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CONVOCATÒRIA PER LA CONDEMNA DEL COP D'ESTAT DEL 18 DE JULIOL DE 1936
María de los Llanos de Luna
dimissió!
En les últimes dates hem assistit
a diversos actes institucionals on s'ha posat de manifest la involució
política de la Constitució de 1978 i la recuperació i el manteniment de
valors i símbols històrics que ens retrotrauen de manera directa a la dictadura
franquista.
D'una banda, el sòrdid homenatge
als feixistes de la División Azul a Sant Andreu de la Barca, amb la
presència activa de Llanos de Luna, delegada del Govern a Barcelona i de
clares tendències d'extrema dreta, és un acte totalment reprovable i
impensable a la resta de països europeus, on es va viure la barbàrie de
l'horror nazi.
D'altra, el rebuig al Congrés,
amb els vots del PP i d'UPyD, de la proposta de condemna del cop d'estat
del 18 de Juliol de 1936, és una prova evident de la descomposició del
règim de 1978 que està posant de manifest les bases ideològiques de
l'actual majoria parlamentària, així com les contradiccions i renúncies
que es van produir durant el procés de la mal anomenada transició, que va
deixar intacta tota l'estructura sociopolítica de la dictadura.
En aquesta situació de crisi
total, que afecta de manera directa al model d'estat, a la pròpia
Prefectura del mateix i als diferents òrgans
institucionals, onstitucional, basat en la voluntat democràtica de la
ciutadania i la ruptura de l'herència anterior.
Això suposa la recuperació de la
Memòria Històrica, la condemna sense pal·liatius de la dictadura i dels seus
responsables, vius o morts, i per això ens sembla molt important el procés
iniciat per la jutge argentina amb les víctimes del franquisme i les
responsabilitats dels seus botxins.
A la Coordinadora 14 d'Abril de
Barcelona apostem per iniciar un ampli procés constituent des de baix i on
s'incorporin organitzacions polítiques, col·lectius i moviments socials i
sindicals, referents de la memòria històrica, al costat de ciutadans/es
independents, amb l'objectiu de sumar milers i milers de voluntats plurals cap
a un nou model d'estat federal i republicà, construït des de baix, capaç d'anar
teixint un ampli projecte de la majoria, en base a una democràcia radical i una
constitució socialment avançada, al servei i defensa dels drets de els
ciutadans.
Això és la III República.
Per tot això, reclamem la
dimissió de la delegada del Govern, María de los Llanos de Luna, i
convoquem a manifestar-nos el 18 de juliol de 2013 a les 19:30 a la seu de la
Delegació de Govern a Catalunya (Mallorca amb Roger de Lluria),
convidant a tots els ciutadans i ciutadanes a acudir amb la seva bandera
tricolor.
Homenaje a Andreu Nin en el Parlamento de Catalunya: Anticomunismo de izquierdas disfrazado de memoria histórica y revolución
José
Guillén
En
un acto institucional celebrado en el Parlamento de Cataluña y moderado por su
Presidenta, la dirigente de CiU Núria de Gispert, han rendido homenaje al
dirigente del POUM Andreu NIn, en el 76 aniversario de su misteriosa
desaparición cuando estaba siendo
trasladado, para ser juzgado por los sucesos de Mayo del 37.
A
dicho acto han asistido los
máximos dirigentes de EUiA, PCC y PSUC-viu junto con ICV, PSC, ERC, CC.OO.,
UGT, CGT y una variada representación de pequeños grupos de la izquierda
trotskista y anticomunista. En el homenaje han resonado los ecos del
anticomunismo de la guerra fría cuando ya se utilizó exhaustivamente la figura
de Andreu Nin y a su partido, el POUM, para desacreditar al PCE, al PSUC y a la
Unión Soviética.
Curiosamente,
a pesar de que el POUM y Andreu Nin han pasado a la historia como los
“verdaderos revolucionarios”, puros e intransigentes, que luchaban contra todas
las tendencias y expresiones políticas de la burguesía –entre las que ellos
incluían al PCE y el PSUC– el homenaje ha contado con la plena participación de
la burguesía nacionalista catalana (CiU, PSC y otros) patrocinadora
de graves recortes sociales y políticas salvajes neoliberales, y con el apoyo
de las instituciones y la prensa del sistema.
La
burguesía catalana reivindica a Nin para defender el capitalismo
En
el acto, la reaccionaria convergente Núria de Gispert se deshacía en halagos
hacia la figura de Andreu Nin: “un político notorio, un líder revolucionario y
un ciudadano comprometido”. La pregunta se nos viene a la cabeza ¿Es que se ha
vuelto la burguesía catalana “revolucionaria” o discípula del camino “marxista”
de Nin? Cómo, ¿Recortando los derechos sociales y laborales a los trabajadores?
¿Extendiendo la corrupción y la privatización por las tierras catalanas?
La
alta burguesía catalana mira hacia el pasado para mantener su sistema de
explotación en el futuro. Necesita ocultar su historia para eludir su
responsabilidad histórica en el genocidio franquista mezclando a las víctimas
con los verdugos y, con este homenaje anticomunista, volver a la eterna
cantinela que ambos bandos cometieron crímenes (igualando al fascismo con la
defensa de la democracia). El homenaje “revolucionario” magnifica la muerte de
Nin y oculta los crímenes cometidos por su facción (POUM y sectores extremistas
del anarquismo) para, en realidad, denigrar y criminalizar la memoria de los
antifascistas consecuentes, especialmente de los comunistas, que lucharon por
la democracia popular y la república, intentando alejar, el actual descontento
popular contra la crisis y el capitalismo, del marxismo y el socialismo.
Para
desviar a la clase obrera y al pueblo quieren restablecer el discurso de la
“reconciliación” de clases, como en la transición, regenerando su “consenso”
burgués desprestigiado por la crisis, sus corrupciones y recortes salvajes,
marchando todos juntos hacia una “segunda transición”, e incluso, formar un
frente común con sectores de la izquierda anticomunista para iniciar el camino
hacia una supuesta soberanía catalana, dictaminada desde Berlín y la Troika.
Nuria de Gispert lo expresaba con sus palabras: "Una mirada responsable y
serena a la tragedia de la Guerra Civil, de las víctimas y verdugos, nos ha de
llevar a constatar la necesidad de reconciliarnos con la historia, viviendo un
presente que hemos de mejorar con la aportación de todos en paz,
para vislumbrar horizontes de libertad y de justicia". Y ya
sabemos lo que significa paz, libertad y justicia para la burguesía
convergente.
¿Los
“herederos” del PSUC atacan su historia?
Merece
destacarse en este “revival” de la guerra fría la presencia de dos
organizaciones vinculadas con el PCE y herederas del PSUC histórico, el PCC y
el PSUC-viu, representados por sus dos secretarios generales, Joan Josep Nuet y
Alfred Clemente. Su presencia y su apoyo al homenaje comportan la ruptura del
hilo conductor que unía al PCE, al PSUC y al PCC con su historia más gloriosa:
la “República de Nuevo Tipo”, la alianza con la URSS, el Frente Popular, la
unidad antifascista y el Ejército Popular, justo las políticas que Andreu Nin y
el POUM atacaron agresivamente.
Superpuestas
a las causas reales de la desaparición y muerte de Andreu Nin, ya sea en
respuesta a órdenes directas de Stalin –a pesar de que los
anticomunistas le atribuyen su autoría todavía no se han hallado pruebas
concluyentes en ningún lugar– o de agentes dobles del NKVD soviético dirigido
por Alexander Orlov –curiosamente “exiliado” a los Estados Unidos tras el
suceso– que pretendía dañar la imagen de la República, de la URSS y de los
comunistas españoles, o si la desaparición de Nin obedece a cualquier otra
motivación diferente, encontramos un hecho fundamental: de haber triunfado el
alzamiento del POUM y sectores anarquistas en mayo de 1937 en Barcelona,
indiscutiblemente la suerte que habrían corrido los dirigentes del PSUC no
habría sido muy diferente de la de Nin. Joan Comorera, secretario general del
PSUC y Rodríguez Salas, ex dirigente del Bloc Obrer i Camperol que ingresó en
el PSUC sufrieron sendos atentados antes de mayo de 1937, y otros dirigentes
sindicales y políticos de este partido como Desideri Trillas, Roldán Cortada y
Sesé fueron asesinados por rivales políticos situados en el anticomunismo de
izquierdas.
La
Izquierda dogmática reivindica a Nin
De
haber ido las cosas de forma diferente, quizás hoy estaríamos preguntándonos
por la desaparición del secretario general del PSUC, y Nuet y Clemente, se
verían obligados a rendir homenaje a Joan Comorera en lugar de Andreu Nin. Pero
el diputado de la Izquierda Plural y líder del PCC, Joan Josep Nuet, así como
Alfred Clemente, han preferido eludir las circunstancias históricas de este
suceso, rompiendo de esta manera con los restos de la línea histórica del PCC y
del PSUC-viu. Nuet, por ejemplo, en una ardiente reivindicación de Nin afirma
que su legado «ha de ser recuperado» y hay que combatir «por una parte el
olvido del franquismo y la transición monárquica, y por otra de una parte de la
izquierda dogmática, en la cual el partido del que soy secretario general se ha
colocado en excesivas situaciones» (1). ¿Son conscientes los secretarios
generales del PCC y del PSUCviu que al asumir y reivindicar las posiciones
representadas por Andreu Nin y el POUM participan en la defenestración y revisión
histórica burguesa de los militantes, del PSUC-PCE, que defendieron la
República? ¿Cómo pueden llevar a sus organizaciones políticas hacia el
lobby del anticomunismo de izquierdas? Cuando asumen las posiciones
representadas por Andreu Nin y el POUM se enfrentan al todo lo que significó el
PSUC: la unidad de los comunistas, la comprensión de la cuestión nacional, el
Frente Popular, la defensa de la República y la política antifascista e
internacionalista practicada por la Unión Soviética y la Internacional
Comunista.
¿Sectarismo
del PSUC?
Para
conocer las circunstancias de los conflictos en la retaguardia republicana es
preciso no olvidar el contexto histórico: se considera correcto culpabilizar al
PSUC por ser sectario y crear un clima de confrontación agresiva contra el
POUM, cuando las desavenencias políticas eran mutuas y venían de muy atrás
–antes de formarse ambos partidos- y éstas se vieron agudizadas por la guerra y
por la postura sectaria y maximalista que adoptó el POUM, frente a la política
de unidad antifascista amplia del PSUC en su estrategia de Revolución popular,
además de que el partido de Nin y sus milicias acogieron en su seno a numerosos
grupos de trotskistas e izquierdistas europeos que atacaban a la República y a
la URSS. Una lectura histórica mayoritaria y en algunos momentos de pensamiento
único –tal y como sucedió en los mejores años de la guerra fría anticomunista-,
utiliza el victimismo del POUM para silenciar el momento en el que las
víctimas políticas tenían el carnet del PSUC-UGT y ni siquiera se
menciona el tratamiento que el POUM daba al PSUC.
Nin
contra el PCE, el PSUC, el Frente Popular, la Generalitat y la República
No
se puede olvidar que Andreu Nin fue muy sincero y muy
explícito, por ejemplo, cuando en diciembre de 1936 calificaba al PCE y
al PSUC como «traidores y renegados del marxismo» y, en tono belicoso,
calificaba a sus dirigentes como «los falsos caudillos y los burócratas del
movimiento obrero [que] estarán al otro lado de la barricada» (2), se supone
que no para jugar al fútbol precisamente. En marzo de 1937 Nin se preguntaba
irónicamente qué diferencia había entre el PSUC y los políticos de la burguesía
(3), mientras que, tras los sucesos de mayo afirmaba desafiante que «la
conducta del Partido Comunista de España, y de su filial el PSUC, en Cataluña,
durante las jornadas de mayo, ha venido a demostrar que dichos partidos no
representan una simple tendencia reformista del movimiento obrero, sino que
constituyen la vanguardia y el instrumento de la contrarrevolución burguesa
(…). Los representantes del proletariado revolucionario y de los verdugos no
pueden sentarse a una misma mesa» (4).
¿Es este el «legado» que Nuet y
Clemente quieren recuperar de Andreu Nin?
Nuet
y Clemente seguramente también pensarán que Nin tenía razón cuando el dirigente
del POUM afirmaba en plena guerra civil y en un tono golpista: «exigimos y
propugnamos la disolución inmediata del Parlamento de la República y del
Parlamento catalán porque son formas de organización política completamente
superadas, que pertenecen al pasado» (5). No se puede olvidar tampoco que
durante las jornadas de mayo Julián Gorkín, número 2 del POUM, se reunió con
dirigentes de la CNT –que afortunadamente le negaron su apoyo– para ir a por
todas y acabar con el PSUC y el resto de fuerzas políticas y sindicales que
apoyaban a la Generalitat republicana. También Franco, la Falange, Hitler y
Mussolini pensaban que el parlamento de la República y el de Cataluña eran
instituciones superadas que debían desaparecer, y pusieron todo su empeño en
lograrlo, enviando sus hordas asesinas a arrasar las ciudades republicanas y
exterminar a los defensores del régimen popular, legítimo y democrático.
Asimismo,
Nuet y Clemente coincidirán con Nin que llamar a los obreros a combatir al lado
de la República es un crimen contrarrevolucionario puesto que «cuando se os
dice que lucháis por una república democrática, lo que se os dice es que os
preparéis para participar en la futura guerra imperialista (…). Hoy se han
formado ya dos grupos imperialistas. Inglaterra y Francia junto con la URSS
staliniana, contra el bloque de Alemania, Italia y el Japón» (6), y además «la
burocracia contrarrevolucionaria de Moscú –la URSS- quiere tener la seguridad
absoluta de controlar la política interna de nuestro país y los derroteros de
nuestra revolución» (7). Ya lo había dicho Franco: el glorioso alzamiento
nacional fue necesario para salvar a España de convertirse en una dictadura
comunista controlada por Moscú.
Quizás
también incluyen Nuet y Clemente incluyen en el legado a recuperar de Nin sus
análisis que destacan que «el Partido Comunista y el PSUC desempeñan el papel
de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, más peligrosos para la
revolución que la propia burguesía, por cuanto la etiqueta marxista con que se
adornan facilita su penetración en las filas proletarias» (7). Por lo tanto, la
consigna del momento queda clara para cualquier revolucionario consecuente:
combatir a muerte al PCE, al PSUC (¿y al PCC?) tal y como muestran
las enseñanzas de Nin e incluso con mucha más energía en la actualidad, dado
que hoy son organizaciones mucho más reformistas que en 1936-1937.
¿Donde
está hoy Nin, en Washington o en Berlín?
Finalmente,
como aplicación actual del legado sectario y dogmático de Nin, es de
suponer también que Nuet y Clemente serán consecuentes con las enseñanzas del
líder del POUM, que muestran que hay que combatir con igual energía a las
Repúblicas populares, al fascismo y al imperialismo.¿Harán suyas la ideas de
los grupos trotskistas y anticomunistas de América Latina que consideran que
Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa representan a una
burguesía contrarrevolucionaria e incluso a un instrumento del imperialismo
chino, burguesías –y sus aliados entre los partidos comunistas y de izquierdas-
a las que se debe combatir con tanta energía como a las oligarquías
dependientes del imperialismo yanqui?;y con la misma lógica de Nin, ¿Se
alinearán contra el socialismo cubano afirmando que está dirigido por «la
dictadura de los hermanos Castro» y que también debe ser combatido puesto que
representaría a la burocracia contrarrevolucionaria de La Habana que está
preparando la restauración capitalista? Seguramente los militantes, del
PCC y del PSUC viu, estarán ansiosos por conocer cómo sus organizaciones deben
aplicar a partir de ahora en política internacional el legado de Andreu Nin.
¿Y
Trillas, Cortada, Sesé o Comorera?
Es
curioso contemplar a estos dirigentes, deslumbrados al descubrir a Andreu Nin,
cuando critican gratuitamente a esa «izquierda dogmática» que defiende el
legado de la República, del Frente Popular, del PCE y del PSUC históricos,
antifascistas y revolucionarios, es decir, la política de unidad amplia para
vencer al fascismo y transformar la sociedad. Jamás han participado en
homenajes a militantes del PSUC como Desideri Trillas, Roldán Cortada y Sesé.
Al mismo tiempo, siguen manteniendo en el olvido y el silencio –e incluso a
veces aceptan la montaña de calumnias inventadas por Carrillo- a Joan
Comorera, fundador del PSUC y secretario general de un partido que consiguió
unir a todas las fuerzas patrióticas, republicanas y de izquierdas para
prolongar la resistencia antifascista: un dirigente que a riesgo de su vida se
enfrentó valientemente a la dictadura anarquista, y fue el que con más energía
trabajó para que la retaguardia catalana se recuperara y se uniera al esfuerzo
común en la defensa de la República.
Es lamentable que la memoria
histórica de los comunistas y otros antifascistas se haya sacrificado en el
altar de lo políticamente correcto, buscando una imagen mediática que
facilite la recaudación de votos entre sectores izquierdistas tradicionalmente
hostiles a las organizaciones dominantes en EUiA, sin perder el equilibrio con
el perfil institucional, reformista y nacionalista de esta organización.
Recuperar
la historia para construir el presente y conquistar el futuro
¿Cómo
es posible que los máximos dirigentes de EUiA, del PCC y el PSUC-viu no se den
cuenta de que la burguesía catalana, representada por CiU, PSC y otros, los
están utilizando para destruir el patrimonio revolucionario y la memoria
histórica de los comunistas y antifascistas que lucharon en defensa de la
republica al homenajear al anticomunista Andreu Nin? ¿Es esta es la “unidad”
que algunos preconizan? ¿La unidad con las fuerzas que representan a la
burguesía depredadora, corrupta, sionista y atlantista, esta vez, con el
argumento del anticomunismo de izquierdas? Triste panorama para una
mayoría de los militantes de estas organizaciones que cotidianamente se
esfuerzan y se sacrifican con la esperanza de conseguir una sociedad mejor. La
memoria histórica de comunistas, socialistas, republicanos y otros
antifascistas se merecen algo mejor. Recuperar el pasado, la heroica
historia de lucha, para construir el presente y conquistar un futuro de
democracia popular, republica y socialismo.
Notas:
(2)
Andreu Nin: La revolución española. Editorial Fontamara. Barcelona, 1978, p.
250.
(3)
Nin, p. 265.
(4)
Nin, p. 289.
(5)
Nin, p. 251.
(6)
Nin, p. 255.
(7)
Nin, p. 246.
(8)
Nin, p. 298.
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El Gobierno considera que la bandera republicana en un estadio “es una provocación”
El Gobierno ha justificado la multa propuesta para un ciudadano que
portaba una bandera republicana en un partido de la selección de
balonmano alegando que su actitud podía interpretarse como una
“provocación” a los aficionados españoles. Sin embargo, nada dice de las
cientos de banderas ultras, nazis y franquistas que cada semana se ven en los campos de futbol.
El suceso tuvo lugar el pasado mes de abril en un partido de las
selecciones de balonmano de España y Argelia celebrado en Alicante,
donde la Policía expulsó al portador de una bandera de la República, al
que se acabó abriendo expediente de sanción en virtud de la Ley contra
la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
El diputado de IU Ricardo Sixto preguntó a Interior en el Congreso por
este episodio denunciando que, en otro partido posterior, al mismo
portador de la bandera republicana se le vetó la entrada, se le trasladó
a un espacio vacío del Polideportivo y se le conminó a identificarse de
forma intimidatoria.
El Gobierno explica que el portador de la tricolor estaba en la
primera fila de la grada preferente, de forma aislada, ante cientos de
seguidores de la selección española que enarbolaban banderas
nacionalistas y animaban al equipo.
Aunque en un primer momento replegó la bandera tricolor, al rato el
ciudadano volvió a ondear la enseña republicana “con gran vehemencia”,
lo que según el Gobierno “provocó malestar entre
el resto de espectadores que animaban a la selección española”. En ese
contexto, se procedió a expulsarle, se le identificó y se le abrió
expediente de sanción.
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Joventuts Socialistes de Valladolid se suma a la querella interposada per la Justícia Argentina contra els crims del franquisme
Tot i que hagi de ser un tribunal estranger qui impartisca justícia sobre els assassinats de la dictadura franquista, els joves socialistes es declaren "satisfets i esperançats" amb que per fi els botxins se les vegin amb els tribunals per crims de lesa humanitat.
En els últims anys, l'aplicació del principi de Justícia Universal al nostre país ha donat lloc a processos judicials per crims de genocidi, terrorisme i tortures comesos a Argentina, Xile, Guatemala i El Salvador. Per Elena Pastor, secretària general del Joventuts Socialistes de Valladolid (JSE-Valladolid) "el processament de Pinochet per part del jutge Baltasar Garzón i el precedent creat sobre això, sobre la possibilitat que una persona acusada de crims contra la humanitat pugui ser jutjada en un altre Estat tot i haver ocupat un alt càrrec polític, fan que ens sentim orgullosos en defensar la Justícia com a garantia d'igualtat i memòria."
No obstant això, la gran assignatura pendent en aquest camp la teníem dins la nostra pròpia casa, ja que mai en aquest país es van investigar els crims comesos pel règim franquista a Espanya, i tots hem estat testimonis de les pressions i injúries a què s'han vist sotmesos els magistrats que fins ara han intentat aclarir aquesta etapa fosca del nostre passat recent.
Ara, la Justícia Argentina ha decidit que farà pels espanyols el que la nostra pròpia justícia no ha pogut: querellar-se contra els crims del franquisme, acabar amb la impunitat dels assassinats i les execucions sumaríssimes, i posar els botxins en el lloc que els correspon "a Joventuts Socialistes de Valladolid hem d'estar a l'altura del que la nostra història ens exigeix. Hem d'aprofitar aquesta oportunitat única de tornar la dignitat, d'una vegada per totes, a tants companys i familiars que van donar la vida per les que avui són les nostres idees ".
Traduït per Ciutadans per la República
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Els feixistes moldaus prohibeixen la falç i el martell, símbol del partit majoritari
El parlament de Moldàvia ha aprovat la prohibició del símbol comunista
del martell i la falç. Amb el vot a favor dels partits de l'Aliança
Europea, la prohibició s'ha el 12 de juliol amb 53 vots a favor, malgrat
els comunistes són la primera força del país, els vots dels quals són
gairebé els dels altres tres partits.
El Partit de l'Esquerra Europea ha condemnat els atacs a la democràcia a Moldàvia, contra la força majoritària d'aquest país, el Partit Comunista, els símbols identitaris del qual, la falç i el martell, són proscrits i penats per la llei juntament amb tota la simbologia comunista i d'esquerres.
Quan la Llei entri en vigor, el Partit Comunista no podrà fer propaganda amb el seu propi símbol. També es prohibeixen les banderes soviètiques en la celebració del 9 de maig (dia de la victòria de l'Exèrcit Soviètic contra els nazis). Els premis soviètics (descomptes en transport per a veterans de guerra etc) deixaran de tenir validesa.
El secretari general del Partit Comunista moldau, Vladimir Voronin, ha afirmat que la intenció de la Llei és l'eliminació electoral del seu partit i ha avançat que denunciaran la Llei davant el Tribunal Constitucional.
Cal afegir que dels 4 partits amb representació parlamentària, el Partit Comunista és el més votat, arribant la seva representació a ser gairebé com la de la suma dels altres 3 partits. Amb la caiguda de l'URSS el Partit Comunista va ser il·legalitzat, sent refundat el 1994. Aquell mateix any la dreta va intentar integrar a Romania però el poble en referèndum no ho autoritzà.
El 1998 el Partit Comunista fou el Partit més votat, però no aconsegí la majoria reforçada que necessita per governar. La resta de partits formaren un bloc anticomunista que trià govern. El 2001, el Partit Comunista guanyà àmpliament les eleccions, i fou elegit President Vladimir Voronin. El 2005 tornà a ser reelegit i continuà amb les reformes econòmiques. El 2009, els comunistes tornaren a guanyar les eleccions, però l'oposició surtí al carrer al més pur estil de la "revolució taronja". Part del parlament va ser pres i cremat, va ser un intent de cop d'Estat. Després d'aquests successos es repetiren les eleccions, però Voronin no aconseguí formar govern malgrat guanyar-les.
Des de novembre de 2010 fins finals de 2011, Moldàvia va estar sense govern, en no posar-se d'acord l'aliança anticomunista per triar-ne un. A finals de 2011, aconseguiren consensuar un candidat (totalment fora del termini constitucional) i triaren Timofti. Aquest és el govern que prohibeix la falç i el martell.
No és la primera vegada que posen importants traves i criminalitzen al comunisme moldau. En els últims 20 anys ha superat tota mena de persecucions i tot i així segueixen sent el partit més votat. L'actual govern no és legal, en tant que ha estat elegit sense complir escrupolosament la Llei. Els i les comunistes sortiran reforçats d'aquesta persecució, com ja van fer després de la seva prohibició el 1992.
Font:http://noticies.sirius.cat/2012/07/moldavia-prohibeix-la-falc-i-el-martell.html
El Partit de l'Esquerra Europea ha condemnat els atacs a la democràcia a Moldàvia, contra la força majoritària d'aquest país, el Partit Comunista, els símbols identitaris del qual, la falç i el martell, són proscrits i penats per la llei juntament amb tota la simbologia comunista i d'esquerres.
Quan la Llei entri en vigor, el Partit Comunista no podrà fer propaganda amb el seu propi símbol. També es prohibeixen les banderes soviètiques en la celebració del 9 de maig (dia de la victòria de l'Exèrcit Soviètic contra els nazis). Els premis soviètics (descomptes en transport per a veterans de guerra etc) deixaran de tenir validesa.
El secretari general del Partit Comunista moldau, Vladimir Voronin, ha afirmat que la intenció de la Llei és l'eliminació electoral del seu partit i ha avançat que denunciaran la Llei davant el Tribunal Constitucional.
Cal afegir que dels 4 partits amb representació parlamentària, el Partit Comunista és el més votat, arribant la seva representació a ser gairebé com la de la suma dels altres 3 partits. Amb la caiguda de l'URSS el Partit Comunista va ser il·legalitzat, sent refundat el 1994. Aquell mateix any la dreta va intentar integrar a Romania però el poble en referèndum no ho autoritzà.
El 1998 el Partit Comunista fou el Partit més votat, però no aconsegí la majoria reforçada que necessita per governar. La resta de partits formaren un bloc anticomunista que trià govern. El 2001, el Partit Comunista guanyà àmpliament les eleccions, i fou elegit President Vladimir Voronin. El 2005 tornà a ser reelegit i continuà amb les reformes econòmiques. El 2009, els comunistes tornaren a guanyar les eleccions, però l'oposició surtí al carrer al més pur estil de la "revolució taronja". Part del parlament va ser pres i cremat, va ser un intent de cop d'Estat. Després d'aquests successos es repetiren les eleccions, però Voronin no aconseguí formar govern malgrat guanyar-les.
Des de novembre de 2010 fins finals de 2011, Moldàvia va estar sense govern, en no posar-se d'acord l'aliança anticomunista per triar-ne un. A finals de 2011, aconseguiren consensuar un candidat (totalment fora del termini constitucional) i triaren Timofti. Aquest és el govern que prohibeix la falç i el martell.
No és la primera vegada que posen importants traves i criminalitzen al comunisme moldau. En els últims 20 anys ha superat tota mena de persecucions i tot i així segueixen sent el partit més votat. L'actual govern no és legal, en tant que ha estat elegit sense complir escrupolosament la Llei. Els i les comunistes sortiran reforçats d'aquesta persecució, com ja van fer després de la seva prohibició el 1992.
Font:http://noticies.sirius.cat/2012/07/moldavia-prohibeix-la-falc-i-el-martell.html
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Torturador y asesino. Condecorado por Aznar con la colavoración del PSOE
“Amenazaban con llevarte a manos de Melitón Manzanas”
DIEGO BARCALA
Tan sólo dos años después de la caída del muro de Berlín, el escritor alemán Georg Dreyman acude a los archivos de la Stasi, la poderosa policía secreta de la antigua RDA, a comprobar quién era el policía encargado de espiarle, qué escribió sobre él, qué sabía de su vida… La conocida escena pertenece a la película La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) y representa la ruptura con el pasado que España no hizo en su transición. Los expresos políticos españoles no sólo desconocen qué fue de sus informes policiales sino que los que ordenaron su elaboración, los utilizaron para condenarlos, los encarcelaron y hasta les torturaron siguieron en sus puestos o incluso fueron condecorados por el nuevo régimen democrático.
El próximo 21 de enero se presenta la asociación de expresos del franquismo La Comuna. Militantes de la Liga Comunista Revolucionaria, el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), el PCE o la prehistórica ETA VI Asamblea que reclaman la nulidad de sus juicios y sentencias como un hecho que va más allá de un simple reconocimiento moral a su lucha por la democracia. “Los tres presidentes que tuvo el TOP (Tribunal espacial de Orden Público o represión en vigor desde 1963 a 1977) se reintegraron en el Tribunal Supremo y los 11 jueces acabaron haciendo sus carreras en la Audiencia Nacional y en las Audiencias Provinciales”, ejemplifica José María Galante, militante de la Liga Comunista Revolucionaria que fue detenido cuatro veces entre 1968 y 1973.
“Los presidentes del TOP se reintegraron en el Supremo”, denuncia Galante Como asociación tienen un símbolo. No es otro que la desaparecida cárcel de Carabanchel, por donde pasaron miles de presos políticos y ahora mismo no hay una simple placa que los recuerde. “Hace tres años apareció por ahí Rubalcaba diciendo que corría mucha prisa construir sobre la cárcel. Y hoy sigue siendo un solar. Tenían mucha prisa por hacer desaparecer los muros”, explica Galante, conocido por todos como Chato.
Tan sólo dos años después de la caída del muro de Berlín, el escritor alemán Georg Dreyman acude a los archivos de la Stasi, la poderosa policía secreta de la antigua RDA, a comprobar quién era el policía encargado de espiarle, qué escribió sobre él, qué sabía de su vida… La conocida escena pertenece a la película La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) y representa la ruptura con el pasado que España no hizo en su transición. Los expresos políticos españoles no sólo desconocen qué fue de sus informes policiales sino que los que ordenaron su elaboración, los utilizaron para condenarlos, los encarcelaron y hasta les torturaron siguieron en sus puestos o incluso fueron condecorados por el nuevo régimen democrático.
El próximo 21 de enero se presenta la asociación de expresos del franquismo La Comuna. Militantes de la Liga Comunista Revolucionaria, el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), el PCE o la prehistórica ETA VI Asamblea que reclaman la nulidad de sus juicios y sentencias como un hecho que va más allá de un simple reconocimiento moral a su lucha por la democracia. “Los tres presidentes que tuvo el TOP (Tribunal espacial de Orden Público o represión en vigor desde 1963 a 1977) se reintegraron en el Tribunal Supremo y los 11 jueces acabaron haciendo sus carreras en la Audiencia Nacional y en las Audiencias Provinciales”, ejemplifica José María Galante, militante de la Liga Comunista Revolucionaria que fue detenido cuatro veces entre 1968 y 1973.
“Los presidentes del TOP se reintegraron en el Supremo”, denuncia Galante Como asociación tienen un símbolo. No es otro que la desaparecida cárcel de Carabanchel, por donde pasaron miles de presos políticos y ahora mismo no hay una simple placa que los recuerde. “Hace tres años apareció por ahí Rubalcaba diciendo que corría mucha prisa construir sobre la cárcel. Y hoy sigue siendo un solar. Tenían mucha prisa por hacer desaparecer los muros”, explica Galante, conocido por todos como Chato.
“Lo mejor es que en la puerta del edificio una pancarta dice: Bienvenidos”, recuerda sobre la sede de la Stasi de La vida de los otros Luis Roncero, de 69 años, exmilitante del FRAP y que pasó cuatro años detenido en la cárcel de Carabanchel. Miles de militantes antifranquistas como Roncero, condenados por los tribunales ilegales e ilegítimos durante los años sesenta y setenta, nunca han confiado en la Justicia española para reclamar responsabilidades por las tropelías franquistas. “Estamos encandilados con la querella de Argentina porque es la única vía donde puede haber justicia. Aquí ya sabemos que no la va a haber. Y ya se ha visto en casos como el de Grimau o Humberto Baena que se da por causa juzgada”, opina Galante.
Las torturas sufridas por esta generación de entonces jóvenes que heredaron de sus padres derrotados en la Guerra Civil la dignidad, el coraje y la persistencia han quedado impunes. “Yo caí en Santander y me libré de las palizas porque me pusieron contra un muro y me pegaron un tiro en la espalda que me atravesó los pulmones. Como le gustaba decir a Franco, no hay mal que por bien no venga”, ironiza el exmilitante de ETA de 68 años, Enrique Guesalaga.
“Me libré de las palizas porque me pegaron un tiro”, recuerda Guesalaga, “En mi pueblo, en Eibar, donde todo el mundo hablaba en euskera, te castigaban si lo hablabas y antes de cada partido de pelota en el frontón te hacían cantar el Cara al sol. Esa es nuestra generación”, explica Guesalaga, condenado en el proceso de Burgos a 50 años de prisión por un delito de terrorismo. Con la Ley de Amnistía de 1977 salió en libertad. “La gran trampa de la Transición”, califica a esta norma su compañero Josu Ibargutxi, de 62 años. “Por 800 presos que había entonces en las cárceles, consiguieron aprobar una ley de punto final”, añade Ibargutxi.
Detenido en coma
Una selección de expresos reunidos en un bar irlandés junto a la antigua sede del TOP, ahora Tribunal Supremo, en Madrid, describen a Público cómo fueron sus detenciones. “Yo caí detenido como activista en abril de 1968, antes incluso del mayo francés, por acudir a desactivar un artefacto que la organización había decidido poner en la delegación de uno de los aparatos de propaganda franquista más importante de entonces, que era el periódico El correo español. Fui a desactivarlo para evitar que hiriera a alguna persona que pudiera pasar y me explotó en el morro. Me quedé malherido y en coma. Por eso evité las torturas de la comisaría”, describe Ibargutxi.
“La trampa de la Transición fue que el sistema perduró”, opina Puig Cuando recuperó sus facultades, Josu fue sometido a los temidos interrogatorios. “Como no cantaba todo lo que querían, me amenazaban con hacerme pasar por las manos de Melitón Manzanas, el temido torturador franquista, que en agosto la organización decidió ejecutar”, recuerda. El Gobierno de José María Aznar condecoró en 2001 a Manzanas con la Medalla de Oro al Mérito Civil.
“La trampa de la Transición fue que el sistema perduró”, opina Puig Cuando recuperó sus facultades, Josu fue sometido a los temidos interrogatorios. “Como no cantaba todo lo que querían, me amenazaban con hacerme pasar por las manos de Melitón Manzanas, el temido torturador franquista, que en agosto la organización decidió ejecutar”, recuerda. El Gobierno de José María Aznar condecoró en 2001 a Manzanas con la Medalla de Oro al Mérito Civil.
El grado de las palizas dependía del momento de la detención. Valentín García, de 68 años, fue detenido el 29 de enero de 1969, en pleno estado de excepción por la muerte días antes del estudiante antifranquista Enrique Ruano. “Estuve 15 días detenido e incomunicado. Me ataban a la silla y me desnudaban por el efecto psicológico. Me pegaron noche y día, aunque ni me acuerdo de qué horas eran”, recuerda.
Los expresos del tardofranquismo se reconocen a sí mismos como una organización huérfana de padres políticos. El PSOE apenas contó con presos en la Transición y el PCE “se olvidó de los suyos”, como destaca Galante. “La frase que define ese olvido es la de Santiago Carrillo cuando dice que el PCE ya ha enterrado a sus muertos”, explica (Marcelino Camacho aseguró en 1977 que el PCE había “enterrado sus muertos y sus rencores”). “¡Con todos los que todavía tienen desaparecidos en cunetas!”, exclama Guesalaga.
Aznar condecoró al torturador Manzanas en 2001 como víctima de ETA
Tres décadas después de la Ley de Amnistía, los expresos se preguntan por qué no la han debatido hasta ahora. “Cuando salimos, pensábamos en el futuro. Éramos gente joven, nuestra generación no es la que vivió la guerra y teníamos muchos proyectos por hacer. El objetivo era derrocar a la dictadura. Queríamos romper con el sistema y transformarlo. Buscábamos la emancipación social. La Transición fue una trampa que hizo perdurar el sistema”, analiza Acacio Puig, de 63 años, exmilitante de la Liga Comunista Revolucionaria.
Puig pide un té y sonríe a Chato al recordar sus tiempos entre rejas. ”Tomábamos siempre té. Era como un ritual”, recuerda de sus días en Carabanchel. Acacio cayó en 1973 en un piso de Vallecas donde su organización tenía un almacén de propaganda electoral. Tras pasar por los calabozos de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, tuvo un juicio militar. “Me metieron 13 años por asociación ilícita, propaganda ilegal y añadieron terrorismo porque les interesaba por haber sido un juicio militar”, concluye.
Si hay algún personaje de los calabozos que todos recuerdan es Saturnino Yagüe, jefe de la Brigada Político Social, excombatiente de la División Azul que falleció en 1978 después de haber recibido una medalla al mérito policial, entre otras condecoraciones. “Fue el que refinó las torturas. Hasta entonces eran muy borricos y este refina los métodos”, añade Puig.
“Yagüe refinó las torturas en la Brigada Político-Social”, dice un ex preso.
Perfil del funcionario
“El perfil del jefe de las prisiones cambia. Ya no son gente acostumbrada a sacar a fusilar cada día a un puñado de presos. A partir de los setenta saben que no se puede hacer eso. Por ejemplo, el jefe de la prisión en Segovia nos permitía tener equipos de música. Bueno, y además, con tal de que no hiciéramos ruido, nos dejaba en paz hasta tal punto de que preparamos dos fugas consecutivas”, apunta Chato. “Nuestra gran reclamación era el estatuto del preso político. Nunca lo conseguimos, pero éramos tratados como presos políticos”, matiza Ibargutxi.
Con un proceso de anulación de una sentencia, los expresos aspirarían a tirar de la manta de miembros de la brigada político social, guardias civiles o incluso de jefes de prisiones. Acacio apunta a alguno de esos funcionarios de prisiones como represores: “Javier Cabezudo Hernández, director de Carabanchel, José Manuel de la Fuente, de Soria, Antonio Rodríguez Alonso, del Puerto de Santamaría, o Prudencio de la Fuente, de Burgos”.
“El PSOE no tenía presos y el PCE se olvidó de ellos”, denuncia Chato
Todos coinciden en señalar que las peores experiencias que se vivieron en las cárceles fueron sufridas por los jóvenes. “Éramos unos 15 presos políticos de menos de 20 años. Nos juntaron con el resto de presos comunes que nos hicieron la vida imposible dirigidos por los funcionarios. No podíamos mantener ni la comida por la mafias que se formaban. Cómo sería que, cuando me trasladaron al módulo de adultos, creía que eso era la libertad”, recuerda Ramiro, ex del reformatorio de Carabanchel.
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El IES Luis Vives denuncia graves amenazas de España 2000
Fuentes del centro dicen a VilaWeb que los han llamado para avisar:
‘El trabajo inacabada en la comisaría lo acabaremos nosotros fuera’
Fuentes del profesorado del IES Luis Vives de Valencia ha informado a
VilaWeb que las últimas horas han recibido amenazas serias del
grupúsculo de ultraderecha España 2000. Varias llamadas de miembros del
grupo anuncian que el trabajo inacabada en las comisarías de la policía
española la acabarán ellos en la calle.
Según ha explicado el portavoz del instituto a las movilizaciones,
Josep Manel Vert, miembros de España 2000 han realizado dos llamadas
telefónicas al centro amenazando padres, alumnos y profesores con
apalearlos .’
Han dicho que vendrían grupos, que acabarían con el trabajo que no
había terminado la policía nacional y que apaleaban a cualquiera, que
vendrían con muchos coches’, ha denunciado Vert, que también es miembro
de la asociación de padres del instituto .
Los miembros de España 2000 han hablado ‘con prepotencia y
descaradamente’, afirmó Vert, que ha avanzado que el instituto ha
decidido denunciar las amenazas a la policía y hacerlo público a los
medios de comunicación.
Llamamiento a la precaución
Los responsables del instituto han hecho correr la voz y avisaron a
los alumnos ‘que vayan con mucho cuidado, que sean muy cuidadosos a la
hora de manifestarse, que vayan juntos y que cuando deban refugiarse lo
hagan dentro de las casas o en el instituto ‘. Hasta ahora no se tiene
constancia de ningún tipo de agresión por parte de grupos de extrema
derecha. ’De momento no ha pasado nada pero procuraremos ir con mucho
cuidado’, indicó.
Impunidad de la extrema derecha en el País Valenciano
Vert ha asegurado que las amenazas y las agresiones por parte de
grupúsculos de extrema derecha ‘son habituales’ en el País Valenciano y
ha denunciado que aquí hay demasiada impunidad en el ámbito
ultraderechista, hay impunidad total ‘. Por ello, dijo, ‘pensamos que
son muy capaces de llevar a la práctica las agresiones porque están muy
crecidos, son gente muy chulesca’.
Vert ha condenado las cargas policiales contra estudiantes y ha
calificado de ‘bestia’ la actuación policial y de ‘gamberros sin
escrúpulos’ los responsables de las cargas. En este sentido, el
portavoz, que es padre de dos alumnos del Luis Vives, ha revelado que
‘en la puerta del hospital había un policía pidiendo el certificado
médico y rompiéndolo’.
Tras las cargas policiales del lunes, varios testigos denunciaron la
presencia de miembros del grupo ultraderechista provocando los
estudiantes desde detrás de las filas de la policía.
De hecho, Antonio Moreno Piquer, jefe de la policía española en el País
Valenciano, hizo lunes unas declaraciones que causaron sorpresa e
indignación, pues trató los estudiantes que se manifestaban de enemigos.
Según el semanario Directa, Moreno Piquer nunca ha escondido su
afinidad con, jefe de España 2000, uno de los responsables de la
asociación de proxenetas más grande del estado español y presidente de
la empresa Levantina de Seguridad.
"Campaña de agitación antifascista"
Desde la web de "España 2000" niegan hoy las amenazas:
"Ni la dirección de España 2000 ni ninguno de sus militantes han
realizado jamás llamadas amenazadoras a profesores del Instituto Luis
Vives. En tanto que partido que respeta la legislación y en tanto que
partido que se encuentra en fase de crecimiento, toda la militancia es
perfectamente consciente de que el camino en el que estamos
comprometidos no es ni el de las amenazas, las coacciones o la
violencia".
Y también aprovechan para añadir "que la presencia de 6.000.000 de
inmigrantes ha contribuido a estancar los salarios, aumentar el problema
del paro y la saturación de los servicios y que la única solución es la
repatriación de los excedentes de inmigración" y llamar a
PP-PSOE-CiU-PNV "la banda de los cuatro, responsable de la actual
situación de caos que estamos viviendo".
Por último, anuncian "medidas judiciales contra quienes hayan
difundido o sigan difundiendo informaciones que nos impliquen en
episodios de violencia, amenazas o informaciones deliberadamente
falsas".
La pista de gel de la plaça Catalunya és propietat dels hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975.
Ni cost zero per a l'administració, ni dinamització del comerços del
centre de la ciutat. La temporada inaugural de la pista de gel de la
plaça Catalunya de Barcelona es tancarà diumenge amb un rotund fracàs,
malgrat que el relatiu èxit de públic -unes 100.000 persones, el 70% de
les quals són turistes han passat per la instal·lació- ha provocat que
la Fundació Barcelona Comerç vulgui repetir l'experiència en els propers
anys. L'empresa que l'ha instal·lat, N-Ice Skating, és propietat de
Matrust SL, una companyia que pertany a la família Masó Rahola. Els Masó
Rahola són els hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona
de 1973 a 1975.
La pista de gel, de 1.200 metres quadrats, ha tingut un cost d'entre 700.000 i un milió d'euros, i un mínim del 5% del pressupost no s'arribarà a cobrir, malgrat que des del consistori encapçalat per Xavier Trias (CiU) s'havia assegurat que no suposaria cap cost per a les arques municipals, ja que comptaven a atreure diversos patrocinadors. A l'hora de la veritat, però, les grans empreses han donat l'esquena a una instal·lació que només comptava amb petits cartells, molt discrets, de Damm, Coca-Cola, La Caixa i Nocilla, a banda d'ensenyes de les societats que s'han lucrat amb la pista. I és que la previsió era cobrir el 30% del pressupost amb patrocinis privats, però aquesta partida tot just assolirà el 10%.
La Fundació Barcelona Comerç, una entitat que aplega 16 eixos comercials de la ciutat i que té 10.000 comerços associats, va ser la impulsora de la instal·lació de la pista, amb l'argument que serviria per reactivar les vendes dels comerços del centre de la ciutat. La realitat, però, no ha estat aquesta i les previsions apunten que les vendes només s'incrementeran entre l'1% i el 2% amb relació a la temporada passada, que va ser molt dolenta.
Malgrat tot, Salvador Albuixech, el presidennt de l'esmentada fundació, aposta perquè l'any vinent siguin els comerços de l'entitat els que patrocinin la pista. La Fundació Barcelona Comerç s'ha convertit en un lobby molt influent en l'actual alcalde, fet que no sorprén si tenim en compte que Albuixech és president de l'Associació de Comerciants de Sant Gervasi i de l'eix Galvany Comerç i, per tant, és veí de Trias, que resideix a Galvany des de fa una pila d'anys.
Allau de crítiques
A l'hora de valorar els costos de la pista de gel, l'administració obvia el cost energètic i mediambiental d'una instal·lació que, en una zona com Barcelona, difícilment és sostenible. La Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) ha estat una de les entitats que més l'ha criticat i va apuntar fa diverses setmanes que difícilment serviria per dinamitzar el comerç de proximitat tenint en compte que al voltant de plaça Catalunya "només hi ha grans superfícies comercials".
La pista de gel també ha estat escenari d'accions de protestes del moviment 15-M, que van apuntar que la seva instal·lació responia precisament a la voluntat d'evitar accions reivindicatives al centre de la ciutat durant el període nadalenc. Els indignats han realitzat un parell d'accions a la pista de gel, fet que va portar els seus promotors a incrementar la seguretat privada i, per tant, el cost de la pista.
Negoci per a la família d'un exalcalde franquista
Una de les dades que més ha passat desapercebudes al voltant de la pista de gel és que l'empresa que l'ha instal·lat, N-Ice Skating, és propietat de Matrust SL, una companyia que pertany a la família Masó Rahola. Els Masó Rahola són els hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975. Masó, que va construir un imperi empresarial durant la dicatura, va veure's forçat a dimitir abans de la mort de Franco per negar-se a assignar en un ple 50 milions de pessetes a l'ensenyament de la llengua i cultura catalanes.
La pista de gel, de 1.200 metres quadrats, ha tingut un cost d'entre 700.000 i un milió d'euros, i un mínim del 5% del pressupost no s'arribarà a cobrir, malgrat que des del consistori encapçalat per Xavier Trias (CiU) s'havia assegurat que no suposaria cap cost per a les arques municipals, ja que comptaven a atreure diversos patrocinadors. A l'hora de la veritat, però, les grans empreses han donat l'esquena a una instal·lació que només comptava amb petits cartells, molt discrets, de Damm, Coca-Cola, La Caixa i Nocilla, a banda d'ensenyes de les societats que s'han lucrat amb la pista. I és que la previsió era cobrir el 30% del pressupost amb patrocinis privats, però aquesta partida tot just assolirà el 10%.
La Fundació Barcelona Comerç, una entitat que aplega 16 eixos comercials de la ciutat i que té 10.000 comerços associats, va ser la impulsora de la instal·lació de la pista, amb l'argument que serviria per reactivar les vendes dels comerços del centre de la ciutat. La realitat, però, no ha estat aquesta i les previsions apunten que les vendes només s'incrementeran entre l'1% i el 2% amb relació a la temporada passada, que va ser molt dolenta.
Malgrat tot, Salvador Albuixech, el presidennt de l'esmentada fundació, aposta perquè l'any vinent siguin els comerços de l'entitat els que patrocinin la pista. La Fundació Barcelona Comerç s'ha convertit en un lobby molt influent en l'actual alcalde, fet que no sorprén si tenim en compte que Albuixech és president de l'Associació de Comerciants de Sant Gervasi i de l'eix Galvany Comerç i, per tant, és veí de Trias, que resideix a Galvany des de fa una pila d'anys.
Allau de crítiques
A l'hora de valorar els costos de la pista de gel, l'administració obvia el cost energètic i mediambiental d'una instal·lació que, en una zona com Barcelona, difícilment és sostenible. La Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) ha estat una de les entitats que més l'ha criticat i va apuntar fa diverses setmanes que difícilment serviria per dinamitzar el comerç de proximitat tenint en compte que al voltant de plaça Catalunya "només hi ha grans superfícies comercials".
La pista de gel també ha estat escenari d'accions de protestes del moviment 15-M, que van apuntar que la seva instal·lació responia precisament a la voluntat d'evitar accions reivindicatives al centre de la ciutat durant el període nadalenc. Els indignats han realitzat un parell d'accions a la pista de gel, fet que va portar els seus promotors a incrementar la seguretat privada i, per tant, el cost de la pista.
Negoci per a la família d'un exalcalde franquista
Una de les dades que més ha passat desapercebudes al voltant de la pista de gel és que l'empresa que l'ha instal·lat, N-Ice Skating, és propietat de Matrust SL, una companyia que pertany a la família Masó Rahola. Els Masó Rahola són els hereus d'Enrique Masó, alcalde franquista de Barcelona de 1973 a 1975. Masó, que va construir un imperi empresarial durant la dicatura, va veure's forçat a dimitir abans de la mort de Franco per negar-se a assignar en un ple 50 milions de pessetes a l'ensenyament de la llengua i cultura catalanes.
El Partido Comunista de Alemania y la clase obrera contra Hitler
El
Partido Comunista de Alemania y la clase obrera contra Hitler: una
lucha antifascista heroica que es imprescindible recuperar.
Análisis
del artículo Nazismo
y clase obrera de
Sergio Bologna
Albert
Escusa
En
el cuerpo de los regímenes burgueses y liberales anida en estado
latente la larva del fascismo que pugna por salir cuando la piel
“democrática” se descompone. La lucha heroica del Partido
Comunista de Alemania (KPD) y de la clase obrera alemana contra
Hitler nos ofrece experiencias dignas de tener en cuenta a día de
hoy, cuando la oligarquía muestra con un descaro creciente su rostro
reaccionario y fascistoide frente a las movilizaciones populares y la
crisis capitalista mundial.
El
Partido Comunista fue indiscutiblemente la fuerza motriz que impulsó
la heroica y silenciada resistencia de la clase obrera alemana ante
el peligro nazi durante la República de Weimar, régimen que existió
desde el fin de la I Guerra Mundial hasta el ascenso de Hitler al
poder (1919-1933). Esta es una de las conclusiones que se extrae del
imprescindible artículo de Sergio Bologna, Nazismo
y clase obrera (1933-1993)
(1); la otra, es que el término «socialfascista» aplicado al
Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) no era el fruto de un
descabellado análisis extremista, sino que describía fielmente los
vínculos orgánicos que una parte dominante del aparato del partido
socialdemócrata tejió con los sectores más reaccionarios del
Estado, la policía y el ejército: para la dirigencia
socialdemócrata –y en esto fueron imitados por socialdemócratas
de otros países como Bélgica–, la amenaza que se debía combatir
no era el nazismo, sino el «extremismo» encarnado por el KPD y
algunos grupos anarquistas. Por ello promovió una política que
llevó a la fusión de sectores del SPD con el aparato estatal, con
el objetivo de controlar y reprimir a la clase obrera. Una parte de
los militantes del SPD que también se enfrentaron a Hitler, fueron
impotentes para cambiar la estrategia de represión anticomunista de
su partido: ellos también formaron parte de listas de «personas a
liquidar» por parte de las bandas terroristas nazis. Para hacerse
una idea de lo que significa el terror fascista, hay que mencionar
que sólo entre el 16 de junio y el 18 de julio de 1932, los nazis
asesinaron a 99 personas e hirieron a 1125 (2).
Así,
a pesar de que el KPD promovió desde 1931 una política de unidad
antifascista con el KPD, la mayoría de dirigentes del SPD rechazó
frontalmente establecer acuerdos con los comunistas. En 1932 Erns
Thäelmann, dirigente del KPD en un discurso dirigido a los obreros
socialdemócratas expresaba: «Nosotros, comunistas, sólo ponemos
una condición a esta unidad: la condición de la lucha. Preguntad
pues a vuestros dirigentes, camaradas socialdemócratas, ¿por qué
hacen bajar sus armas a cuatro millones de trabajadores sindicados
mientras que el fascismo baja por las calles?» (3) En cambio, la
prensa socialdemócrata publicaba –con un lenguaje que no ha
variado un ápice en siete décadas– llamamientos a la colaboración
y a la paz social: «Los sindicatos saben que esta época de angustia
exige sacrificios, pero el espíritu de una verdadera comunidad
nacional pide repartir equitativamente las cargas inevitables» y
llamamientos filonazis que pedían «restaurar a las masas el espacio
vital que
necesitan» (4). Pero los obreros socialdemócratas con conciencia de
clase se inclinaban cada vez más hacia el KPD: si en las elecciones
de 1928 el SPD obtuvo 9,1 millones de votos y el KPD 3,2 millones, en
las de 1932 –realizadas bajo una atmósfera de terror, asesinatos,
fraude electoral y amenazas de golpe de Estado– el SPD obtuvo 7,9
millones y el KPD ascendió a 5,2 millones de votos, muchos de ellos
procedentes del SPD (5).
Esta
fusión parcial del partido socialdemócrata con el Estado de Weimar
generó una gran aparato administrativo estatal, regional y municipal
servido por un ejército de funcionarios leales al SPD que fueron
utilizados para reprimir a la clase obrera y exterminar a los
comunistas cuando Hitler tomó el poder. Hay que destacar que la
República de Weimar estuvo gobernada desde 1924 hasta 1929 por
gobiernos de centro-izquierda, donde el partido socialdemócrata
tenía un papel de primer orden. Desde 1930 hasta 1933 estuvo
gobernada por coaliciones de centro-derecha, pero los
socialdemócratas controlaban gobiernos regionales y municipios
importantes, como el de Prusia y la ciudad de Berlín.
¿Los
comunistas y la clase obrera culpables del nazismo?
Tradicionalmente
se han impuesto dos interpretaciones sobre el ascenso del nazismo en
Alemania: la primera, vinculada a medios de la extrema izquierda y al
trotskismo, hace recaer la culpabilidad del triunfo de Hitler en los
«errores y traiciones» de la Internacional Comunista y del KPD. La
segunda –defendida por los sectores intelectuales dominantes–
sugiere bien que el nazismo fue el “mal menor” frente a la Unión
Soviética y la única salida posible frente a la crisis, o bien pone
el acento en la «culpabilidad histórica» del pueblo alemán y de
su clase obrera, que habrían tenido una actitud neutra, pasiva o
incluso de abierta complicidad para favorecer el movimiento dirigido
por Hitler.
Curiosamente
fue Trotski uno de los primeros comentaristas que creó la «teoría
de la pasividad», que responsabiliza a la clase obrera alemana del
ascenso de Hitler al poder: el 14 de marzo de 1933 el futuro jefe de
la IV Internacional escribía en La
tragedia del proletariado alemán
que «el proletariado más poderoso de Europa por su papel en la
producción, su peso social y la fuerza de sus organizaciones, no ha
opuesto ninguna resistencia a la llegada de Hitler al poder y a los
primeros ataques violentos contra las organizaciones obreras» (6).
Las opiniones de Trotski al respecto se analizan más abajo.
Pocas
o ninguna de las opiniones que atacan la política de los comunistas
en aquellos años o que responsabilizan a la clase obrera vienen
acompañadas de investigaciones históricas documentadas y objetivas
que respalden tales afirmaciones temerarias, ampliamente difundidas
como verdades consagradas. Es por ello que, en este capítulo crucial
de la historia del movimiento obrero, la aparición de
investigaciones como Nazismo
y clase obrera,
de Sergio Bologna, constituyen un terremoto intelectual entre el
pensamiento esclerotizado que impregna a una buena parte de la
izquierda occidental desde hace décadas, un pensamiento que
frecuentemente se ha limitado a repetir, con sus propias fórmulas y
su lenguaje ideologizado, los mensajes de la intelectualidad burguesa
y anticomunista sobre algunos aspectos claves de la historia del
movimiento obrero y del socialismo histórico.
Bologna
derriba todos los mitos forjados durante décadas mostrando una
detallada historia del movimiento obrero alemán que no deja lugar a
dudas sobre la resistencia de la inmensa mayoría de la clase obrera
alemana contra el avance del nazismo. La investigación de archivos y
los estudios modernos sobre el triunfo de Hitler demuestran que, a
pesar de todos los instrumentos represivos y semidictatoriales del
Estado alemán de Weimar contra la clase obrera, ésta mantuvo
durante años una dura resistencia que llevó al país a un estado de
guerra civil larvada.
Otra
de las “verdades consagradas” que derriba el trabajo de Bologna,
es el papel, tan descalificado, de los comunistas del KPD y su
posición frente a Hitler en esos años: como se verá más adelante,
el KPD estaba muy lejos de ser un partido irresponsable y aventurero,
y era muy consciente del peligro del nazismo y de su naturaleza
criminal. Por ello, y a pesar de sus errores –algunos de ellos
graves, indudablemente, como sucede a cualquiera que interviene en
política– se puso desde el primer momento a la cabeza de una lucha
decidida y heroica, mientras que el Partido Socialdemócrata dominado
por su fracción anticomunista, se mantuvo hasta el fin en una
situación de abierta complicidad y simbiosis con el Estado alemán,
utilizando los instrumentos represivos estatales no contra la
burguesía alemana o contra los nazis, sino contra el KPD y otros
sectores antifascistas más combativos, como algunos grupos
anarquistas. Llegados a este punto hay que aclarar, para los que
gusten de utilizar indiscriminadamente el calificativo de
«estalinista» con el objetivo de sembrar prejuicios que impidan un
estudio científico de la historia, que Sergio Bologna (como él
mismo confiesa) no es comunista ni tampoco «estalinista», sino que
por el contrario forma parte de la llamada «izquierda autónoma»,
antiestalinista, con lo cual está “vacunado” contra cualquier
posible simpatía previa hacia el KPD.
Gracias
a una acertada capacidad de síntesis de los estudios publicados y
manejando una documentación abundante, el autor italiano ha
conseguido con un estilo muy convincente, derribar importantes mitos
del revisionismo histórico acerca del movimiento obrero: fue
precisamente la gran combatividad y la resistencia heroica de la
clase obrera lo que llevó a la gran burguesía alemana a buscar el
apoyo de Hitler como “solución final”, que sólo se pudo imponer
cuando la resistencia obrera se extinguió tras una década de
grandes luchas, realizadas en unas condiciones de durísima
represión, desempleo masivo y hambre. Veamos cuáles son los
aspectos centrales del artículo de Bologna.
- Clase obrera y estructura empresarial
Una
cuestión determinante para la organización y lucha de la clase
obrera fue la estructura económica de Alemania, durante aquellos
años dominada por la pequeña empresa. De los 18 millones de obreros
que había en 1925, casi siete millones (un 34%), trabajaban en
empresas de menos de diez trabajadores. Al final de la República, en
1930-33, en un contexto de paro masivo, había 14 millones y medio de
obreros empleados, aproximadamente la mitad de ellos en pequeñas
empresas, y un 16% eran obreros autónomos. Por ello, explica
Bologna, «cuando hablamos de la clase obrera en el período final de
Weimar, hablamos, pues, de una clase obrera ya muy atomizada, que
vivía en un ambiente de fábrica fragmentado, pulverizado». Esa
estructura productiva era muy similar a la que hoy existe en los
países capitalistas occidentales, donde la inmensa mayoría de
trabajadores están empleados en pequeñas empresas de menos de diez
trabajadores.
Contrariamente
a una creencia muy extendida, Bologna sugiere que la
descentralización productiva alemana –siguiendo una tendencia
contraria a la concentración en grandes fábricas que basaban la
producción en cadenas de trabajo (fordismo)–, no era tanto una
manifestación del atraso industrial de este país, sino más bien un
aspecto de la “racionalización productiva” de la gran empresa
–similar al proceso de subcontratación actual que transfiere
actividad de una multinacional a un gran número de pequeñas y
medianas empresas externas–, un proceso consciente y dirigido por
la burguesía que perseguía mejorar la productividad y la
competitividad mediante la sobreexplotación de la fuerza de trabajo,
y al mismo tiempo conseguir un máximo de control político y social
sobre la clase obrera. Así, mientras que entre 1924 y 1928, la
productividad en la industria se disparaba entre un 25 y un 30%, la
clase obrera sufrió un descenso considerable de su nivel de vida al
caer los salarios medios por debajo del nivel de 1923. Después de la
Gran Depresión de 1929, el desempleo oficial aumentó de 4.115.000
desempleados en 1930 a 7.781.000 en 1933, cuando Hitler ya estaba en
el poder; entre un 30 y un 37% de desempleados no cobraban ningún
tipo de subsidio o ayuda estatal.
- El desempleo y la administración asistencial del Estado
A
finales de la década de los veinte, la clase obrera se vio
paralizada por el descomunal aumento del paro, que tuvo un doble
efecto: por una parte debilitó cada vez más su acción política, y
por otra provocó un crecimiento desmesurado de la administración y
el funcionariado dedicado a la asistencia social, hasta tal punto que
muchos obreros alemanes identificaron al Estado alemán con el rostro
del funcionario de la agencia de desempleo. La función de esta
estructura burocrática estatal –controlada por el partido
socialdemócrata, muy influyente entre el funcionariado– fue
especialmente perniciosa para la clase obrera al transformarse en una
agencia de control policial sobre los desempleados: como consecuencia
del aumento del desempleo y de la conflictividad social, la
administración asistencial «pierde casi del todo su carácter de
servicio social y se convierte cada vez más en un sistema policiaco
suplementario respecto a las partes más débiles de la sociedad».
Asimismo, con la excusa de combatir el déficit presupuestario, se
establecieron políticas de división y enfrentamiento entre los
desempleados, favoreciendo selectivamente a unos colectivos en
detrimento de otros. Entre los perjudicados fueron las mujeres
jóvenes y sin hijos, y los jóvenes menores de 21 años. Tras esta
política se ocultaba la voluntad socialdemócrata de debilitar al
KPD –cuyas bases militantes, formada por una mayoría de
desempleados, dependían de las políticas oficiales de subsidio
social– y al mismo tiempo impulsar la fragmentación y la
impotencia política del proletariado: «los últimos gobiernos de
Weimar (…) absolutamente conscientes del poder de control del
aparato asistencial, usaron a los componentes del sistema del seguro
obligatorio contra la desocupación, con gran cinismo y sin ningún
tipo de escrúpulos con el fin de crear la máxima segmentación y
atomización en el interior de la masa desocupada».
Pero
la Gran Depresión provocó una avalancha de parados de larga
duración que ya no tenían derecho a recibir prestación alguna por
parte de la Oficina de Empleo, así que «los trabajadores se
convirtieron en “pobres”, no sólo de hecho, sino también de
derecho». El Estado transfirió a los gobiernos municipales la
gestión de los subsidios, y a partir de entonces éstos fueron
negociados por una administración que no tenía ni recursos
financieros ni preparación profesional para ello. De esta manera,
«abocando a los parados al sistema de asistencia municipal se
formaba un ejército de personas que iban a pedir limosna a un
funcionario que debía, muy a menudo basándose en impresiones
subjetivas, juzgar sus necesidades.» Además, los subsidios se
otorgaban en forma de créditos que eran de devolución obligatoria,
con lo cual millones de personas quedaban irremisiblemente
entrampadas al no poder devolver los créditos. Esa estructura
asistencial fue la que aprovechó el régimen nazi para controlar más
tarde a la clase obrera: «los parados sólo podían obtener el
subsidio si conseguían convencer al funcionario encargado de la
asistencia mediante una entrevista personal; así, se formó una masa
de millones de personas coaccionables y, lo que fue más importante
para el régimen nazi que vendría después, de millones de personas
fichadas».
- Las políticas del KPD y del SPD hacia la clase obrera
Durante
los años veinte, los grandes sindicatos socialdemócratas extraían
su fuerza de las grandes empresas y de las empresas municipales
«donde los acuerdos sindicales eran más o menos respetados». Pero
en el vasto espacio de la microempresa, el control sobre la clase
obrera y las relaciones de trabajo eran de tipo familiar y el
sindicalismo estaba ausente. Al mismo tiempo, en todos estos años
los sindicalistas del KPD y los delegados sindicales más combativos
del SPD fueron despedidos implacablemente de las fábricas.
Otro
de los puntos que merece destacarse de este repaso de la historia de
Weimar, es el cuestionamiento del Partido Socialdemócrata como
partido de la clase obrera, ya que éste se nutría, a finales de los
años veinte, fundamentalmente de funcionarios y empleados públicos:
cuando la Gran Depresión provocó la parálisis de la actividad
sindical en las fábricas, el SPD pasó a concentrar su acción entre
la policía y el ejército de funcionarios de las Administraciones
locales y de la Administración asistencial y sanitaria dependiente
del Ministerio de Trabajo, lo que le permitía a los socialdemócratas
tener una estabilidad en la militancia (constituida por la
aristocracia obrera, funcionarios y sectores sociales similares) y el
acceso al control de grandes recursos públicos. Dado que el SPD
tenía una militancia ligada a las actividades del Estado y con
intereses muy diferenciados de la mayoría obrera, sus políticas
tendían a confrontarse con las que propugnaba el KPD. Así, mientras
que el SPD se identificaba con la burocracia del Estado y defendía a
la República de Weimar como «Estado social» y «régimen
democrático fruto de las conquistas de los trabajadores», el KPD,
en cambio, «se veía constreñido a proponer a sus militantes
jóvenes, parados, desarraigados, empobrecidos y desclasados, la
utopía de la conquista del poder, es decir, de la destrucción del
Estado weimariano y la instauración de la República de los
Soviets».
Esto
era debido a que después de la Gran Depresión de los veinte, las
bases del KPD se caracterizaban por su juventud y por una fluctuación
muy acusada de la militancia, debido a que el 80% de los comunistas
eran jóvenes en busca del primer empleo o parados de larga duración.
Por otra parte, la política de represión anticomunista sistemática
contra los trabajadores y sindicalistas del KPD en las empresas,
había debilitado sensiblemente la capacidad de influencia del
partido en el seno de los trabajadores ocupados. Todo ello
determinaba que, a pesar de los resultados electorales espectaculares
del KPD en aquellos años, su influencia sobre la clase obrera en
activo fuera muy indirecta. El KPD era un enorme partido obrero que
carecía paradójicamente de poder sindical, de tal manera que se
veía obligado a realizar su política fuera de las relaciones de
producción y del mundo del trabajo, actuando «en terrenos
“generales”, en campañas de masas tan ruidosas como abstractas,
con la consecuencia de cargar excesivamente el lado
“propagandístico”, “cultural”, “ideológico” y en
definitiva electoralista de su acción». Mientras que las
necesidades de la clase obrera eran muy concretas y elementales, la
composición social de la militancia comunista y la represión
implacable de la burguesía empujaban al KPD hacia la
“ideologización” y a propuestas muy generales.
Para
intentar combatir los efectos de la crisis entre la clase obrera, el
KPD orientó su acción política a la defensa y conquista de
derechos colectivos de los desempleados, tratando de que éstos
mantuvieran una actitud digna y no cayeran en la trampa de la
división: «el Partido Comunista, desde el momento en que el sistema
de asistencia fue sancionado por ley, promovió la agitación y las
movilizaciones entre los aspirantes a la asistencia, para que
superasen con comportamientos colectivos las intenciones de
dividirlos de la burocracia y no aceptasen presentarse con una
actitud humilde, sino con la actitud de aquel que reivindica un
derecho». Todo ello generó una gran conflictividad entre los
funcionarios municipales –muchos de ellos militantes
socialdemócratas- y los parados, con una infinidad de
enfrentamientos, peleas y agresiones en las que tenía que intervenir
habitualmente la policía.
En
cambio, la estrategia de la socialdemocracia, que pasaba por integrar
a la clase obrera en la República de Weimar, se derrumbaba
estrepitosamente debido a que el Estado no podía garantizar unas
mínimas prestaciones y la crisis imposibilitaba una política de paz
social y de colaboración de clases: «la ligazón con un “Estado
Social” sobre la cual tanto habían insistido la socialdemocracia y
los sindicatos para fomentar así un sentido de ciudadanía entre la
clase trabajadora y para inculcar de este modo fidelidad a las
instituciones republicanas, se hacía añicos y este distanciamiento
contribuía a un ulterior sentido de extrañamiento de la clase
obrera, ahora sin trabajo, en sus relaciones con el Estado».
- La socialdemocracia prepara el terreno a los nazis
Otra
de las cuestiones importantes que Bologna pone de relieve es la
resistencia obrera organizada por el Partido Comunista en las zonas
industriales y barrios obreros, y en otras organizaciones autónomas
y anarquistas. Precisamente durante los últimos años de la
República se vivió un clima de guerra civil larvada entre la clase
obrera y sus organizaciones de un lado, y el gobierno central y los
gobiernos regionales de otro, situación que, al no poder resolverse
de forma favorable a la clase obrera, la aprovechó el partido nazi y
sus organizaciones para canalizar el descontento.
A
partir de la reconstrucción de la historia que ofrece Bologna, la
tan criticada tesis de «socialfascismo», con la que la
Internacional Comunista caracterizó a la socialdemocracia, en el
caso alemán era una definición muy exacta, ya que el SPD construyó
un poderoso y omnipresente sistema burocrático y policial empleado
para disciplinar a la clase obrera y reprimir duramente las acciones
del Partido Comunista y otros grupos de izquierdas. Este aparato
administrativo y policial fue utilizado íntegramente por los nazis a
partir de 1933 contra la clase obrera y todos los sectores
antifascistas. Así pues, la llamada táctica de «clase contra
clase» propugnada por la Internacional Comunista en 1928, en cuya
aprobación tuvieron una influencia decisiva los dirigentes
comunistas alemanes, respondía –aunque de forma desesperada y con
una aplicación sectaria–, al hecho indiscutible de que la mayoría
de los dirigentes del SPD estaban reprimiendo conscientemente a la
clase obrera y allanaban el camino a los nazis.
Fue
la concepción socialdemócrata del “Estado Social” y su defensa
de las estructuras del reaccionario Estado burgués, especialmente
las administraciones asistenciales, las que crearon las condiciones
para que el futuro régimen nazi pudiera aplastar y dominar a la
clase obrera, sin tener siquiera que crear instituciones propias: «el
personal administrativo asistencial, en gran parte femenino, pasó
sin traumas del gobierno socialdemócrata al gobierno nazi. Los nazis
confirmaron a casi todo el personal asistencial y le pidieron que
trabajase como antes, es decir, que continuase ejerciendo la función
de vigilancia, control y fichaje. Y construyeron una estructura
paralela de selección de marginados a partir de bases biológicas y
raciales». El sistema asistencial socialdemócrata fue utilizado en
la selección de aquellos individuos o grupos de desempleados que
debían ser encarcelados o exterminados para mejorar la pureza social
y racial: «una gran parte de los pobres y de los marginados fue
calificada como “asocial” a partir de las informaciones recogidas
por las oficinas de asistencia e incluida en las fichas personales,
y, por tanto, encaminada a un proceso de selección que no fue
solamente un proceso de selección racial, sino un proceso de
selección social.»
De
hecho, Bologna sostiene que los primeros campos de concentración
(conocidos como “Lager”) fueron creados no para los judíos, sino
para los trabajadores desamparados, llamados “antisociales” por
los nazis: «los primeros campos de concentración, fueron las “casas
de trabajo”, o sea, los hospicios donde estaban alojados los que a
cambio del subsidio de asistencia tenían que prestar un servicio
obligatorio. Fue allí donde nació el sistema de concentración
nazi». En este caso, los nazis volvieron a aprovecharse de una ley
aprobada en 1924, que estipulaba la obligatoriedad del trabajo
forzoso. El 70% de los puestos de trabajo que se crearon bajo el
régimen nazi estaban relacionados con la creación de grandes
infraestructuras y obras públicas, en la que se empleó mano de obra
forzada.
- La ruptura final entre el SPD y el KPD
Lo
que nos permite visualizar la reconstrucción de la historia, es la
imagen de unos dirigentes socialdemócratas muy conscientes de su
papel de salvaguarda de un régimen alemán absolutamente decrépito
y reaccionario. Por ello no es de extrañar que en la represión de
la clase obrera revolucionaria tuvieron una elevada responsabilidad
algunas figuras destacadas de la socialdemocracia –apoyándose en
la política oficial de colaboración de clases del SPD–, como el
primer ministro del gobierno regional de Prusia, Otto Braun,
partidario de medidas dictatoriales contra la clase obrera, y el
Ministro de Interior, que desde 1928 era socialdemócrata. Así, el
SPD pudo controlar y reorganizar a las estructuras policiales y
utilizarlas contra los obreros y los comunistas, mientras hacía la
vista gorda ante los nazis, tensando la cuerda al límite.
La
situación se agravó decisivamente el 1º de mayo de 1929 (que
curiosamente no fue fiesta nacional hasta que Hitler la implantó
demagógicamente en 1933). El jefe de la policía de Prusia,
socialdemócrata, prohibió las manifestaciones públicas y sólo
toleró las celebraciones en locales cerrados, pero esta orden sólo
fue seguida por los sindicatos socialdemócratas. El KPD desafió a
la policía y convocó una manifestación pública, amenazando con
declarar una huelga general en caso de represión policial. Los
archivos policiales consultados demuestran que la policía
socialdemócrata organizó una provocación con fuerzas
antidisturbios para reventar la manifestación, cargando contra los
manifestantes comunistas pero también contra los obreros que salían
de los actos convocados por los sindicatos socialdemócratas. El KPD
convocó una huelga al día siguiente pero, pese a algunas presiones
insistentes, no distribuyó armas a los obreros. En dos barrios de
Berlín se levantaron barricadas que fueron atacadas por la policía
con un saldo de treinta obreros muertos y cientos de detenidos. El
ministro de Interior socialdemócrata aprovechó la ocasión para
ilegalizar las organizaciones de masas del KPD, provocando la
fractura definitiva entre socialdemócratas y comunistas.
Todo
ello hace concluir a Bologna: «cuando se dice, por lo tanto, que la
clase trabajadora no defendió adecuadamente la democracia
republicana se debe tener en cuenta que esa democracia republicana
significaba bien poco a los ojos del núcleo central de la fuerza de
trabajo».
- El avance de Hitler hacia Berlín y la resistencia del KPD
En
este contexto de descomposición social y crisis económica y
política aguda, desde 1929 los nazis habían iniciado la conquista
de Alemania a partir de las regiones meridionales como Baviera,
avanzando en forma de tenaza hasta Berlín y su región periférica.
Para la conquista de la capital utilizaron un discurso obrerista
radical, empleando oradores demagogos y gentes sin escrúpulos que se
presentaban como la extrema izquierda del partido para ganarse a las
masas obreras berlinesas. Al mismo tiempo, iban sembrando el terror
entre los militantes antifascistas con acciones criminales
perpetradas por las escuadras paramilitares del partido nazi.
En
la batalla por la capital –que duró tres años– se enfrentaron
dos grandes figuras políticas: por una parte Walter Ulbricht, jefe
de las organizaciones de autodefensa del KPD en Berlín, y futuro
primer presidente de la República Democrática de Alemania y del
Partido Socialista Unificado, y por otra Joseph Goebbels,
especialista en medios de comunicación de masas y en manipulación
social, enviado por Hitler para la conquista de la capital. Durante
la batalla por Berlín se produjeron infinidad de enfrentamientos de
calle entre los obreros organizados por el KPD o por organismos
anarquistas y autónomos, y los nazis. La vanguardia obrera contra
los nazis, además de los desempleados, estaba constituida por los
estibadores, marineros y ferroviarios, mientras que los trabajadores
del transporte estaban inclinados hacia los nazis. La resistencia
obrera a la penetración nazi fue muy encarnizada, y se apoyaba en la
existencia de una cultura obrera y en formas de vida social
independientes, no controladas por la burguesía, arraigadas en una
infinidad de organizaciones y asociaciones obreras, populares y
comunistas entrelazadas y ramificadas, que llegaban a influir en los
lugares más recónditos de la ciudad. Todo ello constituía un
espacio de vida independiente que se consideraba exclusivo de la
clase obrera y que era defendido gracias a una cultura de resistencia
y de orgullo de clase, con la plena conciencia de saber quién era el
enemigo.
El
Partido Comunista fue la clave de la resistencia antinazi ya que era,
con diferencia, la mayor organización que vertebraba estas redes
obreras y populares. Además, el KPD contaba con organismos
especializados, como una estructura paramilitar que agrupaba a gran
cantidad de jóvenes, siendo su organización más importante el
Grupo de Lucha contra el fascismo, que a finales de 1931 agrupaba a
miles de jóvenes comunistas, 7.000 de ellos en Berlín. Además de
ello, el partido contaba con escuadras de autodefensa y grupos que
apoyaban a los vecinos amenazados de desahucio por no pagar el
alquiler. También había puesto en pie una enorme organización de
solidaridad, la Rote Hilfe (Socorro Rojo), que se encargaba de dar
apoyo material a los desempleados, familias y personas sin recursos,
y que fue muy importante para sostener económicamente muchas luchas,
ya que las condiciones de vida de la mayoría de militantes que
luchaban contra los nazis eran muy duras.
Al
mismo tiempo, la Internacional Comunista había preconizado un cambio
de táctica, el Frente Único, con el objetivo de recomponer la
unidad obrera con las bases socialdemócratas y recuperar a los
obreros influenciados por los nazis. Se establecieron algunos
contactos preliminares con sectores socialdemócratas, y a además se
condenaron las acciones de terrorismo individual, lo que provocó una
crisis interna en el KPD que se resolvió con la separación de
destacados dirigentes contrarios al cambio de táctica y al abandono
de la violencia individual.
Mientras
tanto se agudizaban las luchas de clases en las calles,
particularmente en Berlín, que acabaron confluyendo en las tabernas.
Las tabernas eran centros neurálgicos de la vida obrera, ya que allí
se socializaban y se relacionaban los obreros desempleados (en 1933,
el 63% de los jóvenes menores de 25 años de Berlín estaban
desempleados) y también eran espacios de encuentro de los jóvenes
comunistas. Los propietarios de las tabernas, por ello, sobrevivían
a duras penas, así que cuando los nazis les ofrecieron ganancias
garantizadas a cambio de cederles estos espacios para sus militantes,
muchas tabernas se convirtieron en lugares desde donde los
mercenarios nazis lanzaban acciones terroristas y trataban de
influenciar a los obreros. El KPD decidió iniciar una campaña de
recuperación de las tabernas a partir de «una serie sistemática de
acciones de ataque contra las tabernas con parroquianos nazis. La
nueva línea del Partido recomendaba introducir siempre la acción
armada dentro de una lucha de masas para evitar el riesgo de
practicar un contraterrorismo puro y simple». El KPD también
impulsó campañas de huelga de alquileres para conseguir la
expulsión de los nazis de los barrios obreros. Lamentablemente, las
condiciones de vida del proletariado y el control ejercido sobre
ellos por el Estado y la policía socialdemócrata, hacían cada vez
más difíciles las luchas de masas, y su capacidad de resistencia se
extinguió en las duras condiciones de vida. A pesar de su silencio
por la historia oficial, el proletariado alemán y los comunistas del
KPD, junto con otros grupos minoritarios, escribieron una de las
páginas más heroicas de la historia de la clase obrera:
«La
conclusión que puede extraerse de estos fragmentos de la historia es
que no es cierto que el proletariado alemán se rindiera sin
combatir. Es verdad, en cambio, que su capacidad de resistencia se
desgastó y consumió en los terribles años de la crisis. (…) Los
años que precedieron a la toma del poder por Hitler son años de
guerra civil encubierta. En las condiciones en las que se vieron
constreñidos a resistir los adversarios del nazismo, difícilmente
alguien habría podido hacer algo más o mejor».
Reflexiones
finales
Hasta
aquí el artículo de Sergio Bologna, imprescindible para comprender
la actitud de la clase obrera alemana y las políticas del KPD y del
SPD frente a Hitler. Veamos ahora dos reflexiones finales que podemos
extraer del interesante análisis histórico de Bologna:
- Las críticas de Trotski a los comunistas alemanes y a la Internacional Comunista
Como
hemos visto, la valoración de los hechos por parte de la extrema
izquierda ha sido siempre muy condenatoria sobre el KPD y la
Internacional Comunista, creando la leyenda negra de que el ascenso
de Hitler al poder se debió a la política «miope» o «traicionera»
de la «burocracia» –«burocracia» que se jugaba la vida en las
calles y las cárceles– del KPD o del Komintern. Trotski, por
ejemplo, en una Carta
a un obrero alemán,
fechada el 8 de diciembre de 1931, criticó al KPD por la política
de enfrentamiento con la dirección del SPD: «Toda la desgracia
viene porque la política del Comité central del Partido comunista
alemán está basada, en parte conscientemente, en parte
inconscientemente, sobre el reconocimiento del carácter inevitable
de la victoria del fascismo. En efecto, en su llamada sobre el
“frente único rojo”, publicado el 29 de noviembre, el Comité
central del Partido comunista alemán parte de la idea que es
imposible vencer al fascismo, sin haber vencido previamente a la
socialdemocracia alemana» (7).
Pero
cuando Trotski se quejaba de que los comunistas consideraban
imprescindible la derrota previa del SPD para impedir el triunfo a
los nazis, estaba realizando una valoración interesadamente
unilateral de los hechos para poder desacreditar al KPD. En primer
lugar, Trotski escondía en sus análisis un hecho fundamental: la
persecución implacable a la que durante más de una década el
aparato del SPD sometió a los comunistas, recurriendo a los
organismos represivos del Estado y al uso de toda su influencia para
expulsar a los comunistas de las empresas y los sindicatos. Como
explica Bologna, el Partido Socialdemócrata «todavía a finales de
1932 se obstinaba en considerar el movimiento bolchevique como el
peligro número uno para la llamada democracia weimariana». Trotski,
incansable, aprovechaba cualquier ocasión para acusar al KPD nada
menos que de capitular frente a los nazis. En 1931 escribía:
«políticamente, la cuestión se pone así: ¿es posible hoy (…) a
pesar de la presencia de la socialdemocracia, desgraciadamente muy
poderosa todavía aunque debilitada, oponer una resistencia
victoriosa al ataque del fascismo? El Comité central del Partido
comunista alemán responde negativamente. En otros términos,
Thaelmann [nota: dirigente del KPD] considera la victoria del
fascismo como inevitable» (8).
Trotski,
no contento con la derrota de la organización antifascista más
importante y combativa, el KPD, acusaba fácilmente, a toro pasado, a
los comunistas, el 12 de marzo de 1933, de haber «engañado a los
obreros alemanes», mientras miles de comunistas y otros
antifascistas se pudrían en las cárceles tras una de las luchas más
heroicas de la historia del movimiento obrero. Para Trotski, la dura
lucha del KPD contra los nazis y los que le allanaban el camino, no
contaba. En su papel de fiscal de la historia, proseguía sus
acusaciones contra el KPD como si nada hubiera sucedido, minimizando
el terrorismo hitleriano y de la policía contra el Partido
Comunista: «el estalinismo alemán está a punto de hundirse, no
tanto bajo los golpes de los fascistas como a consecuencia de su
propia descomposición interna. El desprecio de la vanguardia de los
obreros alemanes hacia la burocracia que les ha engañado será tan
grande que la consigna de “reforma” les parecerá falsa e
irrisoria. Y tendrán razón. ¡Ha llegado la hora! Hay que plantear
abiertamente el tema de la preparación para la fundación de un
nuevo partido» (9).
Así
pues, Trotski llamaba a «despreciar» –también lo hicieron los
nazis– a quienes de forma más consecuente y organizada se estaban
jugando la vida tanto contra los fascistas como contra la policía
alemana. Ese «nuevo partido» trotskista jamás pasó de ser una
ensoñación producida por una sobredosis de sectarismo de alguien
que en el fondo parecía alegrarse de la victoria del nazismo para
recabar argumentos contra sus enemigos políticos.
Finalmente,
Trotski, después de haber atacado en 1931 al KPD por su política de
enfrentamiento con los socialdemócratas, en 1933 los criticó
duramente por lo contrario: así, en La
tragedia del proletariado alemán,
Trotski atacó duramente al KPD y a la IC por su política de
acercamiento al SPD para intentar combatir unidos contra los nazis:
«Los estalinistas toman acta y hacen suya la demanda hipócrita y
diplomática de los reformistas, respecto a la así llamada “no
agresión mutua”. Renegando de todas las tradiciones del marxismo y
del bolchevismo, el Comité ejecutivo de la Internacional comunista
recomienda a los Partidos comunistas, en caso de realización del
frente único, de “renunciar a los ataques contra las
organizaciones socialdemócratas durante la lucha común”» (10).
Para Trotski, ahora era preferible el triunfo de los nazis que un
acuerdo temporal con los socialdemócratas, sabiendo que éstos
todavía eran capaces de influenciar a muchos obreros.
Para
desgracia de Trotski, la reconstrucción de la historia –basada en
documentos y no en especulaciones sin fundamento–, desmienten todas
sus acusaciones gratuitas, ya que no hay ninguna duda sobre la
determinación del KPD y de sus dirigentes de luchar hasta el fin
contra el avance del fascismo, como explica nuevamente y sin
prejuicios Sergio Bologna:
«Al
reconocer el valor moral y político de la lucha de resistencia del
proletariado alemán contra el terrorismo nazi, debemos recordar que
el Partido Comunista fue la organización que con mayor determinación
y de forma más radical condujo la lucha contra el avance del
nacionalsocialismo, recurriendo a todos los medios posibles, incluso
los ilegales. Aún encontrándome personalmente mucho más cercano a
la formación cultural de Simone Weil que a la comunista (…) me
parece necesario afirmar que su conmovedor y feroz juicio sobre la
conducta del KPD no encuentra muchos fundamentos en la reconstrucción
de los hechos a partir de los materiales de archivo».
- La clase obrera y la izquierda hoy
Gracias
al artículo Nazismo
y clase obrera,
Sergio Bologna ha mostrado que la lucha de la clase obrera alemana y
del KPD contra el avance del nazismo, constituyó una de las grandes
luchas heroicas del movimiento obrero. No es de extrañar por ello
que tal lucha haya sido borrada de la memoria histórica y haya tanto
consenso en presentarla deformada y manipulada al extremo, desde la
derecha hasta muchos representantes de la extrema izquierda. Tampoco
fue por casualidad que el antifascismo y la depuración del nazismo
se convirtieran en las principales señas de identidad de la
República Democrática de Alemania, desde 1949 hasta su desaparición
en 1990.
Pero
sería un error obviar la gran capacidad de atracción que el nazismo
tuvo para amplios sectores de la clase obrera: una vez suprimido el
partido comunista, encarcelados o asesinados sus dirigentes y muchos
de sus militantes, la propaganda nazi se ganó a amplias masas
obreras con el mito de la «raza superior» y la «nación alemana»,
y consiguió que muchos obreros participaran de buen grado en las
aventuras militares de Hitler, cosa que notaron durante la Segunda
Guerra mundial en la Unión Soviética: en el año 1943, en una
conversación privada con Dimitrov, el dirigente de la Internacional
Comunista, cuando la guerra estaba muy avanzada y los alemanes
empezaban a sufrir duras derrotas, Stalin expresó su perplejidad
ante la actitud de los obreros alemanes: «Se
diría que la mayoría de los obreros alemanes no tiene nada contra
el hecho de pertenecer a la nación
superior.
La minoría está en contra, pero está desmoralizada. Los soldados
alemanes todavía no se rinden en masa. Necesitan que el Ejército
rojo les dé todavía algunas buenas lecciones para que el proceso de
desmoralización comience» (11).
Este
poder de atracción sigue siendo un peligro latente, como muestra la
pasividad de la mayoría de la clase obrera occidental ante las
agresiones imperialistas de sus gobiernos en el exterior, su apoyo al
nacionalismo imperialista o la receptividad que tienen en algunos
medios obreros los mensajes racistas y de extrema derecha, que se
concretan en ascensos electorales de los partidos fascistas o
reaccionarios muy preocupantes y que no se podrían explicar sin
recurrir al fenómeno sociológico que afecta desde hace décadas a
sectores importantes de trabajadores occidentales: la pérdida del
internacionalismo y del referente de clase, y la permeabilidad ante
el nacionalismo reaccionario y los mensajes de la extrema derecha. ¿A
qué se debe este fenómeno?
Hoy
la realidad que tenemos que afrontar en la Europa occidental
desarrollada e imperialista es muy diferente de aquella Alemania de
los años veinte y treinta. Ha desaparecido casi todo el rico
entramado obrero y popular, nacido de la interrelación entre la
clase obrera y sus organizaciones políticas y sindicales, y que
separaba radicalmente como una muralla china al mundo burgués del
mundo proletario. La clase obrera conocía cual era su papel real en
la sociedad, tenía conciencia y orgullo de sí misma y sabía que la
gran burguesía era su clase enemiga, la que había que combatir.
Desgraciadamente, las transformaciones estructurales del capitalismo
moderno, las claudicaciones ideológicas y las prácticas reformistas
en la izquierda han convertido a casi todas aquellas formas de vida
social obrera y popular en materia de arqueología industrial: hoy ya
no existen los canales que intercomunicaban a la clase obrera con
unos partidos de izquierdas que querían abiertamente acabar con el
capitalismo e instaurar el socialismo. Esto explica la pérdida de
conciencia de clase y la despolitización de los trabajadores, que en
gran medida prefirieron considerarse a sí mismos como “clase
media”, y optaron por el nacionalismo imperialista frente al
internacionalismo proletario. Hoy, desorientados por la crisis
capitalista y sin vínculos orgánicos con los partidos de izquierdas
–que, con el lema «todos son iguales» son percibidos muchas veces
como una parte más del sistema– son presa fácil de los partidos
reaccionarios, de extrema derecha o fascistas.
Otra
de las principales enseñanzas que hay que extraer de las luchas de
clases en Alemania es analizar las causas de la debilidad del KPD en
el mundo sindical y empresarial. Esta debilidad fue causada por
condiciones objetivas, como la durísima represión anticomunista y
la política semi dictatorial del SPD, y por condiciones subjetivas,
como las reminiscencias de una actitud sectaria hacia el trabajo
entre los grandes sindicatos (errores que surgieron con el nacimiento
mismo de la Internacional Comunista en tiempos de Lenin), que se
quiso solucionar con la creación de Sindicatos Rojos o
“revolucionarios”. Esta opción no pudo evitar que los aparatos
sindicales fueran controlados por los dirigentes anticomunistas y por
la burocracia socialdemócrata de derechas, marginando al KPD de una
acción efectiva entre los obreros que estaban empleados. Los
Sindicatos Rojos, a pesar de tener un discurso extremista,
proclamarse como “revolucionarios” y atacar duramente a los
grandes sindicatos de masas, nunca pudieron influenciar a la mayoría
de la clase obrera organizada, y acabaron extinguiéndose debido a su
carácter cada vez más marginal. Finalmente, una vez suprimida la
vanguardia revolucionaria y perseguidos los comunistas, las masas
obreras desmoralizadas fueron presa fácil de la propaganda nazi, tal
y como hoy son presa de la propaganda de la derecha reaccionaria en
ausencia de un partido comunista fuerte que influya entre las masas.
Por
otra parte, hoy es evidente que en los países imperialistas el
fascismo (¿todavía?) no adopta las formas brutales de Hitler,
Franco o Mussolini, y la gran burguesía prefiere un “fascismo
blando”, mediático, televisivo o incluso con formas
“democráticas”. Esto es debido a que la clase obrera occidental
y las organizaciones de izquierda no representan una amenaza
inminente para el dominio de la gran burguesía y sus privilegios de
clase. No obstante, determinadas formas políticas pueden repetirse
en la historia, así que no podemos excluir que en un futuro el
fascismo clásico, terrorista, militarista, racista y anticomunista
vuelva a tener un protagonismo histórico como opción a tener en
cuenta por parte de un sector de la gran burguesía para defender sus
privilegios y su dominio de clase. En este sentido, las políticas
semi-dicatatoriales contra la clase obrera practicada por los
diferentes gobiernos socialdemócratas en situaciones de crisis –sólo
hay que mirar hacia Grecia– no difiere mucho de la empleada por el
SPD, preparando el terreno a “soluciones” fascistas.
Por
este motivo, la lección más importante del pasado que podemos
extraer es que la existencia de un partido revolucionario o comunista
–aunque adopte otro nombre o otras formas organizativas, lo
importante es el contenido político real–, que no esconda su
reivindicación del socialismo, que sea fuerte e influyente y
arraigado entre los trabajadores, es la única garantía de la
defensa decidida y consecuente de los intereses de la clase obrera y
de una política antifascista y auténticamente democrática.
Precisamente
quizás sea la pasividad asombrosa de la mayor parte de la izquierda
política y sindical, así como la terrible desunión y dispersión
ante la ofensiva de los capitalistas y financieros, lo que más nos
diferencia de aquellos episodios históricos: si en los años de la
República de Weimar, la izquierda verdadera –el KPD, grupos
anarquistas y obreros socialdemócratas con conciencia de clase–
estaban dispuestos a luchar contra la burguesía, a defender a la
clase obrera y a promover la lucha de clases para llegar al
socialismo –y no como hoy para conquistar un quimérico
«capitalismo de rostro humano»–, hoy esto brilla por su ausencia.
La mayoría de la izquierda occidental –a diferencia de América
Latina y otros lugares– se encuentra en una actitud contemplativa o
contemporizadora con el sistema político creado por la burguesía, a
veces tolerante o cómplice de actitudes imperialistas, o bien sumida
en debates ideologizados y alejados de los problemas de la clase
obrera y con escasas ideas para salir del abismo político y poder
presentarse como alternativa ante los obreros. No nos extrañemos
pues de que el apoliticismo reine entre los trabajadores: si hoy
hubiera un movimiento fascista de tipo clásico, probablemente
triunfaría con un simple paseo militar. En ello tendría una gran
parte de responsabilidad la izquierda por sus incapacidades,
limitaciones y miserias propias.
Finalmente,
el artículo de Sergio Bologna es muy importante porque derriba
importantes mitos del anticomunismo de izquierdas, como fue el papel
del Partido Comunista –y por extensión, de la Internacional
Comunista– en la lucha contra el nazismo, mitos históricos que una
gran parte de la izquierda actual ha ido abrazando alegremente para
justificar su desmantelamiento ideológico y político, y sus
vergonzosas renuncias. Todo ello nos coloca una vez más a los
militantes de izquierdas ante la necesidad y la responsabilidad de
estudiar la historia de forma debidamente documentada y no dejarnos
llevar por los fáciles griteríos de determinadas corrientes
políticas que, aunque han pasado a la historia como la máxima
autoridad en la materia, en la práctica sólo podían aspirar a
nutrirse de las derrotas de los que verdaderamente estaban jugándose
la vida.
No
está de más por ello, que este artículo finalice con un recuerdo
al gran revolucionario comunista alemán Ernst Thaelmann, difamado
por el tótem de la extrema izquierda, encarcelado en 1933 por los
nazis y asesinado en 1944 en el campo de concentración de
Buchenwald.
Notas
- Sergio Bologna: Nazismo y clase obrera (1933-1993). Colección Cuestiones de Antagonismo. Ediciones Akal, Madrid, 1999.
- Kurt Gossweiler: Hitler, l’irresistible ascensión? Les Editions Aden, Bruxelles, 2006, p.149.
- Idem, p. 150.
- Idem, p. 153.
- Idem, p. 30.
- Trotski: La tragedia del proletariado alemán.
http://www.marxists.org/francais/Trotski/oeuvres/1933/03/330314.htm
- Trotski: Carta a un obrero alemán.
http://www.marxists.org/francais/Trotski/oeuvres/1931/12/311208.html
- Idem.
- Trotski: Hace falta un nuevo partido en Alemania.
- Trotski: La tragedia del proletariado alemán.
- Dimitrov: Journal. Ed. Belin, p. 753.
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