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“Nosotros luchábamos contra Franco, sí, pero también contra el Capitalismo.”

Brigadas internacionales y lucha contra Franco

Entrevista de la JCA al camarada Felipe Matarranz, “Capitán Lobo”, “el último del Mazucu”, oficial republicano y guerrillero

Felipe  Matarranz González nació en 1915 en La Franca, Ribadedeva, Asturias. Combatió durante la guerra civil en el Bando Republicano con rango de oficial. Tras terminar ésta, se alista en la VI Brigada guerrillera, donde sus camaradas le apodan como “Capitán Lobo”. Actualmente vive en la residencia “Ulpiano Cuervo” de Colombres. Ésta es parte de la historia de un hombre que dedicó su vida a luchar por la justicia y la libertad.
¿Qué supuso la  II República para los trabajadores?
El 14 de Abril de 1931 yo tenía 16 años, echamos al Rey y cambiamos la bandera bicolor por la tricolor. Hubo un cambio muy grande, se formó un estado proletario, donde éramos los obreros y campesinos quienes mandábamos. La Iglesia perdió gran parte de su poder, el Estado dejó de subvencionarla y dejó de imponerse su doctrina. Se inauguraron miles de escuelas con el fin de alfabetizar a los trabajadores y que no fueran engañados fácilmente.
 ¿Cuáles considera que fueron las razones del golpe militar contra la república en 1936?
En primer lugar, a los explotadores, a los grandes terratenientes, no les gustaba que los trabajadores tuvieran tanto poder, que se promulgaran leyes obreras. Aquí he de decir que el que se levantó contra nosotros fue el capitalismo mediante un pelele, Franco, con apoyo de las potencias fascistas Europeas.
¿Por qué los trabajadores salieron en defensa de la república?
Ésa fue la razón por la que el golpe de Estado fracasó, porque los trabajadores, que éramos los que teníamos el poder tras el triunfo en las elecciones del Frente Popular en Febrero de 1936, decidimos coger las armas y salir a defender nuestra república contra la agresión capitalista. Nosotros luchábamos contra Franco, sí, pero también contra el Capitalismo.
Yo estaba en Torrelavega, nos reunimos; nada más que tenía una escopeta y un revólver, otro una pistola… Pese a todo, nos unimos y comenzamos a formar las milicias, un grupo de unas 40 personas, compuesto por miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas y otros obreros sin filiación política. Nos armamos, requisando escopetas a los cazadores y partimos hacia el puerto de San Glorio a combatir a los facciosos que por allí venían. Luchábamos como lobos y en condiciones muy desventajosas, escopetas y revólveres contra los modernos fusiles ‘Mauser’ Alemanes, esto hizo que murieran muchos, muchísimos de los nuestros…
¿Qué pasó al final de la guerra y tras la derrota de la república?
Fue una época muy oscura, volvió el analfabetismo y el esclavismo para la clase obrera. Hubo una tremenda represión, asesinatos en masa…
Yo concretamente fui capturado en las navidades de 1937, me condenaron a muerte y me metieron en una celda con otros 20 compañeros durante casi dos años. Cada 15 días venía un avión con los nombres de los que había que fusilar; pasaban 15 días y sacaban a 2 ó 3 compañeros que habían estado en el mismo Consejo de guerra que yo, pero a mí no me llevaban. Y así pasaban los meses, los años, cada 15 días teníamos que despedirnos de los compañeros que iban a asesinar, escenas terriblemente dolorosas, cada 15 días perdíamos amigos mientras esperábamos que llegara nuestra hora. Hasta que un día, en Octubre de 1939 me llevan a la celda nº-3 de Santander con los condenados a muerte, me someten a otro Consejo de guerra, y me vuelven a condenar a muerte; aquí ya doy por hecho que me van a fusilar, que por fin se acaba todo; pero resulta que a la vuelta a prisión en vez de meterme de nuevo en la celda de los condenados a muerte, me llevan al patio de cocina. Y ya nunca más me mandaron fusilar.
 ¿Qué hizo cuando salió de la cárcel?
 Varios años después de lo que anteriormente os conté, salí de la cárcel, y decidí que había que seguir luchando. Sabía que existía gente organizada en el monte y quise contactar con ellos. No era nada fácil, la gente tenía mucho miedo y siempre decían no saber nada. Al final no hizo falta, ellos contactaron conmigo. Y así estuve 4 años trabajando como enlace.
¿En qué consistía su trabajo como enlace?
Yo organizaba el PCE en Asturias y el PCE en Santander, además era punto de apoyo para la guerrilla, repartía la propaganda del partido y todas esas cosas. Aquí estaba la Sexta Brigada guerrillera del norte, no sabíamos los nombres reales de nadie, ni siquiera de los enlaces, siempre usábamos contraseñas; se nos caía una moneda de 10 céntimos y el otro la recogía, por ejemplo.
Así estuve hasta que llegó “el coronel”, decían que era coronel del ejército francés. Cuando vino a verme, yo ya era el enlace general de la Sexta Brigada y me encargó la recepción de un importante desembarco de armas en la playa de La Franca, se trataba de 2 ametralladoras, 600 fusiles y munición en cajas de 8 Kg.
 ¿Cómo lográbais eludir la vigilancia de la policía, el ejército y los falangistas?
Me hicieron un carnet de Falangista falso, lo que me permitía moverme tranquilamente, porque no podías recorrer más de 50 Km sin que hubiera un control. Además, los de la guerrilla llevábamos pistola, una del nueve largo, que yo escondía dentro de un libro que había recortado previamente. Recuerdo una vez que iba en tren a Madrid al Comité central, llegó la policía y me gritó “¡Oiga usted, la documentación!”, entonces cerré el libro, lo posé a mi lado, le entregué los carnets falsos y ya está. También nos mandábamos los mensajes entre nosotros con tinta invisible, que nosotros mismos debíamos apañárnoslas para descifrar.
Aunque, sin duda, la clave, a la vez que los más duro, era el no confiar en nadie; no podíamos estar con mujeres, no podíamos tener amigos porque en realidad no sabías si te iban a traicionar. Esto lo entendí cuando visité los “cuartos” de la Guardia Civil, donde te daban brutales palizas, te ponían electrodos en los testículos…Cuando te desmayabas te tiraban agua por encima para despertarte. Yo las aguanté, pero porque estaba loco, pues lo normal era que dijeses todo lo que sabías.
¿Contaba la guerrilla con apoyo popular?
Sí claro, contábamos con puntos de apoyo en el monte, que solían ser caserías. Éstos nos suministraban los víveres necesarios para sobrevivir, nosotros les ayudábamos dándoles dinero por si se les moría una vaca o venía una mala cosecha. También dábamos dinero a campesinos y ganaderos pobres y ellos nos ayudaban prestándonos lo que podían.
 ¿De dónde sacaban el dinero?
Se lo robábamos, bueno, expropiábamos, a fascistas ricos y poderosos, a gente que les había venido muy bien el triunfo del fascismo en la guerra. Entrábamos en sus casas o los secuestrábamos pidiendo rescate por ellos. Siempre pagaban, nunca he tenido que matar a ninguno de ellos.
¿Cuándo dejó la guerrilla?
Tras casi 3 años como guerrillero y 4 como enlace, una noche, tras reunirnos 5 jefes de grupos guerrilleros, mientras dormíamos en una cabaña, un tiroteo con ametralladoras y todo nos despertó, los fascistas nos habían descubierto. Como éramos ya veteranos, tiramos dos bombas de mano cada uno por la ventana, porque sabíamos que cuando algo explota cerca de ti dejas de disparar. Tuve que saltar por encima del cuerpo de un compañero de la Brigada ‘Pasionaria’ al que llamábamos “el Madriles”.
Tras escapar, me encontré en el bosque con “Jillo”, le dije que fuera para Cabrales que yo me iba para La Manjoya. Al venir hacia aquí tuve un error que me costó la captura, pasé muy tranquilo por La Franca y fui a mi casa pensando que estaría todo tranquilo, que la Guardia Civil estaría muy ocupada con el tiroteo de la noche anterior. Pero no era así, se montó un enorme dispositivo con refuerzos de otros sitios, lo que me hizo pensar que alguien nos había delatado. Cuando estaba en mi casa, la Guardia Civil la rodeó, yo traté de escapar saltando por la ventana, pero al hacerlo 5 guardias civiles me encañonaron y volví a la cárcel. Éste fue el punto en el que descubrí las terribles torturas que el régimen practicaba.
¿Si volviera a nacer, volvería a sacrificar su juventud en defensa de la libertad?
 Por supuesto, me niego a ser esclavo, soy enemigo del imperialismo.
Te cuento la anécdota de la última vez que vi a mi amigo Juan, jefe guerrillero: me hizo llegar un mensaje para que nos reuniéramos; cuando nos encontramos, me dijo que todos sus puntos de apoyo habían caído y que le iban a matar. Yo le respondí: “Coño, Juan, ¿por qué no huyes a Francia, que todavía estás a tiempo?” Él, enfadado, levantó la cabeza y me dijo: “¿por qué no te vas tú? Yo no soy ningún desertor, me quedo aquí a luchar hasta la muerte.” Yo le respondí que no me iba por lo mismo que él, y nos fundimos en un abrazo y así estuvimos llorando (lágrimas que hoy vuelven a asomar por esos mismos ojos 70 años más viejos), abrazados durante horas.

La colonización de Libia y la izquierda occidental



La colonización de Libia y la izquierda occidental: entre el otanismo y el internacionalismo

Albert Escusa
La izquierda occidentalista –de la que forman parte tanto fragmentos mayoritarios de la izquierda institucional europea como corrientes de de la extrema izquierda antisistema– va descubriendo sucesivamente la existencia de regímenes “delincuentes”, sus correspondientes dictadores y las recetas para eliminarlos a medida que la propaganda de guerra de los medios de prensa imperialistas focaliza su atención sobre un determinado país no occidental como cobertura para sus planes colonialistas. El occidente imperialista ha planificado una recolonización descarada, por vía militar, del continente africano, repitiendo el modelo de la Conferencia de Berlín de 1885, donde las potencias europeas occidentales se repartieron África casi al completo y permitieron que únicamente Etiopía existiera como país independiente. En aquella época, la mayoría de partidos socialistas (“marxistas”) occidentales acabaron sucumbiendo a la propaganda colonialista y justificaron las políticas de conquista y esclavitud colonial con unas argumentaciones pretendidamente de izquierdas. Hoy, la izquierda occidentalista se adhiere a la misma posición y justifica por acción o por omisión las políticas colonialistas, los crímenes y las invasiones militares de occidente.

Afortunadamente, la intervención imperialista en Libia está haciendo resurgir a una izquierda internacionalista, solidaria y comprometida que parecía prácticamente desaparecida en occidente y que, por fin, emerge frente a las aberrantes complicidades de la izquierda occidentalista con el colonialismo y los crímenes de las potencias dirigentes de la OTAN. La izquierda internacionalista se consolida progresivamente a través de la solidaridad internacionalista con la resistencia patriótica y anticolonialista en Libia dirigida por el coronel Gadafi –independientemente de la opinión que se pueda tener de su trayectoria histórica, de sus errores y sus aciertos–, la defensa de la soberanía nacional de los países objetivos del colonialismo y la denuncia del imperialismo y sus innumerables crímenes.

La izquierda occidentalista cómplice del colonialismo otánico

El otanismo y el atlantismo son las formas propias del colonialismo en el siglo XXI, variantes de un eurocentrismo expansionista que promueve la exportación de los derechos humanos y la democracia en versión occidental –el llamado imperialismo “humanitario”– como coartada para la devastación y la colonización de un determinado país en el que hay en juego intereses importantes. Una parte sustancial de la izquierda occidental –y también la izquierda de otras latitudes, que comparte similares puntos de vista– colabora directa o indirectamente con estos fines aportando justificaciones cosechadas entre su patrimonio ideológico. Se trata de la izquierda occidentalista-otanista, cuyos mensajes han sido ampliamente dominantes en los conflictos neocoloniales de los últimos años, principalmente Yugoslavia, Irak y ahora Libia, ahogando en muchas ocasiones a una izquierda internacionalista occidental que se encontraba todavía muy débil y dispersa, al estar sometida a los ataques conjuntos de los medios imperialistas y la izquierda otanista.

Los medios imperialistas utilizan para sus fines técnicas publicitarias clásicas basadas en consignas sencillas y mensajes esquemáticos, repetitivos y claros. Para justificar la necesidad de atacar un país determinado se simplifica la naturaleza de su régimen personificándolo en la figura de su dirigente, que es convertido en una mezcla de demonio sanguinario y siniestro personaje de películas de western americano. El régimen o el dirigente a destruir pierde así toda connotación política para convertirse en una figura semi-religiosa: la personificación del Mal absoluto. De esta manera se le ofrece a la opinión pública occidental un sencillo pack que le permita comprender fácilmente los motivos de la campaña contra el nuevo enemigo de la libertad, sin tener que entrar en espinosas consideraciones económicas, históricas o políticas que podrían crear dudas peligrosas sobre los verdaderos intereses en juego. La cuestión central es ocultar la agresión real de las potencias imperialistas contra un país independiente fabricando una imagen mitológica, la lucha del Bien –la OTAN y/o los rebeldes– contra el Mal –el demonio de turno–. Esta imagen es perfectamente asequible a una población saturada cotidianamente con productos de la industria del entretenimiento norteamericana y afín –como los innumerables productos cinematográficos de propaganda occidentalista–, donde las culturas no occidentales son presentadas como inferiores que deben ser “educadas” por occidente, o bien como entes potencialmente terroristas cuya única razón de existir es un odio obsesivo contra los valores de la democracia y la libertad encarnados en Estados Unidos y sus amigos europeos.

La izquierda occidentalista se mueve a sus anchas en este escenario de criminalización de otras culturas y de demonización semi-religiosa e irracional de cada nuevo enemigo de la libertad, ya que eso le permite no tener que justificar su postura abiertamente pro-colonialista, escudándose en las imágenes potentes creadas por la propaganda de guerra otanista. Para ello elabora sus propios packs ideológicos basados en un productos similares a la ideología neocolonialista otánica, pero con un envoltorio y una campaña publicitaria especializada que, beneficiándose de los mensajes dominantes de los medios imperialistas sobre el próximo demonio a destruir, se dirige a un segmento concreto de “consumidores”: sus propios seguidores o personas potencialmente solidarias con la lucha anticolonialista de los pueblos oprimidos.

La izquierda occidentalista promueve los valores morales y políticos surgidos del mundo occidental imperialista, a los que considera en última instancia superiores a cualquiera del resto del mundo, aunque para expresar la adhesión a estos valores emplee un vocabulario radical y de extrema izquierda. La izquierda occidentalista se transforma en izquierda otanista por el hecho de coincidir con la OTAN en la necesidad de destrucción de los gobiernos y Estados etiquetados como “delincuentes” por el imperialismo.
En el caso de Libia, la izquierda otanista es favorable a la eliminación de Gadafi y la destrucción del régimen que representa, bien sea apoyando abiertamente la intervención de la OTAN como justificación del imperialismo humanitario, bien sea recurriendo a la acción de unos supuestos “revolucionarios” libios que luchan por la democracia y la libertad frente a la tiranía y que, como se ha demostrado, es una coalición formada por ex funcionarios occidentalistas y corruptos del régimen de Gadafi aliados a los integristas islámicos y mercenarios de Qatar, Pakistán, Egipto y de Al Qaeda, teledirigidos por la OTAN.

La izquierda otanista está constituida por una mayoría significativa de la izquierda institucional europea, partidos ecosocialistas, renombrados intelectuales de izquierda, algunos llamados anticapitalistas, trotskistas y también algunos seguidores de Lenin –que curiosamente han roto con la política leninista de apoyar los movimientos de liberación nacional–. Además encuentra eco en otras partes del mundo: entre otros, la mayoría de partidos trotskistas y también hasta algún partido comunista árabe que coinciden en convertir en héroes del pueblo a las hordas criminales de integristas torturadores y asesinos, y ni siquiera se molestan en condenar las matanzas de la OTAN.

La izquierda occidentalista hunde sus raíces en un eurocentrismo arraigado en siglos de un salvaje colonialismo occidental sobre los pueblos oprimidos, que encontró apoyos entusiastas en las capas más progresistas de la sociedad del siglo XIX. Es interesante recordar al respecto la profunda reflexión que el escritor palestino Edward W. Said plasmó en Cultura e imperialismo:

«Durante muchas décadas de expansión imperial, en el corazón de la cultura europea latía un inocultable y latente eurocentrismo. Artistas y escritores de vanguardia, la clase obrera, las mujeres, mostraban un fervor imperialista que aumentaba en intensidad y febril entusiasmo al ritmo en que crecía la brutalidad y el insensato control de las potencias europeas y norteamericana sobre los pueblos sometidos. El eurocentrismo penetró la médula misma del movimiento obrero, de las mujeres y de la vanguardia artística: nadie significativo quedó fuera de su alcance».

Este eurocentrismo frecuentemente ha generado un grotesco complejo de superioridad sobre otros ensayos y experiencias políticas alternativas alejadas de los moldes occidentales, normalmente despreciados o poco comprendidas debido a que han sido observadas desde el microscopio occidentalista. Además comporta la defensa de un occidentalismo mesiánico “de izquierdas”, que se acentúa al tiempo que la influencia social y la base de una buena parte de la izquierda occidentalista –especialmente los grupos más radicales– se reduce alarmantemente por el hecho de estar circulando, con velocidad creciente, por los raíles de la dinámica grupuscular, endogámica y atomizadora que suele preceder a las fases de desintegración. 

Libia y la doble moral de una parte de la izquierda

La actitud frente a los acontecimientos de Libia ha consagrado una doble moral impune entre una parte de la izquierda, y desgraciadamente no sólo entre la occidental.

Prosiguen con implacable determinación asesina las operaciones militares imperialistas en Libia y se suceden con «normalidad» los criminales bombardeos otánicos contra la población. Las matanzas, las mutilaciones y las torturas salvajes perpetradas por los mercenarios del Consejo Nacional de Transición, de Al Qaeda y del ejército de Qatar han producido miles de víctimas, la inmensa mayoría mujeres, niños y otros civiles inocentes. Al mismo tiempo, en Libia, los medios de comunicación imperialistas han alcanzado un grado de manipulación y desinformación que ha superado con creces incluso las anteriores guerras precedentes, donde las «fosas comunes de Milosevic» o las «armas de destrucción masiva de Saddam» fueron las coartadas fabricadas para el imperialismo humanitario en Yugoslavia e Irak.

Ante esta barbarie monstruosa, ¿cuál es la actitud de la izquierda occidentalista y de otras corrientes de la extrema izquierda que han defendido encendidamente otras causas políticas? Pues ni más ni menos, una actitud que oscila entre la hipocresía y la complicidad de la izquierda occidentalista, y una incomprensible falta de solidaridad entre parte de otra izquierda a la que se le supone de naturaleza diferente.

Hemos visto a organizaciones políticas, artistas e intelectuales pretendidamente de izquierdas rasgarse las vestiduras ante los «bombardeos del dictador Gadafi contra su propia población» –otra mentira fabricada por el imperialismo–, firmando llamamientos grandilocuentes y comunicados incendiarios contra la «tiranía», y movilizándose en apoyo de la «revolución libia». En cambio, tras varios meses de bombardeos de la OTAN todos estos hooligans de los «revolucionarios libios» que estaban emocionalmente destrozados por «la «represión de la tiranía de Gadafi contra su propio pueblo», ahora ni siquiera mueven un dedo o incluso apoyan medidas que permiten las matanzas y mutilaciones de miles de libios, la mayoría civiles inocentes, a manos de los ejército otánicos y las bandas de fanáticos asesinos integristas.

Hemos visto a una izquierda que defiende el laicismo o el ateísmo radical en su casa, pero en Libia apoya a los mercenarios islámicos extremistas que quieren destruir el régimen laico de Gadafi. Una izquierda ultrafeminista en occidente, pero defiende a fuerzas políticas tan “revolucionarias” que pretenden devolver a la mujer a la edad media, al tiempo que ataca al gobierno libio gobierno que promovía la igualdad de género. Una izquierda que en España es ultra republicana y se pelea por demostrar quién odia más a la monarquía española, y en cambio en Libia apoya a los «revolucionarios» seguidores de la monarquía corrupta y neocolonialista suprimida por Gadafi, aliados también a las siniestras monarquías feudales árabes. Una izquierda que en occidente defiende la expropiación de las riquezas y las nacionalizaciones, pero se opone radicalmente a un gobierno libio que nacionalizó el petróleo y otros recursos en la práctica, no sólo en palabras. Una izquierda que se estremece de emoción ante las fiestas de la “diversidad cultural y étnica” de colectivos de emigrantes típicas de occidente, pero en cambio condena al régimen de Gadafi que promocionó las diversas etnias de Libia poniendo fin a la supremacía de la tribu de Bengasi. Una izquierda que dice estar a favor de la educación y la salud gratuitas y universales, y en cambio arremete contra un gobierno que trataba de garantizar tales derechos a su población.

Hemos visto una izquierda que en occidente tiene el antirracismo como religión, pero en cambio tolera que los mercenarios otánicos reivindiquen Libia «sólo para los blancos» y persigan, quemen vivos y asesinen a los trabajadores negros extranjeros por el color de su piel. Una izquierda que defiende los «papeles para todos» y ataca a un régimen que dio la nacionalidad a decenas de miles de trabajadores africanos. Una izquierda que dice estar a favor de la “auténtica democracia” y de la democracia directa, pero se horroriza ante la perspectiva de que en Libia existieran formas de participación directa. Una izquierda que dice estar contra la OTAN y ataca a uno de los pocos dirigentes que se opuso al establecimiento del Africom, la OTAN africana dirigida por Estados Unidos. Una izquierda que defiende el derecho de autodeterminación, pero sólo si es en su propio país o en lugares donde las potencias otánicas tienen intereses claves. Una izquierda que defiende la “justicia” como un principio universal, pero que tolera los intentos de asesinato de Gadafi sin ningún tipo de juicio y el asesinato de varios de sus familiares por las bombas de la OTAN. En fin, una izquierda que defiende que los derechos humanos tal y como se entienden en occidente son principios universales inviolables y sagrados, pero no mueve un dedo cuando conoce que los mercenarios otánicos torturan y asesinan en masa, como jaurías de bestias salvajes, no sólo a partidarios de Gadafi sino también a ciudadanos libios inocentes y a los trabajadores negros.

Hemos visto también recientemente a buena parte de la izquierda mundial –en este caso especialmente a la izquierda no occidental– rasgándose las vestiduras contra el presidente Hugo Chávez al que se le acusaba de «violar el derecho internacional» acerca de la política seguida por el gobierno bolivariano respecto a supuestos miembros de las guerrillas de las FARC y algún activista colombiano de izquierdas. Se han derrochando ríos de tinta, se han convocando movilizaciones, se han llenando miles de páginas de encendidas protestas airadas y listas de notables intelectuales izquierdistas y premios Nobel, y se han constituido asociaciones para protestar airadamente contra las decisiones del gobierno venezolano; en cambio una parte de esta izquierda que casi quería quemar en la hoguera a Chávez y a su gobierno –por fortuna, otra parte sí que está activamente pronunciándose a favor del pueblo libio– permanece ahora en el más absoluto silencio respecto un suceso que afecta a la vida de millones de personas y a la soberanía nacional de un país agredido por la OTAN, suceso que a todas luces es miles de veces más grave que la supuesta injusticia cometida contra algunas personas concretas por más que sean luchadores revolucionarios. ¿Acaso en Libia no se está pisoteando miles de veces más el «derecho internacional» que se considera sagrado para un grupo de ciudadanos colombianos, con el resultado de miles de muertos y la devastación del país? ¿Dónde están ahora los defensores heroicos del «derecho internacional violado»,  especialmente los intelectuales de renombre?

¿Tiene derecho a defenderse un país agredido?

¿Tiene derecho a defenderse un país y un gobierno que es atacado bárbaramente por fuerzas extranjeras, sin declaración previa de guerra y tras una campaña de mentiras y difamaciones? Según la izquierda occidentalista, no tiene ningún derecho a defenderse.

Si pusiéramos como modelo de derrocamiento por fuerzas invasoras, en coordinación con elementos internos, de un gobierno y un régimen legítimo surgido de la voluntad popular que promueve reformas sociales, reconocido por las instituciones internacionales y protegido por el derecho internacional, la inmensa mayoría de la izquierda occidental evocaría instantáneamente la rebelión de sectores civiles y militares de extrema derecha contra la República española y el gobierno del Frente Popular en julio de 1936, seguida de la inmediata invasión de los ejércitos fascistas de Hitler y Mussolini.

Pues bien, una situación probablemente mucho peor está sucediendo en Libia en estos momentos: un gobierno legítimo, miembro de la ONU, protegido por este derecho internacional y reconocido por la llamada “comunidad internacional”, un gobierno que además había realizado una política de reformas sociales, está siendo derrocado y su población civil aniquilada impunemente por unas fuerzas militares extranjeras en coordinación con elementos locales insurrectos extremistas, amparándose en la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta resolución –ya de por sí un atentado a la soberanía nacional y totalmente unilateral, puesto que se basaba en informaciones de los medios de comunicación occidentales que se han demostrado completamente manipuladas– ni permitía armar a los llamados “rebeldes”, ni el derrocamiento del gobierno libio, ni el asesinato de Gadafi y sus familiares, ni tampoco el bombardeo indiscriminado de la población civil, tan sólo establecía la creación de una zona de exclusión aérea y un bloqueo de armas a Libia.

Nadie en su sano juicio entre la izquierda occidental en 1936 le negaría el derecho la República española –que, a diferencia de Libia, era una metrópoli colonial que poseía el Marruecos español, el Sáhara y la Guinea española– la lucha armada contra la invasión fascista. Y al igual que en 1936 la gran prensa burguesa mundial acusaba a los republicanos de cometer multitud de atroces crímenes manipulando la información y mintiendo, se utiliza hoy la misma técnica contra el régimen de Gadafi. Las diferentes corrientes de la izquierda occidental que en 1936 se movilizaron para ayudar a la República española y condenaron la participación de Hitler y Mussolini, hoy en gran parte permanecen sordas y mudas, impávidas ante las matanzas de los nuevos caudillos nazi-otanistas. Si en 1936 las bombas incendiarias de la Legión Cóndor alemana contra Madrid y Gernika levantaban a una opinión pública mundial indignada y a los partidos de izquierdas, hoy ni siquiera hay interés en condenar los mucho más mortales bombardeos de la Legión Cóndor otánica contra los Gernikas libios.

¿Por qué hoy la inmensa mayoría de la izquierda occidental no sólo se niega a apoyar, sino que incluso socava la lucha patriótica anticolonial del pueblo libio y ni siquiera mueve un dedo por las víctimas de las matanzas nazi-otánicas? Sencillamente, porque la izquierda otanista considera a estas víctimas como los “daños colaterales” necesarios para implantar en Libia los valores que defiende; porque para esta izquierda son más tolerables los crímenes de los políticos atlantistas y los regímenes imperialistas herederos de aquellos que cometieron genocidios contra decenas de millones de indígenas y esclavos negros; porque es una postura políticamente correcta silenciar los millones de crímenes del imperialismo y los de Sarkozy, de Obama, Cameron y otros asociados menores, y cebarse en los crímenes –reales o supuestos– que se le atribuyen al demonio de turno, en este caso Gadafi.

¿Era Gadafi un agente del imperialismo en Libia?

La izquierda occidentalista promueve el derrocamiento de Gadafi con el argumento de que era un agente del imperialismo en Libia.

Hasta hace pocos años Libia fue duramente aislada y bloqueada por los regímenes imperialistas, sufriendo un estancamiento económico y el aumento de problemas sociales. Para romper el aislamiento, desaparecido el antiguo bloque soviético con el que tenía buenas relaciones, se optó por una retirada política mediante concesiones y reformas liberales que pusieron a parte de la economía y el petróleo en manos occidentales y se desarrolló la corrupción entre sectores del régimen. La cooperación parece que alcanzó incluso a los servicios de inteligencia, que habrían trabajado –según algunas informaciones de la prensa imperialista, muy poco fiable– con la CIA y el MI6 en la persecución del terrorismo islámico. Gadafi fue recibido con honores por todos los jefes de Estado occidentales, incluyendo Sarkozy, Berlusconi y Obama entre otros.

Pero Gadafi no fue un agente del imperialismo como afirma la izquierda otanista. Hay evidencias de peso que muestran que varias corrientes políticas se desarrollaron en el interior del régimen de la conocida como Jamahiriya Árabe Popular Socialista. Estas corrientes desarrollaron intereses contrapuestos y sus propios calendarios políticos: desde los más afines a posiciones “socialistas” o, para entendernos, defensores de la igualdad y los derechos sociales –entre ellos el propio Gadafi– así como de independencia nacional y panafricanismo, hasta los sectores más liberales y pro-occidentales, muchos de los cuales se desmarcaron del régimen y formaron parte de la conjura que preparó Francia para desencadenar la rebelión al servicio de la OTAN. El régimen libio, además, se estableció sobre una sociedad tribal relativamente frágil debido a las posturas tradicionalmente pro-colonialistas y monárquicas de la tribu de Bengasi y la potencial influencia desestabilizadora del islamismo radical, constantemente reprimido. Esta sociedad tribal, además, tenía sus canales de poder político y de participación directa en el régimen libio, resultando de todo ello una compleja interacción con las diferentes corrientes políticas del régimen y con el propio Gadafi, que al parecer en determinados momentos quedó en minoría frente a algunas decisiones políticas importantes, como la de disolver ministerios corruptos.

No obstante, a ojos de gran parte del pueblo libio, la figura de Gadafi seguía manteniendo un elevado valor simbólico como referente vivo de la independencia del país. Además, como suele suceder en otras experiencias revolucionarias –sobre todo cuando las revoluciones atraviesan dificultades económicas– es muy posible que la juventud de las ciudades fuera también mucho más receptiva a los valores, ideas y modelos culturales occidentales, procedentes de la globalización imperialista. De todo ello resulta un régimen y una sociedad libia mucho más compleja de lo que la ridícula qaesquematización occidental pretende. La deserción de los sectores más liberales y pro-occidentales del régimen libio –según parece tras la decisión de Gadafi de revertir algunas políticas neoliberales– y las dificultades sociales provocadas por el bloqueo imperialista y las políticas neoliberales, fue aprovechada por el imperialismo–en el contexto de la controvertida “primavera árabe” que sacudió algunos regímenes del norte de África– para preparar la insurrección de Bengasi, que ya había sido decidida por Sarkozy desde mucho antes, tras comprar a desertores de Gadafi y a las hordas asesinas de integristas islámicos. Sarkozy recibió rápidamente el apoyo cómplice de Obama, Berlusconi, Zapatero y Cameron –que no querían perder su parte del botín– entre la incomprensible inhibición de Rusia y de China, que perdían una posición estratégica en el mediterráneo.

Es curioso ver con qué facilidad la extrema izquierda etiqueta de «agente del imperialismo» a cualquiera que se le antoje, según el capricho ideológico de cada uno. Para algunos, Fidel Castro sería un agente del Partido Demócrata estadounidense por algunas declaraciones positivas que hizo sobre Kennedy, Carter o sobre Obama al principio de su mandato, o un agente del “imperialismo chino” por el comercio que tiene Cuba con este país. Para otros, Lenin y los bolcheviques eran agentes del imperialismo alemán ya que fueron los alemanes quienes pusieron un tren a disposición de Lenin para que éste entrara secretamente en Rusia con la esperanza de que los bolcheviques crearan dificultades al gobierno ruso. Más adelante, Lenin y Trotsky de nuevo fueron acusados de agentes del imperialismo alemán por negociar separadamente la paz con Alemania en 1918 cediéndoles una tercera parte del territorio ruso como indemnizaciones de guerra. Volvieron los bolcheviques y Lenin a ser agentes del imperialismo alemán cuando negociaron secretamente el Tratado de Rapallo en 1922 que, entre otros acuerdos, estipulaba la posibilidad de que el ejército alemán se entrenara secretamente en territorio soviético.
 
La lista de «traiciones» para la izquierda otanista sería interminable, tanto como el interés que exista en impedir los movimientos de solidaridad con pueblos concretos, pero eso no responde las preguntas necesarias: ¿era Gadafi un agente del imperialismo? ¿Acaso el imperialismo derrocó a Franco, Salazar, Sukarno, Pol Pot, Pinochet, el Sha de Persia, las dictaduras argentinas, las monarquías despóticas y sanguinarias de Qatar, Bahrein, Arabia Saudí, los tiranos Batista, Somoza y tantos otros semejantes? ¿Por qué en Libia y en Siria se produce la injerencia occidental, y no en las monarquías árabes o en Yemen donde ha habido fuertes insurrecciones populares con decenas o cientos de muertos? ¿Tiene la izquierda otanista alguna respuesta creíble?

Conclusión

La invasión otanista de Libia forma parte de la larga cadena de agresiones y genocidios que el imperialismo viene perpetrando a diestro y siniestro desde que la Unión Soviética –cuya sola existencia hacía imposible que se cometieran estas monstruosas barbaridades– comenzó su declive y dejó de existir. Así, la primera guerra del golfo contra Irak, las guerras de Yugoslavia, la invasión de Afganistán, el genocidio del Congo, la segunda guerra contra Irak, la colonización francesa de Costa de Marfil y finalmente la guerra contra Libia –sin contar un buen número de conflictos menores, como los sucesos del Tíbet o la intervención silenciosa en muchos países de África–, muestran la senda por la que ha decidido avanzar el imperialismo moderno. Algunos han denominado a esta política la “guerra infinita” y otros la “balcanización” del planeta. Son conceptos que definen muy bien las formas que adopta el imperialismo moderno para conquistar un país. Pero su esencia real es que se trata pura y simplemente de una política de conquista colonial.

Mientras Libia se convierte en un inmenso cementerio colectivo y sus pueblos y ciudades son reducidos a escombros, la izquierda occidentalista se muestra impasible ante las matanzas de la OTAN o incluso apoya los designios del imperialismo para Libia y el resto del continente africano con sus irracionales y fantásticas argumentaciones pseudo-izquierdistas. Los regímenes que el imperialismo instaura en los países que conquista generan un grave deterioro de las condiciones de vida, privatizaciones salvajes, empobrecimiento masivo, retroceso brutal de los derechos sociales y de la igualdad de género, odios interétnicos y, además, convierten el país en protectorados del atlantismo dirigidos por las embajadas occidentales que instalan bases militares de la OTAN. Pero eso, para la izquierda occidentalista, no tiene ninguna importancia.


Por fortuna, frente a las repulsivas manifestaciones de fervor neocolonial de la izquierda otanista, comienza a emerger la izquierda internacionalista y solidaria en occidente, sumándose a los posicionamientos inequívocamente anticolonialistas de los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador así como el de Zimbabwe, Sudáfrica y la Unión Africana –por ahora–, además de un gran número de intelectuales africanos anticolonialistas. Esta tendencia se refuerza por las voces valientes de intelectuales y organizaciones políticas de la izquierda occidental que se oponen a la barbarie otanista. Esta izquierda defiende que el futuro de Libia debe decidirlo el pueblo libio sin que intervenga la injerencia imperialista. No sólo eso: también ha tomado conciencia de que Libia, como preámbulo probable de Siria, de toda África y de Oriente Medio, está siendo invadida por el neocolonialismo otanista y que Gadafi –independientemente de la opinión que merezca o de sus aciertos y errores pasados– ahora mismo está liderando la lucha patriótica de liberación nacional y por ello merece la solidaridad internacionalista.

Si la defensa que hizo la Segunda Internacional socialdemócrata de la participación en la I Guerra Mundial y su pasividad o justificación de la esclavización de los pueblos colonizados provocó la ruptura de Lenin y los internacionalistas, hoy la actitud ante el neocolonialismo y la opresión de los pueblos oprimidos debería mostrar la diferente naturaleza de los partidarios del otanismo y los partidarios del internacionalismo, de la pseudo-izquierda occidentalista y neocolonialista, y de la izquierda comprometida y solidaria. Para ello, la izquierda internacionalista debería rechazar entrar en oscuras transacciones con la izquierda otanista basándose en estrechos cálculos electoralistas, y en un pragmatismo que daña la solidaridad con los pueblos oprimidos a cambio de mezquinas perspectivas de vida en las entrañas institucionalistas del propio país.

La izquierda crítica y valiente, que no tiene miedo a desafiar las mentiras imperialistas y lo políticamente correcto, puede ser la base de la reconstrucción del internacionalismo, el anticolonialismo y la solidaridad. Estos son los elementos sin los cuales es imposible que la izquierda occidental resucite como alternativa creíble ante unos trabajadores occidentales influenciados por décadas de un nacionalismo imperialista y un eurocentrismo brutalmente alienante contra los pueblos oprimidos, hechos históricos que permiten entender el apoyo que encuentran las formaciones de extrema derecha y racistas entre amplios sectores obreros y populares de occidente: el colonialismo en el exterior con su nacionalismo imperialista retroalimenta las tendencias racistas, reaccionarias y fascistas en el interior, y provoca la división de la clase obrera. La izquierda internacionalista, si quiere convertirse en alternativa para los trabajadores occidentales, deberá en primer lugar romper este círculo vicioso.

Medios de comunicacion, la 5º columna de la OTAN en LIBIA


Vint-i-dosena concentració veritat, justícia i reparació


El futur no es pot construir sobre la reafirmació en els errors del passat. Aixòés quelcom més que una evidència, és el que ha estat passant en la nostra petita democràcia que ha minvat a l’ombra d’un parany de la dictadura: la constitució monàrquica i la transició. Una ombra que ha enfosquit i barrat tota possibilitat de justícia per a les víctimes del feixisme espanyol. No és casualitat que un dels crits més escoltats en les darreres mobilitzacions socials hagi estat: “li diuen democràcia però no ho és”.

No és res de nou que denunciem aquest fet. Ni la llei d’impunitat i punt final del 77 que va amnistiar els culpables de crims de lesa humanitat ad eternum. Ni la monàrquica constitució que una important part de la població actual no va votar i que ha deixat de ser intocable per obra i gràcia dels mercats. Ni la corona imposada pel dictador. Ni l’estat aconfessional que es confessa de genolls tot esperant el perdó d’una església catòlica i les seves poderoses sectes enfortides sota les branques de la dictadura. Una església que mai no ha demanat perdó pels seus crims i per la més que necessària col·laboració en el cop d’estat del 36 i la interminable repressió, sinó tot el contrari. Aquest dies que ha estat Ratzinger a Madrid han repartit un llibret on s’explica el període republicà com als llibres franquistes. Ells no perdonen i nosaltres no estem disposats a continuar posant la galta esquerra batejada com reconciliació nacional perquè ja portem moltes bufes. El que farem és el que hem vingut fent aquest darrers anys, plantar cara però amb més contundència perquè no estem disposats a continuar amb aquest trágala ad infinitum que pateixen les víctimes, els seus familiars i les associacions ciutadanes que vetllen pel seu dret a rebre justícia. També dir a la senyora vicepresidenta que així com els catòlics no poden utilitzar en va el nom de déu que ella no ho faci amb Ferrer i Guàrdia o amb el president Companys, que van ser assassinats a un castell des de on es bombardejava la ciutat, que no els utilitzi en nom de cap reconciliació.

Ningú ens ha de donar lliçons de democràcia, cap govern, ni partit, ningú ens ha d’explicar la història que ja coneixem de primera mà a través dels testimonis dels que van representar i defensar els valors democràtics de la República, la única democràcia legítima i legal que hem tingut en aquest estat. Són les mateixes dones i homes que van lluitar contra el feixisme i van deixar la vida en aquesta lluita.

Per tot això diem no al Memorial Democràtic al castell de Montjuïc. No volem que ens tanquin a la garjola de l’oblit del soterrani de la història, per convertir-nos en una atracció més d’aquesta ciutat de cartró-pedra, com un record llunyà d’una guerra a un castell militar de molt difícil accés. Volem un espai cèntric i ben comunicat per a ubicar el Memorial, volem que aquest no es converteixi en un museu de la seva Guerra Civil sinó en un espaiinteractiu i viu on les víctimes de la repressió franquista del 36 al 77 i les víctimes de la transició tinguin tot el protagonisme com lluitadors antifeixistes. No es tracta com diu el senyor Duran i Lleida en referència al període 36-39: “unos y otros las hicieron de todos los colores”, frase d’un simplisme inaudit que comparteix la vicepresidenta Ortega, les víctimes del franquisme no són les baixes d’una guerra. Aquest govern ha de comprendre que es tracta de denunciar el terrorisme d’estat, els crims de lesa humanitat d’una dictadura terrible que volen fer passar per altra cosa. Es tracta de que aquests crims no prescriuen i per això no estem disposats a que ens tractin com rancuniosos àvids de venjança, sinó com víctimes amb tot el dret a rebre justícia i reparació i que la veritat surti a la llum en tota la seva dimensió. Nosaltres no en tenim por, i vostès? No volem un memorial amb dues sales, amb dues categories de víctimes anivellades amb l’esperit de la transició, no volem que ens expliquin allò de la guerra fratricida perquè es va tractar d’un cop d’estat a un govern democràtic, que es va defensar d’una agressió contra el poble que representava. Un cop d’estat dut a terme per uns generals, una església i una oligarquia que només volien perpetuar un model d’explotació dels que eren els únics beneficiaris. I d’aquell triomf venen encara les nostres mancances, la nostra impotència i la llosa perpetua que porten les víctimes. Víctimes que han estat criminalitzades, i que trenta-sis anys després de la mort del dictador al seu llit, continuen sentint els mateixos arguments per no rebre justícia. Ja ni ha prou.

No al Memorial Democràtic al castell. No a l’equiparació de víctimes i victimaris, quetants anys de gloria han tingut i que van ser tan ben pagats. No a la tergiversació de la història. No a la discriminació de les víctimes antifeixistes i la seva divisió en acceptables i criminals. Per això el 17 de setembre ens concentrarem a la plaça Sant Jaume i us convidem a totes i a tots per a mostrar la nostra indignació i continuar exigint veritat, justícia i reparació per a totes les víctimes del franquisme. Recordarem els darrers afussellats del franquisme que van ser assassinats el 27 de setembre de 1975, 36 anys després de la caiguda de la República. També tornarem a demanar l’anul·lació dels judicis del franquisme. Ara que la constitució ja no és tan sagrada i pot canviar-se en benefici d’uns quants, no hi haurà cap problema per fer-ne més canvis si cal i no ens la podran posar com excusa per barrar-nos el pas a la justícia.

Avui més que mai és necessària la nostra unitat i el nostre rebuig a tanta humiliació, no podem consentir que ens tanquin al nas la petita porta que havien obert a la memòria democràtica. Molts ja no poden esperar més perquè el temps s’esgota, ajudem-los. Us esperem.

Tiken Jah Fakoly- Plus Rien Ne M'étonne- (ya nada me asombra)



"El vídeo esta editado por un chico de la asociación de ecologistas Ben Magec, no se si os suena, que recientemente se ha desplazado por los institutos canarios para dar a conocer la situacion q se vive el los países del africa occidental subsahariana. la cancion es de un cantante de reegea de Costa de marfil, bastante conocido, sobre todo por las numerosas criticas que hace en sus canciones y por sus tendencias rastafaris, motivos por los ha sufrido varios intentos de asesinato."

VINT-I-UNENA CONCENTRACIÓ VERITAT, JUSTÍCIA I REPARACIÓ

Extret de: Mesa de Catalunya


Juliol de resistència a Barcelona, juliol de resistència a Catalunya. El poble català va guanyar aquell 19 de juliol de 1936, va plantar cara al cop d’estat feixista dels generals deslleials a la República i va guanyar. Va ser una victòria dels antifeixistes, dels lluitadors defensors de la legalitat republicana que van continuar resistint fins el seu darrer alè a les trinxeres, fins al seu darrer sospir davant dels escamots de afusellament, fins a la seva última ullada al món abans de ser tirotejat en un voral del camí. Resistents fins a l’últim pensament abans de creuar la frontera a camps de malaltia, fam i mort. Resistents en les garjoles, a l’exili, en l’estigmatització i la gana, en la lluita clandestina. Resistents alguns encara avui en dia. A totes aquestes i aquests resistents honorem cada vegada que exigim veritat, justícia i reparació, tambéles seves famílies i els seus amics.

Aquell juliol victoriós a Catalunya va ser un mes de foc, sang, dolor, terror i mort a Ceuta, Melilla, Galicia, Navarra i altres punts de l’estat on va triomfar l’exercit traïdor del general més criminal de la nostra història. Aquest personatge no era només totalitari, aquest seria un adjectiu modest senyor Suarez i senyors de la Real Academia de Historia. Franco va ser un dictador, un assassí, un aliat del nazisme alemany i del feixisme Italià, tant culpable de crims de lesa humanitat, ell i els seus comandaments, com Hitler amb la seva SS i la Gestapo, que tant bé va ensenyar als futurs repressors de la dictadura franquista com Melitón Manzanas, condecorat per Aznar. 40 anys de dictadura i desenes i desenes de milers d’assassinades i assassinats (els últims el 27 de setembre de 1975), de desaparegudes i desapareguts, de torturades i torturats, de preses i presos avalen que aquest colpista va ser i continua sent després de mort un dictador culpable de crims que mai prescriuran.

Nosaltres resistim i continuem lluitant. Alguns ho fem en nom dels que ja no tenen veu, d’altres ho fem per ells i en nom propi. Ho fem en nom dels nostres pares i mares, avis i avies, dels nostres familiars, perquè la dignitat que a elles i ells els sobrava és equivalent a la nostra indignació, que és molta. Estem indignats per la manca de respecte d’unes institucions i estaments lligats a una constitució monàrquica, que va propiciar un dictador. Un sistema fill de lo atado y bien atado que ha donat l’esquena a la legitimitat i legalitat de la República i que es nega a donar el que per dret pertoca a aquelles i aquells que si coneixien el significat de la paraula democràcia. Resistim i resistirem fins que siguin reparades totes les víctimes del franquisme sense excepció, des del 1936 fins el 1975, i les víctimes de la transició fins el 1978. Fins que siguin anul·lats els judicis dels il·legals tribunals franquistes i fins que el franquisme sigui condemnat sense pal·liatius pel govern de l’estat espanyol. Fins que no deixin d’estableixier comparacions i equiparacions grolleres entre els colpistes i els defensors de la llibertati per part de totes aquelles i aquells que es consideren representants democràtics del nostre poble.

Dissabte 2 de juliol ens tornarem a trobar a les 12 del migdia a la plaça Sant Jaume per exigir veritat, justícia i reparació, per demanar l’anul·lació dels judicis del franquisme i per homenatjar els resistents que van sobreviure i aquells a qui van robar la seva vida un estiu de fa 75 anys.

La OTAN ataca parque infantil en Libia y mata ocho personas


Un total de ocho muertos, entre ellos dos periodistas, fue el saldo que dejaron los últimos ataques registrados en Libia por parte de la coalición de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El bombardeo fue dirigido a un parque infantil perteneciente a una residencia del líder Muammar Al Gaddafi.

A través de la red social Twitter, el enviado especial de teleSUR a Libia, Rolando Segura, informó que los bombardeos registrados en la madrugada de este jueves afectaron edificaciones civiles y áreas de recreación infantil, este último habría sido señalado como una salida de emergencia de un conjunto residencial del Al Gaddafi en Trípoli, capital de Libia.

Segura comentó que parte las víctimas de este ataque ¨no eran generales, ni militares¨.

Este ataque se registró a las 03H00 local (05H00 GMT). La ciudad de Trípoli se estremeció con las múltiples explosiones.

El portavoz del Gobierno libio, Moussa Ibrahim, enfatizó que "este ataque es injustificado, no tiene moralidad ni legalidad".

El luto se presenta en toda la ciudad, donde centenares de personas acuden al sepelio de las personas fallecidas en la madrugada de este jueves.

"Las mujeres lloran a sus esposos e hijos y los niños a sus padres, todos ellos civiles asesinados por la OTAN", expresó el portavoz libio.

Ibrahim señaló que "una vez más Libia es víctima de los cobardes ataques de la OTAN, con misiles pagados por Qatar y Emiratos (...) han roto toda relación con el Islam y el arabismo¨, informó Segurá.

El portavoz dijo que el ataque se llevó a cabo con cinco misiles a un costo de dos millones de dólares cada uno.

Fuente: Telesur

Comunicat en resposta a la negativa del PP i del PAR de Calatayud a posar un memorial a “El Barranco de la Bartolina” (via A.R.I.C.O.)


"Después de leer el comunicado de prensa del ayuntamiento de Calatayud haciendo referencia a la negativa de la construcción de un memorial a las víctimas de Calatayud y su comarca asesinadas durante la guerra civil española en el barranco de la Bartolina por parte de los grupos municipales del PP y del PAR, queremos expresar nuestro más rotundo rechazo a tal resolución. Nos parece impropio de personas civilizadas y además representantes políticos de una parte de la ciudadanía, que se niegue el derecho de los familiares a poder tener un reconocimiento por todo lo que tuvieron que sufrir y siguen sufriendo.

Nos parece impropio de personas que tanto hablan de cerrar heridas y son incapaces de poner los medios para ello.

Nos parece que esto es más propio de personas con mente sucia y retorcida.

Siguen quedando muchas fosas comunes en los barrancos, orillas de los caminos, campos de labor, lugares varios y también está el valle de los caídos. En todos estos lugares siguen enterrados los restos de la barbarie, premeditada y muy bien planeada, para la aniquilación de una parte de la sociedad de 1936. Aún hoy, en el año 2011, los herederos ideológicos de los que vencieron en la guerra civil siguen intentando ocultar los hechos.

El gobierno a día de hoy, sigue mostrando su lado más cobarde con esta parte de la historia, echando toda la responsabilidad y trabajo a los familiares y asociaciones; se cree que con dar cuatro perras ya se lava las manos. ¿ A quien tiene miedo a estas alturas ? ¿Qué favores se deben todavía? ¿A quién se los deben?

Se están haciendo los mapas de fosas y están saliendo a la luz pública miles de ellas; se está reconociendo su existencia por los gobiernos regionales y el central, y en muchos casos se van a limitar a poner un memorial sin haber sido exhumada la fosa. Pues bien, una fosa común es un enterramiento ilegal con víctimas de asesinatos; ¿No sería obligatorio que la justicia, el gobierno o a quien corresponda exhumara esos restos los investigara, los identificara y los entregara a las familias? Si eso es lo que se hace en todo el mundo, ¿Por qué aquí no? ¿Por qué dicen nuestros políticos lo que tienen que hacer en otros países cuando aquí hacen lo contrario?, ¿Por qué se juzga al único juez que se ha atrevido a investigar estos asesinatos?

Quedan muchos familiares directos de esos asesinados desaparecidos, pero ya son muy mayores y por ley natural están muriendo. ¿Eso es lo que quiere el gobierno? ¿Que se mueran todos para que no reclamen y dejen de dar la lata?, ¿Que los nietos se cansen y dejen de molestar a sus señorías, tan importantes ellas, que no pueden perder el tiempo con los mortales? Craso error, siempre estaremos ahí para recordarles cuál es su obligación.

A.R.I.C.O., Memoria aragonesa, Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido

Este rastro es el que dejaron y no quieren verlo. Fosa común en Cetina (Zaragoza)"
Foto: A.R.I.C.O.


Podeu enviar la vostra queixa a l’Ayuntamiento de Catalayud i als grups municipals del PP (grupo@calatayudpopular.com) i del PAR (paracalatayud@gmail.com), per deixar constància que no tolerem que una institució democràtica, com és un ajuntament, perpetri un acte que és un insult a la memòria dels assassinats pel feixisme defensant la democràcia i la República, i que es troben desapareguts encara avui en dia. Podeu copiar aquí, al final de la pàgina, el text que us proposem per a la carta.

Només has de copiar el següent text i enviar-lo a l’Ajuntament (http://www.calatayud.es/ayuntamiento/buzon/buzon.asp) i al grup munucipal del PP (grupo@calatayudpopular.com) i del PAR (paracalatayud@hotmail.com):





Estimados señores,

Después de leer el comunicado del Ayuntamiento de Calatayud informando de la negativa de los concejales del PP y del PAR a la construcción de un monumento en memoria de los centenares de fusilados durante la Guerra Civil en el Barranco de la Bartolina, quisiera manifestar mi más profundo rechazo a tal bloqueo por su parte.

Vergüenza ajena, indignación y dolor son los sentimientos que se mezclan al leer esta noticia. En pleno siglo XXI y en un estado democrático, no podemos permitir que unos pocos, con intereses políticos obvios y remanescencias de un pasado muy oscuro, impidan el cumplimiento de los Derechos Humanos internacionales y del tratado sobre las desapariciones forzadas, ratificados por el Estado español.

Cualquier persona con un poco de sentido común entendería la necesidad de honrar a personas que lucharon por la libertad y fueron brutalmente asesinadas por sus ideas. No nos parece correcta su actuación como representantes de un partido político pues deberían mostrar una actitud democrática que tanto hace falta en este país.

Como bien sabrá, aún no se han podido encontrar los cuerpos de las víctimas entre los escombros del vertedero que se construyó encima de lo que podría ser la mayor fosa común de toda la comarca. ¡Qué menos que honrar la memoria de nuestros familiares con una placa que les recuerde, a la vez que nos recuerde a todos que tales hechos no pueden volver a repetirse jamás, ni aqui ni en ningún otro lugar!

Quisiera informarle que seguiremos buscando a los desparecidos, seguiremos pidiendo un memorial en el Barranco de la Bartolina, y difundiremos la noticia de su actitud antidemocrática para que se haga justicia.

Atentamente,

Nombre y apellido




També els podeu enviar a cadascun dels regidors del PP i del PAR:

PARTIDO POPULAR de Calatayud (PP)

Mercedes Sarrate de Castro

José Manuel Aranda Lassa

María Isabel Uriol Clemente

Ángel Guillén Sagué

Pilar Trell Palacián

Luis Miguel Maluenda Norza

José Manuel Gimeno Castellón

Gloria Delso Ibáñez

PARTIDO ARAGONES de Calatayud (PAR)