg Dreyman acude a los archivos de la Stasi, la poderosa policía secreta de la antigua RDA, a comprobar quién era el policía encargado de espiarle, qué escribió sobre él, qué sabía de su vida… La conocida escena pertenece a la película La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) y representa la ruptura con el pasado que España no hizo en su transición. Los expresos políticos españoles no sólo desconocen qué fue de sus informes policiales sino que los que ordenaron su elaboración, los utilizaron para condenarlos, los encarcelaron y hasta les torturaron siguieron en sus puestos o incluso fueron condecorados por el nuevo régimen democrático.


El próximo 21 de enero se presenta la asociación de expresos del franquismo La Comuna. Militantes de la Liga Comunista Revolucionaria, el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), el PCE o la prehistórica ETA VI Asamblea que reclaman la nulidad de sus juicios y sentencias como un hecho que va más allá de un simple reconocimiento moral a su lucha por la democracia. “Los tres presidentes que tuvo el TOP (Tribunal espacial de Orden Público o represión en vigor desde 1963 a 1977) se reintegraron en el Tribunal Supremo y los 11 jueces acabaron haciendo sus carreras en la Audiencia Nacional y en las Audiencias Provinciales”, ejemplifica José María Galante, militante de la Liga Comunista Revolucionaria que fue detenido cuatro veces entre 1968 y 1973.


“Los presidentes del TOP se reintegraron en el Supremo”, denuncia Galante
Como asociación tienen un símbolo. No es otro que la desaparecida cárcel de Carabanchel, por donde pasaron miles de presos políticos y ahora mismo no hay una simple placa que los recuerde. “Hace tres años apareció por ahí Rubalcaba diciendo que corría mucha prisa construir sobre la cárcel. Y hoy sigue siendo un solar. Tenían mucha prisa por hacer desaparecer los muros”, explica Galante, conocido por todos como Chato.

“Lo mejor es que en la puerta del edificio una pancarta dice: Bienvenidos”, recuerda sobre la sede de la Stasi de La vida de los otros Luis Roncero, de 69 años, exmilitante del FRAP y que pasó cuatro años detenido en la cárcel de Carabanchel. Miles de militantes antifranquistas como Roncero, condenados por los tribunales ilegales e ilegítimos durante los años sesenta y setenta, nunca han confiado en la Justicia española para reclamar responsabilidades por las tropelías franquistas. “Estamos encandilados con la querella de Argentina porque es la única vía donde puede haber justicia. Aquí ya sabemos que no la va a haber. Y ya se ha visto en casos como el de Grimau o Humberto Baena que se da por causa juzgada”, opina Galante.

Las torturas sufridas por esta generación de entonces jóvenes que heredaron de sus padres derrotados en la Guerra Civil la dignidad, el coraje y la persistencia han quedado impunes. “Yo caí en Santander y me libré de las palizas porque me pusieron contra un muro y me pegaron un tiro en la espalda que me atravesó los pulmones. Como le gustaba decir a Franco, no hay mal que por bien no venga”, ironiza el exmilitante de ETA de 68 años, Enrique Guesalaga.

“Me libré de las palizas porque me pegaron un tiro”, recuerda Guesalaga,
“En mi pueblo, en Eibar, donde todo el mundo hablaba en euskera, te castigaban si lo hablabas y antes de cada partido de pelota en el frontón te hacían cantar el Cara al sol. Esa es nuestra generación”, explica Guesalaga, condenado en el proceso de Burgos a 50 años de prisión por un delito de terrorismo. Con la Ley de Amnistía de 1977 salió en libertad. “La gran trampa de la Transición”, califica a esta norma su compañero Josu Ibargutxi, de 62 años. “Por 800 presos que había entonces en las cárceles, consiguieron aprobar una ley de punto final”, añade Ibargutxi.

Detenido en coma
Una selección de expresos reunidos en un bar irlandés junto a la antigua sede del TOP, ahora Tribunal Supremo, en Madrid, describen a Público cómo fueron sus detenciones. “Yo caí detenido como activista en abril de 1968, antes incluso del mayo francés, por acudir a desactivar un artefacto que la organización había decidido poner en la delegación de uno de los aparatos de propaganda franquista más importante de entonces, que era el periódico El correo español. Fui a desactivarlo para evitar que hiriera a alguna persona que pudiera pasar y me explotó en el morro. Me quedé malherido y en coma. Por eso evité las torturas de la comisaría”, describe Ibargutxi.

“La trampa de la Transición fue que el sistema perduró”, opina Puig
Cuando recuperó sus facultades, Josu fue sometido a los temidos interrogatorios. “Como no cantaba todo lo que querían, me amenazaban con hacerme pasar por las manos de Melitón Manzanas, el temido torturador franquista, que en agosto la organización decidió ejecutar”, recuerda. El Gobierno de José María Aznar condecoró en 2001 a Manzanas con la Medalla de Oro al Mérito Civil.

El grado de las palizas dependía del momento de la detención. Valentín García, de 68 años, fue detenido el 29 de enero de 1969, en pleno estado de excepción por la muerte días antes del estudiante antifranquista Enrique Ruano. “Estuve 15 días detenido e incomunicado. Me ataban a la silla y me desnudaban por el efecto psicológico. Me pegaron noche y día, aunque ni me acuerdo de qué horas eran”, recuerda.

Los expresos del tardofranquismo se reconocen a sí mismos como una organización huérfana de padres políticos. El PSOE apenas contó con presos en la Transición y el PCE “se olvidó de los suyos”, como destaca Galante. “La frase que define ese olvido es la de Santiago Carrillo cuando dice que el PCE ya ha enterrado a sus muertos”, explica (Marcelino Camacho aseguró en 1977 que el PCE había “enterrado sus muertos y sus rencores”). “¡Con todos los que todavía tienen desaparecidos en cunetas!”, exclama Guesalaga.

Aznar condecoró al torturador Manzanas en 2001 como víctima de ETA

Tres décadas después de la Ley de Amnistía, los expresos se preguntan por qué no la han debatido hasta ahora. “Cuando salimos, pensábamos en el futuro. Éramos gente joven, nuestra generación no es la que vivió la guerra y teníamos muchos proyectos por hacer. El objetivo era derrocar a la dictadura. Queríamos romper con el sistema y transformarlo. Buscábamos la emancipación social. La Transición fue una trampa que hizo perdurar el sistema”, analiza Acacio Puig, de 63 años, exmilitante de la Liga Comunista Revolucionaria.
Puig pide un té y sonríe a Chato al recordar sus tiempos entre rejas. ”Tomábamos siempre té. Era como un ritual”, recuerda de sus días en Carabanchel. Acacio cayó en 1973 en un piso de Vallecas donde su organización tenía un almacén de propaganda electoral. Tras pasar por los calabozos de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, tuvo un juicio militar. “Me metieron 13 años por asociación ilícita, propaganda ilegal y añadieron terrorismo porque les interesaba por haber sido un juicio militar”, concluye.

Si hay algún personaje de los calabozos que todos recuerdan es Saturnino Yagüe, jefe de la Brigada Político Social, excombatiente de la División Azul que falleció en 1978 después de haber recibido una medalla al mérito policial, entre otras condecoraciones. “Fue el que refinó las torturas. Hasta entonces eran muy borricos y este refina los métodos”, añade Puig.

“Yagüe refinó las torturas en la Brigada Político-Social”, dice un ex preso.


Perfil del funcionario
“El perfil del jefe de las prisiones cambia. Ya no son gente acostumbrada a sacar a fusilar cada día a un puñado de presos. A partir de los setenta saben que no se puede hacer eso. Por ejemplo, el jefe de la prisión en Segovia nos permitía tener equipos de música. Bueno, y además, con tal de que no hiciéramos ruido, nos dejaba en paz hasta tal punto de que preparamos dos fugas consecutivas”, apunta Chato. “Nuestra gran reclamación era el estatuto del preso político. Nunca lo conseguimos, pero éramos tratados como presos políticos”, matiza Ibargutxi.

Con un proceso de anulación de una sentencia, los expresos aspirarían a tirar de la manta de miembros de la brigada político social, guardias civiles o incluso de jefes de prisiones. Acacio apunta a alguno de esos funcionarios de prisiones como represores: “Javier Cabezudo Hernández, director de Carabanchel, José Manuel de la Fuente, de Soria, Antonio Rodríguez Alonso, del Puerto de Santamaría, o Prudencio de la Fuente, de Burgos”.
“El PSOE no tenía presos y el PCE se olvidó de ellos”, denuncia Chato

Todos coinciden en señalar que las peores experiencias que se vivieron en las cárceles fueron sufridas por los jóvenes. “Éramos unos 15 presos políticos de menos de 20 años. Nos juntaron con el resto de presos comunes que nos hicieron la vida imposible dirigidos por los funcionarios. No podíamos mantener ni la comida por la mafias que se formaban. Cómo sería que, cuando me trasladaron al módulo de adultos, creía que eso era la libertad”, recuerda Ramiro, ex del reformatorio de Carabanchel.

El IES Luis Vives denuncia graves amenazas de España 2000

Fuentes del centro dicen a VilaWeb que los han llamado para avisar: ‘El trabajo inacabada en la comisaría lo acabaremos nosotros fuera’
Fuentes del profesorado del IES Luis Vives de Valencia ha informado a VilaWeb que las últimas horas han recibido amenazas serias del grupúsculo de ultraderecha España 2000. Varias llamadas de miembros del grupo anuncian que el trabajo inacabada en las comisarías de la policía española la acabarán ellos en la calle.
Según ha explicado el portavoz del instituto a las movilizaciones, Josep Manel Vert, miembros de España 2000 han realizado dos llamadas telefónicas al centro amenazando padres, alumnos y profesores con apalearlos .’
Han dicho que vendrían grupos, que acabarían con el trabajo que no había terminado la policía nacional y que apaleaban a cualquiera, que vendrían con muchos coches’, ha denunciado Vert, que también es miembro de la asociación de padres del instituto .
Los miembros de España 2000 han hablado ‘con prepotencia y descaradamente’, afirmó Vert, que ha avanzado que el instituto ha decidido denunciar las amenazas a la policía y hacerlo público a los medios de comunicación.
Llamamiento a la precaución
Los responsables del instituto han hecho correr la voz y avisaron a los alumnos ‘que vayan con mucho cuidado, que sean muy cuidadosos a la hora de manifestarse, que vayan juntos y que cuando deban refugiarse lo hagan dentro de las casas o en el instituto ‘. Hasta ahora no se tiene constancia de ningún tipo de agresión por parte de grupos de extrema derecha. ’De momento no ha pasado nada pero procuraremos ir con mucho cuidado’, indicó.
Impunidad de la extrema derecha en el País Valenciano
Vert ha asegurado que las amenazas y las agresiones por parte de grupúsculos de extrema derecha ‘son habituales’ en el País Valenciano y ha denunciado que aquí hay demasiada impunidad en el ámbito ultraderechista, hay impunidad total ‘. Por ello, dijo, ‘pensamos que son muy capaces de llevar a la práctica las agresiones porque están muy crecidos, son gente muy chulesca’.
Vert ha condenado las cargas policiales contra estudiantes y ha calificado de ‘bestia’ la actuación policial y de ‘gamberros sin escrúpulos’ los responsables de las cargas. En este sentido, el portavoz, que es padre de dos alumnos del Luis Vives, ha revelado que ‘en la puerta del hospital había un policía pidiendo el certificado médico y rompiéndolo’.
Tras las cargas policiales del lunes, varios testigos denunciaron la presencia de miembros del grupo ultraderechista provocando los estudiantes desde detrás de las filas de la policía. De hecho, Antonio Moreno Piquer, jefe de la policía española en el País Valenciano, hizo lunes unas declaraciones que causaron sorpresa e indignación, pues trató los estudiantes que se manifestaban de enemigos.
Según el semanario Directa, Moreno Piquer nunca ha escondido su afinidad con, jefe de España 2000, uno de los responsables de la asociación de proxenetas más grande del estado español y presidente de la empresa Levantina de Seguridad.
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"Campaña de agitación antifascista"
Desde la web de "España 2000" niegan hoy las amenazas: "Ni la dirección de España 2000 ni ninguno de sus militantes han realizado jamás llamadas amenazadoras a profesores del Instituto Luis Vives. En tanto que partido que respeta la legislación y en tanto que partido que se encuentra en fase de crecimiento, toda la militancia es perfectamente consciente de que el camino en el que estamos comprometidos no es ni el de las amenazas, las coacciones o la violencia".
Y también aprovechan para añadir "que la presencia de 6.000.000 de inmigrantes ha contribuido a estancar los salarios, aumentar el problema del paro y la saturación de los servicios y que la única solución es la repatriación de los excedentes de inmigración" y llamar a PP-PSOE-CiU-PNV "la banda de los cuatro, responsable de la actual situación de caos que estamos viviendo".
Por último, anuncian "medidas judiciales contra quienes hayan difundido o sigan difundiendo informaciones que nos impliquen en episodios de violencia, amenazas o informaciones deliberadamente falsas".

La pista de gel de la plaça Catalunya és propietat dels hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975.

Ni cost zero per a l'administració, ni dinamització del comerços del centre de la ciutat. La temporada inaugural de la pista de gel de la plaça Catalunya de Barcelona es tancarà diumenge amb un rotund fracàs, malgrat que el relatiu èxit de públic -unes 100.000 persones, el 70% de les quals són turistes han passat per la instal·lació- ha provocat que la Fundació Barcelona Comerç vulgui repetir l'experiència en els propers anys. L'empresa que l'ha instal·lat, N-Ice Skating, és propietat de Matrust SL, una companyia que pertany a la família Masó Rahola. Els Masó Rahola són els hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975.

La pista de gel, de 1.200 metres quadrats, ha tingut un cost d'entre 700.000 i un milió d'euros, i un mínim del 5% del pressupost no s'arribarà a cobrir, malgrat que des del consistori encapçalat per Xavier Trias (CiU) s'havia assegurat que no suposaria cap cost per a les arques municipals, ja que comptaven a atreure diversos patrocinadors. A l'hora de la veritat, però, les grans empreses han donat l'esquena a una instal·lació que només comptava amb petits cartells, molt discrets, de Damm, Coca-Cola, La Caixa i Nocilla, a banda d'ensenyes de les societats que s'han lucrat amb la pista. I és que la previsió era cobrir el 30% del pressupost amb patrocinis privats, però aquesta partida tot just assolirà el 10%.

La Fundació Barcelona Comerç, una entitat que aplega 16 eixos comercials de la ciutat i que té 10.000 comerços associats, va ser la impulsora de la instal·lació de la pista, amb l'argument que serviria per reactivar les vendes dels comerços del centre de la ciutat. La realitat, però, no ha estat aquesta i les previsions apunten que les vendes només s'incrementeran entre l'1% i el 2% amb relació a la temporada passada, que va ser molt dolenta.

Malgrat tot, Salvador Albuixech, el presidennt de l'esmentada fundació, aposta perquè l'any vinent siguin els comerços de l'entitat els que patrocinin la pista. La Fundació Barcelona Comerç s'ha convertit en un lobby molt influent en l'actual alcalde, fet que no sorprén si tenim en compte que Albuixech és president de l'Associació de Comerciants de Sant Gervasi i de l'eix Galvany Comerç i, per tant, és veí de Trias, que resideix a Galvany des de fa una pila d'anys.

Allau de crítiques

A l'hora de valorar els costos de la pista de gel, l'administració obvia el cost energètic i mediambiental d'una instal·lació que, en una zona com Barcelona, difícilment és sostenible. La Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) ha estat una de les entitats que més l'ha criticat i va apuntar fa diverses setmanes que difícilment serviria per dinamitzar el comerç de proximitat tenint en compte que al voltant de plaça Catalunya "només hi ha grans superfícies comercials".

La pista de gel també ha estat escenari d'accions de protestes del moviment 15-M, que van apuntar que la seva instal·lació responia precisament a la voluntat d'evitar accions reivindicatives al centre de la ciutat durant el període nadalenc. Els indignats han realitzat un parell d'accions a la pista de gel, fet que va portar els seus promotors a incrementar la seguretat privada i, per tant, el cost de la pista.

Negoci per a la família d'un exalcalde franquista


Una de les dades que més ha passat desapercebudes al voltant de la pista de gel és que l'empresa que l'ha instal·lat, N-Ice Skating, és propietat de Matrust SL, una companyia que pertany a la família Masó Rahola. Els Masó Rahola són els hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975. Masó, que va construir un imperi empresarial durant la dicatura, va veure's forçat a dimitir abans de la mort de Franco per negar-se a assignar en un ple 50 milions de pessetes a l'ensenyament de la llengua i cultura catalanes. 

El Partido Comunista de Alemania y la clase obrera contra Hitler


El Partido Comunista de Alemania y la clase obrera contra Hitler: una lucha antifascista heroica que es imprescindible recuperar.

Análisis del artículo Nazismo y clase obrera de Sergio Bologna

Albert Escusa

En el cuerpo de los regímenes burgueses y liberales anida en estado latente la larva del fascismo que pugna por salir cuando la piel “democrática” se descompone. La lucha heroica del Partido Comunista de Alemania (KPD) y de la clase obrera alemana contra Hitler nos ofrece experiencias dignas de tener en cuenta a día de hoy, cuando la oligarquía muestra con un descaro creciente su rostro reaccionario y fascistoide frente a las movilizaciones populares y la crisis capitalista mundial.

El Partido Comunista fue indiscutiblemente la fuerza motriz que impulsó la heroica y silenciada resistencia de la clase obrera alemana ante el peligro nazi durante la República de Weimar, régimen que existió desde el fin de la I Guerra Mundial hasta el ascenso de Hitler al poder (1919-1933). Esta es una de las conclusiones que se extrae del imprescindible artículo de Sergio Bologna, Nazismo y clase obrera (1933-1993) (1); la otra, es que el término «socialfascista» aplicado al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) no era el fruto de un descabellado análisis extremista, sino que describía fielmente los vínculos orgánicos que una parte dominante del aparato del partido socialdemócrata tejió con los sectores más reaccionarios del Estado, la policía y el ejército: para la dirigencia socialdemócrata –y en esto fueron imitados por socialdemócratas de otros países como Bélgica–, la amenaza que se debía combatir no era el nazismo, sino el «extremismo» encarnado por el KPD y algunos grupos anarquistas. Por ello promovió una política que llevó a la fusión de sectores del SPD con el aparato estatal, con el objetivo de controlar y reprimir a la clase obrera. Una parte de los militantes del SPD que también se enfrentaron a Hitler, fueron impotentes para cambiar la estrategia de represión anticomunista de su partido: ellos también formaron parte de listas de «personas a liquidar» por parte de las bandas terroristas nazis. Para hacerse una idea de lo que significa el terror fascista, hay que mencionar que sólo entre el 16 de junio y el 18 de julio de 1932, los nazis asesinaron a 99 personas e hirieron a 1125 (2).

Así, a pesar de que el KPD promovió desde 1931 una política de unidad antifascista con el KPD, la mayoría de dirigentes del SPD rechazó frontalmente establecer acuerdos con los comunistas. En 1932 Erns Thäelmann, dirigente del KPD en un discurso dirigido a los obreros socialdemócratas expresaba: «Nosotros, comunistas, sólo ponemos una condición a esta unidad: la condición de la lucha. Preguntad pues a vuestros dirigentes, camaradas socialdemócratas, ¿por qué hacen bajar sus armas a cuatro millones de trabajadores sindicados mientras que el fascismo baja por las calles?» (3) En cambio, la prensa socialdemócrata publicaba –con un lenguaje que no ha variado un ápice en siete décadas– llamamientos a la colaboración y a la paz social: «Los sindicatos saben que esta época de angustia exige sacrificios, pero el espíritu de una verdadera comunidad nacional pide repartir equitativamente las cargas inevitables» y llamamientos filonazis que pedían «restaurar a las masas el espacio vital que necesitan» (4). Pero los obreros socialdemócratas con conciencia de clase se inclinaban cada vez más hacia el KPD: si en las elecciones de 1928 el SPD obtuvo 9,1 millones de votos y el KPD 3,2 millones, en las de 1932 –realizadas bajo una atmósfera de terror, asesinatos, fraude electoral y amenazas de golpe de Estado– el SPD obtuvo 7,9 millones y el KPD ascendió a 5,2 millones de votos, muchos de ellos procedentes del SPD (5).

Esta fusión parcial del partido socialdemócrata con el Estado de Weimar generó una gran aparato administrativo estatal, regional y municipal servido por un ejército de funcionarios leales al SPD que fueron utilizados para reprimir a la clase obrera y exterminar a los comunistas cuando Hitler tomó el poder. Hay que destacar que la República de Weimar estuvo gobernada desde 1924 hasta 1929 por gobiernos de centro-izquierda, donde el partido socialdemócrata tenía un papel de primer orden. Desde 1930 hasta 1933 estuvo gobernada por coaliciones de centro-derecha, pero los socialdemócratas controlaban gobiernos regionales y municipios importantes, como el de Prusia y la ciudad de Berlín.


¿Los comunistas y la clase obrera culpables del nazismo?

Tradicionalmente se han impuesto dos interpretaciones sobre el ascenso del nazismo en Alemania: la primera, vinculada a medios de la extrema izquierda y al trotskismo, hace recaer la culpabilidad del triunfo de Hitler en los «errores y traiciones» de la Internacional Comunista y del KPD. La segunda –defendida por los sectores intelectuales dominantes– sugiere bien que el nazismo fue el “mal menor” frente a la Unión Soviética y la única salida posible frente a la crisis, o bien pone el acento en la «culpabilidad histórica» del pueblo alemán y de su clase obrera, que habrían tenido una actitud neutra, pasiva o incluso de abierta complicidad para favorecer el movimiento dirigido por Hitler.

Curiosamente fue Trotski uno de los primeros comentaristas que creó la «teoría de la pasividad», que responsabiliza a la clase obrera alemana del ascenso de Hitler al poder: el 14 de marzo de 1933 el futuro jefe de la IV Internacional escribía en La tragedia del proletariado alemán que «el proletariado más poderoso de Europa por su papel en la producción, su peso social y la fuerza de sus organizaciones, no ha opuesto ninguna resistencia a la llegada de Hitler al poder y a los primeros ataques violentos contra las organizaciones obreras» (6). Las opiniones de Trotski al respecto se analizan más abajo.
Pocas o ninguna de las opiniones que atacan la política de los comunistas en aquellos años o que responsabilizan a la clase obrera vienen acompañadas de investigaciones históricas documentadas y objetivas que respalden tales afirmaciones temerarias, ampliamente difundidas como verdades consagradas. Es por ello que, en este capítulo crucial de la historia del movimiento obrero, la aparición de investigaciones como Nazismo y clase obrera, de Sergio Bologna, constituyen un terremoto intelectual entre el pensamiento esclerotizado que impregna a una buena parte de la izquierda occidental desde hace décadas, un pensamiento que frecuentemente se ha limitado a repetir, con sus propias fórmulas y su lenguaje ideologizado, los mensajes de la intelectualidad burguesa y anticomunista sobre algunos aspectos claves de la historia del movimiento obrero y del socialismo histórico.

Bologna derriba todos los mitos forjados durante décadas mostrando una detallada historia del movimiento obrero alemán que no deja lugar a dudas sobre la resistencia de la inmensa mayoría de la clase obrera alemana contra el avance del nazismo. La investigación de archivos y los estudios modernos sobre el triunfo de Hitler demuestran que, a pesar de todos los instrumentos represivos y semidictatoriales del Estado alemán de Weimar contra la clase obrera, ésta mantuvo durante años una dura resistencia que llevó al país a un estado de guerra civil larvada.

Otra de las “verdades consagradas” que derriba el trabajo de Bologna, es el papel, tan descalificado, de los comunistas del KPD y su posición frente a Hitler en esos años: como se verá más adelante, el KPD estaba muy lejos de ser un partido irresponsable y aventurero, y era muy consciente del peligro del nazismo y de su naturaleza criminal. Por ello, y a pesar de sus errores –algunos de ellos graves, indudablemente, como sucede a cualquiera que interviene en política– se puso desde el primer momento a la cabeza de una lucha decidida y heroica, mientras que el Partido Socialdemócrata dominado por su fracción anticomunista, se mantuvo hasta el fin en una situación de abierta complicidad y simbiosis con el Estado alemán, utilizando los instrumentos represivos estatales no contra la burguesía alemana o contra los nazis, sino contra el KPD y otros sectores antifascistas más combativos, como algunos grupos anarquistas. Llegados a este punto hay que aclarar, para los que gusten de utilizar indiscriminadamente el calificativo de «estalinista» con el objetivo de sembrar prejuicios que impidan un estudio científico de la historia, que Sergio Bologna (como él mismo confiesa) no es comunista ni tampoco «estalinista», sino que por el contrario forma parte de la llamada «izquierda autónoma», antiestalinista, con lo cual está “vacunado” contra cualquier posible simpatía previa hacia el KPD.

Gracias a una acertada capacidad de síntesis de los estudios publicados y manejando una documentación abundante, el autor italiano ha conseguido con un estilo muy convincente, derribar importantes mitos del revisionismo histórico acerca del movimiento obrero: fue precisamente la gran combatividad y la resistencia heroica de la clase obrera lo que llevó a la gran burguesía alemana a buscar el apoyo de Hitler como “solución final”, que sólo se pudo imponer cuando la resistencia obrera se extinguió tras una década de grandes luchas, realizadas en unas condiciones de durísima represión, desempleo masivo y hambre. Veamos cuáles son los aspectos centrales del artículo de Bologna.

  1. Clase obrera y estructura empresarial

Una cuestión determinante para la organización y lucha de la clase obrera fue la estructura económica de Alemania, durante aquellos años dominada por la pequeña empresa. De los 18 millones de obreros que había en 1925, casi siete millones (un 34%), trabajaban en empresas de menos de diez trabajadores. Al final de la República, en 1930-33, en un contexto de paro masivo, había 14 millones y medio de obreros empleados, aproximadamente la mitad de ellos en pequeñas empresas, y un 16% eran obreros autónomos. Por ello, explica Bologna, «cuando hablamos de la clase obrera en el período final de Weimar, hablamos, pues, de una clase obrera ya muy atomizada, que vivía en un ambiente de fábrica fragmentado, pulverizado». Esa estructura productiva era muy similar a la que hoy existe en los países capitalistas occidentales, donde la inmensa mayoría de trabajadores están empleados en pequeñas empresas de menos de diez trabajadores.

Contrariamente a una creencia muy extendida, Bologna sugiere que la descentralización productiva alemana –siguiendo una tendencia contraria a la concentración en grandes fábricas que basaban la producción en cadenas de trabajo (fordismo)–, no era tanto una manifestación del atraso industrial de este país, sino más bien un aspecto de la “racionalización productiva” de la gran empresa –similar al proceso de subcontratación actual que transfiere actividad de una multinacional a un gran número de pequeñas y medianas empresas externas–, un proceso consciente y dirigido por la burguesía que perseguía mejorar la productividad y la competitividad mediante la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, y al mismo tiempo conseguir un máximo de control político y social sobre la clase obrera. Así, mientras que entre 1924 y 1928, la productividad en la industria se disparaba entre un 25 y un 30%, la clase obrera sufrió un descenso considerable de su nivel de vida al caer los salarios medios por debajo del nivel de 1923. Después de la Gran Depresión de 1929, el desempleo oficial aumentó de 4.115.000 desempleados en 1930 a 7.781.000 en 1933, cuando Hitler ya estaba en el poder; entre un 30 y un 37% de desempleados no cobraban ningún tipo de subsidio o ayuda estatal.

  1. El desempleo y la administración asistencial del Estado

A finales de la década de los veinte, la clase obrera se vio paralizada por el descomunal aumento del paro, que tuvo un doble efecto: por una parte debilitó cada vez más su acción política, y por otra provocó un crecimiento desmesurado de la administración y el funcionariado dedicado a la asistencia social, hasta tal punto que muchos obreros alemanes identificaron al Estado alemán con el rostro del funcionario de la agencia de desempleo. La función de esta estructura burocrática estatal –controlada por el partido socialdemócrata, muy influyente entre el funcionariado– fue especialmente perniciosa para la clase obrera al transformarse en una agencia de control policial sobre los desempleados: como consecuencia del aumento del desempleo y de la conflictividad social, la administración asistencial «pierde casi del todo su carácter de servicio social y se convierte cada vez más en un sistema policiaco suplementario respecto a las partes más débiles de la sociedad». Asimismo, con la excusa de combatir el déficit presupuestario, se establecieron políticas de división y enfrentamiento entre los desempleados, favoreciendo selectivamente a unos colectivos en detrimento de otros. Entre los perjudicados fueron las mujeres jóvenes y sin hijos, y los jóvenes menores de 21 años. Tras esta política se ocultaba la voluntad socialdemócrata de debilitar al KPD –cuyas bases militantes, formada por una mayoría de desempleados, dependían de las políticas oficiales de subsidio social– y al mismo tiempo impulsar la fragmentación y la impotencia política del proletariado: «los últimos gobiernos de Weimar (…) absolutamente conscientes del poder de control del aparato asistencial, usaron a los componentes del sistema del seguro obligatorio contra la desocupación, con gran cinismo y sin ningún tipo de escrúpulos con el fin de crear la máxima segmentación y atomización en el interior de la masa desocupada».

Pero la Gran Depresión provocó una avalancha de parados de larga duración que ya no tenían derecho a recibir prestación alguna por parte de la Oficina de Empleo, así que «los trabajadores se convirtieron en “pobres”, no sólo de hecho, sino también de derecho». El Estado transfirió a los gobiernos municipales la gestión de los subsidios, y a partir de entonces éstos fueron negociados por una administración que no tenía ni recursos financieros ni preparación profesional para ello. De esta manera, «abocando a los parados al sistema de asistencia municipal se formaba un ejército de personas que iban a pedir limosna a un funcionario que debía, muy a menudo basándose en impresiones subjetivas, juzgar sus necesidades.» Además, los subsidios se otorgaban en forma de créditos que eran de devolución obligatoria, con lo cual millones de personas quedaban irremisiblemente entrampadas al no poder devolver los créditos. Esa estructura asistencial fue la que aprovechó el régimen nazi para controlar más tarde a la clase obrera: «los parados sólo podían obtener el subsidio si conseguían convencer al funcionario encargado de la asistencia mediante una entrevista personal; así, se formó una masa de millones de personas coaccionables y, lo que fue más importante para el régimen nazi que vendría después, de millones de personas fichadas».

  1. Las políticas del KPD y del SPD hacia la clase obrera

Durante los años veinte, los grandes sindicatos socialdemócratas extraían su fuerza de las grandes empresas y de las empresas municipales «donde los acuerdos sindicales eran más o menos respetados». Pero en el vasto espacio de la microempresa, el control sobre la clase obrera y las relaciones de trabajo eran de tipo familiar y el sindicalismo estaba ausente. Al mismo tiempo, en todos estos años los sindicalistas del KPD y los delegados sindicales más combativos del SPD fueron despedidos implacablemente de las fábricas.

Otro de los puntos que merece destacarse de este repaso de la historia de Weimar, es el cuestionamiento del Partido Socialdemócrata como partido de la clase obrera, ya que éste se nutría, a finales de los años veinte, fundamentalmente de funcionarios y empleados públicos: cuando la Gran Depresión provocó la parálisis de la actividad sindical en las fábricas, el SPD pasó a concentrar su acción entre la policía y el ejército de funcionarios de las Administraciones locales y de la Administración asistencial y sanitaria dependiente del Ministerio de Trabajo, lo que le permitía a los socialdemócratas tener una estabilidad en la militancia (constituida por la aristocracia obrera, funcionarios y sectores sociales similares) y el acceso al control de grandes recursos públicos. Dado que el SPD tenía una militancia ligada a las actividades del Estado y con intereses muy diferenciados de la mayoría obrera, sus políticas tendían a confrontarse con las que propugnaba el KPD. Así, mientras que el SPD se identificaba con la burocracia del Estado y defendía a la República de Weimar como «Estado social» y «régimen democrático fruto de las conquistas de los trabajadores», el KPD, en cambio, «se veía constreñido a proponer a sus militantes jóvenes, parados, desarraigados, empobrecidos y desclasados, la utopía de la conquista del poder, es decir, de la destrucción del Estado weimariano y la instauración de la República de los Soviets».

Esto era debido a que después de la Gran Depresión de los veinte, las bases del KPD se caracterizaban por su juventud y por una fluctuación muy acusada de la militancia, debido a que el 80% de los comunistas eran jóvenes en busca del primer empleo o parados de larga duración. Por otra parte, la política de represión anticomunista sistemática contra los trabajadores y sindicalistas del KPD en las empresas, había debilitado sensiblemente la capacidad de influencia del partido en el seno de los trabajadores ocupados. Todo ello determinaba que, a pesar de los resultados electorales espectaculares del KPD en aquellos años, su influencia sobre la clase obrera en activo fuera muy indirecta. El KPD era un enorme partido obrero que carecía paradójicamente de poder sindical, de tal manera que se veía obligado a realizar su política fuera de las relaciones de producción y del mundo del trabajo, actuando «en terrenos “generales”, en campañas de masas tan ruidosas como abstractas, con la consecuencia de cargar excesivamente el lado “propagandístico”, “cultural”, “ideológico” y en definitiva electoralista de su acción». Mientras que las necesidades de la clase obrera eran muy concretas y elementales, la composición social de la militancia comunista y la represión implacable de la burguesía empujaban al KPD hacia la “ideologización” y a propuestas muy generales.

Para intentar combatir los efectos de la crisis entre la clase obrera, el KPD orientó su acción política a la defensa y conquista de derechos colectivos de los desempleados, tratando de que éstos mantuvieran una actitud digna y no cayeran en la trampa de la división: «el Partido Comunista, desde el momento en que el sistema de asistencia fue sancionado por ley, promovió la agitación y las movilizaciones entre los aspirantes a la asistencia, para que superasen con comportamientos colectivos las intenciones de dividirlos de la burocracia y no aceptasen presentarse con una actitud humilde, sino con la actitud de aquel que reivindica un derecho». Todo ello generó una gran conflictividad entre los funcionarios municipales –muchos de ellos militantes socialdemócratas- y los parados, con una infinidad de enfrentamientos, peleas y agresiones en las que tenía que intervenir habitualmente la policía.

En cambio, la estrategia de la socialdemocracia, que pasaba por integrar a la clase obrera en la República de Weimar, se derrumbaba estrepitosamente debido a que el Estado no podía garantizar unas mínimas prestaciones y la crisis imposibilitaba una política de paz social y de colaboración de clases: «la ligazón con un “Estado Social” sobre la cual tanto habían insistido la socialdemocracia y los sindicatos para fomentar así un sentido de ciudadanía entre la clase trabajadora y para inculcar de este modo fidelidad a las instituciones republicanas, se hacía añicos y este distanciamiento contribuía a un ulterior sentido de extrañamiento de la clase obrera, ahora sin trabajo, en sus relaciones con el Estado».

  1. La socialdemocracia prepara el terreno a los nazis

Otra de las cuestiones importantes que Bologna pone de relieve es la resistencia obrera organizada por el Partido Comunista en las zonas industriales y barrios obreros, y en otras organizaciones autónomas y anarquistas. Precisamente durante los últimos años de la República se vivió un clima de guerra civil larvada entre la clase obrera y sus organizaciones de un lado, y el gobierno central y los gobiernos regionales de otro, situación que, al no poder resolverse de forma favorable a la clase obrera, la aprovechó el partido nazi y sus organizaciones para canalizar el descontento.

A partir de la reconstrucción de la historia que ofrece Bologna, la tan criticada tesis de «socialfascismo», con la que la Internacional Comunista caracterizó a la socialdemocracia, en el caso alemán era una definición muy exacta, ya que el SPD construyó un poderoso y omnipresente sistema burocrático y policial empleado para disciplinar a la clase obrera y reprimir duramente las acciones del Partido Comunista y otros grupos de izquierdas. Este aparato administrativo y policial fue utilizado íntegramente por los nazis a partir de 1933 contra la clase obrera y todos los sectores antifascistas. Así pues, la llamada táctica de «clase contra clase» propugnada por la Internacional Comunista en 1928, en cuya aprobación tuvieron una influencia decisiva los dirigentes comunistas alemanes, respondía –aunque de forma desesperada y con una aplicación sectaria–, al hecho indiscutible de que la mayoría de los dirigentes del SPD estaban reprimiendo conscientemente a la clase obrera y allanaban el camino a los nazis.

Fue la concepción socialdemócrata del “Estado Social” y su defensa de las estructuras del reaccionario Estado burgués, especialmente las administraciones asistenciales, las que crearon las condiciones para que el futuro régimen nazi pudiera aplastar y dominar a la clase obrera, sin tener siquiera que crear instituciones propias: «el personal administrativo asistencial, en gran parte femenino, pasó sin traumas del gobierno socialdemócrata al gobierno nazi. Los nazis confirmaron a casi todo el personal asistencial y le pidieron que trabajase como antes, es decir, que continuase ejerciendo la función de vigilancia, control y fichaje. Y construyeron una estructura paralela de selección de marginados a partir de bases biológicas y raciales». El sistema asistencial socialdemócrata fue utilizado en la selección de aquellos individuos o grupos de desempleados que debían ser encarcelados o exterminados para mejorar la pureza social y racial: «una gran parte de los pobres y de los marginados fue calificada como “asocial” a partir de las informaciones recogidas por las oficinas de asistencia e incluida en las fichas personales, y, por tanto, encaminada a un proceso de selección que no fue solamente un proceso de selección racial, sino un proceso de selección social.»

De hecho, Bologna sostiene que los primeros campos de concentración (conocidos como “Lager”) fueron creados no para los judíos, sino para los trabajadores desamparados, llamados “antisociales” por los nazis: «los primeros campos de concentración, fueron las “casas de trabajo”, o sea, los hospicios donde estaban alojados los que a cambio del subsidio de asistencia tenían que prestar un servicio obligatorio. Fue allí donde nació el sistema de concentración nazi». En este caso, los nazis volvieron a aprovecharse de una ley aprobada en 1924, que estipulaba la obligatoriedad del trabajo forzoso. El 70% de los puestos de trabajo que se crearon bajo el régimen nazi estaban relacionados con la creación de grandes infraestructuras y obras públicas, en la que se empleó mano de obra forzada.

  1. La ruptura final entre el SPD y el KPD

Lo que nos permite visualizar la reconstrucción de la historia, es la imagen de unos dirigentes socialdemócratas muy conscientes de su papel de salvaguarda de un régimen alemán absolutamente decrépito y reaccionario. Por ello no es de extrañar que en la represión de la clase obrera revolucionaria tuvieron una elevada responsabilidad algunas figuras destacadas de la socialdemocracia –apoyándose en la política oficial de colaboración de clases del SPD–, como el primer ministro del gobierno regional de Prusia, Otto Braun, partidario de medidas dictatoriales contra la clase obrera, y el Ministro de Interior, que desde 1928 era socialdemócrata. Así, el SPD pudo controlar y reorganizar a las estructuras policiales y utilizarlas contra los obreros y los comunistas, mientras hacía la vista gorda ante los nazis, tensando la cuerda al límite.

La situación se agravó decisivamente el 1º de mayo de 1929 (que curiosamente no fue fiesta nacional hasta que Hitler la implantó demagógicamente en 1933). El jefe de la policía de Prusia, socialdemócrata, prohibió las manifestaciones públicas y sólo toleró las celebraciones en locales cerrados, pero esta orden sólo fue seguida por los sindicatos socialdemócratas. El KPD desafió a la policía y convocó una manifestación pública, amenazando con declarar una huelga general en caso de represión policial. Los archivos policiales consultados demuestran que la policía socialdemócrata organizó una provocación con fuerzas antidisturbios para reventar la manifestación, cargando contra los manifestantes comunistas pero también contra los obreros que salían de los actos convocados por los sindicatos socialdemócratas. El KPD convocó una huelga al día siguiente pero, pese a algunas presiones insistentes, no distribuyó armas a los obreros. En dos barrios de Berlín se levantaron barricadas que fueron atacadas por la policía con un saldo de treinta obreros muertos y cientos de detenidos. El ministro de Interior socialdemócrata aprovechó la ocasión para ilegalizar las organizaciones de masas del KPD, provocando la fractura definitiva entre socialdemócratas y comunistas.

Todo ello hace concluir a Bologna: «cuando se dice, por lo tanto, que la clase trabajadora no defendió adecuadamente la democracia republicana se debe tener en cuenta que esa democracia republicana significaba bien poco a los ojos del núcleo central de la fuerza de trabajo».

  1. El avance de Hitler hacia Berlín y la resistencia del KPD

En este contexto de descomposición social y crisis económica y política aguda, desde 1929 los nazis habían iniciado la conquista de Alemania a partir de las regiones meridionales como Baviera, avanzando en forma de tenaza hasta Berlín y su región periférica. Para la conquista de la capital utilizaron un discurso obrerista radical, empleando oradores demagogos y gentes sin escrúpulos que se presentaban como la extrema izquierda del partido para ganarse a las masas obreras berlinesas. Al mismo tiempo, iban sembrando el terror entre los militantes antifascistas con acciones criminales perpetradas por las escuadras paramilitares del partido nazi.

En la batalla por la capital –que duró tres años– se enfrentaron dos grandes figuras políticas: por una parte Walter Ulbricht, jefe de las organizaciones de autodefensa del KPD en Berlín, y futuro primer presidente de la República Democrática de Alemania y del Partido Socialista Unificado, y por otra Joseph Goebbels, especialista en medios de comunicación de masas y en manipulación social, enviado por Hitler para la conquista de la capital. Durante la batalla por Berlín se produjeron infinidad de enfrentamientos de calle entre los obreros organizados por el KPD o por organismos anarquistas y autónomos, y los nazis. La vanguardia obrera contra los nazis, además de los desempleados, estaba constituida por los estibadores, marineros y ferroviarios, mientras que los trabajadores del transporte estaban inclinados hacia los nazis. La resistencia obrera a la penetración nazi fue muy encarnizada, y se apoyaba en la existencia de una cultura obrera y en formas de vida social independientes, no controladas por la burguesía, arraigadas en una infinidad de organizaciones y asociaciones obreras, populares y comunistas entrelazadas y ramificadas, que llegaban a influir en los lugares más recónditos de la ciudad. Todo ello constituía un espacio de vida independiente que se consideraba exclusivo de la clase obrera y que era defendido gracias a una cultura de resistencia y de orgullo de clase, con la plena conciencia de saber quién era el enemigo.

El Partido Comunista fue la clave de la resistencia antinazi ya que era, con diferencia, la mayor organización que vertebraba estas redes obreras y populares. Además, el KPD contaba con organismos especializados, como una estructura paramilitar que agrupaba a gran cantidad de jóvenes, siendo su organización más importante el Grupo de Lucha contra el fascismo, que a finales de 1931 agrupaba a miles de jóvenes comunistas, 7.000 de ellos en Berlín. Además de ello, el partido contaba con escuadras de autodefensa y grupos que apoyaban a los vecinos amenazados de desahucio por no pagar el alquiler. También había puesto en pie una enorme organización de solidaridad, la Rote Hilfe (Socorro Rojo), que se encargaba de dar apoyo material a los desempleados, familias y personas sin recursos, y que fue muy importante para sostener económicamente muchas luchas, ya que las condiciones de vida de la mayoría de militantes que luchaban contra los nazis eran muy duras.

Al mismo tiempo, la Internacional Comunista había preconizado un cambio de táctica, el Frente Único, con el objetivo de recomponer la unidad obrera con las bases socialdemócratas y recuperar a los obreros influenciados por los nazis. Se establecieron algunos contactos preliminares con sectores socialdemócratas, y a además se condenaron las acciones de terrorismo individual, lo que provocó una crisis interna en el KPD que se resolvió con la separación de destacados dirigentes contrarios al cambio de táctica y al abandono de la violencia individual.

Mientras tanto se agudizaban las luchas de clases en las calles, particularmente en Berlín, que acabaron confluyendo en las tabernas. Las tabernas eran centros neurálgicos de la vida obrera, ya que allí se socializaban y se relacionaban los obreros desempleados (en 1933, el 63% de los jóvenes menores de 25 años de Berlín estaban desempleados) y también eran espacios de encuentro de los jóvenes comunistas. Los propietarios de las tabernas, por ello, sobrevivían a duras penas, así que cuando los nazis les ofrecieron ganancias garantizadas a cambio de cederles estos espacios para sus militantes, muchas tabernas se convirtieron en lugares desde donde los mercenarios nazis lanzaban acciones terroristas y trataban de influenciar a los obreros. El KPD decidió iniciar una campaña de recuperación de las tabernas a partir de «una serie sistemática de acciones de ataque contra las tabernas con parroquianos nazis. La nueva línea del Partido recomendaba introducir siempre la acción armada dentro de una lucha de masas para evitar el riesgo de practicar un contraterrorismo puro y simple». El KPD también impulsó campañas de huelga de alquileres para conseguir la expulsión de los nazis de los barrios obreros. Lamentablemente, las condiciones de vida del proletariado y el control ejercido sobre ellos por el Estado y la policía socialdemócrata, hacían cada vez más difíciles las luchas de masas, y su capacidad de resistencia se extinguió en las duras condiciones de vida. A pesar de su silencio por la historia oficial, el proletariado alemán y los comunistas del KPD, junto con otros grupos minoritarios, escribieron una de las páginas más heroicas de la historia de la clase obrera:

«La conclusión que puede extraerse de estos fragmentos de la historia es que no es cierto que el proletariado alemán se rindiera sin combatir. Es verdad, en cambio, que su capacidad de resistencia se desgastó y consumió en los terribles años de la crisis. (…) Los años que precedieron a la toma del poder por Hitler son años de guerra civil encubierta. En las condiciones en las que se vieron constreñidos a resistir los adversarios del nazismo, difícilmente alguien habría podido hacer algo más o mejor».

Reflexiones finales

Hasta aquí el artículo de Sergio Bologna, imprescindible para comprender la actitud de la clase obrera alemana y las políticas del KPD y del SPD frente a Hitler. Veamos ahora dos reflexiones finales que podemos extraer del interesante análisis histórico de Bologna:

  1. Las críticas de Trotski a los comunistas alemanes y a la Internacional Comunista

Como hemos visto, la valoración de los hechos por parte de la extrema izquierda ha sido siempre muy condenatoria sobre el KPD y la Internacional Comunista, creando la leyenda negra de que el ascenso de Hitler al poder se debió a la política «miope» o «traicionera» de la «burocracia» –«burocracia» que se jugaba la vida en las calles y las cárceles– del KPD o del Komintern. Trotski, por ejemplo, en una Carta a un obrero alemán, fechada el 8 de diciembre de 1931, criticó al KPD por la política de enfrentamiento con la dirección del SPD: «Toda la desgracia viene porque la política del Comité central del Partido comunista alemán está basada, en parte conscientemente, en parte inconscientemente, sobre el reconocimiento del carácter inevitable de la victoria del fascismo. En efecto, en su llamada sobre el “frente único rojo”, publicado el 29 de noviembre, el Comité central del Partido comunista alemán parte de la idea que es imposible vencer al fascismo, sin haber vencido previamente a la socialdemocracia alemana» (7).

Pero cuando Trotski se quejaba de que los comunistas consideraban imprescindible la derrota previa del SPD para impedir el triunfo a los nazis, estaba realizando una valoración interesadamente unilateral de los hechos para poder desacreditar al KPD. En primer lugar, Trotski escondía en sus análisis un hecho fundamental: la persecución implacable a la que durante más de una década el aparato del SPD sometió a los comunistas, recurriendo a los organismos represivos del Estado y al uso de toda su influencia para expulsar a los comunistas de las empresas y los sindicatos. Como explica Bologna, el Partido Socialdemócrata «todavía a finales de 1932 se obstinaba en considerar el movimiento bolchevique como el peligro número uno para la llamada democracia weimariana». Trotski, incansable, aprovechaba cualquier ocasión para acusar al KPD nada menos que de capitular frente a los nazis. En 1931 escribía: «políticamente, la cuestión se pone así: ¿es posible hoy (…) a pesar de la presencia de la socialdemocracia, desgraciadamente muy poderosa todavía aunque debilitada, oponer una resistencia victoriosa al ataque del fascismo? El Comité central del Partido comunista alemán responde negativamente. En otros términos, Thaelmann [nota: dirigente del KPD] considera la victoria del fascismo como inevitable» (8).

Trotski, no contento con la derrota de la organización antifascista más importante y combativa, el KPD, acusaba fácilmente, a toro pasado, a los comunistas, el 12 de marzo de 1933, de haber «engañado a los obreros alemanes», mientras miles de comunistas y otros antifascistas se pudrían en las cárceles tras una de las luchas más heroicas de la historia del movimiento obrero. Para Trotski, la dura lucha del KPD contra los nazis y los que le allanaban el camino, no contaba. En su papel de fiscal de la historia, proseguía sus acusaciones contra el KPD como si nada hubiera sucedido, minimizando el terrorismo hitleriano y de la policía contra el Partido Comunista: «el estalinismo alemán está a punto de hundirse, no tanto bajo los golpes de los fascistas como a consecuencia de su propia descomposición interna. El desprecio de la vanguardia de los obreros alemanes hacia la burocracia que les ha engañado será tan grande que la consigna de “reforma” les parecerá falsa e irrisoria. Y tendrán razón. ¡Ha llegado la hora! Hay que plantear abiertamente el tema de la preparación para la fundación de un nuevo partido» (9).

Así pues, Trotski llamaba a «despreciar» –también lo hicieron los nazis– a quienes de forma más consecuente y organizada se estaban jugando la vida tanto contra los fascistas como contra la policía alemana. Ese «nuevo partido» trotskista jamás pasó de ser una ensoñación producida por una sobredosis de sectarismo de alguien que en el fondo parecía alegrarse de la victoria del nazismo para recabar argumentos contra sus enemigos políticos.

Finalmente, Trotski, después de haber atacado en 1931 al KPD por su política de enfrentamiento con los socialdemócratas, en 1933 los criticó duramente por lo contrario: así, en La tragedia del proletariado alemán, Trotski atacó duramente al KPD y a la IC por su política de acercamiento al SPD para intentar combatir unidos contra los nazis: «Los estalinistas toman acta y hacen suya la demanda hipócrita y diplomática de los reformistas, respecto a la así llamada “no agresión mutua”. Renegando de todas las tradiciones del marxismo y del bolchevismo, el Comité ejecutivo de la Internacional comunista recomienda a los Partidos comunistas, en caso de realización del frente único, de “renunciar a los ataques contra las organizaciones socialdemócratas durante la lucha común”» (10). Para Trotski, ahora era preferible el triunfo de los nazis que un acuerdo temporal con los socialdemócratas, sabiendo que éstos todavía eran capaces de influenciar a muchos obreros.

Para desgracia de Trotski, la reconstrucción de la historia –basada en documentos y no en especulaciones sin fundamento–, desmienten todas sus acusaciones gratuitas, ya que no hay ninguna duda sobre la determinación del KPD y de sus dirigentes de luchar hasta el fin contra el avance del fascismo, como explica nuevamente y sin prejuicios Sergio Bologna:
«Al reconocer el valor moral y político de la lucha de resistencia del proletariado alemán contra el terrorismo nazi, debemos recordar que el Partido Comunista fue la organización que con mayor determinación y de forma más radical condujo la lucha contra el avance del nacionalsocialismo, recurriendo a todos los medios posibles, incluso los ilegales. Aún encontrándome personalmente mucho más cercano a la formación cultural de Simone Weil que a la comunista (…) me parece necesario afirmar que su conmovedor y feroz juicio sobre la conducta del KPD no encuentra muchos fundamentos en la reconstrucción de los hechos a partir de los materiales de archivo».

  1. La clase obrera y la izquierda hoy

Gracias al artículo Nazismo y clase obrera, Sergio Bologna ha mostrado que la lucha de la clase obrera alemana y del KPD contra el avance del nazismo, constituyó una de las grandes luchas heroicas del movimiento obrero. No es de extrañar por ello que tal lucha haya sido borrada de la memoria histórica y haya tanto consenso en presentarla deformada y manipulada al extremo, desde la derecha hasta muchos representantes de la extrema izquierda. Tampoco fue por casualidad que el antifascismo y la depuración del nazismo se convirtieran en las principales señas de identidad de la República Democrática de Alemania, desde 1949 hasta su desaparición en 1990.

Pero sería un error obviar la gran capacidad de atracción que el nazismo tuvo para amplios sectores de la clase obrera: una vez suprimido el partido comunista, encarcelados o asesinados sus dirigentes y muchos de sus militantes, la propaganda nazi se ganó a amplias masas obreras con el mito de la «raza superior» y la «nación alemana», y consiguió que muchos obreros participaran de buen grado en las aventuras militares de Hitler, cosa que notaron durante la Segunda Guerra mundial en la Unión Soviética: en el año 1943, en una conversación privada con Dimitrov, el dirigente de la Internacional Comunista, cuando la guerra estaba muy avanzada y los alemanes empezaban a sufrir duras derrotas, Stalin expresó su perplejidad ante la actitud de los obreros alemanes: «Se diría que la mayoría de los obreros alemanes no tiene nada contra el hecho de pertenecer a la nación superior. La minoría está en contra, pero está desmoralizada. Los soldados alemanes todavía no se rinden en masa. Necesitan que el Ejército rojo les dé todavía algunas buenas lecciones para que el proceso de desmoralización comience» (11).

Este poder de atracción sigue siendo un peligro latente, como muestra la pasividad de la mayoría de la clase obrera occidental ante las agresiones imperialistas de sus gobiernos en el exterior, su apoyo al nacionalismo imperialista o la receptividad que tienen en algunos medios obreros los mensajes racistas y de extrema derecha, que se concretan en ascensos electorales de los partidos fascistas o reaccionarios muy preocupantes y que no se podrían explicar sin recurrir al fenómeno sociológico que afecta desde hace décadas a sectores importantes de trabajadores occidentales: la pérdida del internacionalismo y del referente de clase, y la permeabilidad ante el nacionalismo reaccionario y los mensajes de la extrema derecha. ¿A qué se debe este fenómeno?

Hoy la realidad que tenemos que afrontar en la Europa occidental desarrollada e imperialista es muy diferente de aquella Alemania de los años veinte y treinta. Ha desaparecido casi todo el rico entramado obrero y popular, nacido de la interrelación entre la clase obrera y sus organizaciones políticas y sindicales, y que separaba radicalmente como una muralla china al mundo burgués del mundo proletario. La clase obrera conocía cual era su papel real en la sociedad, tenía conciencia y orgullo de sí misma y sabía que la gran burguesía era su clase enemiga, la que había que combatir. Desgraciadamente, las transformaciones estructurales del capitalismo moderno, las claudicaciones ideológicas y las prácticas reformistas en la izquierda han convertido a casi todas aquellas formas de vida social obrera y popular en materia de arqueología industrial: hoy ya no existen los canales que intercomunicaban a la clase obrera con unos partidos de izquierdas que querían abiertamente acabar con el capitalismo e instaurar el socialismo. Esto explica la pérdida de conciencia de clase y la despolitización de los trabajadores, que en gran medida prefirieron considerarse a sí mismos como “clase media”, y optaron por el nacionalismo imperialista frente al internacionalismo proletario. Hoy, desorientados por la crisis capitalista y sin vínculos orgánicos con los partidos de izquierdas –que, con el lema «todos son iguales» son percibidos muchas veces como una parte más del sistema– son presa fácil de los partidos reaccionarios, de extrema derecha o fascistas.

Otra de las principales enseñanzas que hay que extraer de las luchas de clases en Alemania es analizar las causas de la debilidad del KPD en el mundo sindical y empresarial. Esta debilidad fue causada por condiciones objetivas, como la durísima represión anticomunista y la política semi dictatorial del SPD, y por condiciones subjetivas, como las reminiscencias de una actitud sectaria hacia el trabajo entre los grandes sindicatos (errores que surgieron con el nacimiento mismo de la Internacional Comunista en tiempos de Lenin), que se quiso solucionar con la creación de Sindicatos Rojos o “revolucionarios”. Esta opción no pudo evitar que los aparatos sindicales fueran controlados por los dirigentes anticomunistas y por la burocracia socialdemócrata de derechas, marginando al KPD de una acción efectiva entre los obreros que estaban empleados. Los Sindicatos Rojos, a pesar de tener un discurso extremista, proclamarse como “revolucionarios” y atacar duramente a los grandes sindicatos de masas, nunca pudieron influenciar a la mayoría de la clase obrera organizada, y acabaron extinguiéndose debido a su carácter cada vez más marginal. Finalmente, una vez suprimida la vanguardia revolucionaria y perseguidos los comunistas, las masas obreras desmoralizadas fueron presa fácil de la propaganda nazi, tal y como hoy son presa de la propaganda de la derecha reaccionaria en ausencia de un partido comunista fuerte que influya entre las masas.

Por otra parte, hoy es evidente que en los países imperialistas el fascismo (¿todavía?) no adopta las formas brutales de Hitler, Franco o Mussolini, y la gran burguesía prefiere un “fascismo blando”, mediático, televisivo o incluso con formas “democráticas”. Esto es debido a que la clase obrera occidental y las organizaciones de izquierda no representan una amenaza inminente para el dominio de la gran burguesía y sus privilegios de clase. No obstante, determinadas formas políticas pueden repetirse en la historia, así que no podemos excluir que en un futuro el fascismo clásico, terrorista, militarista, racista y anticomunista vuelva a tener un protagonismo histórico como opción a tener en cuenta por parte de un sector de la gran burguesía para defender sus privilegios y su dominio de clase. En este sentido, las políticas semi-dicatatoriales contra la clase obrera practicada por los diferentes gobiernos socialdemócratas en situaciones de crisis –sólo hay que mirar hacia Grecia– no difiere mucho de la empleada por el SPD, preparando el terreno a “soluciones” fascistas.

Por este motivo, la lección más importante del pasado que podemos extraer es que la existencia de un partido revolucionario o comunista –aunque adopte otro nombre o otras formas organizativas, lo importante es el contenido político real–, que no esconda su reivindicación del socialismo, que sea fuerte e influyente y arraigado entre los trabajadores, es la única garantía de la defensa decidida y consecuente de los intereses de la clase obrera y de una política antifascista y auténticamente democrática.

Precisamente quizás sea la pasividad asombrosa de la mayor parte de la izquierda política y sindical, así como la terrible desunión y dispersión ante la ofensiva de los capitalistas y financieros, lo que más nos diferencia de aquellos episodios históricos: si en los años de la República de Weimar, la izquierda verdadera –el KPD, grupos anarquistas y obreros socialdemócratas con conciencia de clase– estaban dispuestos a luchar contra la burguesía, a defender a la clase obrera y a promover la lucha de clases para llegar al socialismo –y no como hoy para conquistar un quimérico «capitalismo de rostro humano»–, hoy esto brilla por su ausencia. La mayoría de la izquierda occidental –a diferencia de América Latina y otros lugares– se encuentra en una actitud contemplativa o contemporizadora con el sistema político creado por la burguesía, a veces tolerante o cómplice de actitudes imperialistas, o bien sumida en debates ideologizados y alejados de los problemas de la clase obrera y con escasas ideas para salir del abismo político y poder presentarse como alternativa ante los obreros. No nos extrañemos pues de que el apoliticismo reine entre los trabajadores: si hoy hubiera un movimiento fascista de tipo clásico, probablemente triunfaría con un simple paseo militar. En ello tendría una gran parte de responsabilidad la izquierda por sus incapacidades, limitaciones y miserias propias.

Finalmente, el artículo de Sergio Bologna es muy importante porque derriba importantes mitos del anticomunismo de izquierdas, como fue el papel del Partido Comunista –y por extensión, de la Internacional Comunista– en la lucha contra el nazismo, mitos históricos que una gran parte de la izquierda actual ha ido abrazando alegremente para justificar su desmantelamiento ideológico y político, y sus vergonzosas renuncias. Todo ello nos coloca una vez más a los militantes de izquierdas ante la necesidad y la responsabilidad de estudiar la historia de forma debidamente documentada y no dejarnos llevar por los fáciles griteríos de determinadas corrientes políticas que, aunque han pasado a la historia como la máxima autoridad en la materia, en la práctica sólo podían aspirar a nutrirse de las derrotas de los que verdaderamente estaban jugándose la vida.

No está de más por ello, que este artículo finalice con un recuerdo al gran revolucionario comunista alemán Ernst Thaelmann, difamado por el tótem de la extrema izquierda, encarcelado en 1933 por los nazis y asesinado en 1944 en el campo de concentración de Buchenwald.

Notas

  1. Sergio Bologna: Nazismo y clase obrera (1933-1993). Colección Cuestiones de Antagonismo. Ediciones Akal, Madrid, 1999.
  2. Kurt Gossweiler: Hitler, l’irresistible ascensión? Les Editions Aden, Bruxelles, 2006, p.149.
  3. Idem, p. 150.
  4. Idem, p. 153.
  5. Idem, p. 30.
  6. Trotski: La tragedia del proletariado alemán.
http://www.marxists.org/francais/Trotski/oeuvres/1933/03/330314.htm
  1. Trotski: Carta a un obrero alemán.
http://www.marxists.org/francais/Trotski/oeuvres/1931/12/311208.html
  1. Idem.
  2. Trotski: Hace falta un nuevo partido en Alemania.
  1. Trotski: La tragedia del proletariado alemán.
  2. Dimitrov: Journal. Ed. Belin, p. 753.