Cada día que pasa nos arroja con dureza lo que ya era evidente hace
más de dos décadas: el Pensamiento Débil por el que se deslizaba la
socialdemocracia, el partido comunista Italiano, las élites de los
partidos comunistas del llamado Socialismo Real, las grandes
organizaciones sindicales y los defensores del postmodernismo progre,
ha sido derrotado, arrasado y sustituido por el que en su día se
denominó Pensamiento Único o conjunto de ideas, valores y políticas que
en su día cimentaron la actual hegemonía neoliberal.
Y al hablar de hegemonía no sólo me estoy refiriendo al abrumador
peso de los gobiernos de derechas en la UE, el triunfo del PP el 22 de
Mayo o lo que parece va ser el 20-N sino al crédito, la aquiescencia y
la aceptación resignada de las ideas que informan la política
desarrollada en CCAA, diputaciones y ayuntamientos, y la que se anticipa
para después del citado 20-N.
No podemos deslumbrarnos ante las acciones, propuestas y apoyos del
mundo que representan los indignados; estas son importantísimas y
auguran un posible despertar ciudadano pero en la actualidad representan
un porcentaje mínimo de una población con millones de parados,
precarios y marginados de todo tipo. No existe un correlato ineluctable
entre la situación de degradación y la respuesta de rebeldía organizada;
cuando Marx hablaba de la clase en sí y la clase para sí definió con
precisión este fenómeno.
Mi situación de jubilado activo me permite constatar a pie de calle
que junto a la indignación de una minoría combativa y lúcida existe una
postración intelectual, moral y cívica que enmarca sus frustraciones en
los consumos de fútbol, sensacionalismo o pequeñas dosis de hedonismo on line.
Se ha instalado entre nosotros una situación de anomia que hace más
visible y acentuado el contraste entre los indignados y los que todavía,
personal y colectivamente luchamos, y una atmósfera social de sufriente
indiferencia.
Si alguna vez fue necesaria una fuerza política que haga de cada uno y
cada una de sus militantes una fuente de información, concienciación y
agitación es ahora mismo. El combate de ideas, la capacidad de análisis,
la prontitud en recabar información, la organización en al distribución
de la misma junto con el compromiso personal son, a mi juicio, algo
urgente que no puede dilatarse más en el tiempo. Las técnicas y medios
informatizados constituyen un instrumento de primera importancia y
eficacia. Pero ello demanda una reflexión, un debate y una decisión
acerca del papel de nuestro partido en estos momentos.
Todavía hay entre nosotros una ingente cantidad de dirigentes,
cuadros, militantes, ex militantes y personas cercanas que están
deseando entrar en el combate de las ideas, la información y el debate
en cualquier ámbito, lugar, instancia, medio o circunstancia; y además
de estar deseándolo tienen la capacidad y preparación suficientes para
difundir conocimientos, experiencias e informaciones; convoquemos y
organicemos a este voluntariado. Es esta una batalla que se debe dar en
la calle, en el trabajo, en el lugar de ocio o en cualquier otra
circunstancia: se trata de contraponer a la ideología neoliberal,
destilada a través de medios de comunicación y de consumo de masas una
actitud ciudadana proclive a la reflexión, la mirada crítica y el
razonamiento. Se trata de ir desterrando de nuestra sociedad un atávico
miedo a pensar.
Reparemos en que el combate ideológico, la información y la
formación, son en estos momentos, las mejores armas y las que más se
adecúan a nuestra apuesta ideológica y política. No desdeñemos no sólo
una oportunidad sino también un deber. La apelación constante a la
movilización, la lucha y el activismo terminan siendo actos de un ritual
sin sustancia. La movilización se potencia con la creación de hábitos
de conocimiento, estudio y debate sobre las ideas de los adversarios y
las propias nuestras. No se trata de preparar y prepararnos para debates
académicos, sino de hacer de cada propuesta o de cada contrapropuesta
concreta, un acto de lucha consciente y generadora de apoyos, adhesiones
e incorporaciones.
Ser la organización duplicada de IU -con lo que está pasando- es
perder el tren de la necesidad histórica a causa de la cual nacimos hace
90 años.
